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Número 20 - Julio/Agosto 2002
Pacientemente tejiendo melodías: Entrevista
a Robin & Linda Williams
The Ecclectic Corner
Pacientemente tejiendo melodías: Entrevista a Robin & Linda Williams
Resulta
curioso ver como hay veces que el reconocimiento esquiva a algunos artistas.
Largas y solventes carreras musicales se ven recompensadas con un discreto
anonimato, escasa gratificación para las incontables horas dedicadas
a escribir canciones, a perfeccionar la habilidad instrumental y a actuar
en un sinfín de escenarios. Pero en un mundo con miles de artistas
en busca de reconocimiento, dinero y fama, y con un espacio mediático
limitado -aunque ampliado enormemente por la llegada de internet-, no siempre
destaca quien más trabaja o quien mejores canciones escribe. Paradójicamente,
lo más habitual es lo contrario: artistas que presentan unas envidiables
credenciales artísticas probablemente nunca aparezcan en los grandes
titulares ni tampoco recojan ningún galardón de los considerados
importantes. Algo de ésto es lo que ha sucedido a Robin & Linda
Williams (http://www.robinandlinda.com),
una pareja artísticamente prolífera cuya carrera se lleva
desarrollando durante más de tres décadas en las cuales han
editado nada menos que dieciseis álbumes, los nueve últimos
en el excelente sello Sugar Hill Records. Sometidos a esta inexplicable
dictadura del anonimato los Williams han visto como su maravilloso tema
“Rollin’ and ramblin’ (The death of Hank Williams)” era piedra angular
del álbum “Brand New Dance” de Emmylou Harris sin que ello mereciera
la que hubiera sido justa y obligada revisión de la carrera de los
autores del tema.
Según cuenta su biografía, Robin & Linda Williams se conocieron en 1971 en Myrtle Beach, South Carolina, y pronto empezaron a actuar como dúo en el circuito de cantautores underground de Nashville, acudiendo a cada “noche de micrófono abierto” (open mike night) que se ponía en su camino. En 1975 grabaron su primer álbum con título homónimo, al que siguieron seis álbumes más, hoy en día casi imposibles de encontrar excepto los dos editados en el sello Flying Fish Records y agrupados actualmente por Rounder Records bajo el título de “Close as we can get”. En este período que cubre toda una década (1975-1985) y en el que Robin & Linda Williams editan álbumes con títulos tan sugerentes como “Shenandoah moon”, “Dixie highway sign” o “Nine till midnight”, su estilo se va puliendo paulatinamente hasta que les llega la gran oportunidad: Sugar Hill Records, uno de los sellos con mayor prestigio de la música norteamericana de raíces, les ofrece la oportunidad de incorporarse a su exquisito plantel de artistas, debutando en 1989 con “All broken hearts are the same”, un álbum en el que ya empiezan a aparecer colaboradores de lujo como Jerry Douglas, T. Michael Coleman y Stuart Duncan. Desde entonces han pasado trece años en los que Robin & Linda Williams han editado nueve álbumes más, entre los que se incluyen los considerados por la crítica como auténticas obras maestras de la música acústica de raíces, como “Live” (1993), “Turn toward tomorrow” (1994), el álbum gospel “Good news” (1995), “Devil of a dream” (1998), “In the company of strangers” (2000) y el reciente “Visions of love” (2002). Robin & Linda están satisfechos con el devenir de su carrera artística, ya que “históricamente cada año que pasa tocamos ante mayores audiencias y vendemos más CDs. Poco a poco hemos ido ganando fans y con nuestro último trabajo, “Visions of love”, las cosas continúan en esta tendencia positiva que ha marcado nuestra última década. Estamos realmente satisfechos de cómo este álbum ha sido acogido tanto por la prensa especializada como por el público en general”.
Sobre la casi inevitable cuestión de la posible influencia que el inesperado éxito de la banda sonora de “O Brother” pueda tener en el conjunto de la música americana de raíces, Robin Williams, con un inapelable sentido común, se muestra cauto: “Veremos si este fenómeno también afecta positivamente a artistas que no aparecen en la banda sonora de la película. Es lógico pensar que un éxito como éste debiera ser beneficioso para el género. De hecho tiene sentido que sea así, aunque en nuestro caso difícilmente sabremos cuánta influencia se le puede atribuir a la aceptación actual de nuestra música. No es probable que venga alguien a vernos simplemente porque haya visto la película “O Brother”.
La propuesta musical de Robin & Linda Williams resulta difícil de definir a nivel estilístico. Tal como les gusta decir, con manifiesto orgullo, “somos inclasificables”. Sin embargo, tal afirmación no es gratuita: “Cualquier persona que conozca algo de bluegrass podrá escuchar su influencia en nuestras armonías vocales, mientras que quien esté familiarizado con la música blues y folk sabrá reconocer su influencia en nuestras canciones. En ellas incorporamos elementos de procedencia muy variada, desde Leadbelly hasta Taj Majal, desde Woody Guthrie hasta Merle Haggard, desde Jimmie Rodgers hasta la Carter Family, desde Ralph Stanley hasta George Jones. Y la lista podría continuar con muchos otros nombres. En cuanto a estilos sucede lo mismo. Nos encantan las buenas canciones, no importa si vienen del blues, del bluegrass, de la música old-time, del cajun, del folk o del country, para nosotros esta clasificación no tiene importancia. De hecho, la frontera entre varios de estos estilos es una línea tan ténue que no se sabe donde empieza uno y termina el otro”. Por ello, hablar de Robin & Linda Williams significa hablar de música americana de raíces, en toda su extensión: “Creo no es posible etiquetar a nuestra música. Es sencillamente algo que ha ido apareciendo a base de años de escribir y tocar juntos. Aunque también hay que decir que nuestro estilo se ha ido puliendo con el tiempo y que aún hoy en día sigue en constante evolución. Nuestro objetivo, artísticamente hablando, es ser lo más honestos posibles en la composición e interpretación de nuestras canciones”.
Igual que ha sucedido a otros artistas, esta inclasificabilidad ha sido muchas veces un gran obstáculo para Robin & Linda Williams, quizás el que en ciertos momentos más ha frenado la expansión de su carrera: “Cuando empezamos nuestra actividad musical teníamos como objetivo desarrollar un sonido y un estilo propios para que la gente que nos escuchara supiera que éramos Robin & Linda Williams y que no sonábamos como nadie más. Siempre hemos creído que ésto es lo que se supone que deben hacer los artistas. Sin embargo, pronto empezamos a darnos cuenta de que la gente quería clasificarnos de alguna forma y que, ante la dificultad, el resultado final siempre solía hacer énfasis en la parte negativa de la ecuación: “No son bluegrass”; “No son country”; “No son esto, no son lo otro...”. Nosotros somos Robin & Linda y somos éstos y muchos otros estilos musicales. Durante mucho tiempo fue una frustración constante el que se nos tuviera por inclasificables, ya que nos afectó seriamente a la hora de encontrar salida a nuestro trabajo, especialmente en cierto tipo de festivales. Poco a poco las cosas han ido mejorando y con la llegada del formato Americana la verdad es que el ser inclasificable ha dejado de ser una maldición”.
