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Número 22 - Enero/Febrero 03
Markus Rill, la quintaesencia del roots-rock europeo
The Country Machine y The Nashville Cats, nuevas
formaciones de country en Girona
The Ecclectic Corner
Markus Rill, la quintaesencia del roots-rock europeo
Si
la aparición de nuevos artistas suele ser, ya de por sí,
motivo de comentarios entre los medios de comunicación especializados,
esa tendecia se acentúa más aún si el nuevo artista
crea interesantes expectativas con su disco de debut y si encima las confirma
con sus sucesivos álbumes. Esto es, ni más ni menos, lo que
ha sucedido con los tres discos editados hasta el momento por Markus Rill
& The Gunslingers, una formación que recientemente ha sufrido
una profunda remodelación, pasando de cuarteto a quinteto y cambinado
nada menos que a todos sus miembros, excepto lógicamente su líder,
Markus Rill (http://www.markusrill.net).
Desde Wuerzburg (Alemania), Markus Rill & The Gunslingers empezaron
como cuarteto de roots-rock (o de alt.country, depende del lado desde el
que se haga la valoración) sorprendiendo primero con su disco de
debut "Gunslinger's tales" (1997) y reafirmándose después
como un notable compositor e intérprete, en la línea de Bruce
Springsteen, John Mellencamp, Townes Van Zandt o Steve Earle, con la edición
de su segundo álbum, "The devil and the open road" (1999), editado
en España de forma exclusiva a través del sello independiente
Moby Disk Records. Su tercer trabajo “Nowhere begins” (2001) es algo menos
efervescente que sus predecesores pero sin duda mucho más maduro
y ha abierto definitivamente la puerta a la profesionalización para
este aún joven músico alemán de corazón tejano.
Nacido en Frankfurt y residente en la citada ciudad de Wuerzburg, aunque musicalmente heredero de la tradición tejana, de la que se empapó durante el año que residió en Austin, Markus Rill refleja en su música esa rica diversidad que se da en el estado de la Estrella Solitaria. Musicalmente sus temas van desde el country más ortodoxo al rock, pasando por el blues o el folk, mientras que las letras hablan siempre de personajes que se encuentran al borde del abismo, propios del lado oscuro de la tradición americana: perdedores, bailarinas de strip-tease, asaltadores de bancos, vagabundos y presos son parte esencial de las historias que cuentan sus canciones. Personajes en permanente huida hacia delante, escapando de su propia vida y sin dirección concreta, enlazando con la mística de la Beat Generation de los Jack Kerouac y Allen Ginsberg. Uno de los temas de su primer álbum, "Unknown", tal vez sirva para ilustrar este concepto:
Like a train that keeps runnin' down an endless track
I'll keep goin' on forever and I'll never turn back
It's been goin' on too long now to recall where I'm from
I don't know where I'm bound or where I belong
But there must be a place where I feel at home
But it's still unknow, it's still unknown
Su primer álbum, "Gunslinger's tales", contiene un buen puñado de joyas, como el tema inicial "A girl called Jo", el propio "Unknown", "Jenny", "Billy's song", "Hope I'll get to heaven", "Can't get over you" o el tema extra "Wild coyote". Tal como lo expuso la prestigiosa revista Rolling Stone en su versión alemana, el álbum contiene "música con raices auténticas... arreglada e interpretada de forma competente y con unas letras brillantes (...) Markus Rill escribe canciones del máximo nivel imaginable". Ciertamente, pocos artistas de los que se escriben sus propias canciones debutan con un trabajo de semejante calibre, y menos en un estilo tan alejado de las raíces musicales propias de su tierra.
La
fortuna quiso Markus Rill estuviera a finales de 1998 en Catalunya con
motivo de una mini-gira de tres actuaciones acústicas, que el propio
artista tituló Acoustic Avalanche Tour, en las salas Platea (Girona),
Jambalaya (El Masnou) y Slàvia (Les Borges Blanques), en las que
deleitó con su voz rasgada y su guitarra acústica junto a
los Gunslingers Dennis Schütze (guitarra acústica, slide guitar)
y Andreas Reif (bajo, violín y voces). Aparte de repasar extensamente
el material de su disco de debut, Markus Rill ofreció espléndidas
versiones de temas como "Tom Ames' prayer", "I feel alright" (Steve Earle),
"Darkness on the edge of town" (Bruce Springsteen) y "Waiting around to
die" (Townes Van Zandt), así como algunos temas del que iba a ser
su segundo álbum, "The devil and the open road", entre los que destacaron
"Trouble with the law", "An eye for an eye", "Snake tattoo" y "Rainville".
