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Número 21 - Septiembre/Octubre 02
XV Edición del Country Rendez-Vous Festival,
Craponne-sur-Arzon (Francia)
The Ecclectic Corner
XV Edición del Country Rendez-Vous Festival, Craponne-sur-Arzon (Francia)
Después de catorce ediciones de crecimiento lento pero progresivo, los organizadores del Country Rendez-Vous Festival (http://www.festivaldecraponne.com) decidieron este año poner a prueba la teoría que dice que para que un festival reciba una afluencia importante de visitantes es conveniente que en el cartel incluya uno o, si es posible, varios artistas comerciales. Visto el cartel final, con la inesperada sustitución de Rodney Crowell por Jack Ingram, hay que decir que el atrevimiento de los organizadores fue grande, ya que quizás la única estrella con nombre suficiente para atraer masas era Lee Roy Parnell. Sin embargo, el nuevo récord de asistencia –se ha pasado de las quince mil personas de la pasada edición a las dieciocho mil de la presente- ha demostrado que si existe el compromiso de traer al festival buenos artistas, no necesariamente conocidos por el gran público, éste responde al reto y se muestra predispuesto a probar los platos musicales que le cocinan Georges Carrier y su equipo de la asociación Western Wanted. El que un festival como el Country Rendez-Vous presente un cartel sin estrellas y a pesar de ello logre reunir a lo que probablemente haya sido el público más numeroso jamás visto en un acto country a nivel europeo es el síntoma definitivo de que dicho festival ha llegado a su madurez. Enhorabuena por tanto a los organizadores por su valentía a la hora de escoger los artistas y por su buen hacer con este festival a lo largo de tantos años.
De alguna forma, el cartel de este año suponía la culminación definitiva de la transición iniciada hace dos años, cuando se vio que las estrellas de Nashville ofrecían unas actuaciones insulsas y que el público vibraba más con propuestas musicales menos edulcoradas y más honestas, como las de Tish Hinojosa, Pam Gadd, Kathy Chiavola o Lonesome River Band. La edición del año pasado ya supuso un vuelco radical al perfil de las estrellas americanas seleccionadas, con nombres como Heather Myles, Trent Summar, Danni Leigh o BR549, culminado este año con la apuesta por artistas tan reputados pero a la vez tan poco conocidos por el gran público como Guy Clark & Verlon Thompson, The Hot Club of Cowtown, Jack Ingram o The Hackberry Ramblers.
Lee
Roy Parnell (http://www.leeroyparnell.com)
era el nombre que más sonaba a priori, pero su actuación
no respondió totalmente a las expectativas creadas. Aparentemente
más preocupado de agradarse a sí mismo que de complacer al
público, y armado con su Gibson Les Paul, Parnell se entretuvo demasiado
con solos excesivamente largos, a lo Mark Knopfler o Santana, además
de interminables pausas entre canción y canción. Por desgracia,
ello disminuyó notablemente el ritmo de un concierto que había
empezado de maravilla con tres de sus temas insignia, “On the road”, “Crossin’
over” y “I’m holding my own”, a los que siguieron un excelente “Milk cow
blues” -al que sin embargo le sobraron los varios minutos de introducción-
y “Guardian angel” y “South by Southwest”, ambos pertenecientes a su más
reciente álbum, “Tell me the truth”. Con una formación compuesta
por batería, bajo eléctrico, teclados y la guitarra eléctrica
slide del propio Lee Roy Parnell, el concierto de hora y media dio tan
sólo para interpretar ocho o nueve canciones, incluyendo un bis
junto al recién llegado Jack Ingram, con quien interpretó
el conocidísimo “Dim lights, thick smoke and loud, loud music”.
Una actuación musicalmente impecable pero un tanto distante del
público, en la que sobró bastante divismo y en cambio se
echaron en falta las ganas de complacer al público que mostraron
otros artistas.


Las
grandes y más sinceras ovaciones del festival fueron para el resto
de grandes nombres del cartel, sin excepción. Todos estos artistas
y bandas ofrecieron unas actuaciones magníficas, dentro de los estilos
y posibilidades de cada uno de ellos. La actuación más entrañable
de todas y seguramente de mayor importancia histórica fue la de
los Hackberry Ramblers (http://www.lsue.edu/acadgate/music/hackberry.htm),
una formación de Louisiana formada en 1933 por el fiddler Luderin
Darbone y por el acordeonista Edwin Duhon, quienes siguen en activo y que
cuentan hoy en día con 89 y 92 años, respectivamente. Es
de resaltar que con The Hackberry Ramblers tuvimos quizás la única
y última oportunidad de disfrutar de una banda de auténtico
sonido “retro”, algo ya cada vez más escaso por pura cuestión
generacional. Su aparición en esos primeros años 30 se produce
poco después de que el country o el jazz adquirieran el status
de género, con las grabaciones históricas de Jimmie Rodgers
o los célebres Hot Fives & Sevens de Louis Armstrong. Todo ello
se pone de manifiesto en su repertorio y en su sonido, compuestos por una
curiosa mezcla de cajun, swing, country y blues, con interpretaciones de
temas tradicionales como “Jolie Blon”, “Fais do-do” o “Zydeco blues”, o
versiones de “Crazy arms” (Ray Price), “Time changes everything” y “Makes
no difference now” (Bob Wills), “Folsom prison blues” (Johnny Cash), “Johnny
B. Goode” (Chuck Berry) e incluso el más moderno “Proud Mary” (John
Fogerty). Por como esos viejecitos se aferraban al escenario –cumplieron
escrupulosamente con el tiempo pactado- y como disfrutaban con su música,
los Hackberry Ramblers convirtieron su actuación en un auténtico
canto a la vida, a la amistad y a la esperanza, y pusieron el mejor broche
posible a este festival.

Las
estrellas de la noche del viernes fueron sin duda Guy Clark y Verlon Thompson.
Según confesaron ellos mismos, subieron al escenario sin una lista
de canciones escogidas, sino que las decisiones las tomaban allí
mismo. Tal es el grado de compenetración entre ambos que muchas
veces, sin tan siquiera mediar palabra y cruzando tan sólo sus miradas,
estos viejos colaboradores sabían qué tema había que
empezar o qué solo había que alargar. Ambos estuvieron magistrales
con las guitarras, pero la labor y el talento de Verlon Thompson (http://www.verlonthompson.com)
merecen un punto y aparte. Combinando velocidad, armonía, intensidad,
rasgueos y punteos, Verlon Thompson nos enseñó cosas que
quizás muchos no sabíamos que se podían conseguir
con una simple guitarra acústica. Su pequeño set de cuatro
canciones (“A whisper and a scream” sólo con su voz, “Darwettia’s
mandolin”, un tema instrumental, y la bellísima “He left the road”,
que formará parte de su nuevo álbum) nos dejó a todos
con ganas de ver algún día a Verlon Thompson como artista
en solitario. Con su enorme estatura y con sus maneras de gentleman sureño,
Guy Clark ofreció un repaso a algunos de los mejores temas de su
carrera, ya que inevitablemente la limitación de tiempo y la amplitud
de su producción impedían un repaso más exhaustivo.
Se quedaron fuera temas como “Let him roll”, “The south coast of Texas”
o “Boats to build”, pero sí que estuvieron “Baton Rouge”, “L.A.
