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La Pandilla

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Habíamos logrado cohesionar graníticamente nuestro grupo de jóvenes , compacto de espíritus símiles , que duró lo que dura una adolescencia - unos 10 años - . Había en todos nosotros una personalidad ,que fue conocida en sus manifestaciones exteriores y en las mutuas contactaciones habituales con objetivos inmediatos claros e inocentes , casi sin trascendencias . Pero no había un conocimiento de lo que se trazaba lo interior de cada uno . Por tanto , no estábamos muy interiorizados de lo que ocurría en la relación familiar en el seno de los hogares individuales . Aunque tampoco había un plan trazado a priori para nuestras actividades , por lo que cada nuevo día que nos juntábamos , las cosas iban saliendo espontáneamente . Había veces en que permanecíamos toda una mañana en la puerta de la mansión de Julio , sobretodo, cuando llovía , y el día empapador no era nuestro mejor amigo , ni nada de su ambiente mañanero oscuro y llorador , nos invitaba a pasearnos bajo su alero .

Hablábamos de muchas cosas . Ya se ha dicho , el tema de la guerra mundial era ocurrente . El deporte también lo era . El clima ..., ¡ para qué traerlo a colación ! ..., si era un asunto que todo Puerto Montt abordaba , al levantarse , al mediodía , al anochecer. Pues su tapiz , su manto , su fragancia y su cualidad absorbente sobre la ciudad daba la pauta para las actividades públicas , para los deportes , para la navegación , para los vuelos de aviones , para el paseo por el muelle etc.etc...., y hasta para catalogar el ánimo de las personas durante los chaparrones , las ventiscas y la coloración del día . No eran iguales los días de diluvios , con nubes negras en el alto cielo deambulando hacia el sur , o con el sol brillando y el surazo soplando hacia el Norte . Ni eran semejantes los días helados con su corte de escarchas y rachas penetrantes , que enrojecían las mejillas , con los días de sol invernal en que , aunque no hacía calor , por lo menos , la claridad ambiental y la nitidez del panorama marítimo , con las islas verdísimas en el hondo azul marino del Seno de Reloncaví, reverberaba en los espíritus. No hablábamos , eso sí lo tengo claro , mucho de mujeres , ni nada de aquello relacionado con el sexo . Ahora puedo explicarlo. Era una característica de la pandilla , que , tal vez , nos diferenciaba de otras , que se distinguían por sus decires llenos de improperios y de gestos obscenos . Creo , sinceramente , éramos educados y sentíamos que tales temas , no eran de la incumbencia nuestra , en los instantes que estábamos compartiendo una vida esparciva , sana y alegre .

Recuerdo vagamente , en la primera edad -10 a 11 años - jugábamos a los " cacos " . Nos escondíamos cada cual en algún rincón , detrás de un bulto , o una puerta cuando nos escurríamos dentro de la casa de Julio , o en las canaletas de tierra de los desagues para las aguas lluvias , detrás de alguna esquina o en el dintel de una puerta, cuando corríamos en la calle Talca o en la Costanera , ya en terrenos públicos , y que sentíamos territorio exclusivo . Me viene a la mente especialmente - porque me quedó muy grabado en la mente - un instante en que salté , por la costanera , el cerco que daba al patio sur de la mansión de los Ebensperguer. Es que no me había dado cuenta - a pesar de que Julito me lo había advertido - de que vigilaba , ese trozo de patio , el perro " Nerón " , un mastín tipo dálmata pero de encendido color café , bravo, bravísimo . Me contaba después mi amigo que le daban " pólvora " , precisamente para darle más capacidad de bravura a sus arremetidas , y crueldad con sed de sangre diría yo . Porque lo era realmente , tan fiero que se le ponían rojos los ojos . Bueno...el hecho es que al saltar la tapia , tratando de esconderme en la jugarreta en que estábamos empeñados , no me acordé del " Nerón " . Al tocar el pasto , el gruñido primero y los fuertes ladridos después , me hicieron reaccionar ipso facto . No me dí ni vuelta siquiera . Volví a trepar la cerca , mas el fiero animal alcanzó con un mordisco mi zapatilla izquierda reteniéndola en su hocico y enterrando sus colmillos en mi pie . Aunque sentí la mordida no tuve en ese momento un dolor intenso . Tampoco - puedo afirmarlo ahora - tuve miedo o terror . Sólo un frio fluir por mi espalda estremeció mi cuerpo . Después fue la cosa . Mi madre me llevó al hospital porque había que prevenir la " rabia " la enfermedad letal para quien percibiera sus bacterias . Una inyección así ......de grande pinchó la pobre parte infero - espaldar de mi coxis , y el dolor punzó mi pie por una semana en los orificios dejados por los dientecitos del "Nerón". Jamás pudimos , los miembros de la pandilla , congeniar con ese can , espcialmente acondicionado para ejecer labores de vigilancia y defensa de la mansión .

