A raíz del
matrimonio, Manuela toma residencia en Lima, donde
pone en práctica su ideología revolucionaria al
influir decididamente en el cambio del batallón
realista "Numancia" hacia las filas
patriotas y del cual formaba parte su hermano José
María. Igualmente, se reuniría con patriotas
peruanos para continuar complotando en favor de la
revolución. En reconocimiento de estas hazañas, el
Protector San Martín la condecora con la "Orden
de Caballeresa del Sol".
En esos años, Manuela
tiene oportunidad de conocer a Rosa Campuzano con
quien cultivaría estrecha amistad, especialmente,
por su coincidencia y comunión en ideas libertarias.
Rosa Campuzano es amiga íntima del Protector San
Martín, y le confía secretos del carácter y
costumbres de éste a Manuela. Manuela, a su debido
tiempo, contaría a Bolívar aquellos pormenores que
contribuirán a la solución "del asunto de
Guayaquil".
A fines de 1821,
Manuela consigue autorización de su marido para
viajar a Quito con el objeto de reclamar a su tía
materna Ignacia Aizpuru la herencia de su abuelo,
reclamo que termina con un arreglo amistoso gracias a
una influencia superior". Llega a Quito a
principios de 1822. Este viaje significa su
definitiva separación del doctor James Thorne, y de
un matrimonio siempre acosado por celos y falta de
entendimiento, que por la diferencia de caracteres y
edades imposibilitaban la armonía conyugal.
En aquel mismo año de
1822, acontece la Batalla de Pichincha (cercanías de
Quito), de la cual Manuela es partícipe en los
preparativos, pese al hecho de que toda la población
de Quito se encontraba temerosa del riguroso control
impuesto por los realistas.
Desde el 19 de mayo de
1822, Manuela relata en su diario el inicio de las
hostilidades en la Batalla del Pichincha. Ella se
había presentado voluntariamente a colaborar con el
ejército independentista como un soldado más, para
tomar las armas y alcanzar la ansiada independencia
de Quito (1). En esta ocasión organiza con sus dos
sirvientas un operativo para conocer las posiciones,
estrategias y fortificaciones del enemigo con el
objeto de informar a los generales patriotas.
También participa en
la ayuda a los heridos calmando sus dolencias con
aguas de amapolas y bálsamo del Perú. En su diario
describe la actuación de los Batallones y destaca
que envió una recua de cinco mulas con provisiones y
raciones completas para el Batallón Paya: "No
espero que me paguen por esto, pero si esto es el
precio de la libertad, bien poco ha sido...".
(2).
Manuela lleva consigo
la flama independentista ofreciéndose a tomar parte
en la lucha; sin embargo, la alta oficialidad no da
curso a su pedido, pues ni su marido en Lima ni su
padre en Quito conceden el respectivo permiso, debido
a que su solicitud es totalmente inusual.
Para el día 25 de
mayo, Manuela da cuenta de las fiestas y alegría que
reinaba en la ciudad de Quito por el valiente triunfo
patriota y la consiguiente capitulación impuesta por
el Mariscal Sucre a los realistas.
Estos sucesos permiten
a Manuela entablar amistad con la cúpula militar, en
especial, con Antonio José de Sucre. Con sagacidad,
Manuela nota el egoísmo y ambición de algunos
oficiales. Al comentarlo con Sucre, este le responde:
"...hay que tolerar cierta insolencia de sus
oficiales pues de todas maneras es con ellos que se
ha logrado la victoria". (3)
Después de la Batalla
de Pichincha, Manuela espera con mucho anhelo la
llegada de Simón Bolívar, a quien ansía conocer,
pues su presencia en Quito legitimaría el
establecimiento de la República. El 16 de junio de
1822, se cumple esta aspiración con la entrada
triunfal a Quito del Libertador. En su diario,
Manuela describe con frases emocionadas este
acontecimiento.
Notas :
1. Sáenz Manuela,
Diario de Quito.
2. Idem.
3. Idem.