Freeway”, “Desperados waiting for a train”, “Texas 1947”, “Homegrown tomatoes”,
“Out in the parking lot”, “Cold dog soup” o “Sis Draper”. En el bis subió
Lee Roy Parnell por sorpresa al escenario y juntos interpretaron “Picasso’s
mandolin” y “Texas cookin’”, donde Guy Clark cedió su guitarra acústica
al invitado sorpresa y, mientras paseaba fumando tranquilamente por el
fondo del escenario, Thompson y Parnell se marcaron una jam que hizo salir
humo de las cuerdas.

La
noche del viernes había empezado con la banda francesa Matis Country
Band, una formación liderada por el dúo Yanne Matis y Pierre
Lory. Su repertorio incluía inicialmente folk, rock, country y canción
francesa, aunque desde el año 2000 están totalmente volcados
hacia la música country. En su actuación en este Country
Rendez-Vous 2002 ofrecieron un más que digno inicio de festival,
con versiones de temas tan conocidos como “Hotel California”, “The boxer”
o “Hard times”, que sirvieron de gustoso aperitivo de lo que tenía
que suceder en los tres días de festival. Acto seguido le tocó
el turno al roots-rocker suizo Reto Burrell (http://www.retoburrell.com).
Inspirado por la música de Tom Petty & The Heartbreakers, The
Wallflowers o Sheryl Crow, Reto Burrell se presentó en el Country
Rendez-Vous Festival con su segundo álbum bajo el brazo, “Shaking
off monkeys” que, por lo que se pudo ver, sigue la misma línea que
su disco de debut, “Echo Park”. Burrell, que se presentó con una
banda formada por batería, bajo eléctrico, guitarra eléctrica
y guitarra acústica, ofreció un show lleno de energía
juvenil y al mismo tiempo muy profesional, siempre basado en el roots-rock
con toques grunge, folk y country. De su actuación anotamos la interpretación
de los mejores temas de “Echo Park”, como “Does anybody wonder”, “I won’t
die” o “Without a view”, además de una impecable y original versión
country de “Purple rain” de Prince. La tercera actuación de la noche
fue la de Scott McClatchy (http://www.scottm.com),
un artista proveniente de Philadelphia y cuya propuesta musical consiste
en rock de cantautor, al estilo Bruce Springsteen. McClatchy apareció
sobre el escenario como un verdadero torbellino, interpretando el tema
“Radio”, auténtico hit-single de su segundo y más reciente
trabajo, “Redemption”, al que le sucedieron otros de corte similar y que
al final terminaron por apabullar un poco al personal ante tanto exceso
de vehemencia. La notable versión que hizo de “The weight”, el conocido
tema de Robbie Robertson (The Band) y que también se incluye en
“Redemption”, sirvió para romper un poco el ritmo frenético
con que se desarrolló el concierto y mostró que quizás
con un poco más de temple, sabiendo cuándo hay que arañar
y cuándo acariciar, la propuesta musical de Scott McClatchy podría
ganar algunos enteros. En resumen, un concierto que resultó en un
tanto monótono, quizás también por el hecho de llegar
justo detrás de otro artista de características similares
como era Reto Burrell.
La tarde del sábado empezó con una formación acústica francesa llamada Zipcode 2025, cuyo repertorio, cantado en su mayor parte en francés, discurrió entre los terrenos del bluegrass, del folk americano e incluso de la canción francesa. Zipcode presentaba en este festival su segundo trabajo, “C'est une course qui commence (comme une valse hésitante)”, compuesto en su mayor parte por material propio, además la versión de “A whiter shade of pale” (Procol Harum), tema que fue interpretado como despedida de la banda al final del bis. A continuación les tocó el turno a los canadienses South Mountain, una formación que ya visitó el Jambalaya hace algunos meses y que tienen previsto hacerlo de nuevo en breve. Liderados por su excelente guitarra solista Steve Pittico, los South Mountain ofrecieron un sólido concierto de country neo-tradicionalista, con temas como “High lonesome sound” (Vince Gill), “Lovebug” (George Strait) o “One way rider” (Ricky Skaggs), además de interpretar también algunos temas de country tradicional, como “Crazy arms” (Ray Price) o el clásico “Tennessee Waltz”, compuesto por Redd Stewart y Pee Wee King y cantado de forma magistral por el batería Jay Riehl, quien lucía un espectacular look a lo Bono de los U2.

La
tercera actuación de la noche, habitualmente reservada a una banda
puntera del bluegrass, fue adjudicada este año a The Hot Club of
Cowtown (http://www.hotclubofcowtown.com),
una de las formaciones más destacadas de ese estilo en el que las
fronteras entre el jazz y el country se difuminan, como es el western swing,
también llamado cowboy jazz o rural jazz. Liderados por Elena Fremerman
(fiddle y voces) y Whit Smith (guitarra y voces), y con el reciente refuerzo
de Jake Erwin (bajo acústico), los Hot Club of Cowtown ofrecieron
una actuación enérgica como pocas, con unos licks y unos
solos tan calientes que incluso podrían prender fuego al hielo.
Su propuesta musical se basa en el swing de guitarra y violín que
durante los años 20 desarrollaron Joe Venuti y Eddie Lang en los
USA y que durante los 30 ofrecieron en Francia los aclamados Django Reinhardt
y Stéphane Grapelli con su Quintette du Hot Club of France, debidamente
aderezada con influencias de western swing, de dixieland y de estándares
del pop de inicios del siglo pasado.

Además
de energía, la puesta en escena de los Hot Club of Cowtown rebosó
optimismo, por lo que la conexión con el público fue inmediata
y las ovaciones se sucedieron tras cada canción. El repertorio estuvo
formado por material de los tres álbumes que la banda tiene grabados
en Hightone Records hasta el momento, destancado versiones de clásicos
como “Exactly like you”, “Little Liza Jane”, “Ida Red” o el tema propio
“Emily”. Al igual que ya sucediera con la actuación de Guy Clark
& Verlon Thompson, en el bis subió al escenario Lee Roy Parnell,
con quien los Hot Club interpretaron dos lucidas versiones de clásicos
del repertorio de Bob Wills, como “Right or wrong” y “Take me back to Tulsa”.
Algo debe tener la tercera actuación de la noche del sábado
en el Country Rendez-Vous Festival, ya que últimamente todos los
artistas que ocupan ese lugar ofrecen conciertos realmente memorables,
como la Lonesome River Band hace dos años, Rhonda Vincent el año
pasado o los Hot Club of Cowtown este año. Sencillamente impagable.
Después de la ya comentada actuación de Lee Roy Parnell, la tarde/noche del sábado llegó a su fin con la actuación de The Domino Kings (http://www.dominokings.com), una formación de Springfield (Missouri), con un repertorio en el que mezclaron country de corte californiano, rockabilly y rock sureño. A pesar de la variedad estilística, para este cronista el tratamiento de los temas fue un tanto repetitivo, con mucha Telecaster y mucho twang, una voz bastante monótona y una puesta en escena un tanto fría, todo ello con un aire muy “blue collar”. Si tuviera que calificarlo de alguna forma, diría que fue un concierto “profesional”, aunque sin el feeling, por ejemplo, de Reto Burrell. Su repertorio se basó en temas propios como “The back of your mind” o“The sad side of town”, aunque para el bis se guardaron las versiones de “Mama tried” (Merle Haggard) y “Not fade away” (Buddy Holly). Al igual que lo sucedido con Scott McClatchy, que tuvo que salir a escena justo después de una actuación relativamente similar, puede que a los Domino Kings les jugara una mala pasada el tener que actuar después de Lee Roy Parnell, en un concierto que tuvo sobredosis de guitarra. En cualquier caso, el sonido de sus álbumes parece indicar que, en una buena noche, esta banda puede ofrecer mejores actuaciones que la que vimos en Craponne-sur-Arzon.