Con una carrera que ocupa más de tres décadas y con dieciseis álbumes a sus espaldas Robin & Linda Williams son conscientes del progreso que han hecho desde la grabación de su disco de debut en el ya lejano 1975. Sobre ello comentan “hemos ido mejorando en cada aspecto de nuestra actividad artística. Hoy somos mejores cantantes y mejores compositores de lo que éramos hace tan sólo dos años. Pero también somos más serios que antes y trabajamos más duro que nunca en nuestra música. El ganarse dignamente la vida con la música es un privilegio y no queremos echarlo por la borda. Somos conscientes de que si seguimos trabajando duro quizás -sólo quizás- podamos continuar transitando por este privilegiado camino por el que hemos andado los últimos treinta años.”
Durante este período, y a pesar de no haber llegado al status de primeras figuras, la carrera de Robin & Linda Williams ha tenido sus momentos de reconocimiento que han valido por muchos otros sinsabores. Entre ellos, los Williams destacan sus actuaciones en “el Grand Ole Opry y en la catedral de la música country, el Ryman Auditorium. Otros lugares míticos en los que hemos tocado son el Carnegie Hall y el Radio City Music Hall de New York, ambos dentro del programa radiofónico “A Prairie Home Companion”, y en los que actuamos junto a verdaderas leyendas como Chet Atkins, The Everly Brothers, Buddy Emmons y Albert Lee. Otro momento mágico fue la gira que hicimos por todo el país en 1993 abriendo para Mary Chapin Carpenter, lo que nos permitió darnos a conocer a su público”. En cuanto a canciones, el principal reconocimiento les ha llegado a través de Emmylou Harris, quien escogió “Rollin’ and ramblin’ (The death of Hank Williams)” para su álbum “Brand New Dance” y que, por cierto, también versionan el excelente y últimamente poco activo trío catalán The Country Cat, liderado por Miguel Comamala. Para Robin & Linda Williams, el que Emmylou escogiera un tema suyo supuso algo muy especial, ya que “hemos sido grandes fans de Emmylou Harris desde el inicio de su carrera. Hay pocos artistas a quienes hayamos escuchado más que a Emmylou Harris. Emmylou ha ayudado enormemente a muchos artistas de música country y nos consideramos muy afortunados de contarnos entre ellos. Además, sabiendo lo exigente que es en cuanto a la selección de canciones para sus álbumes, el que escogiera un tema nuestro supuso, al menos en nuestro interior, nuestra graduación como compositores y artistas”. Pero no es sólo Emmylou Harris la que ha utilizado canciones de Robin & Linda Williams, sino que una vez echadas cuentas, aparece una larga lista entre la que cabe destacar Tim & Mollie O’Brien, Tom T. Hall, The Seldom Scene y George Hamilton IV. Mary Chapin Carpenter, Kathy Mattea y Suzy Bogguss en su momento también grabaron canciones de los Williams, aunque al final, por razones diversas, fueron descartadas de sus respectivos álbumes. “Así es el negocio musical”, comenta lacónicamente Robin Williams.
Pero no sólo los grandes artistas tienen predilección por los temas de Robin & Linda Williams, sino que los fans también tienen sus canciones preferidas y algunas de ellas “llevan años en nuestro repertorio y el público no quiere que dejemos de tocarlas”, comentan con satisfacción. “Casi cada noche nos piden “Don’t let me come home a stranger” y “Across the blue mountains”. Además nos gusta volver a redescubrir nuestros viejos temas, aquellos que escribimos quizás hace cinco, ocho o diez años, y que en algún momento apartamos de nuestro repertorio. Hay que tener en cuenta que las actuaciones son de dos horas y que tenemos material de dieciseis álbumes, con lo cual sólo podemos cantar una pequeña parte de nuestro repertorio. Volver a estos viejos temas es casi como escuchar un tema escrito por otro compositor, y siempre que los devolvemos al repertorio intentamos aportar algo nuevo a la canción, algo que no estaba allí cuando la grabamos”.
Los álbumes de Robin & Linda Williams no sólo contienen material propio, sino que siempre suele haber alguna versión de los grandes clásicos como Hank Williams, Jimmie Rodgers o Merle Haggard, artistas a los que admiran profundamente. “Han sido unos grandísimos artistas que escribían canciones que hablaban de la condición humana, de cosas del mundo real y no del amor entre adolescentes, que es de lo que hablan las canciones del mainstream actual del country. A estos artistas no les importaba escribir sobre el lado duro de la vida, sobre cosas que sucedían realmente, como el crecer pobremente en los campos de trabajo de las explotaciones agrícolas, ser maltratado por unos padres abusivos o montar en trenes de carga para desplazarse de un lugar a otro. Ellos escribían canciones por motivos distintos de intentar que los grabaran estrellas del country y ganar dinero con ellas”.
Analizando la carrera de Robin & Linda Williams desde la perspectiva que dan sus dieciseis álbumes y los más de treinta años de carrera musical resulta más que probable que ellos mismos sean a su vez modelos en los que se fijen artistas más jóvenes a la hora de trazar un rumbo a su carrera. Su catálogo de canciones es sencillamente impresionante, con temas que abarcan todos los estilos de la música americana de raíces desde su vertiente acústica, un legado nada despreciable al ya rico folklore americano. Robin Williams muestra una honrada modestia cuando se le pregunta por las influencias que ellos puedan haber tenido sobre otros artistas: “Nuestra contribución al folklore americano es algo que debe ser valorado por los demás. Nosotros solo intentamos vivir nuestras vidas y ser creativos. Esto y gestionar correctamente nuestros productos musicales para seguir vivos en el negocio y mantener nuestras actuaciones en directo es en lo que nos debemos concentrar. Espero que realmente podamos ejercer una influencia positiva en otros artistas, pero ello es algo que escapa a nuestro control”.
