Ultra

 

 

            Martin Gore, cerebro de tiempo completo, vocalista de ocasión, es el encargado de descifrar la clave muestra para acceder a Ultra. Y lo hace en "Home", una acción de gracias con base trip-hop, uno de los tantos temas de la banda donde las perillas son capaces de procesar en bits eso que llaman pasión. "Gracias por mostrarme el camino a casa", susurra en una de sus estrofas con el mismo delicado registro de "Somebody" y desde ahí las cosas quedan más claras.

            El ahora trío Depeche Mode, uno de los grupos legendarios de la fauna sónica patentada en los '80, está de regreso con un disco notable. Una placa donde, después de un par de años de grietas e incertidumbres, los ingleses vuelven a transitar por los caminos más luminosos de su carrera. Por esos magnéticos pulsos electrónicos que se esbozaron en Some Great Reward (1984), que se afianzaron en Music for the masses (1987) y que se consagraron definitivamente con Violator (1990).

            La leyenda cuenta que- por los adictivos problemas del vocalista Dave Gahan, la deserción de Alan Wilder y los trastornos psicológicos de Andy Fletcher- Gore fue el único que mantuvo limpios sus cinco sentidos y eso se nota. Porque como compositor principal del undécimo álbum de Depeche Mode, como el pilar que desde A broken Frame (1982) ha sostenido la integridad del proyecto, construyó en Ultra una obra coherente. Una pieza atractiva, pareja y unívoca. Un álbum de una cadencia hipnótica y sobreestimulado de detalles.

            La cara visible del aplaudible retorno a la escena mundial- que , en 1993, tomó un interesante atajo pseudo rockero y a ratos sobrecogedor, Songs of Faith and Devotion- ha sonado con fuerza en los parlantes bajo el título de "Barrel of a gun", un tema ecléctico, amorfo, pero con la suficiente carga comercial y melódica de todo buen single. Una canción estimulante, es cierto, pero que, como suele ocurrir con los cortes promocionales, no refleja fielmente la naturaleza del disco.

            Es que, además, el álbum es ese oscuro dolor en solitario ("The love thieves"), esos destellos de gratitud con arreglos acústicos ("Home") y ese ritmo sincopado que nos lleva de regreso a los escapistas días finales de los '80 ("It´s no good"). También es experimento (en los instrumentales "Uselink"), fusión de guitarras recién compradas en la tienda con latidos programables ("Useless"), es un momento de calma tan fresco como "Little 15" o el subvalorado "Condemnation" ("Sister of night") y un lúdico juego de máquinas ("Jazz thieves").

            Recomendable, Ultra. Uno de esos motivos exquisitos para desconectarse con un par de audífonos. Una declaración de fuerza y de vigencia de una banda imprescindible. Una vuelta a casa, más madura y con un par de revoluciones menos, cómo no, pero más sólida que nunca antes.

                                                                              Pablo Márquez.

 

            Tomado de Revista Rock & Pop, Chile, abril (¿?) de 1997.

  

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