La
soleada y calurosa tarde del domingo empezó con la cantautora y
multiinstrumentista (guitarra, banjo) californiana Jenny Kerr (http://www.jennykerr.com),
quien se puso al público en el bolsillo con su excelente propuesta
de country blues y con su fluido francés. Su banda estaba formada
por un excelente guitarrista de Telecaster como Phil “Philbillie” Miner,
por Mike Metz al bajo, por Michael Jerome (ganador de un Grammy por su
trabajo con los Five Blind Boys of Alabama) a la batería, y por
Russ Gauthier, líder de los New Riders of the Purple Sage, a la
guitarra slide, dobro, fiddle y mandolina. Jenny Kerr demostró tener
una voz potente y buenas maneras sobre el escenario, interpretando lo mejor
de su álbum de debut, con temas como “Itch”, “Mississippi delta”
o “I wanna be rich”. Abriendo de forma magnífica la tarde del domingo,
la Jenny Kerr Band fue, a su nivel, una de las formaciones triunfadoras
del festival de este año. Acto seguido llegó el turno a la
formación francesa Bluegrass 43 (http://www.musictrad.org/bg43),
liderada por el reputado banjista Jean Marc Delon, quienes tuvieron que
sustituir a última hora a los italianos Red Wine por indisposición
de su bajista. Los Bluegrass 43, habituales en otras ediciones de este
festival, ya sea actuando en solitario o bien acompañando a artistas
americanas como Kathy Chiavola o Pam Gadd, celebraron su veinticinco aniversario
desempolvando lo mejor de su repertorio, con versiones de “Think of what
you’ve done” (Carter Stanley), “Foggy Mt. Breakdown” (Earl Scruggs), “Mr.
Jones” (The Mavericks) o las tradicionales “Way downtown” y “Will the circle
be unbroken”.
El
apartado de country-pop fue cubierto por la cantautora neoyorkina, aunque
afincada en Nashville, Candace Asher (http://www.candaceasher.com).
Dotada con una voz realmente adecuada para el estilo que interpreta, Candace
Asher podría haber sido una Trisha Yearwood o quizás incluso
una Reba McEntire de haber estado en el lugar y en el momento adecuados.
En cambio, por suerte o por desgracia, con la situación discográfica
actual su producción se desarrolla en el sello independiente Taxim
Records, donde ha editado su disco de debut, titulado simplemente “Candace
Asher”. Acompañada por la solvente banda alemana que el año
pasado arropó a Richard Dobson en este mismo festival, que incluía
guitarras acústicas y eléctricas, bajo, batería, fiddle
y mandolina, Candace Asher repasó los mejores temas de su único
disco, con canciones tan notables dentro de su estilo como “A face in the
crowd” (sin duda, su mejor tema), “Everytime your heart breaks”, “That
old car”, “More than just a vase” o “Looking forward”. Para el bis final,
Asher reservó la versión del espléndido “I wanna be
loved back”, ese tema que Randy Scruggs y Trisha Yearwood interpretaron
a dúo en el disco del primero “A crown of jewells”.

La
gran estrella del festival estaba llamada a ser el tejano Rodney Crowell,
pero a menos de dos meses del festival rompió su acuerdo y la organización
tuvo que buscar rápidamente un recambio. Difícilmente se
podría haber encontrado mejor sustituto que ese otro tejano, digno
heredero de la tradición de cantautores de aquel estado, llamado
Jack Ingram (http://www.jackingram.net).
Su nuevo álbum se llama “Electric” y electricidad es lo que ofreció
en el escenario del Country Rendez-Vous Festival, acompañado por
su renovada y potente Beat Up Ford Band. Ingram, que no soltó en
ningún momento su Telecaster –excepto en el tema que puso final
a su actuación, para el que se acompañó de una guitarra
acústica- interpretó las canciones más rockeras de
su repertorio con una calidad interpretativa, pasión y entrega dignas
del mejor Bruce Sprinsgteen, aunque con un toque de timidez a lo Kurt Cobain.
En efecto, lo que el Boss representaba para el rock de cantautor a mediados
de los 70 y durante los 80 quizás sea lo que Jack Ingram esté
haciendo para este mismo estilo en la primera década del siglo XXI,
un rock en este caso con un sustrato de country bastante más aparente
que en el caso del cantante de New Jersey, al que le ha añadido
unas buenas gotas de actitud grunge. Jack Ingram repasó sobretodo
los temas de sus dos últimos álbumes de estudio: “Hey you”
(1999) y “Electric” (2002). Del primero interpretó canciones como
“Biloxi”, “How many days”, “Barbie doll”, el propio “Hey you” y “Mustang
heart”, mientras que de su álbum más reciente interpretó
“Keep on keepin’ on”, “Fool”, “We're all in this together” y la preciosa
balada final del álbum, “Goodnight moon”, que también puso
punto final al concierto. De álbumes anteriores, Ingram rescató
“Flutter” y su tema más emblemático, “Beat up Ford”, mientras
que ofreció tan sólo tres versiones: dos de ellas fueron
temas popularizados por Waylon Jennings como “Only daddy that'll walk the
line” y “Are you sure Hank done it this way”, y la tercera fue un “Dim
lights, thick smoke and loud, loud music” que ya había interpretado
la noche anterior junto a Lee Roy Parnell. Para los que descubrimos a Jack
Ingram haciendo country tradicional, quizás nos cueste más
adaptarnos al cambio estilístico, pero siendo objetivos es justo
reconocer que el rock ha ganado un nuevo y gran talento.
En resumen, y como ya sucediera con la edición anterior, esta
quinceava edición del Country Rendez-Vous Festival ha tenido de
nuevo un cartel repleto de auténticas leyendas del country. La apuesta
era atrevida, pero el resultado artístico fue notable (si Lee Roy
Parnell hubiera ofrecido el concierto que todos esperábamos...)
y la respuesta del público, inmejorable. Además, y por primera
vez en un montón de años, no hubo lluvia que incomodara a
los asistentes. Por tanto, ¿qué más se puede pedir?
Bueno, ya puestos... que la dieciseisava edición continúe
en la misma línea! Ya podéis anotar las fechas en vuestra
agenda: 25, 26 y 27 de julio del 2003.
