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Número 17 - Enero/Febrero 02
El milagro del Hermano Dan: Entrevista a Dan Tyminski
The Ecclectic Corner
El milagro del Hermano Dan: Entrevista a Dan Tyminski
Sin
duda ninguna, el disco del año 2001 no es otro que la banda sonora
de la película “O Brother, Where Art Thou” (http://www.obrothersoundtrack.com)
de los hermanos Cohen, un álbum ya comentado en el número
11 de la revista Jambalaya, correspondiente a los meses de enero y febrero
del pasado año. El trabajo, todo un compendio de la auténtica
música del sur de los Estados Unidos en las efervescentes décadas
de los años 20 y 30, empezó siendo una modesta producción
–en cuanto a medios promocionales- del nuevo sello de Mercury, Lost Highway
Records, aunque para sorpresa de de todos pronto empezó a venderse
como rosquillas hasta llegar a la cifra actual de más de 3 millones
de copias vendidas en todo el mundo. Este “O Brother” contiene colaboraciones
ilustrísimas, como las de Alison Krauss, Emmylou Harris, Norman
Blake, Chris Thomas King, Gillian Welch, Ralph Stanley o el recientemente
fallecido John Hartford, entre otros, y versiones de temas archiconocidos
como “You are my sunshine”, “Down to the river to pray” o “In the jailhouse
now”. Sin embargo, la verdadera estrella del álbum es Dan Tyminski
y su versión, junto a The Soggy Bottom Boys, la banda creada especialmente
para la ocasión, de “I am a man of constant sorrow”. Esta canción
es el verdadero leiv-motiv de la película, en la que aparece interpretado
por un excelente George Clooney disfrazado de auténtico hillbilly
y que en todo momento da la impresión de ser él quien canta
el tema.
Sea por esta eficaz caracterización e interpretación del popular George Clooney, tal como reconoció el propio Dan Tyminski cuando fue a recoger el premio, sea porque finalmente le llegó el turno al bluegrass y al old-time a convertirse en música superventas, la banda sonora de “O Brother” y en concreto Dan Tyminski con su “I am a man of constant sorrow”, son los verdaderos protagonistas musicales del año, a pesar de la reciente novedad de Garth Brooks, el testamento musical titulado “Scarecrow”. Además, tanto los mencionados álbum y tema arrasaron en la reciente entrega de premios de la CMA, donde se llevaron las distinciones de “Album of the Year” y de “Song of the Year”. Además, otros dos temas del álbum estuvieron nominados a la categoría de “Vocal Event”, en concreto las interpretaciones de “I’ll fly away” por Gillian Welch & Alison Krauss, y “Didn’t leave nobody but the baby”, de nuevo por Gillian Welch y Alison Krauss, además de Emmylou Harris.
Sin embargo, éste no fue el único reconocimiento que se llevara Dan Tyminski el pasado año, sino que en la entrega de premios de la International Bluegrass Music Association (IBMA) que se celebra cada año a principios de octubre en Louisville, Kentucky, ya se llevó el premio a mejor cantante masculino, junto con el premio “Mainstream Song of The Year” de la Christian Country Music Association y el premio de la Association for Independent Music por su trabajo en solitario “Carry Me Across The Mountain”, editado en Doobie Shea Records. Por todo ello, y por lo apretado de la agenda de este mandolinista, guitarrista, vocalista, productor e ingeniero de sonido, es todo un honor poder contar con una breve entrevista en exclusiva con Dan Tyminski para la revista Jambalaya.
Después de todo el revuelo causado por “O Brother” y las espectaculares ventas conseguidas a lo largo del año pasado, lo primero que había que preguntar a Dan Tyminski era si éste había sido un éxito inesperado. Con una sinceridad que parece ser característica definitoria en él, Dan comenta que “No, no esperaba que “I am a man of constant sorrow” tuviera un éxito tan grande, pero estoy realmente contento de que lo haya conseguido. Este trabajo ha tenido un profundo impacto en mi vida profesional y ha ayudado a aumentar las ventas de mi anterior trabajo en solitario. Sin embargo, “O Brother” no ha cambiado mis gustos musicales y sigo adelante con los mismos proyectos que ya tenía antes de que le llegara el éxito”.