Una de las características fundamentales de la carrera de Robin & Linda Williams es su estabilidad. Una estabilidad que también se ve reflejada en la composición de su banda de directo, The Fine Group. Aunque en marzo del 2000 y después de diez años de colaboración ininterrumpida los Williams perdieron como miembro estable de su banda al excelente dobrista neoyorkino Kevin Maul, The Fine Group sigue siendo una banda con pocos cambios. Formados en 1988 con la incorporación del bajista y mandolinista Jim Watson al dúo formado por Robin (voces, guitarra, armónica) y Linda (voces, guitarra, banjo), pronto se les unió el mencionado Kevin Maul al dobro, un personaje fascinado por el estilo de Josh Graves y Mike Auldridge. Durante los 90 y gracias en buena parte a esta formación Robin & Linda Williams se consolidaron como una de las mejores bandas acústicas en directo, lo que les valió ir de gira con Mary Chapin Carpenter en 1993. Con la marcha de Kevin Maul, The Fine Group ha quedado de nuevo como trío, aunque últimamente suelen acompañarse con relativa frecuencia por el prestigioso mandolinista Jimmy Gaudreau, conocido por su trabajo con formaciones de bluegrass como The Country Gentlemen, J.D. Crowe & The New South, Spectrum, The Tony Rice Unit o Chesapeake. Robin Williams cuenta una anécdota de su fallido intento para reemplazar al dobrista Kevin Maul: “Trajimos a un nuevo dobrista, ya que pensamos que debíamos seguir como cuarteto. Pero al cabo de pocos días y en mitad de una gira de seis semanas y una hora antes de una prueba de sonido para una actuación, se largó. Sin más. Se fue a casa con su mamá y su papá!”.
Los miembros de The Fine Group han aparecido también en casi todas las grabaciones de los Williams desde que firmaron por Sugar Hill Records, aunque en ellas también se han querido rodear de colaboradores ilustres como el malogrado Roy Huskey Jr., Stuart Duncan, Pat McInerney, Mark O’Connor, Jerry Douglas, Peter Ostroushko, John Jennings, Sammy Shelor, Tim O’Brien, Mary Chapin Carpenter o el mencionado Jimmy Gaudreau. Robin Williams no puede sino maravillarse del talento de estos músicos, ya que “es increíble lo que músicos de este calibre pueden aportar a un tema en un corto espacio de tiempo. Es por ello por lo que sus colegas les premian y les reconocen como los mejores. De todos ellos, nuestro favorito es Stuart Duncan”.
Sobre las posibilidades de verlos pronto a este lado del Atlántico, Robin confiesa que “no hemos ahondado en nuestras posibilidades en Europa tanto como quizás debiéramos haber hecho. Jimmy Gaudreau ha trabajado aquí mucho más que Linda, Jim o yo. Sin embargo, no es fácil hacerlo, ya que primero debe haber un interés por parte del público, y luego hay que disponer de una buena relación con algún promotor local, aunque mantenemos nuestros oídos atentos a posibles ofertas. Ya tocamos en Europa hace tiempo y nos gustaría volver. También nos encantaría tocar en España, algo que nunca hemos hecho. Gaudreau acaba de pasar una semana de vacaciones con su familia en vuestro país y cuenta que se lo pasaron muy bien, lo que nos ha hecho que consideremos nosotros esta posibilidad. Quien sabe? Quizás algún día os vengamos a visitar!”
Como
ya hemos comentado, su más reciente trabajo ha sido editado de nuevo
por Sugar Hill Records y lleva por título “Visions of love”. Quizás
Robin & Linda Williams no estén entre los nombres que más
conocidos en el terreno de la música Americana –hay quien dice que
es un género que ellos inventaron-, pero lo cierto es que llevan
casi treinta años de carrera tras sus espaldas, sin grandes altibajos
y con una producción musical de calidad más que notable,
con temas propios versionados por artistas como Emmylou Harris, Tom T.
Hall o Mary Chapin Carpenter. Como una vieja camioneta avanzando por caminos
rurales entre campos de algodón, Robin & Linda Williams siguen
discretamente su camino con esta nueva pequeña maravilla titulada
“Visions of love”, que sigue a otro bellísimo álbum, su anterior
“In the company of strangers”. En “Visions of love” los Williams repasan
de forma totalmente acústica y minimalista material de los diversos
estilos de la música norteamericana de raíces, como el country
con “After the fire is gone” (Conway Twitty & Loretta Lynn), “You’re
running wild” (Louvin Brothers), “Ramblin’ man” (Hank Williams) o “Mama’s
hungry eyes” (Merle Haggard), el blues con “Mississipi delta blues” (Jimmie
Rodgers), el jazz con “Wasting my time, wasting my love on you” (Joe Venuti),
y el folk con la versión original de lo que la Carter Family popularizó
como “Wildwood flower” (“I’ll twine ‘mid the ringlets”), además
de una delicada versión de “If I should fall behind” (Bruce Springsteen).
En resumen, un álbum que no explora nuevos terrenos musicales ni
se lanza a aventuras hacia lo desconocido, simplemente ofrece algunos grandes
temas, de aquellos para los que no pasa el tiempo, interpretados de forma
magistral por el dúo Robin & Linda Williams y por los músicos
escogidos para la ocasión -Peter Ostroushko al fiddle y mandolina,
Richard Dworsky al piano y Gary Raynor al bajo-.
Varios artistas: Cool, blue and lonesome: Bluegrass
for the broken-hearted
Varios artistas: From Hell to Breakfast: A taste of
Sugar Hill’s Texas Singer-Songwriters
Varios artistas: Mother, Queen of my Heart: A Collection
of Songs Inspired by Mom
Hot Rize: So long of a journey
Doc Watson: Round the table again
Varios artistas: Avalon blues. A tribute to the music
of Mississippi John Hurt
Varios artistas: Concerts for a landmine free world
James Talley: Touchstones
Ponty Bone: Fantasize
R.C. Banks: Conway’s corner
Tommy Alverson: Me on the jukebox
Tommy Alverson: Alive and pickin’
Kevin Deal: Kiss on the breeze
Wade Vincent Root: Our bed of roses
Demolition String Band: Pulling up Atlantis
Ricky Van Shelton: Fried green tomatoes
Ricky Skaggs: History of the future
The Flatlanders: Now again
The Cash Brothers: How was tomorrow
La
primera mitad de este 2002 ha sido una época bastante prolífica
en lo que a novedades se refiere para el excelente sello de North Carolina,
Sugar Hill Records (http://www.sugarhillrecords.com),
ya que en este período han lanzado al mercado nada menos que seis
nuevos álbumes, siendo uno de ellos el nuevo álbum de Robin
& Linda Williams, comentado junto con la entrevista que han concedido
para este número de la revista Jambalaya. Otros tres álbumes
corresponden a recopilaciones, una de bluegrass -el estilo por antonomasia
de la casa-, otra de cantautores tejanos y una sorprendente recopilación
de homenaje a las madres. La primera de ellas, cuya aparición en
febrero coincidió con el Valentine’s Day, se titula “Cool, blue
and lonesome: Bluegrass for the broken-hearted” y como su nombre indica
contiene una selección de dieciocho temas de este estilo musical
en los que la temática principal la componen los desamores y los
corazones rotos y solitarios. No hay nada nuevo en este CD, tan sólo
–y no es poco- una impecable colección de las mejores baladas bluegrass
entre las que se incluyen temas ya legendarios como “Walk the way the wind
blows” de Hot Rize, “Lonesome Standard Time”, el tema que dio nombre al
grupo de Larry Cordle & Glen Duncan, “I’m blue, I’m lonesome”, una
composición de Bill Monroe y Hank Williams Sr. interpretada por
Seldom Scene, y “Sittin’ alone in the moonlight” y “Used to be” del álbum
de homenaje “True life blues: The songs of Bill Monroe” interpretadas por
Tim O’Brien y Kathy Kallick & Laurie Lewis, respectivamente. Un álbum
ideal para los neófitos del género ya que propone una aproximación
al mismo desde su vertiente más lírica y a su vez asequible.