Entre los varios contactos que se establecieron durante dicha mini-gira
se produjo uno con Pemi Planas, responsable del sello independiente Moby
Disk Records (http://www.mobydiskrecords.com),
quien se animó a lanzar el nuevo disco "The devil and the open road"
al mercado español.
"The devil and the open road" es claramente ya un disco más maduro que "Gunslinger's tales". En lo artístico Markus Rill demuestra que sabe lo que quiere y, además, sabe cómo expresarlo eficazmente. Historias de forajidos ("Trouble with the law"), imaginarios amigos condenados a muerte ("Eye for an eye"), canciones sobre la soledad ("Rainville") o sobre la carretera ("The devil and the open road") son algunas de las propuestas que Markus Rill ofrece en un álbum ya algo más eléctrico que su disco de debut. La calidad y calidez de sus historias se puede apreciar de nuevo en un fragmento del mejor tema del álbum, “Rainville”:
Sally holds a grudge against the world
But she ain't to blame for all the anger and the hurt
Things ain't been the same since Charlie split
And she dropped out of school to take care of the kid
Con "The devil and the open road" bajo el brazo y recién salido de fábrica, Markus Rill se presentó ante las multitudes en un gran festival internacional en Julio de 1999, en la XII edición del Country Rendez-Vous Festival, de Craponne-sur-Arzon (Haute Loire, Francia). Allí ofreció un concierto lleno de garra y energía, aunque las limitaciones en cuanto a tiempo en el escenario (una hora y cuarto) impidieron que alguno de sus mejores temas pudiera ser escuchado por el público. Aparte de esta actuación, es preciso comentar que a lo largo de su carrera Markus Rill ha abierto conciertos para nombres de la talla de Tom Russell, Todd Thibaud, Hazeldine, Hal Ketchum y Townes Van Zandt. Sin duda alguna, ésta última es la actuación de la que se siente más orgulloso por la carga simbólica que conlleva el tocar ante uno de sus ídolos, que además moriría al cabo de poco tiempo.
Una vez finalizada su actuación en el Country Rendez-Vous Festival de 1999, a primeros de agosto Markus Rill & The Gunslingers conducieron su furgoneta atiborrada de instrumentos y material sonoro diverso para unas pocas actuaciones adicionales en Cataluña, en concreto en Girona y Llançà (Girona) Taradell (Barcelona) y Torrdembarra (Tarragona), promovidas por Moby Disk Records. Según contaron las crónicas, la respuesta fue excelente, especialmente en Llançà y Torredembarra, donde las palmas echaron humo y donde el público conectó con la música sobria y directa de Markus Rill & The Gunslingers. Mención especial para el entonces nuevo Gunslinger, el guitarrista Ed Staab, quién por el hecho de provenir del blues dio un nuevo cariz al sonido de la banda.
A
los pocos meses de editar "The devil and the open road", Markus Rill ya
empezó a trabajar en el que por ahora es su último álbum,
“Nowhere begins”, ya comentado en el número 15 de la revista Jambalaya,
correspondiente a los meses de septiembre y octubre de 2001. En él,
Markus Rill tuvo como objetivo el conseguir un sonido más cohesionado,
más próximo a lo que eran sus actuaciones en directo, con
el fin de dar una mayor relevancia a sus fieles Gunslingers, es decir Ed
Staab a la guitarra eléctrica, guitarra acústica y slide
guitar; Andreas Reif al bajo, violín y voces; Rüz Löser
a la batería y percusión; y el propio Markus Rill a la voz
solista, guitarra acústica y armónica. Entre el nuevo material
destacan "Can't help myself", una lúcida reflexión sobre
el suceso de lo inevitable, "Nowhere begins", un tema realmente potente
que cuenta una historia de pasión y asesinato, "Come around here",
bastante en la línea estilística de otro grande, Todd Thibaud,
"Don't look back", con unas letras preciosas sobre lo difícil que
es dejar marchar a una persona querida, así como "Ramblin' man's
lament”, “Lorna Sue”, “The night’s too strong” y el country-folk de “Women
and whiskey (& hard times & bad luck)”.