Las ventas de “O Brother” han representado, sobretodo, un acercamiento al gran público de estilos realmente minoritarios como el bluegrass y el old-time, por lo que Dan Tyminski se muestra realmente satisfecho: “Es bonito ver toda la atención que actualmente recibe el bluegrass. Esta grabación ha sido realmente una bendición para el género y creo que el futuro se muestra realmente esperanzador para el bluegrass y en general para la música acústica de raíces si la gente sigue grabando temas de calidad”.
Repasando la biografía de Dan Tyminski, un personaje nacido en Rutland, Vermont en 1967, uno se da cuenta de que es todo un Rey Midas, y que todo lo que toca se convierte en oro. Ya en su momento fue uno de los fundadores de un auténtico supergrupo del bluegrass como Lonesome River Band, con los que grabó un álbum de los que crea escuela, como “Carrying the tradition”, y ya hace algún tiempo que presta sus servicios en los Union Station de Alison Krauss. En esta banda Tyminski se encuentra realmente cómodo con sus tareas, centradas básicamente en tocar la mandolina y la guitarra acústica, además de poner la voz solista en algunos temas y las armonías vocales en la mayoría de ellos, así como la ingeniería de sonido en el conjunto del álbum. Sobre ello se limita a comentar: “Me siento absolutamente afortunado de poder pertenecer y tocar en una banda en la que todos sus miembros tienen el mismo deseo de hacer la mejor música posible, por ella misma. Además, disfruto mucho produciendo los álbumes de otros artistas. Intento crear un ambiente relajado y sacar lo mejor que llevan dentro. Es cuestión de hacerles notar que no es cuestión de vida o muerte, simplemente estamos grabando un disco”.
Los créditos como productor e ingeniero de sonido de Dan Tyminski son también notables, sobretodo dada su juventud, e incluyen álbumes tan destacados como “Son long, so wrong” de Alison Krauss, los dos trabajos en solitario de Ronnie Bowman, “Cold Virginia Night” y “The Man I’m Tryin’ To Be”, así como en los álbumes de Ron Block, “Faraway land”, de Dale Ann Bradley, “Cumberland River Dreams”, de Jeannette Williams, “Cherry Blossoms in the Springtime” (quién actuó en la pasada edición del Country Rendez-Vous Festival de Craponne-sur-Arzon) o el más reciente trabajo de Lonesome River Band, “Talkin’ to myself”. Además, ha aportado su talento a la guitarra acústica y a las armonías vocales en álbumes como “Nothin’ but the taillights” de Clint Black, “No Place That Far” de Sara Evans o “High Lonesome Sound” de Vince Gill, entre otros. Con esta trayectoria no hay duda de que estamos ante un hombre de mentalidad renacentista, por lo diverso e intenso de sus actividades.
El año 2002 se presenta también ocupado para Dan Tyminski,
ya que empieza con una gira por Estados Unidos y Canadá llamada
“Down From the Mountain Tour” y que reúne a todos los artistas que
en su momento participaron en la confección de la banda sonora de
“O Brother”. También dentro de este año es cuando está
prevista la edición de un nuevo trabajo en solitario que tome el
relevo de su elogiado “Carry me across the mountain”, que seguro que será
uno de los mejores discos bluegrass del año. Para aquellos que deseen
degustar más interpretaciones de Dan Tyminski después de
haberle descubierto en “O Brother”, éste puede ser uno de los álbumes
a poner en la lista de la compra. Sin duda, el sello Tyminski supone toda
una garantía de calidad.
Chris Thile: Not all who wander are lost
Doyle Lawson & Quicksilver: Gospel parade
Maura O’Connell: Walls and windows
Tim O'Brien: Two journeys
Laura Lind y Adam Miller: Wild birds
David Wilkie & Cowboy Celtic: The drover road
Jeffrey Halford and The Healers: Hunkpapa
Mark Brine: Back in the country
The Tatters: The Tatters
Michael Fracasso: Back to Oklahoma
Jesse Dayton: Hey Nashvegas!