La
segunda recopilación lleva por título “From Hell to Breakfast:
A taste of Sugar Hill’s Texas Singer-Songwriters” y contiene quince temas
del sorprendente plantel de cantautores tejanos que forman parte o que
han pasado por este interesante sello. Así, repasando los nombres
que aparecen en este álbum encontramos a Terry Allen, Guy Clark,
Rodney Crowell, James McMurtry, Austin Lounge Lizards y The Gourds, todos
ellos actualmente en el sello, a Robert Earl Keen, quien desarrolló
allí su primera etapa, al desaparecido Townes Van Zandt, a los desbandados
Bad Livers, y a Lee Roy Parnell, recién llegado al otro sello del
Welk Music Group, Vanguard Records. La selección musical resulta
notable por ser poco obvia, ya que en general se ha evitado escoger el
tema más popular de cada artista. Ello puede ser un arma de doble
filo, ya que mientras el aficionado conocedor del tema puede disfrutar
con la selección (algo que suele ser poco frecuente), el neófito
puede no atreverse con un material a veces poco asequible a la primera
escucha. En cualquier caso, la calidad está asegurada con temas
míticos como “Amarillo highway” de Terry Allen, “For the sake of
the song” y “Snowin’ on Raton” de Townes Van Zandt, “Old friends” de Guy
Clark y “The road goes on forever” de Robert Earl Keen.
La
tercera compilación ha salido a la venta coincidiendo con el Día
de la Madre y se titula “Mother, Queen of my Heart: A Collection of Songs
Inspired by Mom” y es todo un putpurri de estilos y artistas interpretando
canciones dedicadas a sus queridas y sufridas madres. Esta curiosa compilación
recoge temas, entre otros, de artistas como Lonesome Standard Time, Seldom
Scene, Bad Livers, Doc Watson, Tim & Mollie O’Brien, Lonesome River
Band o Walter Hyatt, es decir, que supone una original manera de aproximarse
a la música que ofrece este excelente sello independiente. Si ya
había motivos suficientes para estar agradecidos a nuestras madres,
ya podemos añadir uno más: el que Sugar Hill las haya tomado
como excusa para producir este interesante y variado álbum.
La
sorpresa de Sugar Hill de este primer semestre del 2002 ha venido por la
edición de un nuevo álbum de los míticos Hot Rize,
una de las bandas emblemáticas del bluegrass durante los 80 y que
estuvo comandada por el genial Tim O’Brien. Este nuevo trabajo, titulado
“So long of a journey” y editado como homenaje al recientemente fallecido
miembro de la banda, Charles Sawtelle, es una grabación en directo
realizada en el Boulder Theatre, en Boulder (Colorado), los días
6 y 7 de marzo de 1996. Según cuenta el bajista de la banda, Nick
Forster, no es lo mismo tocar en directo que hacerlo teniendo además
un equipo de grabación en marcha, por lo que estas únicas
actuaciones de reunión de los Hot Rize, separados seis años
antes, fueron grabadas a escondidas del resto de miembros de la banda,
quienes no tuvieron noticia de ello hasta el día siguiente. Según
cuenta Nick Forster, “por entonces Charles empezó a ponerse enfermo,
el resto anduvimos ocupados y el resultado es que nos olvidamos de la cinta,
que anduvo perdida hasta hace unos dos años, cuando mi mujer la
encontró en casa, en el fondo de un armario”. Afortunadamente para
los fans de la banda y de la buena música bluegrass, la aparición
de la cinta atrajo el interés de Sugar Hill, dando como resultado
la aparición de este “So long of a journey”, un impagable e irrepetible
documento que refleja cómo tocaban en directo esos cuatro grandes
músicos y amigos que eran Tim O’Brien, Nick Forster, Pete Wernick
y Charles Sawtelle, es decir, Hot Rize. El álbum es generoso en
cuanto a material, ya que incluye veinte temas que suponen un repaso a
lo mejor que esta gran banda ofreció a través de sus álbumes
de estudio. Uno no puede evitar que se le ponga la piel de gallina cuando
escucha canciones del repertorio habitual de Hot Rize como “A voice in
the wind”, “Just like you”, “Walk the way the wind blows”, “Shadows in
my room” o “Colleen Malone”, complementadas por versiones de clásicos
como “Blue night” (Kirk McGee), “Life’s too short” (Delmore Brothers),
“Working on a building” (tradicional), “Won’t you come and sing for me”
(Hazel Dickens), “High on a mountain” (Olabelle Reed) o “Foggy Mt. Breakdown”
(Earl Scruggs). Un álbum imprescindible tanto para los fans del
bluegrass como para aquellos que deseen adentrarse en la música
de una de las grandes bandas de este género como fueron en su momento
los Hot Rize.
La
última producción de Sugar Hill hasta el momento corresponde
al legendario y prolífico Doc Watson, quien ha reunido a los miembros
de la banda creada en 1977 por su malogrado hijo Merle Watson –fallecido
en 1985- para grabar un álbum en directo titulado “Round the table
again”. Esa banda se llamaba Frosty Morn y por entonces solía abrir
las actuaciones del propio Doc Watson, quien no tardó en sumarse
a ellas ante los buenos ratos que ello le propiciaba. Ahora, 25 años
después de su formación, Doc Watson les ha reunido de nuevo,
sustituyendo a su hijo Merle por su joven nieto Richard Watson (el hijo
de Merle), quien, guitarra en mano, demuestra que sigue los pasos musicales
de su padre y de su abuelo. Con estos renacidos Frosty Morn, Doc Watson
recrea el sonido y repertorio de la banda con un álbum de un altísimo
nivel instrumental, en el que luce su solvencia en la interpretación
de la música de corte más tradicional, esta fusión
de folk, country y blues rural que le ha valido el reconocimiento unánime
y universal del que disfruta. En “Round the table again” encontramos versiones
de temas tradicionales como “Lynchburg town” y “Walking in Jerusalem”,
así como de grandes nombres de la música rural americana
como los bluesmen Blind Boy Fuller con “She’s so sweet”, Mississippi John
Hurt con “C.C. Rider”, Huddie Ledbetter con “On a Monday” y Mance Lipscomb
con “Sugar babe”. También encontramos excelentes versiones de “Working
man blues” de Merle Haggard, “You ain’t going nowhere” de Bob Dylan e incluso
la sorpresa de una versión del “Nights in white satin” de los Moody
Blues, además de un tema gospel del bajista T. Michael Coleman (“Court
on high”) y de un tema compuesto por Doc y Merle Watson titulado “Blues
walkin’ round my bed”. Con “Round the table again” Doc Watson sigue demostrando
que, a sus casi 79 años, sigue sin haber quien le tosa en el terreno
de la música rural americana, cosa que esperamos que dure muchos
años más. Memorable.
