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Número 5 - Enero/Febrero 00
Vientos favorables para Sugar Hill
¡Viva la independencia!
Vientos favorables para Sugar Hill
Sin duda el nuevo disco de Dolly Parton, "The grass is blue" es la principal novedad del sello de Durham para el año 1999, no en vano ha supuesto la vuelta de esta superestrella a sus raíces musicales, acompañada además de los talentos más importantes del género. Sin embargo, la producción musical de calidad de este sello no se termina aquí, sino que en estos últimos años está haciendo gala de un magnífico saber hacer en cuanto a edición de música de la máxima calidad, demostrando que este enfoque no está reñido con los negocios ni con la comercialidad.
Así, otra de las grandes novedades es el esperado nuevo disco de estudio del cantautor tejano Guy Clark, un álbum titulado "Cold dog soup" y que hasta el momento ha llegado hasta la posición número 2 en la lista Gavin Americana. Se trata de un disco totalmente acústico -la especialidad de la casa-, con un montón de buenas canciones y con pocos pero selectos músicos: sus fieles Darrel Scott y Verlon Thompson, además de Shawn Camp, Emmylou Harris o el ex-Nash Rambler Jon Randall (por cierto, qué excelente álbum su último trabajo para Eminent Records, "Willin'"!). Sin duda, un gran disco que hará las delicias de los amantes de la música de los cantautores del estado de la estrella solitaria.
Pero la edición de nuevo material no se termina aquí, sino que ya están preparadas toda una serie de novedades que verán la luz en el mercado durante el próximo trimestre. Todas ellas se presentan muy interesantes y es más que probable que también gocen de un éxito considerable de crítica y también de público. Así, las novedades previstas para el mes de enero son "In The Company of Strangers" de Robin & Linda Williams, además de un álbum de compilación titulado "Choice Picks". En Febrero, y desde Austin, Texas, vuelven los eclécticos Bad Livers con un álbum titulado "Blood & Mood", con el que habrá que ver si consiguen el mismo éxito que con su anterior "Hogs on the highway". También en febrero verá la luz el disco en solitario de Bryan Sutton, el guitarrista de los Kentucky Thunder de Ricky Skaggs, que llevará por título "Ready to Go". Finalmente, en marzo se publicarán el disco en solitario del violinista Aubrey Haynie, titulado "A Man Must Carry On" y el nuevo disco de una banda llamada Nickel Creek.
Pero Sugar Hill Records no es sólo noticia por la reciente o próxima edición de material como el descrito hasta el momento, sino porque el pasado mes de octubre y en la ceremonia anual de entrega de los premios de la IBMA (International Bluegrass Music Association) este sello se llevó un buen puñado de ellos, gracias al buen hacer de los artistas de su plantel. En total fueron 6 premios, que se distribuyeron de la siguiente forma:
Los amantes del sonido único y penetrante del banjo disfrutarán de lo lindo con "Bound to ride", el disco de Jim Mills, en el que colaboran entre otros gente como Jerry Douglas, Stuart Duncan, Alan O'Bryant o Ricky Skaggs, y en el que el artista demuestra ser un maestro del estilo tradicional del banjo. En este álbum Jim Mills hace un homenaje a algunos de sus maestros, con versiones de temas como "He came from Carolina" (Earl Scruggs), "Bear tracks" (J.D. Crowe) o "Big Tilda" (Ralph Stanley), además de interpretar baladas clásicas del country como "There'll be no teardrops tonight", un tema del legendario Hank Williams.
Finalmente, los que prefieran el sonido más suave de la guitarra acústica pueden probar con el disco en solitario de Kenny Smith, "Studebaker", todo un virtuoso del estilo "flatpicking" y que a sus 31 años tiene un prometerdor futuro por delante. El disco contiene también colaboraciones de artistas de reconocido talento en el campo del bluegrass (Ronnie Bowman, Adam Steffey, Sammy Shelor, Barry Bales, Don Rigsby) y alterna temas instrumentales con otros cantados, bien por el propio Kenny Smith o por su esposa Amanda Smith. Para los que todavía tengan alguna duda, sólo cabe fijarse en lo que publicó recientemente la prestigiosa revista Acoustic Guitar, "Kenny Smith es uno de los guitarristas de bluegrass más fluidos y con mejor gusto interpretativo de la actualidad".