Jerry Douglas: Lookout for hope
Randy Kohrs: A crack in my armour
Audie Blaylock: Trains are the only way to fly
John Cowan: Always take me back
Tim O'Brien: Two Journeys / Songs from the mountain
(Sugar Hill Edition)
Bleu Edmonson: Southland
Owen Temple: Right here and now
Caroline Herring: Twilight
Luther Wright & The Wrongs: Rebuild the wall
One Riot One Ranger: Flat city nights
Ian Tyson: Live at Longview
Stacey Earle & Mark Stuart: Must be live
Caitlin Cary: While you weren't looking
Jason Ringenberg: Wildfires + Misfires / All over
creation
Lisa O'Kane: Am I too blue
Leti de la Vega: Rancho Viejo, Mexico
Kimmie Rhodes: Love me like a song
Jack Ingram: Electric
Que
el bluegrass vive un espléndido momento, tal como hemos venido comentando
en esta colaboración últimamente, se demuestra con que los
músicos que acompañan a las estrellas del género también
se deciden a grabar sus propios proyectos. Uno de ellos es el conocidísimo
Jerry Douglas (http://www.jerrydouglas.com),
el dobrista por excelencia del country y bluegrass modernos, quien acaba
de publicar en Sugar Hill Records su onceavo trabajo en solitario, “Lookout
for hope”. En él, Jerry Douglas parece abrirse definitivamente a
nuevos estilos musicales menos encorsetados, un paso dado ya anteriormente
por Mark O’Connor (fiddle) y Béla Fleck (banjo). En “Lookout for
hope” Jerry Douglas se rodea de compañeros de múltiples grabaciones,
como el guitarrista Bryan Sutton, el violinista Stuart Duncan, el mandolinista
Chris Thile, los bajistas Barry Bales y Viktor Krauss, o el saxofonista
Jeff Coffin (excelente y supongo que poco explorada combinación
entre dobro y saxofón) para esta nueva entrega compuesta por once
temas. De ellos, nueve son densos instrumentales y los dos restantes están
cantados por las voces de la colaboradora habitual Maura O’Connell (“Footsteps
fall”) y de James Taylor (“The suit”), los cuales dan un respiro al tupido
panorama musical del resto del trabajo. El álbum se inicia con una
excelente versión de “Little Martha” de los Allman Brothers Band,
a la que sigue un tema propio de Jerry Douglas, un bluegrass a toda velocidad
titulado “Patrick meets the brickbats”. La parte central del álbum
es donde Douglas se decanta más claramente por el jazz, empezando
por el tema que da nombre al álbum, una larguísima y experimental
composición de más de diez minutos del guitarrista de jazz
Bill Frisell, al que sigue “Cave bop”, una aproximación ya más
digerible a otro estilo de jazz, el bebop, que sin embargo y al modesto
entender de este cronista no supera en ambiente jazzístico ni en
melodía a otro tema bebop con dobro, el impresionante “Dwight’s
blues” de Rob Ickes. Donde Jerry Douglas sigue dando lo mejor de sí
es en temas estilísticamente más cercanos a su producción
habitual, como en los dos temas vocales ya mencionados, además de
“Senia’s lament” o “In the sweet by and by”. Por su elevado grado de experimentalidad,
éste es un álbum que seguramente será duro de roer
para los fans del bluegrass tradicional pero que, en cambio, puede acercar
a muchos fans del jazz hasta este aún joven aunque legendario instrumentista
llamado Gerald Calvin –alias Jerry- Douglas.
Otro dobrista con álbum en solitario, aunque esta vez de corte mucho más tradicional es Randy Kohrs (http://www.randykohrs.com), un joven músico de sesión que hasta ahora ha puesto su talento al servicio de artistas como Hank III, John Cowan, David Ball, Don Rigbsy & Dudley Conell y Hank Thompson. Su debut en solitario se titula “A crack in my armour” y contiene material que oscila entre el bluegrass y el country acústico, con temas compuestos por el propio Randy Kohrs (“I would if I could” o “Every now and then”) así como por artistas tan reputados como Jim Lauderdale, Frank Dycus, Roger Brown, Mike Henderson, Mark Irwin y Jamie O’Hara. A través de bellas canciones como las dos citadas anteriormente o como “Reason for everything”, “Miles of heartache”, “Crack in my armour”, “Prisoner’s tears” o “Anyway”, Randy Kohrs nos descubre una agradable voz de tenor que en las baladas recuerda a la de Vince Gill, además de una notable capacidad interpretativa que parece la de un veterano con varios álbumes a sus espaldas. Entre los colaboradores del álbum cabe destacar nombres como los de Scott Vestal (banjo), Stuart Duncan (fiddle) y Ricky Simpkins (fiddle y mandolina), así como que el propio Randy Kohrs se ocupa del dobro, la mandolina, la guitarra acústica, e incluso la batería en uno de los temas. En resumen, un más que notable y agradable disco de debut de un prometedor artista, del cual hasta ahora sólo conocíamos su faceta de músico de sesión.
Un
nuevo músico de bluegrass también con un álbum en
solitario es Audie Blaylock (http://www.audieblaylock.com)
el guitarrista de The Rage, la banda de Rhonda Vincent. Nacido en El Paso,
Texas, aunque criado en Lansing, Michigan, Audie Blaylock también
ha tocado la guitarra acústica junto a Jimmy Martin, Red Allen,
Lynn Morris y Harley Allen antes de llevar su talento hasta The Rage, algo
que sucedió en el año 2000. En junio de 2001 Blaylock editó
su disco de debut en solitario, “Trains are the only way to fly”, un luminoso
álbum de bluegrass tradicional, lleno de alegría y dinamismo,
en el que además colaboran, entre otros, la propia Rhonda Vincent
y dos ex-miembros recientes de The Rage como Tom Adams (banjo) y Mike Cleveland
(fiddle). El álbum empieza de manera excelente con el contagioso
tema que le da título, “Trains are the only way to fly”, al que
le siguen un tema de Jimmy Martin como “Steal away somewhere and die” y
una bella composición de Harley Allen titulada “Wildwood flower
blues”. Otros grandes momentos del álbum se dan en “Which way to
turn”, una composición de Tom Adams, y en dos temas firmados por
Chris Warner como “Sorrow’s fallin’ all around me” y “Pages of time”, además
del conocido tema de Bill Trader “A fool such as I”, también versionado
en su momento por artistas como Elvis Presley, Willie Nelson, Hank Snow
o Kathy Chiavola. Un álbum que impresiona tanto por su optimismo
como por su calidad, y que nos descubre a un personaje que, si quisiera,
muy bien podría tener una exitosa carrera en solitario dentro del
bluegrass. Talento y recursos musicales no le faltan, tal como atestigua
este debut de Audie Blaylock, “Trains are the only way to fly”.
Durante
16 años John Cowan (http://www.johncowan.com)
formó parte de la mítica formación New Grass Revival,
ésa que de la mano sobretodo de Bela Fleck y Sam Bush llevó
el bluegrass hasta territorios nunca explorados hasta aquel momento. Una
vez disueltos los New Grass Revival, en 1990 John Cowan editó un
álbum más centrado en el rhythm & blues titulado “Soul’d
out”, para después recalar en la formación de country-rock
The Sky Kings, junto a Bill Lloyd (ex-Foster & Lloyd) y Rusty Young
(ex-Poco), cuya existencia pasó casi desapercibida para la mayoría
de fans. En el 2000 y con renovadas energías, Cowan se sacó
de la manga un nuevo y elaborado álbum en solitario con tan sólo
su nombre por título, en el que daba ese salto de calidad hacia
adelante y mostraba otra vez su versatilidad como intérprete de
rock, blues, bluegrass y rhythm & blues. En abril de este 2002 John
Cowan ha editado otro difícilmente clasificable trabajo titulado
“Always take me back”, al que aporta seis composiciones propias de un total
de trece temas entre los cuales se encuentra una insólita versión
de “Long distance runaround”, un tema de los Yes de 1972, editado originalmente
en el álbum “Fragile”. La eclecticidad es la norma de un álbum
que podría intentar definirse como rockgrass, dada la constante
presencia del banjo de Scott Vestal y del fiddle de Luka Bulla en un tipo
de arreglos en los que destaca la poderosa base rítmica del propio
John Cowan (bajo) y de Pasi Leppikangas (batería), así como
las guitarras acústica y eléctrica de Jeff Autry. Todo el
álbum gravita alrededor de la poderosa voz de John Cowan, de la
que hace barroca ostentación en temas como “Sittin’ on top of the
world” (al que aquí se le da un tratamiento de rhythm & blues),
en el rock “Eighteen years”, en el blues de corte tejano “Read on” (original
de Danny Flowers, compositor del famoso “Tulsa time”), y sobretodo en el
metalgrass de “Two quarts low”, algo que ha sido definido sarcásticamente
como “masturbación vocal”. Sin embargo, el álbum tiene también
sus momentos intimistas, como en la excelente “Blood”, donde se narran
las desavenencias generacionales entre un hijo y un padre, y que empieza
así de bien: “He and I agreed on nothing / Even the color of
the sky / And only I could make him hurt / Though he never let me see him
cry”. Con “Always take me back” John Cowan sigue alejándose
del bluegrass que le dio a conocer y sigue buscando nuevas y atrevidas
fórmulas con las que ofrecer su música. A pesar del empeño
que en ello pone, habrá que ver cuál es el resultado comercial,
pues ya se sabe que el camino de los pioneros suele estar plagado de obstáculos.
