En el siglo XVIII, la
Corona española reorienta su política frente a las
colonias americanas en términos económicos y
jurídicos con la finalidad de conseguir una
dependencia más acentuada y mayores excedentes. En
este sentido, la Real Audiencia de Quito se vio
afectada por dos razones fundamentales: la caída de
la producción minera de Potosí y la competencia
textil con Europa. Sus efectos sociales y
económicos, la pobreza generalizada y las fuertes
influencias filosóficas venidas de Europa a
consecuencia de la Revolución Francesa, gestaron
ideas separatistas de la colonia frente a la
metrópoli.
En la Real Audiencia
de Quito son los representantes de la nobleza criolla
quienes organizan los primeros movimientos políticos
en diciembre de 1808. En ese ambiente social
altamente insurrecto, nace en Quito Manuela Sáenz
Aízpuru en diciembre de 1795 (1), cuyos padres
fueron Simón Sáenz, nacido en España y Regidor de
Quito, y doña Joaquina Aizpuru, quiteña con 29
años de edad al nacimiento de Manuela y con
antecedentes familiares de antiguo arraigo en
América.
Manuela, desde su
nacimiento, enfrenta el hecho dramático de ser hija
ilegítima. Sus padres, de acuerdo a la costumbre de
la época, convienen en dar a la niña bajo custodia
a un convento de religiosas, intención que no
progresa de inmediato. Sin embargo, tiempo después
es entregada al Monasterio de Santa Catalina (2)
donde, se supone, pasó sus atribulados primeros tres
o cuatro años carentes del amparo de una familia
formalmente constituida. Posteriormente Simón Sáenz
decide trasladarla a su casa, en la cual Manuela gana
el cariño de su madrastra con quien cultivará ln
gran amor llamándola "mamacita".
En aquella época, es
notoria la ausencia de la madre de Manuela, quien no
consta en el Censo de Quito de julio de 1797. (3) A
la muerte del abuelo materno en 1803 (4), el
testamento tampoco menciona a Joaquina;
probablemente, murió a poco tiempo de nacer su hija
Manuela.
De la permanencia en
la casa paterna, Manuela tiene gratos recuerdos como
aquel anotado en su diario: "...he vuelto a leer
con favorito empeño 'Los Pastores de Belén.." ;
como me anima esta lectura y de qué manera me
acuerda cuando niña en casa frente al
nacimiento..."(4); indudablemente, se refiere a
la casa paterna.
La vivacidad e
inteligencia de la niña conquistan el corazón de
Simón Sáenz quien para hacer perenne la relación
padre-hija contrata los servicios de artistas
connotados, quienes retratan a Manuela y sus
hermanastras. Tenemos de ejemplo un óleo sobre
vidrio que muestra a dos niñas jugando en un jardín
con una leyenda que dice:
"Retrato de juego
de las niñas Eulalia Sáenz de Vergara Campo
Larrahondo, Valencia: Manuelita Sáenz Aizpuru, hijas
del muy ilustre Regidor del cabildo de Quito Don
Simón Sáenz de Vergara, a los 7 días del mes de
mayo, año de gracia 1803." Otro retrato
representa a una monja con dos niñas: Manuela con
una hermana y posiblemente, sor Teresa Salas, su
tutora, quien le imparte las primeras letras.
Manuela relata que
recibe instrucción "entre curas y monjas"
y sor Teresa Salas le obsequia un devocionario con
dedicatoria de especial contenido: "Para mi
dueña Manuelita Sáenz. T.S." Las cualidades
intelectuales y dedicación de Manuela al proceso de
aprendizaje le otorgan un elevado nivel cultural que
correspondería al de la educación superior.
Manuela relata que en
el primer encuentro con Simón Bolívar en Quito, se
enfrascaron "mano a mano" en el análisis
de citas de escritores griegos y latinos. Sin duda la
lectura de los pensadores clásicos contribuyó de
manera importante a su preparación filosófica,
diplomática y militar. Es por eso, que al leer sus
diarios y cartas, gozamos de escritos ingeniosos,
especialmente, cuando describe hechos, personajes y
lugares con habilidad compositiva y de profunda
significación.
Para el periodo de
1804 a 1816 existe escasa documentación, excepto un
retrato hecho por Antonio Salas y fechado en 1814.
Sin embargo, las referencias de Manuela a su niñez
hacen suponer que tuvo una infancia estable y feliz.
Manuela pasa gran
parte de la pubertad en la hacienda Catahuango,
propiedad de su tío Domingo Aizpuru, clérigo y cura
de Yaruquí. Está siempre acompañada de sus fieles
e inseparables sirvientas, Nathan y Jonathás. En
Catahuango su principal distracción consiste en
montar a caballo por las vastas extensiones de lomas
y prados, donde adquiere el dominio del difícil arte
de la jineta; habilidad que pondrá de manifiesto
posteriormente cuando se incorpora al Ejército
patriota. De esta manera, vigoriza y cultiva un
excelente estado físico.
A los quince años de
edad, Manuela sufre un gran impacto en su manera de
pensar, al ver de cerca los acontecimientos del 2 de
agosto de 1810, día en que los patriotas son
salvajemente asesinados por soldados realistas del
Cuartel Real de Lima, acantonados en Quito. Para
escarmentar a la población, cortan las cabezas de
sus víctimas y las exponen en sitios concurridos de
la ciudad. Estos sucesos sirvieron de acicate para
incrementar el odio hacia el sistema realista y
definirse por la causa revolucionaria. Es en aquella
época, cuando Manuela inicia su asistencia a
reuniones secretas con jóvenes patriotas quiteños.
En 1816, en uno de
tantos viajes a Panamá con su padre, es presentada a
James Thorne, quedando éste locamente enamorado de
Manuela, quien era dueña de gran belleza y
distinción. Thorne consigue de Simón Sáenz el
arreglo matrimonial, y de acuerdo a la costumbre,
Manuela acata la decisión de su padre con respeto y
resignación. El matrimonio se realiza en Lima el 27
de junio de 1817. Manuela contaba con 22 años y
Thorne prácticamente la duplicaba en edad. Por este
importante acontecimiento, Simón Sáenz dota a su
hija de 8000 pesos (6) que en esa época
representaban una respetable suma: una vez más se
nota su especial deferencia y amor paterno.
Notas :
1. Jurado Noboa,
Fernando, "La familia y ascendientes de
Manuela", pág. 204, en Villalba, Jorge,
Colección Epistolarios Manuela Sáenz, 1829-1853,
BCE, Quito-Ecuador.
2. Idem, pág. 204.
3. Villalba, Jorge S.J.,
Colección Epistolarios Manuela Sáenz, 1829-1853,
BCE, pág. 83.
4. Idem. pág. 82.
5. Sáenz, Manuela,
Diario de Paita, sIn
6. Jurado Noboa,
Fernando, Op. cit.