En otras ocasiones , la pandilla - nunca menos de 5 o 6 cabros - nos dirigíamos al malecón , bajábamos por una de las escaleras de fierro verticales que daban a la playa y nos subíamos a los tubos de alcantarilla , que se ubicaban frente a la calle Cauquenes -creo que aún se divisan si miras en aquel lugar al mar - y caminábanos por su lomo . Hay que hacer presente que no era fácil hacerlo. Los tubos estaban cubiertos de esa lanilla verde que el mar hace crecer en los objetos que penetran su alma profunda , por tanto era muy resbaladizo , peligroso intentarlo . Pero nosotros , predispuestos a imitar algunos héroes , que veíamos en las películas , aún con el corazón palpitando un poco m´s fuerte que lo habitual , hacíamos el trayecto exponiéndonos a caer desde una altura de 3 metros , más o menos , al mar mismo o a la playa cuando la marea estaba baja . Nos daba , por lo menos a mí , " cosa " cuando equilibrábamos nuestro cuerpo en ese tubo y en tales circunstancias . Avanzaba despacito por la superficie cementada llena de algas verdosas . Julito , usando unas zapatillas blancas bajas , recuerdo, corría desde que lo pisaba hasta llegar a su punta y regresaba igual , dándonos la sensación de que era fácil . Mas , lo reitero , no era tal . Con todo , nunca a nadie de nosotros le pasó nada .

Otro pasatiempo de la pandilla , en días despejados claro , o que no llovía , aunque permanecía el tiempo amenazante y un vientecillo norte nos echaba a volar las mechas, nos apostábamos en la baranda del tren - aquel convoy que trayectaba desde la estación hasta el Molo - ( Y eran varias veces al día , ida y regreso ) , colocábamos piedras o monedas y hasta pólvora con azufre envueltos y apretados a presión en algún envoltorio -cuando era Setiembre - y esperábamos que pasare el tren . Nos divertíamos cuando reventaba el invento . Los maquinistas echaban su vistazo desde la ventanilla de su Locomotora , creyendo algún desperfecto . Saltaban las piedras con gran sonajera y con riesgo de pegarnos en el rostro . Se aplanaban las monedas quemándonos las manos cuando las agarrábamos de inmediato el tren pasaba .

Era la vida . La existencia pequeña en el mundo pequeño de nuestro pasar . Impresos en ese pueblo de entonces que era el nuestro . Colocados sin pedirlo en ese rincón de luces cambiantes , ruidos variados y hermosos paisajes , junto al mar con islas en lontananza , volcanes a sus espaldas y altas hermosas cordilleras nevadas en el extremo horizonte del sur . Vivíamos el momento . Y tal vez todo esto que describimos en el panorama , entonces no lo captábamos en demasía , porque era nuestro entorno diario , era un hábito observar estos elementos de la naturaleza que estábamos acostumbrados a tenerlos ante nuestra vista .

Es ahora , cuando estamos bajando la senda de la vida ,cuando echamos de menos la virtuosidad de aquel escenario inigualable , añoramos a los que partieron hacia otros panoramas menos luminosos , pero que recordaremos siempre .

El sonido de la naturaleza natal quedó vertido eternamente en nuestro cerebro. Y allí se explaya y se repliega según nuestro espíritu yazca quieto o comience a rememorar en forma refleja . A veces , cuando estoy por dormir , alguna noche que suena el silencio en mi interior , y mi cuerpo se estira en la cama del lado contrario al corazón , viene ese inrruido mezclado con el lamento del viento , la sonajera del tren en los rieles , el ritmo de la lluvia en su traquetear sobre los techos de lata , el chillido de los tiuques y gaviotas . Junto a esas sonoridades calladas aparecen las imágenes amadas, que se dibujan en la mente solamente para fotocopiarse , en nuestras soledades sin palabras . Entonces estoy de nuevo en ese malecón , sin pensar en lo que vendría a futuro , sin saber siquiera qué íbamos a hacer con nuestra vida, oteando el horizonte donde primeramente vislumbro la isla Máillen junto a Huar y a mi derecha, mucho más a la mano ,Tenglo y su canal tan azul . Al fondo las brumosas cordilleras de los inviernos despejados y sus nítidas cumbres cuando era verano. Al unísono con los sonoros silencios y las maravillosas imágenes, están en mi ego los aromas de mi tierra, mezcla de mar puro y salino , de peces , de aves marinas , flores fragantes del sur alemanizado , de sus kúchenes , sus tortas y las empanadas de milcado de la casa paterna , donde mamá Rosa se desvivía para proporcionarnos buena vida , y hasta percibo , en esos periódicos instantes del presueño , el olor del muelle de pasajeros donde íbamos , en la edad final de la adolescencia , a captar las miradas femeninas de la época .