Desde entonces Markus Rill ha seguido trabajando en la consolidación de su carrera. Recientemente ha tenido que remodelar a fondo su banda, en buena parte debido a las circunstancias personales de dos de los miembros de los Gunslingers, como son Andreas Reif, quien está trabajando en su tesis doctoral sobre filosofía, y Ed Staab, dedicado ya íntegramente a sus tareas de ingeniero de sonido en Frankfurt. Así, la nueva formación de los Gunslingers con la que Markus Rill se presentó en Lyon el pasado 26 de octubre de 2002 es un quinteto que reúne a músicos profesionales que parecen ser de gran nivel, como el guitarrista Michael Wenzel, quien a pesar de haber tocado con Chrissie Hynde y Eros Ramazzoti cuenta con una sólida formación basada en el country tradicional; el batería Leonardo von Popp, formado en el prestigioso Berklee College of Music, en Boston; el multi-instrumentista (mandolina, acordeón, guitarra slide) Patrik Gröhn; y el bajista Stefan Hartmann. Con ellos Markus Rill tiene previsto editar su cuarto trabajo a mediados de este mismo año 2003, un álbum que debería suponer ya la consolidación definitiva de este inquieto artista alemán.
Y
ya que hablamos de música country hecha en Alemania justo es dedicar
unas líneas al proyecto del ex-miembro de los Gunslingers, Dennis
Schütze, otro excelente guitarrista, compositor y cantante. Si cuando
actúa como miembro de Die Musikstudenten es capaz de interpretar
géneros tan distantes como el vals, el foxtrot, el tango, la rumba,
el twist y el rock’n’roll, en “Leave the blues behind” combina con maestría
el country y el blues versionando a Marty Robbins con “Sugaree”, a Lee
Hazelwood con “These boots are made for walking”, a Mel Tillis en “Walk
on boy”, a Hank Williams en “Lovesick blues” y al propio Markus Rill en
el bellísimo tema inédito “West Texas moon” (“May the light
of the West Texas moon guide your travelin’ ways / May the sun always rise
when I’m blue to tell me you’re safe”). Además, Dennis Schütze
aporta varios temas propios de notable nivel, como el que da título
al álbum, “Leave the blues behind”, “Devil on my trail” o “Cinzia”.
En su más reciente propuesta musical, en la que se transforma en
ese bastardo fanfarrón (“cocky bastard”) llamado Will Handsome (http://www.willhandsome.com),
Dennis Schütze se centra ya totalmente en un country de corte mucho
más tradicional, repleto de fiddle y steel-guitar, que enlaza directamente
con los dorados años 50 en un estilo parecido al de los álbumes
de Red Knuckles & The Trailblazers. El repertorio de Will Handsome
se basa en el hillbilly, el rockabilly y el western swing, e incluye excelentes
versiones de Terry Fell (“You don't give a hang about me”, “Play the music
louder”), Jerry Reed (“East bound and down”), Johnny Cash (“Big river”)
o Hank Williams (“Hey good lookin’”), entre otros. Grabado en mono y bàsicamente
de una sola toma, el disco de Will Handsome enlaza con ese estilo retro
actualmente tan en boga gracias a artistas como Wayne Hancock o BR549.
A pesar de que lo que pudiera parecer a priori, la escena country alemana goza de buena salud y cuenta con artistas de marcada personalidad. Quizás Markus Rill sea el más prolífico y el que goce de una mayor proyección, por ser él mismo el autor de la mayor parte del material de su repertorio, pero no hay que olvidar otras interesantes propuestas como las de Dennis Schütze y su alter ego, ese “cocky bastard” que se hace llamar Will Handsome.
The Country Machine y The Nashville Cats, nuevas formaciones de country en Girona
Los fans del line-dance en la provincia de Girona disponen desde hace ya algunos años de una formación como los Country Revival Farmers que con sus frecuentes actuaciones ameniza un gran número de fiestas mayores. Sin embargo, desde hace unos pocos meses el panorama del country en la provincia de Girona se ha diversificado de forma notable con la aparición de dos nuevas bandas: The Country Machine primero, quienes ya tienen un álbum en el mercado titulado “Burning boots”, y posteriormente The Nashville Cats. Ambas bandas tienen su origen en el empuje de un gran amante del country como Salvador Batlle, guitarrista, pedal-steel, cantante y ex-miembro de los mencionados Country Revival Farmers, quien inició el proyecto de The Country Machine y quien ha dado un nuevo salto hacia adelante formando The Nashville Cats, una banda que se va asentando a través de sus actuaciones quincenales en la Sala Mariscal, de l’Estartit.
Sin embargo, antes de formar The Nashville Cats, Salvador Batlle ya había dejado huella de su contribución a The Country Machine participando en la grabación de este primer disco de country editado por una banda gerundense, “Burning boots”. Editado por el sello Música Global (http://www.musicaglobal.com), este trabajo fue grabado en los prestigiosos estudios Music Lan, que en los últimos años han acogido a artistas internacionales como Mariah Carey y Coyote Dax, y nacionales como Enrique Bunbury, Lluís Llach, Sopa de Cabra, Manolo García y Jarabe de Palo. El quinteto The Country Machine aparece como una formación con voluntad de satisfacer tanto a los seguidores del line-dance como de aquellos que deseen algo más que un determinado ritmo sobre el que ubicar los pasos de este tipo de baile. The Country Machine presentaron su disco de debut en la Sala Platea de Girona el pasado 15 de enero ante un buen número de aficionados a este estilo y, sobretodo, a este baile.