En resumen, actividad frenética, buen gusto y premios por doquier
son la actualidad para Sugar Hill Records, un sello que supone toda una
garantía de calidad en cuanto a la edición de música
acústica, especialmente de bluegrass. En Sugar Hill, el arte y la
tradición mandan.
Cuentan las estadísticas que en los años recientes la música country -y todos los estilos cercanos a ella o directamente influenciados por ella- ha sido el género que más ha crecido en cuanto a ventas en los Estados Unidos, acercándose a las cuotas de mercado de la música pop, la gran dominadora de la industria musical actual. Ciertamente, a ello ha tenido mucho que ver el tirón en cuanto a número de copias vendidas debido a las grandes estrellas del momento, como Garth Brooks, Shania Twain, Dixie Chicks, Alabama, Brooks & Dunn, Tim McGraw o Faith Hill, por citar a los más solicitados en las tiendas a lo largo de los últimos meses. Sin embargo, los historiadores de la música country citan especialmente a un nombre en voz más alta que los demás, a la hora de mencionar el responsable de la remontada de la popularidad del género: Ricky Skaggs.
Fue este artista de bluegrass quien, por allá los ya lejanos primeros años ochenta, presentó una propuesta musical llena de honestidad y respeto a la tradición, pero también de talento y de frescura, que puso las bases de lo que en esa época se llamó nuevo tradicionalismo. Hasta llegar al momento del despegue definitivo, en 1990 y de la mano de Garth Brooks, a Ricky Skaggs le fueron escudando en la tarea de recuperación de la esencia del country gente como George Strait, Reba McEntire, Dwight Yoakam, Randy Travis, Patty Loveless, Nanci Griffith, Lyle Lovett, Steve Earle, Alan Jackson, Clint Black, Mark Chesnutt o Travis Tritt, por citar algunos de los nombres que han dejado grabaciones memorables que, a pesar de ser todavía muy recientes, ya han pasado a ser clásicos del género. Todos ellos tenían -y siguen teniendo- su sello distintivo como intérpretes y algunos de ellos incluso también como compositores de la mayoría de temas de su carrera.
Sin embargo, a pesar de que en estos últimos años el número total de ventas ha seguido creciendo, aunque no a la velocidad de hace ocho o diez años, los nuevos y verdaderos talentos ya no aparecen con la frecuencia de antaño y, cuando lo hacen, cada vez menos en las compañías multinacionales. Un matiz: no es que los nuevos artistas que se incorporan a estas compañías no sean buenos músicos o cantantes, que sí que lo son, sino que son muy pocos los que tienen aquel don especial que les hace distintos de los demás y que hace que merezcan ser capítulo aparte, como en su momento lo fueron sus colegas de la generación anterior. Al revés, la mayoría suena o intenta sonar como alguna de las estrellas ya consagradas, con lo cual no sólo aparecen a los oídos del público crítico como una imitación más o menos lograda, sino que contribuyen a un progresivo estancamiento de un género que ha dejado de evolucionar por su lado artístico y que ha apostado por hacerlo solamente por su lado comercial. Tomemos como ejemplo a Shania Twain: a pesar de llevar vendidas 13 millones de copias de su último álbum "Come on over", ¿alguién sabría destacar algún tema del álbum susceptible de pasar a la posteridad en el género country? Comparándolo con otro superventas, en este caso de 1986, "Storms of life" de Randy Travis, con 4 millones y medio de copias vendidas, dejó temas inolvidables como "On the other hand", "1982" o el propio "Storms of life", cosa que no sucede, a mi modesto entender, con el álbum de Shania Twain.