El
sello hermano de Sugar Hill, Vanguard Records, tampoco se queda atrás
en cuanto a novedades interesantes. Un par de ellas pertenecen aún
al año 2001, correspondiendo a sendos discos temáticos: uno
es el homenaje a Mississippi John Hurt, “Avalon blues” y el segundo el
álbum “Concerts for a landmine free world”. En “Avalon blues” (http://www.vanguardrecords.com/Avalon/home.html)
un puñado de artistas del formato Americana en su vertiente de folk
y blues rural rinden tributo a un misterioso personaje que grabó
unos pocos temas para el sello Okeh en 1928 y que, con la Gran Depresión
del año siguiente, desapareció del mapa hasta que un coleccionista
de viejos temas de blues dio con él en Avalon, Mississippi, donde
había vuelto a su anónima vida de granjero. El año
era ya nada menos que 1963, tres años antes de su muerte, y aunque
por un corto espacio de tiempo, John Hurt disfrutó de un merecido
reconocimiento artístico al final de su vida. Sus actuaciones en
los festivales de Newport de 1963 y 1964 y sus grabaciones para el sello
Piedmont Records de esos mismos años le valieron el status de verdadera
leyenda del blues ancestral entre la entonces bulliciosa comunidad del
Greenwhich Village de New York por la que transitaban artistas como Bob
Dylan, Doc Watson, Phil Ochs o Tom Paxton. Peter Case, el promotor del
proyecto, ha reunido en esta grabación a artistas que han sido influenciados
por la música de este legendario Mississippi John Hurt, como Steve
Earle (quien versiona “Candy man”), Lucinda Williams (“Angels laid him
away”), Bruce Cockburn (“Avalon, my home town”), Chris Smither (“Frankie
& Albert”), Ben Harper (“Sliding delta”), Taj Majal (“My creole belle”),
Gillian Welch (“Beulah land”) o John Hiatt (“I’m satisfied”), entre otros.
El tono del álbum es respetuoso con el estilo arcaico, casi de ragtime,
sobre el que se asentaban las canciones de Hurt, a excepción de
una difícilmente digerible versión de “Since I’ve laid my
burden down” por parte de Victoria Williams. En resumen, un interesante
álbum que permite descubrir la vida y la música de un personaje
importante en la evolución de la música rural americana como
fue Mississippi John Hurt.
El
segundo álbum temático de Vanguard Records en 2001 fue “Concerts
for a landmine free world” (http://www.vanguardrecords.com/Landmine/home.html),
nacido de la implicación de Emmylou Harris con la Vietnam Veterans
of America Foundation, una asociación humanitaria que desde 1998
impulsa la campaña para lograr un mundo sin minas anti-persona.
Este proyecto musical nació con la finalidad de recaudar fondos
para tal campaña y en él participaron, entre otros, grandes
cantautores como la propia Emmylou Harris, John Prine, Guy Clark &
Verlon Thompson, Mary Chapin Carpenter, Nanci Griffith, Gillian Welch,
Kris Kristofferson, y Steve Earle, todos ellos interpretando sus mejores
temas en directo y en un formato acústico minimalista, con escasa
instrumentación, algo que no suele darse en la mayoría de
sus grabaciones. Una excelente oportunidad para recrearse con algunos de
los mejores cantautores norteamericanos y, de paso, contribuir a una noble
causa.
Si
este año 2002 ha dejado algun álbum verdaderamente cautivador
hasta el momento éste es el nuevo trabajo de James Talley (http://www.jamestalley.com),
un artista que ya entrevistamos en esta revista en enero del 2001 y que
acaba de publicar el tercer trabajo desde su reciente renacer como artista.
Después de dedicar un álbum al folk con espléndidas
versiones de temas de Woody Guthrie titulado "Woody Guthrie and Songs of
my Oklahoma Home" (1999), y de recrear el mejor blues en “Nashville City
Blues” (2000), ahora James Talley hace lo propio con el country con un
álbum titulado “Touchstones” en el que ha tomado las piedras angulares
de su primera etapa como artista en solitario allá por los años
70 y las ha grabado de nuevo con una de las mejores bandas de country de
la actualidad, la de Tommy Detamore, con quien habían grabado artistas
como Doug Sahm, Clay Blaker y Ed Burleson. Estilísticamente el álbum
contiene no sólo verdadera música country (“Tryin’ like the
devil”; “Calico gypsy”), sino que incorpora temas a ritmo de western swing
(“W. Lee O’Daniel and the Light Crust Dough Boys”, “When the fiddler packs
his case”), de folk (“Richland, Washington”), y de blues (“Bluesman”, “Nothin’
but the blues”), aunque siempre bajo el prisma de la música vaquera
gracias a la omnipresente y espectacular steel-guitar de Tommy Detamore
y al fiddle y mandolina de Bobby Flores. La voz de James Talley es suave
y cautivadora y, sin aparente esfuerzo, ofrece una cantidad casi inagotable
de matices y recursos, lo que demuestra que estamos ante uno de los mejores
cantantes de la música americana de raíces de los últimos
treinta años. Pero es que además Talley escribe todo su material,
un material que salta de género en género y que trata con
maestría tanto los temas de siempre como historias con una profunda
carga social, aún vigente hoy en día veinticinco años
después de su composición. Como ejemplos podemos citar la
explotación de los trabajadores en “Are they gonna make us outlaws
again?”, la preocupación por el medio ambiente y la justicia social
en “What will be there for the children?”, o los peligros de la explotación
del plutonio en “Richland, Washington”, un tema que orgullosamente pudiera
haber escrito el mismísimo maestro de la denuncia social, Woody
Guthrie. Cada tema de los dieciseis que forman parte de este “Touchstones”
es una verdadera obra maestra, desde el inicial “Tryin’ like the devil”
hasta el final “Give my love to Marie”, un álbum que sitúa
a James Talley de nuevo allá donde estaba en sus dorados 70, es
decir, a un nivel de calidad al que muy pocos artistas llegarán
por mucho que lo intenten.
