Bolívar y Manuela se
separan la mañana del 8 de mayo de 1830. Pocos días
después, Bolívar emprende viaje a Cartagena de
Indias con el Cm de trasladarse a Europa para cuidar
su quebrantada salud. Manuela se queda en Bogotá a
la espera de noticias y resoluciones del Libertador;
pero éste emprende un viaje sin retorno, un
verdadero vía crucis que concluirá con su
muerte en San Pedro de Alejandrino el 17 de diciembre
de 1830.
Los escritores han
señalado que con la separación de Bolívar y
Manuela, se termina la relación afectiva. Esta
afirmación es falsa puesto que Manuela y Bolívar se
siguen escribiendo, reclamando éste permanentemente
la presencia de ella en diferentes comunicaciones
como la de Soledad, el 10 de septiembre de 1830, la
de Cartagena, el 20 de septiembre de 1830 y Turbaco,
el 2 de octubre del mismo año, carta en la que
Bolívar expresa desgarradoramente: "...Donde te
halles, alli mi alma hallará el alivio de tu
presencia aunque lejana. Si no tengo a mi Manuela, no
tengo nada! En mi sólo hay los despojos de un hombre
que sólo se reanimará si tu vienes. Ven para estar
juntos. Ven te ruego. Tuyo, Bolívar". (1)
En aquellos días,
Bolívar envía una plumilla hecha por José María
Espinosa, poco antes de su muerte, con la siguiente
leyenda: 'A doña Manuela Sáenz: Su Excelencia
recuperado después de un ataque de bilis, ruega a
usted un poco de su compañía...".
Manuela, preocupada
por el estado de salud del Libertador, se encuentra
en permanente contacto con su edecán Perú DeLacroix
que se había comprometido a informarle sobre la
evolución de la enfermedad. Cuando DeLacroix le
comunica que el estado de salud de Bolívar se agrava
y que se espera el desenlace fatal, Manuela sale
inmediatamente de Bogotá hacia San Pedro de
Alejandrino. Pero cuando llega al pueblo de Guaduas
recibe la noticia trágica, con gran desesperación.
Notas :
1. Epistolario.