Lo preocupante, al menos por quien suscribe estas líneas, es que el caso del álbum de Shania Twain no es la excepción, sino más bien la regla. En la lista de éxitos tenemos en estos momentos a un repetitivo Tim McGraw en la primera posición por tercera semana consecutiva con "Something like that", que parece una réplica de su anterior éxito "Where the green grass grows"; a una Martina McBride que en cada disco que edita cede un poco más de terreno a un pop de lo más azucarado y sensiblero (¡qué lejos queda su maravilloso disco de debut!); a un insulso Kenny Chesney que incomprensiblemente llega al número 1 con temas igualmente edulcorados hasta la última nota ("You had me from hello", pongamos por caso); a otro sensiblero empedernido como Mark Wills; o a los propios Brooks & Dunn, a los que parece habérseles terminado la imaginación musical, ya que han tenido que echar mano del tema "Missing you", una composición pop -excelente, eso sí- de John Waite y que había sido versionada también por Tina Turner.
Lógicamente, si tenemos a todos estos artistas y temas en las listas de éxito, eso quiere decir que aquellos que antes citábamos o bien han tenido que emigrar -de compañía y/o de estilo musical- o bien han tenido que adaptarse a los dictámenes de las grandes discográficas. Entre estos últimos encontramos a buena parte de los grandes nombres de la actualidad, como los ya mencionados Brooks & Dunn o Martina McBride, o Reba McEntire, Clay Walker, Trisha Yearwood o John Michael Montgomery. En cuanto a fidelidad a los cánones del género, algunos artistas, como George Strait, Mark Chesnutt o Clint Black, todavía consiguen mantener un tono aceptable, aunque con altibajos, mientras que los más solventes entre los grandes continúan siendo Alan Jackson, Randy Travis y Dwight Yoakam. Sin embargo, para algunos de ellos las cifras de ventas de sus álbumes tampoco son lo lucidas que cabría esperar, lo que en su momento ha valido el despido de dos grandes como Randy Travis y Travis Tritt de Warner Records, por poner dos ejemplos relativamente recientes.
Haciendo un repaso de los nombres más ilustres que han tenido que abandonar el barco, léase las grandes compañías, se observa que entre ellos se cuentan algunos de los mayores talentos que ha dado este estilo musical en los últimos años. Artistas ya consagrados como Ricky Skaggs, Steve Earle, Nanci Griffith, Rodney Crowell, Chris Hillman, Lionel Cartwright, Mark Collie, Kieran Kane (todo un Top 10 a finales de los 80 con The O'Kanes) o Kevin Welch, o talentos recientes como Chris Knight, Shane Stockton, Stacey Dean Campbell, Emilio, Victoria Shaw o Kim Richey, entre otros, han tenido que dejar paso a artistas quizás con menos talento pero con mayor potencial comercial. Algunos de ellos están sin contrato, otros han ingresado en compañías independientes, y otros han formado sus propias compañías discográficas con las que intentan mantener su libertad artística. Me pregunto cuál puede ser el futuro de una empresa o de una actividad, en este caso del mainstream de la música country, que echa sistemáticamente a la mayor parte de sus talentos creativos, aquellos que aportan innovación, diversidad y riqueza.
Así las cosas, lo lógico es que tarde o temprano se produzca una tendencia al reequilibrio de la situación, ya que empieza a haber síntomas de reacción en este sentido. Por una parte, la expulsión de talentos de las grandes compañías ha supuesto un rearme de los sellos independientes, quienes mayoritariamente basan su producción en criterios de calidad y han acogido con los brazos abiertos a este tipo de personal (Stacy Dean Campbell ha sacado un excelente disco en Paladin Records después de su paso por Columbia, y Dolly Parton acaba de sacar un álbum de bluegrass en Sugar Hill, por ejemplo). Además, los buenos aficionados a la música country saben perfectamente que sellos como Sugar Hill, Rounder, Hightone, Bloodshot o Watermelon difícilmente les van a traicionar en lo que interpretan como esencial en toda grabación de música country. Quizás por ello, y sin hacer demasiado ruido, como intentando conservar el anonimato, Sony Music ha creado su propio sello pseudo-independiente, Lucky Dog, donde reúne a artistas de una categoría indiscutible como los hermanos Bruce y Charlie Robison, Jack Ingram, Pete Anderson, Joy White o Scott Joss. Independencia artística y recursos de una gran compañía son la combinación que presenta Lucky Dog, toda una garantía para que la producción sea auténticamente de pata negra.