La
revolución digital de los últimos años ha democratizado
el mundo de la música, facilitando el acceso de las pequeñas
compañías discográficas a grabaciones de una calidad
equiparable a las de los grandes sellos. A ello se le añaden un
par de ventajas que los fans inquietos por hallar buena música suelen
apreciar: por un lado, la libertad creativa de que suelen disfrutar los
artistas, y por otro la necesaria apuesta por la calidad como argumento
de ventas, ante la imposibilidad de contar con una maquinaria promocional
como la de las grandes discográficas. Un nuevo sello que se ajusta
perfectamente a tal descripción es Loudhouse Records (http://www.loudhousemusic.com),
con sede en Austin, Texas, desde donde se han lanzado al mercado de la
música Americana los álbumes “Fantasize” del acordeonista
Ponty Bone y “Conway’s corner” del bluesman R.C. Banks. Ponty Bone es un
reputado músico de sesión que ha puesto su talento al servicio
de artistas como Terry Allen, Joe Ely, Chris Gaffney, Jimmie Dale Gilmore,
Robert Earl Keen, Charlie Robison y James Talley, entre muchos otros, y
que su estilo, basado en ritmos negros, ha sido definido como “soul interpretado
con acordeón” por parte del maestro Flaco Jiménez. En “Fantasize”,
el cuarto álbum de Ponty Bone, este artista ofrece esa mezla de
zydeco, cajun, blues y tex-mex con la que ha ido salpicando los trabajos
de tantos otros artistas a través de trece temas, en su mayoría
de propia composición. Un disco altamente ecléctico, optimista
y atrevido que va a deleitar a los amantes del sonido del acordeón
y que ha sido seleccionado en el Top 20 correspondiente al 2001 del periódico
Austin American Statesman.
R.C.
Banks es un cantautor tejano originario de la mítica Lubbock, tierra
de grandes artistas como Buddy Holly, Joe Ely, Jimmie Dale Gilmore, Butch
Hancock, Terry Allen y Kimmie Rhodes, y que siente especial predilección
por las varias formas del blues en su forma más cruda y despojada.
Con canciones versionadas por gente como Joe Ely, Linda Rondstadt, Charlie
& Will Sexton y Kimmie Rhodes, R.C. Banks ofrece en su cuarto álbum,
“Conway’s corner”, una colección de trece temas ideales para una
noche del sábado en el más humeante y sudoroso tugurio del
sur de Texas. Con declaradas influencias que van desde Doug Sahm hasta
Stevie Ray Vaughan, pasando por Clifton Chenier y los bluesmen clásicos
Muddy Waters, Sonny Boy Williamson y Howlin’ Wolf, R.C. Banks ofrece una
muestra del buen blues que se cultiva en Texas a través de temas
como el inicial “I got love”, “Courthouse” (basado en “Maggie’s farm” de
Bob Dylan), “Lonesome Texas” y en el lento “More than the world to me”.
Pero el álbum contiene aproximaciones a otros estilos, como el cajun
en el vals “Jenny Jones”, el country-blues en “Walkin’ on air” o el tex-mex
en “Those days are gone”, lo que le confiere buena parte de la variedad
estilística que uno puede encontrar en el Lone Star State. Este
es un álbum que a pesar de requerir una atenta escucha ha recogido
grandes elogios por parte de la crítica especializada y que ha terminado
formando parte del Top 10 del año 2001 de cinco medios de comunicación,
incluyendo el primer puesto en las preferencias de Jay Trachtenberg del
Austin Chronicle y de Eric Black, editor del fanzine Rockzillaworld.
Desde
Texas llegan también dos artistas con un elevado grado de credibilidad
a nivel local y que progresivamente –gracias también a la mencionada
revolución digital- van ampliando el alcance de su música.
El primero de ellos es Tommy Alverson (http://www.tommyalverson.com),
un cantautor y guitarrista en la tradición del mejor honky-tonk
y western swing tejanos, con canciones que captan la atención del
buen fan de la música country ya desde la primera escucha. Pero
Alverson no sólo escribe memorables canciones del tipo que podrían
relanzar la carrera de un apagado George Strait, sino que además
ha sabido rodearse de una excelente banda con la que grabar sus álbumes
y ofrecer su material al mundo. La primera de sus dos grabaciones más
recientes es un imprescindible álbum de estudio, “Me on the jukebox”
(1999), donde bajo la producción del mágico Tommy Detamore
ofrece algunas de sus mejores canciones como “Buy me a bar”, “Cowboy Mardi
Gras”, “Lookin’ back to Luckenbach”, “I don’t think I’ll go to Mexico”
o la festiva “Una mas cerveza”. La segunda
es un álbum en directo titulado “Alive and pickin’” (2001), en el
que además de seis de los temas de “Me on the jukebox” incluye otras
grandes canciones como el western swing inicial “I wouldn’t trade Texas
for the world”, el honky-tonk “Not tonight, I’ve got a heartache”, el outlaw
country de “Texas woman” y un “Make you mine” que en sus momentos iniciales
recuerda a la versión de “Working man’s blues” que ofrecían
Steve Wariner, Lee Roy Parnell y Diamond Rio en el homenaje a Merle Haggard
“Mama’s hungry eyes”. En resumen, un artista a descubrir con cualquiera
de estas dos grabaciones y que sin duda calmará la sed de los aficionados
sedientos del mejor country tradicional tejano.
El
segundo artista tejano al que hacíamos mención es Kevin Deal
(http://www.kevindeal.com), un cantautor
en la línea del hard-country de algunos de los grandes nombres salidos
de este estado como Joe Ely, Steve Earle, Terry Allen o Robert Earl Keen.
Su carrera sigue un quizás lento pero progresivo camino ascendente
desde su álbum de debut “Lovin', Shootin', Cryin' and Dyin'” (1998)
, al que siguieron “Honky tonks and churches” (1999) y “Kiss on the breeze”
(2000), su más reciente trabajo. En “Kiss on the breeze” Deal muestra
una progresiva madurez como compositor gracias a temas como las baladas
“Last drop” y “Can’t hold a candle”, el tex-mex de “Kiss on the breeze”,
las influencias bluegrass de “Cracked up” o el bonito homenaje a Stevie
Ray Vaughan de “Day the blues cried”. A pesar de que la interpretación
vocal de Deal suena a veces un tanto llana y monótona, la producción
de Lloyd Maines y la participación de músicos como el propio
Maines (pedal steel-guitar, lap-steel, guitarra acústica, mandolina),
Paul Pearcy (percusión), Joel Guzman (acordeón), Richard
Bowden (violín) y Terri Hendrix (armonías vocales) elevan
el nivel del álbum hasta cotas más que notables. Un álbum
que ofrece country, blues y folk a partes iguales, con historias sobre
personajes solitarios, corazones rotos, carreteras, y bares de mala muerte,
es decir, con toda la iconografía que uno espera del polvoriento
sudoeste de los USA. Tal como apunta la imagen de la portada, éste
es un álbum ideal para conducir por las solitarias llanuras del
oeste tejano.