Finalmente, comentar que uno de los hijos pródigos del sello Sugar Hill como es Tim O’Brien (http://www.timobrien.net), ha vuelto a casa. Sus últimos álbumes habían sido editados en su propio sello Howdy Skies, mientras que la distribución corría a cargo de una empesa llamada DNA. La quiebra y posterior cierre de DNA hizo que Tim O’Brien necesitara nueva distribución para su material, algo que ha encontrado en sus viejos amigos de Sugar Hill, con quienes va a editar conjuntamente sus nuevos trabajos. En concreto, los álbumes reeditados y distribuidos bajo el auspicio de Sugar Hill son “Two journeys” (ya comentado en el número 17 de esta revista), y “Songs from the mountain”, el trabajo de old-time que Tim O’Brien (guitarra, mandolina, fiddle y voz) editó en 1999 junto a Dirk Powell (fiddle, banjo y piano) y John Herrmann (banjo, mandolina y voz) y que fue concebido como contrapunto sonoro a la recreación que el escritor Charles Frazier hizo de la región de los Apalaches en su novela “Cold mountain”. Temas conocidos como “Bonaparte's Retreat”, “Cluck Old Hen”, “Wayfarin' Stranger”, “Mole in the Ground” o “Hard Times” cobran nueva vida en las manos de estos excepcionales instrumentistas. Un álbum ideal para introducirse en lo que es la música verdaderamente tradicional y de raíz blanca del sur de los Estados Unidos.
La
cantera de cantautores country tejanos parece –permitidme la licencia de
barcelonista nostálgico- la del Barça en la época
cruyffista: inagotable y de calidad. A nombres como los de los ya
consagrados Radney Foster, Jack Ingram, Pat Green o Jesse Dayton, se han
añadido recientemente nuevos cachorros a la camada, como Ed Burleson,
Cory Morrow, Roger Wallace, Roger Creager, Max Stalling. Owen Temple y
Bleu Edmonson. Éste último personaje, Bleu Edmonson (http://www.bleuedmondson.com),
debutó el pasado año 2001 con un más que notable álbum,
“Southland”, en el que bajo la producción del maestro Lloyd Maines
demuestra no sólo su calidad como compositor de canciones sino también
su excelente capacidad interpretativa. Su voz recuerda a la de la primera
época de Steve Earle, con ese pequeño puntito de rugosidad
que la convierte en ideal para cantar canciones sobre corazones rotos y
carreteras desiertas. Uno de los mejores temas del álbum, “What
I left behind”, empieza de esta forma: “More road up ahead / My radio
still broken / The spinning of the wheels and the fenceline lead my way
/ Your picture on the dash / And the need to fly so high / Are the only
two things that I can hold today”. Estilísticamente el álbum
ofrece una buena muestra de los sonidos sureños contemporáneos,
oscilando entre el country tradicional, el country rock y el southern rock,
cerrándose con una memorable y despojada versión acústica
en plan blues rural del tema “Four walls of Raiford” de los legendarios
Lynyrd Skynyrd. Otro punto fuerte de este “Southland” es el elevado nivel
instrumental, ya que cuenta con la participación de nombres como
los ya citados de Lloyd Maines (dobro, guitarra de 12 cuerdas, guitarra
acústica, lap steel, pedal steel, slide guitar y voces, nada menos)
y Roger Creager (armónica y voces), además de Paul Pearcy
(percusión), Bukka Allen (acordeón), Rich Brotherton (mandolina),
Glenn Fukunaga (bajo), Brendon Anthony (fiddle) y Terri Hendrix (voces),
todos ellos habituales en multitud de grabaciones salidas de Austin en
la última década. Con artistas como Bleu Edmonson y con álbumes
como “Southland” añadiéndose a la larga lista de talentos
aparecidos en los últimos tiempos, sin duda alguna el futuro de
la música country tejana se presenta exhuberante.
Nacido en 1976, Owen Temple (http://www.owentemple.com) ya había apuntado buenas maneras con sus dos álbumes autoeditados de 1997 y 1999, “General store” y “Passing through”, con los cuales consiguió una buena base de fans en su Texas natal gracias en parte a la siempre efectiva producción de Lloyd Maines. Su boda en el año 2000 le hizo sentar temporalmente la cabeza, aceptando un excelente empleo como analista financiero. Sin embargo, la pasión por la música pudo más que la prometedora carrera y los jugosos sueldos derivados de su empleo, y catorce meses después Owen Temple ya había colgado el mouse y había vuelto a la composición de nuevas canciones, las que justamente llenan este nuevo álbum, “Right here and now”. Dentro de la reciente generación de cantautores country tejanos Owen Temple siempre se ha situado un pasito más cercano al pop que un Ed Burleson o un Roger Wallace, por poner dos ejemplos, algo que se ha acentuado con la producción del nashvilliano Phil Madeira, productor también del más reciente álbum de Greg Trooper, “Straight down rain”. Pero ello no debe ser motivo de menosprecio de la capacidad de composición de Temple, autor de temas memorables como “When I Hit San Antone”, “Me and Maria”, “Tennessee highway” o “Can't Keep My Mind Off You”, pertenecientes a sus dos primeros álbumes, y que tienen aquella suavidad y calidez de la brillantísima primera etapa de Garth Brooks. En “Right here and now” encontramos a un Owen Temple con un sonido más pulido y pretendidamente más comercial, quien sabe si a la caza y captura de lo que sería un merecido reconocimiento dentro de los nuevos valores del mainstream del country actual. Rodeado de talentos como el propio Phil Madeira (guitarras eléctrica y acústica, slide guitar, acordeón, piano, mandolina eléctrica y voces, nada menos), Fats Kaplin (mandolina y fiddle) y Al Perkins (pedal steel y dobro), Owen Temple ofrece un álbum que crece con cada escucha y en el que destacan temas como “Accidentally break my heart”, “Burning too hot to last”, “Little sweet loss”, el single inicial “No daring is fatal”, el blues tejano “Move around money” y “For old times’ sake”.