Empezamos esta sección con el repaso a las tres novedades otoñales de Sugar Hill Records: el disco en solitario del líder de los Nickle Creek, Chris Thile y los nuevos álbumes de la banda de gospel blanco, Doyle Lawson & Quicksilver y de la vocalista irlandesa Maura O’Connell (http://www.sugarhillrecords.com). Después del gran éxito, quizás algo inesperado, del disco de debut de Nickel Creek, el mandolinista Chris Thile vuelve a la actualidad discográfica con la edición de su tercer álbum en solitario, titulado “Not all who wander are lost”, un álbum totalmente instrumental en el que participan los mejores y más reputados músicos de bluegrass, como Jerry Douglas, Stuart Duncan, Bryan Sutton o Bela Fleck, y en el que todos ellos lucen los talentos que ya les conocemos, es decir, un dominio extremo de sus instrumentos. El álbum es un compendio de la mejor música acústica, similar en cuanto a sonidos y melodías al álbum “Moving pictures” que el guitarrista Russ Barenberg editó en 1988. Los estilos de este “Not all who wander are lost” van desde el bluegrass como en “Wolfcreek Pass” o “Eureka!”, al folk impresionista de “Raining at sunset” o “Bridal Veil Falls”, pasando por el aire celta de “Sinai to Canaan – Part 2” o “Big Sam Thompson” o el jazz experimental de “Club G.R.O.S.S.”. Un álbum que gustará especialmente de los fans de la mejor música instrumental de raíz folk.
Doyle Lawson & Quicksilver son el arquetipo de banda conservadora, tanto en el fondo como en la forma: llevan 22 álbumes y más de 20 años de carrera grabando canciones de temática religiosa vestidas de bluegrass y de gospel. Su nuevo trabajo se llama “Gospel parade” y está compuesto por 12 temas sobre los que el propio Doyle Lawson, comandando al grupo con su mandolina, comenta en los créditos que se trata del álbum estilísticamente más diverso de su carrera. El álbum se inicia de forma dinámica con un tema bluegrass titulado “Be living”, para seguir con una balada de Carl Jackson, “The best is yet to come”, y con un tema a medio camino entre el boogie y las espirituales negras titulado “Gloryland boogie”. Del resto del álbum destacan otra espiritual, esta vez “a capella”, como “I heard Zion moan”, el ragtime “Some of these days” y un tema de Paul Overstreet titulado “He is risen”. Doyle Lawson & Quicksilver ofrecen con este “Gospel parade” unos excelentes arreglos y juegos de voces a lo largo del álbum, destacando además el piano de Barry Scott en aquellos temas en que este instrumento hace su aparición. Recomendable tanto para fans de la música de temática religiosa como para amantes de los estilos con las raíces más profundas del Deep South.
En
cuanto a Maura O’Connell (http://www.mauraoconnell.com),
su nuevo álbum “Walls and windows”, el primero en Sugar Hill Records,
rompe con un silencio discográfico de cinco años y demuestra
que sigue contando con una voz de primera línea, intensa y aterciopelada.
Bajo la producción de Ray Kennedy, responsable del sonido reciente
de gente como Steve Earle, Jack Ingram o Fleetwood Mac, Maura O’Connell
se atreve con unos arreglos menos apegados a la tradición folk o
bluegrass y más cercanos al pop, aunque sigue predominando la componente
acústica y, sobretodo, el buen gusto y la elegancia. Los temas seleccionados
para el álbum proceden de nuevos valores como Patty Griffin y Malcolm
Holcombe, así como de cantutores tan reputados como Kim Richey,
John Prine, Van Morrison o Eric Clapton, mientras que entre los músicos
de sesión destacan nombres como Darrell Scott, Kenny Vaughan, Kenny
Malone, John Jarvis y Doug Lancio. En este “Walls and windows” se observa
que Maura O’Connell se sigue mostrando más cómoda y brilla
con luz más potente en los temas con un tratamiento eminentemente
acústico, como “Walls” de Mary Ann Kennedy y Pam Rose, “A far cry”
y “To the homeland” de Malcolm Holcombe (excelente y poco conocido cantautor),
“Long ride home” de Patty Griffin (otra maravillosa canción), “I
get lost” de Eric Clapton o “Sleepy eyed boy” de John Prine. A pesar de
la ligera reorientación estilística, Maura O’Connell ha vuelto
a la actualidad discográfica con un álbum realmente sólido
y que debería proyectarla hacia un nuevo y más amplio público.