La
eclosión de las compañías independientes en el terreno
de la música Country y Americana ha servido para poner de manifiesto
toda aquella música “alternativa” que estaba oculta bajo la tiranía
mediática de los grandes sellos, una música basada más
en la fusión de estilos y en la agresividad vocal e instrumental
que en lo que se podrían denominar sonidos comerciales. Es por ello
que representa una sorpresa –e incluso un atrevimiento- el que un álbum
autoproducido como el de Wade Vincent Root “Our bed of roses” (http://www.wadevincentroot.com)
se atreva a adentrarse en el terreno del country más melódico
y comercial, seguramente más propio del espíritu de Nashville
que de las independientes. Dicho esto, inmediatamente hay que apuntar que
Wade Vincent Root tiene una notable voz de tenor que recuerda a la de Vince
Gill, que se ha rodeado de unos músicos de estudio poco conocidos
pero solventes, y que ha basado la selección de canciones en el
catálogo de compositores tan reputados como Keith Stegall, Zack
Turner, Kerry Kurt Phillips, Bryan Austin, Gary Harrison, Wesley Dennis,
Hank Cochran o Dean Dillon. Wade Vincent Root demuestra especial preferencia
por un tipo de baladas algo edulcoradas, como la que da título al
álbum, “Our bed of roses”, “If you think you’re lonely”, “Somewhere
under the rainbow” (ya versionada por Joe Diffie, Aaron Tippin y Sonny
Burgess y en la que para mi gusto sobra el saxofón), “That makes
one of us”, “Little bits and pieces” o “It ain’t over here”. Sin embargo,
la propuesta de Wade Vincent Root gana enteros cuando interpreta country
comercial de los 90, como en el tema inicial “She don’t know what it’s
like”, “Mamas long leggin’” y “Give it back”, en el tema rockero “You mean
the world to me” (con un poco afortunado saxofón de nuevo), y especialmente
en los dos temas de Wesley Dennis, dos impecables canciones de country
tradicional como la balada “Leave me a picture of you” y el tema cajun
“A little bit of love”. Con “Our bed of roses” Wade Vincent Root debuta
con un álbum que puede gustar a los fans de las suaves baladas y
del country comercial, pero que dejará con ganas de más sonidos
tradicionales a los que prefieran este estilo, dada la credibilidad que
Root demuestra con los dos únicos temas de este corte.
La
Demolition String Band, en cambio, responde más al arquetipo de
banda de lo que se ha convenido en llamar country alternativo (http://www.demolitionstringband.com).
Formada en Hoboken, New Jersey, alrededor de la mandolinista, vocalista
y compositora Elena Skye y del guitarrista Boo Reiners, la DSB ofrece un
repertorio con grandes dosis de twang y también con gran variedad
de estilos, desde el country más tradicional hasta el rock and roll,
pasando por el bluegrass o el pop. Su segundo álbum se titula “Pulling
up Atlantis”, un álbum producido por Eric Ambel en el que dan rienda
suelta a todo su repertorio musical y que ha recibido buenísimas
críticas por la prensa especializada. Aparte de poner sobre la mesa
los talentos de los dos líderes de la banda, en “Pulling up Atlantis”
se hace patente un innegable sentido comercial al incluir una innovadora
versión bluegrass del popular tema de Madonna “Like a prayer”, así
como una versión del contagioso tema pop “Give it to the needy”,
compuesto por Mary Lee Kortez, de la banda Mary Lee's Corvette (atención:
el último álbum de esta banda es uan revisión completa
y en directo del legendario “Blood on the tracks” de Bob Dylan). Pero lo
bueno de “Pulling up Atlantis” es que es mucho más que el oportunismo
de versionar un tema bluegrass de Madonna. Basta con escuchar el poderoso
rock inicial “Garden of love”, el honky-tonk de “Gone so long”, el aire
jazz de “Pulling up Atlantis”, el folk con twang de “Beggar”, la balada
estilo Jones-Wynette titulada “A career of loving you”, el bluegrass con
twang de “Been doin’ time”, el country-rock de “She went outta town” y
el bellísimo tema final a capella “Elegant wind”. En cualquier caso,
el twang de la guitarra de Boo Reiners a lo largo del álbum es como
el perejil en las recetas de Arguiñano, ya que le da ese toque de
energía, distinción y calidad que pone a DSB por encima de
otras bandas de alt.country. A destacar también la colaboración
en dos de los temas del fenomenal steel-guitar afroamericano Robert Randolph,
uno de los maestros del Sacred Steel. La DSB ofrece en este “Pulling up
Atlantis” una combinación de buenas canciones propias, talento y
garra en la interpretación, y profundo sentido comercial –en el
buen sentido del término-, lo que puede conducir a esta banda a
mayores cotas de popularidad en un futuro no demasiado lejano.
Un
veterano que parece haber vuelto por sus fueros es el virginiano Ricky
Van Shelton (http://www.rickyvanshelton.com),
un artista que entre 1987 y 1994 llevó trece canciones hasta el
número 1 de la Hot Country Singles & Tracks. Con su voz aterciopelada,
la más parecida a la del irrepetible Elvis Presley, en la segunda
mitad de los 80 y primeros 90 Ricky Van Shelton nos dejó una serie
de álbumes llenos de buenas canciones, totalmente apegados a los
sonidos más tradicionales del country, destacando su buen hacer
vocal en baladas como “Life Turned Her That Way”, “Somebody Lied”, “I’ll
Leave This World Loving You” o “Living Proof”, entre muchas otras. Aunque
en estos momentos está ya preparando un nuevo trabajo, su última
propuesta musical data del año 2000 y se titula “Fried green tomatoes”,
un álbum editado para Audium Entertainment en el que Ricky Van Shelton
demuestra que tras unos años de ostracismo sigue en plena forma
y con ganas de ofrecer buena música. “Fried green tomatoes” es un
álbum totalmente Van Shelton, sin inventos ni atrevimientos, pero
con una buena selección de canciones y con una interpretación
vocal perfecta, respaldada además por el buen hacer de excelentes
músicos de sesión de Nashville como Brent Mason, John Hobbs,
Steve Gibson, Larry Franklin o Terry McMillan. A destacar temas como “Foolish
pride”, “Somebody’s gonna lose”, “You go your way (And I’ll go crazy)”,
“Who’s laughin’ now”, “The decision” y los ya conocidos “I’m the one”,
“All I have to offer you is me” y “Your one and only”. Aunque este álbum
pisa un terreno algo más comercial que los que grababa a finales
de los 80, con “Fried green tomatoes” Ricky Van Shelton demuestra que sigue
siendo toda una garantía de calidad en el apartado de country para
todos los públicos.
Otro
ilustre personaje con siete Grammys a sus espaldas en tres décadas
y que últimamente presenta un elevado grado de actividad musical
es el kentuckiano Ricky Skaggs (http://www.skaggsfamilyrecords.com).
