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El Convento de las Madres Agustinas
Ubicación: Plaza de las Monjas
Líneas de autobuses urbanos: v3, 4, 7. Nos dejan en la misma Plaza de las Monjas, punto final de sus trayectos. A pie: Desde la Plaza del Punto, atravesar la Avenida Martín Alonso Pinzón hasta llegar a la fuente de la plaza. Desde la Plaza de la Merced, atravesar las calles Vázquez Limón, Ginés Martín, Ciudad de Aracena, Rafael López y Méndez Núñez. Desde Plaza XII de Octubre, seguir por Avenida de Italia y subir por Vázquez López hasta la Plaza de las Monjas. Desde Avda. de Andalucía, bajar por las calles San Sebastián, Pablo Rada y Tres de Agosto
Tipología: Edificio catalogado de Interés Histórico Artístico de Huelva
Cronología: S. XVI
Galería de imágenes del Convento de las Agustinas
El primer
gran impulso de Huelva como ciudad tuvo lugar en el siglo XVI. Lo favoreció la
fundación de las cuatro casas religiosas que hubo en aquella época. La primera
de ellas fue la del convento de Santa María de Gracia, y la única que
sobrevive en la actualidad, con la desaparición de los antiguos conventos de
San Francisco y las Adoratrices, y la conversión del de la Merced a distintos
fines. Su solar queda ubicado en la zona noble de la ciudad, lindando por el sur
con el desaparecido Palacio de los Señores Duques de Medina Sidonia y
ofreciendo la portería y los miradores a la céntrica Plaza de las Monjas que,
precisamente, debe su nombre al hecho de que su traza se realizó muy próxima a
esta institución.
Se tiene constancia documental acerca de la fundación del convento por doña Elvira de Guzmán, Condesa de Niebla, en 1.515, aunque por otra parte aparecen testimonios de la comunidad en 1.510, que relatan el hecho de que las primeras MM. Agustinas descalzas que se instalaron en el edificio provenían del convento de san Leandro de Sevilla.
De la construcción originaria se conserva gran parte de la estructura general,
incluidos los restos más antiguos que corresponden a un patio mudéjar, alzado
sobre pilares de ladrillo. También se preservó otro patio de entrada de doble
arcada definida por una moldura rectilínea, cuyos arcos peraltados se asemejan
a la doble arquería de la antigua enfermería del Convento de Santa Clara de
Moguer, y se sustentan sobre columnas que se habían importado de Génova. El
resto de la edificación monacal ha sufrido importantes modificaciones a causa
fundamentalmente de posteriores reestructuraciones urbanísticas efectuadas en
esta zona de la capital, quedando menguada la superficie que ocupaban
antiguamente huertos y jardines propiedad de la Orden.
La
iglesia también ha sufrido con el tiempo obras de mejora y restauración;
no obstante aún se conservan restos del diseño original en la portada que se
erigió en el siglo XVII. Durante la guerra civil, el conjunto se vio seriamente
dañado y tuvo que ser restaurado años más tarde. Posteriormente, el
arquitecto local Pérez Carasa realizó una serie de transformaciones en el año
1.944, dándose cuenta que en el solar que ocupa el convento hubo antiguamente
una necrópolis árabe. En 1.953 se iniciaron importantes obras de reconstrucción,
dirigidas por Luis Saavedra, que afectaron a la techumbre, el presbiterio y las
cornisas y muros encalados. Todas esas reformas mantienen la obra tal y como hoy