Si
algo tiene Austin es que no sólo es cuna de talento, sino que además
acoge gustosamente a artistas venidos de otros rincones de los USA y les
lleva allá hasta donde permiten sus posibilidades. En el caso de
Caroline Herring (http://www.carolineherring.com),
una licenciada en folklore sureño proveniente del estado de Mississippi,
este talento la ha llevado a ser nombrada mejor artista de Austin del año
2001, además de mejor nueva artista en los Austin Music Awards de
2002, todo ello gracias a un memorable disco de debut titulado “Twilight”,
también escogido por la prensa especializada como uno de los mejores
5 álbumes editados en Austin el pasado año. Al lado de colaboradores
como Peter Rowan, Lloyd Maines, Paul Pearcy, Billy and Bryn Bright o Richard
Bowden, Caroline Herring ofrece vívidas imágenes de ese sur
casi mitológico reivindicado por las plumas de escritores universales
como Mark Twain o William Faulkner y que al parecer aún existe en
las mentes y corazones de las generaciones más jóvenes. Quizás
el mejor ejemplo de ello se encuentre en los versos iniciales de “Delta
highway”: “I was on a Delta highway / Twilight rising from the road
/ Lightning shone on cotton fields / I drove through pink skies alone”,
aunque las referencias sureñas aparecen en muchos otros rincones
del álbum, como el recuerdo a la esclavitud y a la guerra civil
americana en “Standing in the water” (“Goodnight cottonlandia / Get your
ghosts off of me”) o la profunda religiosidad de las gentes de la región,
expresada poéticamente en “Ringside rodeo” (“She wears her cross
like a tattoo / She needs identity just like you”). Pero Caroline Herring
no es sólo una buena escritora, sino que es capaz de componer bellísimas
melodías a caballo del country, del folk y del bluegrass, como las
de los temas citados o como las de “Mississippi snow” (de nuevo, referencias
poéticas a los algodonales), “Devil made a mess”, “Wise woman”,
“Carolina moon” o “Learning to drive”. Con una voz dulce y humeante al
mismo tiempo, y con un estilo a medio camino entre el de Iris de Ment y
el de Kate Campbell en su etapa de “Songs from the levee”, Caroline Herring
parece destinada a ser una de las líderes de la nueva generación
de cantautoras sureñas. Toda una perla.
Dentro de una hipotética galería de personajes artísticamente atrevidos, un lugar de honor lo ocuparía Luther Wright junto a su banda, The Wrongs (http://www.lutherwrightandthewrongs.com). Su más reciente propuesta musical, editada por el sello Back Porch Records, consiste nada más y nada menos en una revisión a ritmo de bluegrass y de country de la que seguramente es la obra conceptual más famosa de la música rock: “The Wall”, de Pink Floyd. Luther Wright & The Wrongs lo reconstruyen a su peculiar manera, titulando a su álbum “Rebuild the wall” y ofreciendo pieza por pieza, hasta llegar a las veintiseis del original, a través de su prisma musical. El proyecto así descrito podría parecer descabellado, pero la verdad es que resulta sorprendente ver lo bien que funcionan algunos temas con su nuevo envoltorio, como el inicial “In the Flesh”, el conocidísimo “Another brick in the wall”, “Mother”, “Goodbye blue sky”, “Young lust” o “Run like hell”. Luther Wright & The Wrongs es una banda que proviene de Kinsgton (Ontario, Canadá) y que está formada por el propio Luther Wright (voz solista y guitarra acústica), Dan 'Cowboy' Curtis (guitarra eléctrica, banjo y voces), Cam Giroux (batería y voces), Sean Kelly (bajo y voces) y Olesh Maximew (pedal steel) y que sin duda puede dar que hablar por la originalidad de sus propuestas musicales y la credibilidad con la que las ejecutan.
Siguiendo con apuestas estilísticamente peculiares, la del quinteto originario de Columbus, Ohio, One Riot One Ranger (http://www.oneriot.com) merece también ser destacada. Lo suyo es una mezcla de bluegrass y country acústico, aunque con un estilo vocal más propio de la música western, lo que les lleva al cruce de caminos entre unos Front Range y unos Sons of the San Joaquin. Liderados por uno de sus vocalistas y compositores, Mark Gaskill, One Riot One Ranger han lanzado hace pocos meses en Hayden's Ferry Records su tercer trabajo, “Flat city nights”, producido por el mítico Bil VornDick, quien ha prestado sus servicios a artistas tan renombrados como Alison Krauss, Jerry Douglas, Bela Fleck & The Flecktones, The Nashville Bluegrass Band o Doc Watson, entre muchísimos otros. “Flat city nights” contiene una inspirada mezcla de temas compuestos por miembros de la banda como el propio Mark Gaskill o Chas Williams, entre los que sobresalen “I didn’t know”, “Cheap and on the fly”, “I dreamed about a country song”, inspirada en “The brakeman’s blues” de Jimmie Rodgers, “Stewart Ross” y el que da título al álbum, “Flat city nights”, además de versiones de clásicos de Jim & Jesse como “The south bound train”, de Bob Nolan como “Cool water” o de los Delmore Brothers como “Weary lonesome blues”. En resumen, una propuesta de notables calidad y originalidad que combina elementos de estilos hasta ahora poco permeables entre sí, como el bluegrass y el western.
Ian
Tyson (Victoria, Canadá, 1933) (http://www.iantyson.com)
es un veteranísimo artista canadiense y uno de los escasos auténticos
cowboys que sobreviven en la escena musical actual. Curiosamente, Tyson
aprendió a tocar la guitarra en el hospital mientras se recuperaba
de lesiones originadas al practicar el rodeo. Después de un relativo
éxito en los primeros años 60 con el dúo de folk Ian
& Sylvia, Tyson se semi-retiró en su rancho del sur de Alberta,
desde donde ha ido produciendo de manera pausada pequeñas joyas
de la música western, álbumes legendarios y con nombres tan
atractivos como “Old Corrals and Sagebrush”, “Cowboyography” o “I Outgrew
the Wagon”. Su último trabajo, editado por Vanguard Records, es
un imprescindible álbum en directo titulado “Live at Longview”,
en el que Tyson y su excelente banda hacen un repaso de lo que han dado
de sí, musicalmente hablando, los últimos 20 años.
En este trabajo encontramos versiones de temas ya clásicos del repertorio
de Tyson, como “Navajo Rug”, “Old Corrals and Sagebrush”, “Desert Motel”,
“I Outgrew the Wagon”, “Fifty Years Ago” y el estelar “Someday Soon”, además
de una original versión del conocido “Blue moon”, al que se le da
un tratamiento más ligero, con toques de swing, que le da un aire
particularmente agradable. Con “Live at Longview” Ian Tyson demuestra que,
a pesar de la edad, sigue estando en plena forma y que sigue siendo uno
de los mejores bardos contemporáneos del sonido western, junto a
nombres como Michael Martin Murphey, Don Edwards y Sons of the San Joaquin.
Un álbum ideal para penetrar en la carrera musical de este auténtico
vaquero.
Cuentan los que allí estuvieron que el concierto de Stacey Earle y su marido Mark Stuart en el Jambalaya fue memorable y que, armados tan sólo con sus guitarras acústicas, sus voces y su buen hacer, hicieron disfrutar de lo lindo a los afortunados asistentes. Para los que nos lo perdimos, o para aquellos que simplemente quieran rememorar esos especiales momentos, Stacey Earle & Mark Stuart (http://www.staceyearle.com) han editado un álbum en directo titulado “Must be live” que recoge perfectamente lo que ofrecen sus actuaciones en directo: buenas canciones, honradez, optimismo y cariño. Sin trampas ni aderezos de estudio, “Must be live” es sobretodo una muestra de honestidad personal y musical expresada a través de las canciones que Stacey & Mark componen e interpretan, la mayoría recogidas ya en alguno de sus dos primeros álbumes: “Simple gearle” y “Dancin' with them that brung me”. Un disco amable y refrescante con el que degustar la música del excelente guitarrista Mark Stuart y de Stacey Earle, la hermana del gran Steve Earle, quien en el breve plazo de cuatro años se ha ganado a pulso un lugar prominente entre las cantautoras del formato Americana.