Desde 1997, momento en el que se recuperó del bajón creativo
de la primera mitad de los 90, Skaggs lleva editados nada menos que seis
álbumes, uno de country, uno de gospel y cuatro de bluegrass. Su
más reciente trabajo junto a su banda Kentucky Thunder pertenece
a esta última categoría y se titula “History of the future”.
Este álbum es un auténtico cruce entre bluegrass y fuegos
artificiales, dada la velocidad y la explosividad con la que Skaggs y su
banda interpretan los once temas de un compacto que además presenta
un sonido nítido como pocos. En “History of the future” Ricky Skaggs
ofrece un repertorio curioso: por un lado el álbum contiene dos
de los temas más versionados de la historia del bluegrass, como
el inicial “Shady Grove” y el final “Rollin’ in my sweet baby’s arms”,
lo que junto a las versiones de otros temas conocidos como “Dim lights,
thick smoke” o “One way track” daría a entender que el artista
quiere aprovechar los vientos favorables que soplan en este estilo desde
hace en algún tiempo. Sin embargo, por otro lado, Skaggs hace una
incursión en el terreno de la música celta con un tema instrumental
titulado “Road to Spencer” y otra en el terreno del old-time con “Sawin’
on the strings”, además de ofrecer dos interesantes temas de corte
claramente contemporáneo, a medio camino del country y del bluegrass,
como “Too far down to fall” y “Halfway home café”. Ligados por la
espléndida interpretación de Ricky Skaggs y su banda, estos
temas de estilos dispares no ofrecen altibajos a lo largo del álbum,
que se escucha con enorme facilidad y complacencia.
Procedentes
de Lubbock, Texas, Joe Ely, Jimmie Dale Gilmore y Butch Hancock nos han
tenido acostumbrados a nadar a contracorriente y a ser punta de lanza de
la vanguardia musical (eran nada menos que hippies haciendo música
country en el Texas de los 70!) tanto cuando han actuado en solitario como
cuando lo hicieron en esa mítica formación que les agrupó
en 1972 bajo el nombre de The Flatlanders (http://www.newwestrecords.com/flatlanders/index.html).
The Flatlanders grabaron una obra que en su momento pasó desapercibida
y que actualmente se considera clave en la reciente evolución de
la música country. De hecho no se editó en vinilo hasta 1980
bajo el título de “One road more”, y en CD hasta 1990, entonces
ya rebautizada como “More a legend than a band” ante la mística
popular creada alrededor de tales artistas y de tal grabación. “More
a legend than a band” contenía temas como “Dallas” o “Tonight I’m
gonna go downtown”, hoy en día clásicos del country tejano
contemporáneo, con un sonido que ha sido descrito como “nacido del
viento y del polvo de las llanuras de oeste de Texas”. Tras treinta años
de silencio como colectivo musical, a excepción del tema aparecido
en la banda sonora de “The horse whisperer” titulado “South wind of summer”
(1998), The Flatlanders se han reunido de nuevo y bajo el techo del sello
New West Records han editado un nuevo álbum, “Now again”, producido
por quien ha puesto mayor empeño en el regreso del trío,
Joe Ely. Trece temas inéditos además de una nueva y más
dinámica versión del ya mencionado “South wind of summer”
conforman la nueva propuesta del legendario trío, que esta vez se
aparta del sonido primario de “More a legend than a band” y ofrece un álbum
mucho más elaborado y pulido, con menores dosis de ese viento y
de ese polvo de Lubbock que tanta magia aportaba a su primera grabación.
“Now again” es clarísimamente un álbum de formato Americana,
con una bien trenzada mezcla de elementos de country, folk, rock y blues,
en el que el talento y el carisma de Ely, Gilmore & Hancock siguen
luciendo gracias a temas como “Goin' Away”, “Julia”, “Wavin' My Heart Goodbye”,
“Down in the light of the melon moon”, “Right where I belong” o “My Wildest
Dreams”. Sin embargo, la segunda mitad del álbum también
contiene algunos temas que no están a la altura de lo que se esperaría
de los Flatlanders y que suenan a un cierto “déjà vu”, como
“Yesterday was judgement day” o “Pay the alligator”. Afortunadamente, dado
que el álbum es generoso en temas, este pequeño bajón
no empaña demasiado el resultado global del mismo, que no es otro
que convertirse en álbum de referencia de este año 2002 en
el formato Americana, ya que de momento, a finales de mayo, lleva dos semanas
en el número 1 de la Americana Roots Chart. Es posible que gracias
a este “Now again” The Flatlanders puedan pasar finalmente por caja para
cobrar lo que el mundo de la música country les debe desde 1972.
Andrew
y Peter Cash no guardan relación alguna con Johnny Cash, aparte
de compartir apellido y de dedicarse profesionalmente a la música.
Ellos provienen de Toronto, Canadá, artísticamente se hacen
llamar Cash Brothers y lo suyo es un elegante pop-rock teñido de
folk y de country (http://www.cashbrothers.com)
que ha sido definido de forma precisa por Ben Wener, crítico musical
del periódico Orange County Register, como si los Everly Brothers
cantaran con el acompañamiento de Wilco. Después de años
de caminos musicales separados, los hermanos Cash unieron esfuerzos para
grabar su primer álbum, “Raceway”, en 1999, al que siguieron “Phonebooth
tornado” en el año 2000 y un espléndido “How was tomorrow”
en el 2001 que recogió toneladas de elogios tanto en los USA como
en Europa. Así, aparte de críticas favorables en publicaciones
como No Depression, Austin Chronicle, Philadephia Weekly o Boston Herald
(USA), o en Mojo Magazine, The Independent, The Daily Mirror o Q Magazine
(Gran Bretaña), el álbum fue el número 1 según
la clasificación “Class of 2001: The Perimeter's Best Albums'” del
prestigioso Music Row Magazine. También fue escogido como uno de
los diez álbumes esenciales de la escena independiente por el personal
de CDNow, así como el mejor álbum de country del 2001 según
la tienda virtual Amazon.co.uk, entre otras meritorias distinciones. “How
was tomorrow” es un álbum de pop-rock moderno, elegante, elaborado
y a veces hipnótico, con notoria presencia de guitarras acústicas
y eléctricas que crean un tupido entramado sobre el que Andrew y
Peter Cash reposan su perfecta complementariedad vocal. Además,
el álbum brilla también gracias a canciones meritorias como
“Take a little time”, “The only one”, “Show me the reason”, “Night shift
guru”, y especialmente las dos joyas de la corona: “Nebraska” y “Guitar
strings and foolish things”. Con su propuesta musical en “How was tomorrow”,
The Cash Brothers perfecionan la tendencia apuntada en “Phonebooth tornado”
y se lanzan definitivamente a explorar nuevas posibilidades sónicas
para un tipo de canciones que hasta ahora habíamos conocido a través
de formatos más tradicionales.
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