Es admirable la
inteligencia e integridad de Manuela también en lo
político, donde ella se preocupa por la
conformación geo-política y estratégica de los
nuevos Estados. Sabemos que ella no estaba ajena a
sugerir a Bolívar la creación de un nuevo Estado
intermedio entre Argentina y Perú, "Nación B
olivar", que luego se llamaría Bolivia. En su
carta del 28 de mayo de 1825 se expresa en la
siguiente forma: "La inteligencia de Su
Excelencia sobrepasa a los pensamientos de este siglo
y bien sé que las nuevas generaciones de esa
provincia y de América seguirán el resultado de las
buenas ideas de usted en procura de una libertad
estable y hacienda saludable". (1)
En correspondencia del
8 de junio de 1825, desde el Cuartel de Arequipa,
Bolívar relata los agasajos y honores con los que es
honrado por la creación de la Constitución
Política y de la nación Bolivia: "...Sé mi
amor que en esto no hay otra cosa que los ensueños
de tu maravillosa imaginación..." (2),
reconociendo que la idea original de la formación de
Bolivia fue de Manuela.
En la quinta "La
Magdalena", ubicada en Lima, sede del gobierno y
residencia del Libertador, Manuela goza de poder y
gloria, siendo admirada y mimada por el pueblo, a
través de las anécdotas que de ella se cuentan. Las
reuniones sociales se dan casi a diario derrochando
alegría y lujo. Esta situación dura hasta cuando
empiezan a soplar vientos de descontento en todos los
países bolivarianos, que obligan a Bolívar regresar
a Venezuela para poner orden en ese país y sofocar
brotes de insurección.
Encarga a Manuela y
sus generales vigilar la situación política y
salvaguardar al gobierno peruano; empero, poco
después hay una revuelta y los peruanos aducen que
las tropas libertadoras son tropas extranjeras de
ocupación. Varios generales colombianos y
venezolanos son tomados presos y Manuela interviene
para defender a la república. Es detenida y
confinada al Monasterio de las Carmelitas, donde se
le da el ultimátum de "...salir inmediatamente
del Perú o ser definitivamente confinada a una
cárcel...".
Deportada del Perú,
Manuela envía desde Guayaquil (7.2. 1827) una carta
a Bolívar informándole que va rumbo a Quito con
otros expulsados: el cónsul Azuero y el general
Heres.
Bolívar le contesta
desde Caracas el 5 de abril: "...Tu hazaña ha
dejado la huella del respeto que te mereces, pero
también ha sembrado la semilla del amor; rencor y
odio gratuitos...". (3) Le desea el arreglo de
sus asuntos pendientes en Quito y verla nuevamente en
Bogotá.
En 1828, Manuela se
encuentra de vuelta en Bogotá, donde contacta con
los partidarios de Bolívar a quienes incita para que
participen de las reuniones de Santander a fin de
enterarse de los complots que se fragua en contra del
Libertador. En varias ocasiones, advierte a Bolívar
que se cuide sus espaldas, ya que algunos de sus
generales no son de fiar.
Manuela no esconde su
disgusto e indignación por Santander. En una
ocasión forma su batallón; hace un muñeco que
representa a Santander, y lo "fusila" bajo
un árbol en la quinta de Bolívar en Bogotá,
causando tanto revuelo que las quejas y reclamos
llegan hasta Bolívar. Este toma el asunto en broma y
al general Córdova, quien lleva la voz de reclamo,
le contesta: "...Los oficiales que han tomado
parte en esto son nuestros héroes que nos han
acompañado desde Carabobo hasta Ayacucho. Los
soldados han sido fieles y disciplinados; que quiere
usted que haga con mi amable loca? Esto déjelo como
está...".
En otra ocasión, los
opositores y enemigos de Manuela y Bolívar hacen un
castillo de fuegos artificiales para conmemorar una
fiesta; en el castillo cuelgan un muñeco
representando a Bolívar con mote de
"longanizo" y una muñeca con el letrero de
"tiranía", ridiculizando a Manuela. Una de
las sirvientas de Manuela se entera de la burla y da
aviso a ésta. Manuela ordena a sus sirvientas
ensillar los caballos y entre las tres organizan una
carga de caballería que desbarata el castillo ante
el estupor de los habitantes de Bogotá.
Probablemente, los muñecos que ridiculizaban a
Manuela y Bolívar fueron producto de una venganza de
los enemigos de Bolívar/Manuela por el fusilamiento
del muñeco de Santander.
Bolívar, más de una
vez, agradece a Manuela su preocupación y consejos.
Concretamente, el 28 de mayo de 1828, la consulta
sobre la conveniencia de solicitar facultades
extraordinarias en la Convención dc Ocaña:
"...La Gran Colombia se sumerge en la discordia
de los partidos y no queda otro camino que sucumbir
ó la dictadura. ¿Qué me aconsejas?...". (4)
Se supone que Manuela, con carácter enérgico y
justo, le aconsejó la dictadura puesto que ella
conocía las maquinaciones de los partidos políticos
de, oposición y de los enemigos de Bolívar, además
de la rivalidad y odio entre los dos partidos
políticos más importantes en Colombia: el
bolivariano y el santanderista.
La oposición
continuó acentuándose con carácter violento e
intransigente llegando al punto de organizar complots
para asesinar a Bolívar. El 29 de julio de 1828,
Manuela descubre y advierte a Bolívar del atentado
que, en contra de su vida, traman Santander,
Córdova, Carujo, Serena y otros seis
"ladinos" relatando, incluso el santo y
seña acordado en esta confabulación. (5)
El 1 de agosto de
1828, Manuela nuevamente sugiere la conveniencia de
no asistir a un baile de disfraces que se efectuaría
en el Teatro Coliseo de Bogotá, lugar escogido por
los conspiradores para asesinar a Bolívar. Sin
embargo, Bolívar no hace caso y acude. Manuela
utiliza un artificio para que Bolívar abandone el
lugar: se presenta disfrazada y provoca un
escándalo, llamando la atención de los presentes;
Bolívar se avergúenza, se retira de la fiesta y
salva su vida.
El 7 de agosto del
mismo año, Manuela insiste en "...que tiene en
sus manos todas las pistas del complot que prepara
Santander para asesinarle...".
Bolívar nuevamente,
no toma en serio la advertencia y los acontecimientos
culminan en la famosa "noche septembrina",
cuando Manuela, con intrepidez y sangre fría salva
otra vez la vida del Libertador. En reconocimiento a
su valentía, se le otorga el título de
"Libertadora del Libertador".
Entre 1828 y 1829,
Manuela trabaja junto a Bolívar y únicamente en
asuntos políticos internos de Colombia. A principios
de 1830, Bolívar renuncia a la presidencia de la
república y, a los pocos días, Manuela y el general
Urdaneta dan un golpe revolucionario y toman el
poder. Piden a Bolívar que se haga cargo de la
presidencia. El Libertador responde: "...No
puedo ejercer un poder que no sea legítimamente
constituido...". Mientras tanto, la Gran
Colombia se disuelve de común acuerdo entre
Venezuela y la Nueva Granada (Colombia).
Notas :
1. Epistolario.
2. Epistolario.
3. Epistolario.
4. Epistolario
5. Epistolario