En su etapa actual sin Salvador Batlle, The Country Machine es una banda formada por el resto de miembros originales, es decir, Joan Dalmau (guitarra solista y voces), Jaume Tauler (bajo y voces), Marc Massallé (batería), Juli Comas (teclados, guitarra y voz), además de Albert Huguet (guitarra rítmica y voces), y su repertorio, tanto en directo como en su álbum de debut, se compone en su mayor parte de algunos de los más conocidos temas del country y del country-rock, como “Take me home country roads” (John Denver), “Jambalaya” (Hank Williams), “God blessed Texas” (Little Texas”, “Take it easy” (Eagles), “Don’t be cruel” (Elvis Presley) y “Bad moon rising” (Creedence Clearwater Revival). Sin embargo, este “Burning boots” contiene también algunos temas menos obvios y de la máxima calidad, como “Just once” (David Lee Murphy), “Young enough to know it all” (Chad Brock), “Just call me lonesome” (Radney Foster), “Hello cruel world” (George Ducas) o “Dead flowers” (Rolling Stones/Gram Parsons) que sin duda sorprenderán al aficionado más novel y quizás le empujen a descubrir a los artistas originales. El resultado global del álbum es notable, con unas versiones muy correctas a las que quizás sólo podría pedírseles una pequeña mejora en la pronunciación del inglés. A pesar de la escasa presencia de la steel y la ausencia de fiddle, el ambiente country del álbum es elevado y puede servir como excelente herramienta de introducción al género para aquellos que puedan descubirlo a través de las actuaciones de esta nueva banda.
Como hemos apuntado antes, The Nashville Cats es una banda aún en rodaje y buscando su formación estable. Aparte de Salvador Batlle, esta formación está compuesta actualmente por Joan Dalmau (guitarra solista y voces), quien reparte su tiempo entre esta banda y The Country Machine, mientras que la base rítmica corre actualmente a cargo de dos ex-miembros de la banda de rock en catalán, Glaucs. Su repertorio, al menos en esta fase inicial, consiste en versiones de clásicos de Elvis Presley, The Eagles, Creedence Clearwater Revival, Alan Jackson o Billy Ray Cyrus, y para los que quieran o puedan desplazarse hasta L’Estartit, en la Costa Brava central, podrán verlos actuar cada dos sábados en la reconocida Sala Mariscal, un lugar casi legendario para la mayoría de bandas de rock de la provincia.
Ya que dicen que las situaciones de competencia siempre aportan mejores
rendimientos que las de monopolio, esperemos que la aparición en
el panorama country gerundense de The Country Machine y de su álbum
“Burning boots”, así como de la de The Nashville Cats, haga crecer
a las bandas que se dedican al género en cantidad (más actuaciones,
si cabe) y calidad (nuevas y aún mejores versiones de temas country).
Miller's Farm: Those jeans
The Ranch Hands: The Ranch Hands
Joni Harms: After all
Railroad Earth: Bird in a house
Doyle Lawson & Quicksilver: Hard game of love
Baucom, Bibey & Blueridge: Come along with me
Dolly Parton: Halos and horns
Rick Shea & Brantley Kearns: Trouble and me
Barry & Holly Tashian: At home
Una
nueva banda que busca su espacio en el apartado Americana es la formación
Miller’s Farm (http://www.millersfarm.net).
Siendo de New York, su concepto de la música country responde al
lema “Country Music for City Folk”, un enfoque en el que tienen cabida
esas mismas influencias que ha tenido el country rural (blues, folk, jazz,
rock, gospel) pero tratadas desde una sensibilidad de gran ciudad. Los
Miller’s Farm acaban de editar su segundo trabajo, un impresionante EP
de cuatro temas audio y un tema en formato video (excelente y divertidísimo)
que al instante dejan con hambre al oyente. Combinando el gospel de “This
ain’t monday”, una versión blues rural de “King of the road”, el
country rock de “Doin’ time” (tema propio) y del vídeo “Williamsbrug
cannonball”, y la perfecta balada country “Those jeans”, los Miller’s Farm
muestran una combinación de buen hacer instrumental, frescura, sensibilidad
y sentido del humor poco habituales. Liderados por el cantante, compositor
y guitarrista Bryan Miller, el resto de la banda está formado por
el multiinstrumentista Glenn Spivack (dobro, armónica, pedal steel),
Nicky Martucci (bajo), Scott McCampbell (guitarra solista) y Jim Mansfield
(batería), los Miller’s Farm son una de esas formaciones que lo
tienen todo para triunfar, a poco que las circunstancias les sean favorables.