Otra
cantautora que se ha decidido a probar suerte en solitario es la ex-violinista
de los desaparecidos Whiskeytown, Caitlin Cary (http://www.caitlincary.com).
Originaria de Seville, Ohio, Caitlin Cary es un como aquella estrella que
pasa desapercibida porque a su lado tiene otra de brillo superior. Cuando
Ryan Adams decidió que Whiskeytown era un proyecto que se le quedaba
pequeño, algo que por ejemplo ya hizo Sting con los Police, y se
lanzó a su hasta ahora fructífera carrera en solitario, descubrimos
que en el sistema Whiskeytown había dos soles y no uno como parecía
hasta aquel momento. Ello sucedió en agosto del año 2000,
cuando la independiente Yep Roc Records lanzó un EP con tan sólo
cinco temas titulado “Waltzie” y que recogió abundantes elogios
por parte de la crítica especializada, gracias a temas como “Sorry”
o “Rosemarie Moore”. “While you weren’t looking”, aparecido en marzo de
2002, es el título del primer álbum completo que edita Caitlin
Cary, de nuevo en Yep Roc Records, y que de nuevo está coleccionando
excelentes críticas por parte de medios de comunicación y
fans. Mientras que los temas de “Waltzie” pertenecían claramente
al terreno de la música folk, en “While you weren’t looking” Caitlin
Cary hace una apuesta mucho más decidida hacia un pop elegantísimo
y plagado de elementos provenientes de los estilos más cercanos
a las raíces que tan bien conoce, como el folk o el country. Ante
lo que podría ser un arriesgado salto estilístico, Cary da
la sensación de estar en todo momento al mando de su interpretación,
demostrando una madurez poco habitual en discos de debut, habitualmente
mucho más fogosos pero menos compensados. A nivel de composición,
en la mayor parte de los temas aparece la firma del dúo Caitlin
Cary y Mike Daly (ex-Whiskeytown), mientras que en dos aparece también
la colaboración de Ryan Adams y en otro la de Thad Cockrell, quien
le devuelve el favor aportando su calidad al tema del cual se ha sacado
la frase que da nombre al álbum, titulado “Thick walls down”. “While
you weren’t looking” es un álbum bastante relajado y que tiene sus
mejores momentos con “Shallow heart, shallow water”, “Please don’t hurry
your heart”, “Fireworks”, “Thick walls down”, “Sorry”, “Too many keys”,
“Hold on to me” y “I ain’t found nobody yet”. Un álbum realmente
interesante y con un título muy apto, pues mientras no mirábamos
–o mirábamos hacia Ryan Adams-, se nos apareció una nueva
gran cantautora.
Aparte de lo que para ellos supone internet, una de las grandes ventajas que tienen los sellos independientes actuales es que recogen lo que las multinacionales sembraron en su momento y más tarde desecharon por lo consideraban como escuetas ventas. Pero resulta que estas mismas ventas son las que mantienen viento en popa a toda una serie de pequeños sellos decididos a competir con los grandes en base a la calidad de sus producciones. Al igual que Sugar Hill, Hightone, Dead Reckoning o Dualtone, Yep Roc Records (http://www.yeproc.com) cuenta con su ilustre veterano rescatado del olvido: Jason Ringenberg, ese artista que en los primeros ochenta y con su banda The Scorchers revolucionó la escena musical de Nashville con su propuesta cowpunk basada en versiones asesinas de temas como “Absolutely sweet Marie” de Bob Dylan o “Lost highway” de Leon Payne. En 1984 y con el fin de describir la música de la banda, un cronista del Washington Post llamado Joe Sasfy escribió, acertadamente, que Jason & The Scorchers eran la única banda del mundo que tenía como influencias al Grand Ole Opry y a los Sex Pistols. En este 2002 los fans de Jason Ringenberg están de enhorabuena, ya que Yep Roc ha editado dos álbumes casi simultáneamente: un álbum de rarezas y temas inéditos de Jason & The Scorchers, titulado “Wildfires + Misfires. Two decades of outtakes and rarities”, y un álbum en solitario de Jason Ringenberg titulado “All over creation” y en el que colaboran nombres como los de Steve Earle, BR549, Paul Burch, Todd Snider, Lambchop, Kristi Rose o Fats Kaplin. “Wildfires + Misfires” contiene nada menos que 19 temas procedentes de un abanico temporal que va desde la grabación en directo de “Absolutely sweet Marie” de 1983 hasta los descartes del disco de 1998, “Midnight roads & stages seen”. En él destacan, aparte del tema insignia de la banda, las versiones de “Lost highway”, “Long black veil”, “Polk salad Annie”, “Ruby don’t take your love to town” y “Jimmie Rodgers’ last blue yodel”, así como temas propios de la banda como “If money talks”, del batería Perry Baggs, o “Comin’ ‘round” o “The slow train never ends”, firmados por Jason Ringenberg junto a otros colaboradores.
En
“All over creation”, en cambio, Jason Ringenberg (http://www.jasonringenberg.com)
aporta nuevas grabaciones de estudio a viejos temas como “Bible and a gun
1863”, compuesto e interpretado junto a Steve Earle, “I dreamed my baby
came home” de George Jones e interpretado junto a Kristi Rose, o “Don’t
come home a drinkin’ (with lovin’ on your mind)” de Loretta Lynn e interpretado
junto a los BR549, aunque también ofrece nuevo material como la
divertida “Honky tonk maniac from Mars”, “James Dean’s car” junto a Todd
Snider, “Sun don’t shine” junto a Paul Burch o “The last train to Memphis”.
En “All over creation” no todo son decibelios y distorsión, sino
que Jason Ringenberg los dosifica sabiamente para combinarlos con temas
acústicos e incluso cercanos al bluegrass, en los que se aprecia
mejor su capacidad en la composición, como en “Erin’s seed”, un
tema que relata las desventuras de unos emigrantes británicos que
llegan a los Estados Unidos en plena guerra civil. “All over creation”
es un notable álbum de un autor cuya música ha ganado en
matices con el paso del tiempo y cuyo legado ha ejercido una palpable influencia
sobre artistas del alt.country actual como Trent Summar & The New Row
Mob.