En el caso de artistas que han creado sus propios sellos (Kieran Kane y Kevin Welch con Dead Reckoning, Steve Earle con E-Squared, Victoria Shaw con Taffeta Records o Ricky Skaggs con Skaggs Family Records), se ha producido un fenómeno de incremento de la sintonía de los fans con sus artistas preferidos, librados de las cadenas que impedían la libre expresión de su creatividad. En estos casos se observa al artista en estado puro, ya que, a pesar de tener menos recursos económicos, dispone de libertad total para escoger los temas, los arreglos, los músicos, etc. que van a formar parte de un determinado proyecto musical. Ahí está el artista, desnudo ante su público, mostrando su talento tanto artístico como comercial.
Por otro lado, los desahuciados se organizan cada vez mejor. El fenómeno de internet les permite llegar casi en igualdad de condiciones ante un determinado público (los internautas), mientras que existe ya una nueva denominación estilística para acogerles: el formato Americana. En él se acogen aquellos artistas cuya música es demasiado country para el mainstream del country, además de aquellos que presentan influencias innegables de este género musical (folk, bluegrass, western swing, country-rock), lo cual le da a la vez un cariz desordenado, de cajón de sastre, y una endiablada diversidad. Existe incluso una lista de éxitos propia, la Gavin Americana, confeccionada con las listas de temas programados en unas 80 emisoras fieles a este estilo y repartidas por la geografía norteamericana. En estos momentos (mediados de octubre de 1999), esta lista contiene, en sus primeras 20 posiciones, artistas tan dispares como Alison Krauss (#1), Asleep at the Wheel (#2), Linda Rondstat y Emmylou Harris (#3), Jim Lauderdale (#4), Hank Williams III (#5), Kris Kristofferson (#10), Jack Ingram (#14) y Lyle Lovett (#17), todos ellos artistas con una calidad sobradamente contrastada.
Finalmente, cabe destacar también la consolidación definitva de una publicación centrada en la música del formato Americana, la ya mítica revista de Seattle, No Depression, que se encarga de informar, generar opinión y difundir todo aquello que acontece alrededor de este nuevo formato. Un significativo subtítulo se encarga, en cada revista y debajo del nombre de la misma, de explicar sobre qué trata dicha publicación: "Preaching the alt.country gospel (Whatever that is)". En su número de Septiembre-Octubre de 1999, destacan los amplios reportajes sobre Buddy y Julie Miller (colaboradores de artistas como Emmylou Harris, Steve Earle o Lucinda Williams y que además son portada), Jim Lauderdale, George Jones, David Ball, Doyle Lawson y The Continental Drifters. Sin duda, toda una ensalada variada, aunque, otra vez, con ingredientes de la máxima calidad.
Será interesante ver qué evolución toman la música country y sus estilos cercanos en los próximos años. Todo parece indicar que el mainstream ha llegado a un punto de inflexión, aunque la industria no parece reaccionar en el sentido que a muchos fans de este estilo les gustaría, y sigue profundizando en su política de editar música de consumo inmediato, pero a la vez intranscendente. El paradigma de tal enfoque lo representa el nuevo single de Kenny Chesney, que lleva el increible y estúpido título de "She thinks my tractor's sexy". Ante despropósitos como éste, uno se reafirma en la postura de que no se trata de defender a toda costa a la música country, sea lo que sea lo que ésta ofrezca, sino que de lo que se trata es de promocionar las buenas canciones (música y letra) y, sobretodo, disfrutar con ellas.
Mientras tanto, un puñado creciente de artistas intenta plantar cara a los gigantes de la industria con la grabación de la mejor música posible como única receta. Ciertamente, las compañías independientes no van a vencer a las multinacionales, pero no es descartable que en un futuro no demasiado lejano asistamos a una nueva refundación del country a partir de los talentos salvaguardados en esos modestos sellos, a modo de pequeñas Arcas de Noé musicales. Como en todo en esta vida, el tiempo dirá.
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