Otra
banda neoyorkina con álbum de debut, en este caso de ocho temas,
son The Ranch Hands (http://www.theranchhands.com),
una formación que en julio del pasado año hizo una mini gira
de conciertos por nuestro país y que, al menos por su actuación
en La Boîte de Barcelona, dejó un muy buen sabor de boca.
The Ranch Hands es el nombre que recibe el dúo formado por Jamey
Garner, voz solista y armónica, y Chris Tedesco, guitarra acústica
y fiddle, quienes se acompañan de tres músicos adicionales
para completar la formación en sus actuaciones en directo. Todo
el material de este excelente álbum está formado por temas
propios, compuestos bien por el dúo Garner/Tedesco, bien por cada
uno de los dos miembros en solitario, lo que permite apreciar las tendencias
artísticas de cada uno de ellos. Así, mientras que en las
canciones en que aparece la firma de Jamey Garner predominan los ritmos
más rápidos, Chris Tedesco se revela como un consumado escritor
de baladas, algunas de ellas realmente memorables como “Birmingham”, un
tema que por lirismo y por calidad melódica merecería alcanzar
posiciones de privilegio en las listas de éxitos. Para muestra,
el estribillo: “I wanna turn this road around / Make it Alabama bound
/ I wanna hold my dixie princess in my arms / This lonely road takes me
away / Twenty towns in thirty days / But you should know that wherever
I am / My heart will be with you in Birmingham”. Pese a su juventud,
the Ranch Hands demuestran un dominio perfecto de esos detalles en la composición
y en la interpretación que convierten las buenas canciones en grandes
canciones, destacando el buen hacer de Jamey Garner en la voz solista,
capaz de transmitir esos sentimientos y aportar esa cantidad de matices
que muchos solamente logran desarrollar tras años de pisar escenarios.
Ya que por calidad resulta difícil destacar a otros temas de este
álbum, y sin que sirva de precedente, vamos a citar a los restantes:
“All the wrong places”, “When I’m with you”, “Everybody says”, “Boondocks”,
“Another you”, “Daphine” y “Maybe it’s me”. En su página web ya
tienen anunciada una gira por España para el próximo mes
de febrero, así que ojo al calendario!
Por
calidad y por fidelidad al género a lo largo de su carrera, la artista
femenina más representativa del estilo western es sin duda Joni
Harms (http://www.joniharms.com).
Originaria de Oregon, Joni Harms se dio a conocer al gran público
del country con su sexto álbum, “Cowgirl dreams”, editado por Warner
Western en 1998 y que tuvo una acogida entusiasta entre unos aficionados
cada vez más ávidos de auténtica música country
en las producciones de los grandes sellos. Como en el caso de tantos otros
artistas, el paso por una multinacional permitió a Joni Harms forjarse
un nombre y una base de fans con la que seguir su carrera de nuevo en pequeñas
compañías discográficas como la actual, Paras Recordings
(http://www.parasrecordings.com),
que también acoge a otros artistas del western como Michael Martin
Murphey o Cowboy Nation. Su álbum del 2001 se titula “After all”
y contiene 13 temas de impecable música country & western, con
mayor predominio del western swing que en su anterior trabajo, gracias
a excelentes temas como “Weakness for cowboys”, “Every cowgirl’s dream”,
“A cowboy wedding” o “Cowboy coffee”. Otras grandes canciones son los medios
tiempos “More than your eyes can see” y “Millie”, el honky-tonk que da
título al álbum, “After all” y el tex-mex “Ay yi yi yi”,
en los que Joni Harms luce su capacidad para tratar los temas de siempre
con una aparente sencillez tanto a nivel de letras como de melodías,
lo cual supone justamente uno de sus grandes méritos. Otro de ellos
ha sido ponerse en manos del guitarrista, compositor y productor Ken Isham,
quien ha sabido encontrar ese sonido adecuado (limpio, cristalino) con
el que vehicular la propuesta musical de Joni Harms. Quizás lo único
de lo que peca Joni Harms es recrear en exceso un oeste bucólico,
sin polvo, sin drama, sin corazones rotos ni personajes traicionados por
el destino. Es el oeste feliz, en el que incluso las viejas camareras como
“Millie” están encantadas de servir café y lavar platos durante
más de media vida: “Millie was a waitress in a small café
/ Loved her job and never missed a day / For thirty-three years she poured
coffee / She carried dirty dishes with amazing grace”. Sin embargo,
para los que consideren que este es un aspecto anecdótico y prefieran
centrarse en las melodías y en el elevado nivel interpretativo tanto
a nivel vocal como instrumental, éste es un álbum que no
les decepcionará en lo más mínimo.