Ya hemos comentado en anteriores números de la revista Jambalaya que hay artistas que lamentablemente parecen haber llegado una década tarde a la edad –o a la posibilidad- de grabar un álbum. Éste es el caso de Lisa O’Kane (http://www.lisaokane.com), una cantante originaria del majestuoso Yosemite Valley californiano y que a finales del pasado año 2001 presentó su más que notable disco de debut, “Am I too blue”, en el que ofrece desde country hasta bluegrass, pasando por el folk. Dotada de una voz cálida y llena de matices, así como de un excelente criterio a la hora de escoger las canciones a versionar, Lisa O’Kane podría haber sido lo que hoy es Trisha Yearwood si hubiera hecho su aparición diez años antes. Con la excepción de los dos temas más populares como son “My sweet love ain’t around” (Hank Williams) y quizás “Pineola” (Lucinda Williams), el resto del material que conforma este “Am I too blue” es relativamente poco conocido aunque de la máxima calidad, lo que demuestra que el proceso de selección del material ha sido cuidadosamente estudiado. Así, otros temas destacadísimos son el que da título al álbum, “Am I too blue” (de nuevo, Lucinda Williams), “Romance & finance” (Ken O’Malley), “Little black cloud” (Mark Fosson, un tema que en tan sólo 4 semanas ha llegado al #1 de la lista europea de country EMS), “Lovin’ you again” (Richard Ferris), “Wall of tears” (K.T. Oslin), “All the way with you” (John Prine), “Old cross road is waitin’” (Bill Monroe) y la única composición propia, “The valley”. “Am I too blue” es aquel tipo de disco al que la mencionada Trisha Yearwood nos tenía acostumbrados y que hace tiempo que ya no ofrece a sus fans. Tanto mejor para Lisa O’Kane, una seria aspirante a ocupar ese nicho musical, al menos entre los fans de la otrora superestrella del country de los 90.
Toni Price empezaba su magnífico disco acústico en directo “Sol power” con un inspirado vals titulado “The old fiddler’s waltz”, en el que el recientemente desaparecido Champ Hood mostraba toda su maestría con el fiddle. “The old fiddler’s waltz” era una composición de Richard de la Vega, el hermano de una cantautora tejana aunque afincada en Rancho Viejo, México, llamada Leti de la Vega (http://www.musicaustin.com/tejano/delavega.html), y perteneciente a una saga musical que lleva cuatro generaciones recreando y a la vez definiendo la música propia de esa franja que discurre a ambos lados de la frontera entre Texas y México. Empeñada en relatar la historia de su propia familia, los Sanchez-De la Vega, su más reciente trabajo titulado “Rancho Viejo, México” desempolva algunas de las historias de dicha saga y les da un adecuado formato musical de tex-mex en el que destacan las aportaciones de algunos de los nombres más ilustres de la escena de Austin, como Champ Hood (violín) o Marvin Dykhuis (guitarra y mandolina), además de otros músicos menos conocidos pero igualmente capaces como David Leibson (guitarra y bajo), Geoff Outlaw (guitarra y mandolina) o Fernando Castillo (trompeta), entre muchos otros. Sin embargo, a pesar de que la producción es modesta y de que la voz de Leti de la Vega muestra unas evidentes limitaciones tanto en timbre como en capacidad de aportar matices a sus propias composiciones, el álbum transpira ese aroma de lo auténtico y lo honesto. Leti de la Vega canta indistintamente en inglés y en español, siendo los temas más interesantes del álbum los iniciales “Rancho Viejo”, “500 horses” y “Shooting star”, así como “Cemetery song”, “Los Vaqueros” y “The Balli song”, donde se cuenta la historia de la isla tejana Padre Island. Un álbum apto para los amantes de descubrir esos artistas menos conocidos dentro del tex-mex, editado por Deep South Productions (http://www.deepsouthaustin.com), un pequeño sello de Manchaca, Texas, que ya adquirió cierto renombre hace unos años con la edición de tres álbumes de homenaje a Blaze Foley en los que participaron artistas como Kimmie Rhodes, Calvin Russell o Townes Van Zandt, entre muchos otros.
Kimmie
Rhodes (http://www.kimmierhodes.com)
es una artista en el sentido más amplio posible de la palabra. Conocida
sobretodo por su actividad como cantautora, esta nativa de la mítica
Lubbock cultiva además la escritura, la pintura y el teatro. En
1998 debutó en este último campo artístico con
un musical de propia creación titulado “Small town girl” y para
el próximo año tiene ya previsto el estreno de su nueva obra,
“Doing God's chores”. Con tal abanico de intereses, no debería de
extrañar que su producción musical sea también inquieta
y que no permanezca estable en un único género. Al igual
que muchos otros cantautores tejanos, Kimmie Rhodes empezó haciendo
música country tradicional tejana junto a su banda, The Jackalope
Brothers, para ir evolucionando hacia terrenos más cercanos al folk
y a lo que hoy se denomina formato “Triple A”. Su nuevo álbum, “Love
me like a song”, encaja perfectamente dentro de esta descripción,
y en él Kimmie Rhodes ofrece sus más recientes colaboraciones
junto a compositores tan reputados como Mickey Cates, Gary Nicholson, Benmont
Tench, Kevin Savigar, Pam Tillis o Emmylou Harris, con temas tan notables
como “Darkness lifting”, “I have everything”, el que da título al
disco, “Love me like a song” (uno de los dos temas interpretados a dúo
con Willie Nelson), “Send me the sun” (junto a Emmylou Harris y Beth Nielsen
Chapman), el aire blues de “Midnight song”, y “The one to walk you home”
(junto a Benmont Tench). Kimmie Rhodes ya hizo un álbum como “West
Texas heaven” y durante su reciente visita a nuestro país confesó
que no iba a hacer un segundo álbum como aquel, por lo que los que
busquen única y exclusivamente esos sonidos más campestres
pueden sentirse algo defraudados por este “Love me like a song”. Sin embargo,
los que descubran ahora a Kimmie Rhodes y los deseosos de acompañar
a esta artista en su nueva aventura musical, sin prejuicio de las etiquetas,
disfrutarán de toda la calidad que desprende este álbum relajado
e intimista.
Licenciado
en psicología por la Southern Methodist University de Dallas, Jack
Ingram (http://www.jackingram.net)
pertence con todos los honores a la estirpe de cantautores tejanos que,
tomando el country como base, escriben canciones adaptadas a los nuevos
sonidos y tendencias musicales de la época. Su nuevo trabajo se
titula “Electric”, un título realmente apto para lo que es la propuesta
musical que actualmente Ingram ofrece y con el cual culmina una evolución
estilística ya iniciada con la edición en 1997 de “Livin
or dyin’”. Aunque puede resultar algo duro de aceptar para los que le descubrimos
haciendo country tradicional en su imprescindible “Live at Adair’s” (1995),
es justo reconocer que “Electric” es un impecable y brillante disco country
en el fondo y rock en la forma sitúa a Jack Ingram en un rol parecido
al que Bruce Springsteen asumió a partir de mediados de los 70.
Para la composición de algunos de los temas de este nuevo álbum
Jack Ingram ha seguido trabajando con colaboradores habituales como Tom
Littlefield y Bruce Robison, mientras que el productor Frank Lidell (Chris
Knight, Stacy Dean Campbell, Lee Ann Womack) ha reunido un plantel de reputadísimos
músicos de sesión como David Grissom, Paul Franklin, Rob
Hajacos o Richard Bennett (responsable del sonido de los álbumes
de la primera época de Steve Earle, como “Guitar town”), entre otros.
“Electric” está repleto de buenas canciones, como el pegadizo tema
inicial “Keep on keepin’ on”, la radiofónica “One thing”, la bonita
“Fool”, el semi honky-tonk de “Everybody”, y las baladas “One lie away”,
“Pete, Jesus and me” y la composición de Gwil Owen y Will Kimbrough
que cierra el disco, la bellísima “Goodnight moon”, un tema perfecto
para empaparse con él a ser posible totalmente a oscuras y con el
volumen bien alto. En resumen, un disco de gran calidad que debería
servir para que muchos fans del rock descubrieran a este joven talento
que se llama Jack Ingram.
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