La
respuesta del sello Sugar Hill Records al creciente auge de las bandas
de jamgrass -esas que utilizan formas e instrumentos de bluegrass para
complejas excursiones musicales a través de los más diversos
géneros- ha sido la de incorporar a su plantel a una banda de este
estilo con capacidad de competir con las ya consolidadas como Leftover
Salmon, The String Cheese Incident o Yonder Mountain String Band. La banda
escogida ha sido Railroad Earth (http://www.railroadearth.com),
un sexteto originario de Pennsylvania con evidentes influencias tanto de
las bandas antes mencionadas como de los ya desaparecidos New Grass Revival,
y liderado por el vocalista y guitarrista Todd Sheaffer. Con su capacidad
de fusionar estilos y su pasión por la velocidad interpretativa,
Railroad Earth ya había causado una enorme sensación en su
debut en el Telluride Bluegrass Festival y también con la edición
de su primer álbum, el autoproducido "The black bear sessions".
Ahora, un año después, Sugar Hill ha editado su segundo álbum,
titulado "Bird in a house", una colección de trece canciones totalmente
acústicas y que discurren entre estilos como el bluegrass, el folk,
el country, la música celta, el gospel e incluso el pop. A través
de ellas, los jóvenes miembros de Railroad Earth demuestran su virtuosismo
instrumental y su capacidad para sintetizar todas estas influencias en
una propuesta musical variada y dinámica como pocas. Atención
a temas como “Drag him down”, el que da título al álbum,
“Bird in a house”, “Pack a day”, “Give that boy a hand”, “Mighty river”
y “Dandelion wine”, auténticas joyas del mestizaje de la música
del sur de los Estados Unidos. Sin duda alguna, una banda a descubrir y
a degustar.
Escogidos
como grupo vocal del año 2001 por la IBMA, Doyle Lawson & Quicksilver
(http://www.doylelawson.com) son
una formación que ha cultivado con auténtica devoción
el gospel blanco, basado en la música bluegrass y centrado casi
exclusivamente en temáticas religiosas. Ex-miembro de las bandas
de Jimmy Martin y de J.D. Crowe, así como de los Country Gentlemen,
en 1979 decidió formar su propia banda, Quicksilver, con la que
ha desarrollado su propio estilo y con la que ha contribuido a la emergencia
de algunos de los mejores músicos de bluegrass de las últimas
décadas, como Jerry Douglas, Mike Auldridge, Sam Bush, Terry Baucom,
Scott Vestal y Russell Moore, entre otros, y que actualmente cuenta de
nuevo con un plantel de músicos (Jamie Dailey, Barry Scott, Jesse
Stockman) de entre 25 y 35 años que pueden dar que hablar en el
futuro. Su nuevo álbum para Sugar Hill Records se titula “Hard game
of love” y es su primer álbum secular (no religioso) en seis años,
algo que evidentemente supone una rareza en la prolífica carrera
de esta formación. Se trata de un álbum con doce temas de
bluegrass tradicional, perfectamente interpretados a nivel instrumental
y, sobretodo, a nivel vocal, que incluye tanto piezas nuevas como otras
ya existentes y quizás poco conocidas pero que suenan como clásicos
del género desde el primer instante. Entre estos temas destacados
cabe mencionar “Blue train (Of the heartbreak line)” (John D. Loudermilk),
“We missed you” (Bill Anderson), “Standing room only” (Paul Williams),
“Poor boy working blues” (Jamie Dailey), “A thing of the past” (Barry Scott),
“My trust in you” (James Price) y “Nightingale” y “The hard game of love”,
el tema que motivó la grabación de un álbum no religioso
(ambos de Robert Gately). La vertiente amable del bluegrass se muestra
con todo su esplendor en este “Hard game of love”, un álbum indispensable
para los fans del bluegrass tradicional.
Más
bluegrass tradicional es lo que ofrece desde Sugar Hill Records la nueva
formación Baucom, Bibey & Blueridge (http://www.blueridgebluegrass.com)
con un álbum titulado “Come along with me”, en el que exploran un
terreno similar al de Doyle Lawson & Quicksilver. No en vano, el banjista
Terry Baucom formó parte de aquella formación a primeros
de los 80, además de participar también en la formación
original de IIIrd Tyme Out, donde coincidió con el mandolinista
Alan Bibey, con el cual lleva años colaborando en distintas bandas
y grabaciones. En “Come along with me” no versionan ningún tema
clásico del bluegrass pero ello no es obstáculo para que
hayan construido un impecable y variado álbum de bluegrass tradicional.
Desde el tema a capella con cuatro voces, “Shifting sands”, hasta el explosivo
instrumental “Vandiver”, pasando por temas típicos de bluegrass
como “Gonna travel on”, “It’s all my fault” o “Livin’ it up”, y de gospel
blanco como “Prayer bells of heaven” o “My Lord’s going to set me free”,
Baucom, Bibey & Blueridge muestran que para ellos el bluegrass, en
toda su amplitud, no tiene ningún secreto. A pesar del buen momento
que vive el bluegrass en la actualidad, el problema que plantean éste
y otros álbumes similares es, ¿cuál es el techo de
mercado para tantos y excelentes álbumes de bluegrass tradicional?
Da la sensación de que las grabaciones y los músicos de extraordinaria
calidad aparecen a una velocidad mayor que la de la difusión y aceptación
de esta música entre el gran público, lo que puede llevar
a una feroz competencia por ganar o mantener un status y cobrarse algunas
inmerecidas víctimas. Esperemos que, por su talento instrumental
y por ser capaces de producir álbumes como éste “Come along
with me”, Baucom, Bibey & Blueridge sigan en la brecha durante mucho
tiempo.
Otro
ejemplo de la popularidad que actualmente vive el bluegrass –y del peligro
de saturación que se cierne sobre el género- es la devoción
con la que una artista como Dolly Parton se ha aferrado a este estilo en
los últimos tres años, amparada por el sello Sugar Hill Records.
A un promedio de álbum por año, a éste 2002 le corresponde
el trabajo que lleva por título “Halos & horns” y que a oidos
de este cronista no resiste comparación con ninguno de los dos álbumes
precedentes, en especial con “The grass is blue”, el auténtico álbum
bluegrass de Dolly Parton. “Halos & horns” ahonda en el camino iniciado
con “Little sparrow”, es decir, el de tratar acústicamente y con
instrumentos de bluegrass (aunque cada vez con menos banjo, algo realmente
sintomático) unos temas que se sitúan claramente en géneros
más o menos próximos como el country, el pop o el rock. Ya
no están los Jerry Douglas, Sam Bush y Stuart Duncan, y aunque los
Randy Kohrs, Brent Truitt y Terry Eldredge cumplen sobradamente su cometido,
el resultado ya no es el mismo. Si descontamos el tema que da nombre al
álbum, “Halos & horns”, “Sugar Hill” –quizás la forma
de agradecer a la discográfica la confianza puesta en sus recientes
proyectos-, “Dagger through the heart”, “If only” y “John Daniel”, el resto
de temas flojean considerablemente. Hay pocas buenas melodías y
un tema que la tiene, como “I’m gone”, pincha estrepitosamente en las letras:
“Say I’m in the witness program with the F.B.I / Say an U.F.O. abducted
me from home / You can say what you chose but I tell you the truth / You
can say for sure I’m gone cause I’m gone”. Igualmente, otro tema de
melodía agradable como “These old bones” resulta difícil
de digerir por el irritante tono nasal de la propia Dolly Parton cuando
intenta imitar la voz de una anciana. Por no hablar de las anémicas
versiones de los temas rock de turno, en este caso “If” de Bread y el legendario
“Stairway to heaven” de Led Zeppelin, que suenan demasiado sobreproducidas
como para resultar creíbles. Citando a Radney Foster en una entrevista
para la revista No Depression, donde comenta que “las canciones se escriben,
pero las buenas canciones son las que se reescriben”, da toda la sensación
de que, al igual que sucede actualmente con otros prolíficos artistas
como Steve Earle o Ryan Adams, en este caso Dolly Parton no se ha molestado
en pulir y seleccionar mejor su material, quizás para aprovechar
el buen momento actual del bluegrass antes de que lleguen épocas
de vacas no tan gordas. En resumen, un álbum muy profesional, muy
pulido, pero al que le falta la chispa de la ilusión que seguramente
supuso para Dolly Parton el regresar al bluegrass a finales del 99 con
“The grass is blue”.
En
esta sección ya habíamos cantado con anterioridad las excelencias
de las grabaciones en solitario de Rick Shea, el excelente multiinstrumentista
de los Guilty Men, la formación con la que se acompaña el
respetadísimo Dave Alvin. Su nueva propuesta junto a al violinista
y mandolinista Brantley Kearns (Dwight Yoakam, Billy Joe Shaver, Katy Moffat,
Heather Myles, I See Hawks in LA) se titula “Trouble and me” y ha sido
co-producida por el propio Rick Shea y por Dave Alvin. Editado en el nuevo
sello californiano Tres Pescadores (http://www.trespescadores.com)
y con el apoyo de músicos como Greg Leisz (dobro), Chris Gaffney
(acordeón) y Don Heffington (percusión, arpa de boca), este
álbum contiene música acústica de la máxima
categoría y se abre y se cierra con sendos temas instrumentales:
el primero es una composición casi bluegrass de Rick Shea titulada
“Carolina California” que sintetiza la aportación musical de cada
una de las tierras de origen de estos músicos, mientras que el tema
final, compuesto por Brantley Kearns, lleva por título “Byron’s
iron / Baker’s acre” y supone un homenaje a dos de sus ídolos, los
violinistas Byron Berline y Kenny Baker. El resto del álbum cubre
un vasto territorio de sonidos sureños, desde el country de “Rachel”
(Jim Ringer), “Parish road” (Rick Shea), “Trouble and me” (Harlan Howard)
o “Ain’t it almost like the old times” (Brantley Kearns), hasta una versión
teñida de cajun del blues “Black snake moan” de Blind Lemon Jefferson,
pasando por el folk tradicional de “Cane on the Brazos” o de “Sail away
ladies”. La voz de Rick Shea suena de nuevo con una calidez extraordinaria,
evocando puestas de sol en los paisajes áridos del sur de California
y de Texas –como prueba del algodón, escuchar “San Bernardino waltz”,
“Parish road”, “Trouble and me” o “Let my horses run free”-, mientras que
la de Brantley Kearns, más áspera y directa, encaja mejor
en los temas más rítmicos como “Sail away ladies”, “Ain’t
it almost like the old times” o “Black snake moan”. Al igual que ya sucediera
con sus anteriores “Shaky ground” y “Sawbones”, Rick Shea, ahora junto
a otro californiano de adopción, Brantley Kearns, sigue demostrando
que si quisiera podría emanciparse de Dave Alvin y desarrollar una
brillantísima carrera en solitario. Si ésto no sucediera,
esperemos que al menos siga editando álbumes como los antes mencionados
o como este reciente “Trouble and me”.
Similarmente
a lo que sucede con Robin & Linda Williams, el nombre de Barry &
Holly Tashian (http://www.tashian.com/tmusic)
puede no decir demasiado a muchos fans de la música country. Sin
embargo, un breve repaso al currículum de Barry Tashian no deja
lugar a dudas de que se trata de un artista de notable talla: telonero
de los Beatles en su última gira americana en 1966 con su banda
Barry & The Remains (con los que excepcionalmente tocó en León
en 1998 en el Festival Mod “Purple Weekend”, reuniendo la banda para tal
ocasión después de más de 30 años de inactividad),
colaborador de Gram Parsons en The International Submarine Band, en The
Flying Burrito Brothers, y en su álbum en solitario "GP", miembro
durante 9 años de la Hot Band de Emmylou Harris, y miembro además
de las bandas de Charlie Louvin, Nanci Griffith, Iris DeMent y Suzy Bogguss,
conforman una envidiable trayectoria profesional que pocos pueden igualar.
En 1989 inició de forma paralela una carrera en solitario junto
a su esposa Holly, con la que ha grabado seis espléndidos álbumes
eminentemente acústicos a caballo del country y del folk, y que
han recibido unánimes críticas favorables, nominaciones y
premios. Su más reciente álbum se titula “At home” y ha sido
editado por el sello de Virginia Copper Creek Records (http://www.coppercreekrec.com),
un sello en el que actualmente graban grandes nombres del bluegrass como
IIIrd Tyme Out, James King, Tom Adams o Michael Cleveland. Con la única
colaboración del bajista Ross Sermon, los Tashian ofrecen una excelente
mezcla de temas propios como “These little things”, “The sound of your
name” o “Lonesome highway blues”, y de versiones de temas relativamente
conocidos como “We could” (Felice Bryant), “Whiskey before breakfast/Beaumont
Rag” (tradicional), “There goes my love” (Buck Owens), “My window faces
the south” (popularizada por Bob Wills) y el mejor tema del álbum,
una inspiradísima interpretación de “Watermelon time in Georgia”
(Harlan Howard). En resumen, un álbum sencillo a nivel conceptual,
pero de una elevada calidad a nivel instrumental, vocal y en la selección
de material, que gustará a los fans del country folk más
tradicional.
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