Quien durante muchos años estuvo en el plantel de Sugar Hill pero que hace un par de años lo abandonó para crear su propio sello es el prolífico compositor, cantante y multiinstrumentista Tim O’Brien (http://www.timobrien.net). Su último trabajo en solitario se titula “Two journeys” y es la continuación conceptual y estilística del anterior “The crossing”, un álbum en el que Tim O’Brien empezó a explorar las conexiones entre el bluegrasss y la música celta. En “Two journeys”, O’Brien ahonda en su viaje particular a la búsqueda de sus raíces, tanto familiares como musicales, y lo hace con algunos músicos con los que colabora habitualmente, como Darrell Scott, Dennis Crouch o Dirk Powell, a los que se suman excelentes músicos celtas como el violinista Kevin Burke, el acordeonista John Williams, el gaitero Paddy Keenan o la arriba mencionada vocalista irlandesa Maura O’Connell. El álbum combina principalmente composiciones del propio Tim O’Brien con temas tradicionales, aunque el sello celta se hace patente, con mayor o menor intensidad, a lo largo de todo el álbum. Los mejores temas son el inicial “Turning around”, los tradicionales “Mick Ryan’s lament”, “Demon lover” y “What does the deep sea say”, o la bella “The holy well”. Las dos excepciones son el tema que da título al álbum, “Two journeys”, una canción cajun compuesta por la pareja Dirk Powell y Christine Balfa (ambos miembros de Balfa Toujours), y el tema que cierra el disco, una versión del tema de John Lennon y Paul McCartney “Norwegian wood”, en el que el sítar de George Harrison de la versión original es reemplazado por flauta, violín y gaita, lo que le da un indiscutible aire celta. En resumen, una nueva oportunidad para disfrutar del genio y la versatilidad estilística del discreto Tim O’Brien, un personaje que por su calidad y su trayectoria artística merecería llegar a un público mucho más amplio.
Otro álbum acústico que se basa en el folk de corte más tradicional es el de la pareja Laura Lind y Adam Miller (http://www.lauralind.com). Residentes en Woodland, California, Lind y Miller cultivan con cariño estilos como el country tradicional, el gospel, el bluegrass y el folk tradicional y contemporáneo. Su disco de debut, titulado “Wild Birds”, se basa en versiones de temas tradicionales como “Going to the west” o “Cousin Emmy’s blues”, y en versiones de temas country y folk representativos de varias décadas, desde los años 30 como “Kissing is a crime” de A.P. Carter o “Night herding song”, hasta los 80, con la excepción de “Dancing in fifty-year forests”, un tema propio de Laura Lind. El álbum presenta una instrumentación escasa, aunque suficiente como para respaldar a la combinación de voces de Laura Lind y Adam Miller, lo que da al álbum un tono intimista, ideal para momentos tranquilos. A destacar las versiones de “The old, old house”, de George Jones, la de “Snake song”, de Lacy J. Dalton, y la de “Someday soon” del canadiense Ian Tyson, un éxito en la voz de Suzy Bogguss en los primeros 90 y en mi opinión uno de los mejores temas country que jamás se ha escrito.
El
excelente sello de Colorado Springs, Western Jubilee Records (http//www.westernjubilee.com),
continúa editando material acústico de primera línea
y no es ninguna sorpresa el que se haya llevado todos los premios en todas
las categorías musicales de la 40 edición de los Western
Heritage Awards. Al excelente nivel conseguido con la edición de
álbumes de artistas como Don Edwards o Sons of San Joaquin hay que
añadir el de su novedad más reciente, el tercer trabajo de
la formación Cowboy Celtic (http://www.cowboyceltic.com).
Cowboy Celtic es una formación liderada por el mandolinista canadiense
David Wilkie y dedicada a explorar las raíces y las conexiones entre
la música celta y la música western. Su más reciente
trabajo, el tercero de su carrera y el primero en Western Jubilee, se titula
“The drover road” y es una explosión de musicalidad, lirismo y belleza
que recorre todo el abanico de sonidos existente a cada lado del Atlántico
Norte, incluyendo guitarras acústicas, mandolinas, fiddles, cellos,
flautas, gaitas y bodhrans. Cowboy Celtic es una banda de primerísimo
nivel que nada tiene que envidiar a las mejores del bluegrass o del folk
americano y que además cuenta con una impresionante vocalista llamada
Denise Withnell, capaz de poner la piel de gallina al más rudo vaquero
con su versión de “Darcy Farrow”, con “Indiana” o con el tema que
da nombre al disco, “The drover road to Amulree”. El álbum cuenta
con sorpresas, como el tema instrumental “Aura Lea”, popular durante la
Guerra Civil americana y al que Elvis Presley puso letra, convirtiéndolo
en “Love me tender”, o como las versiones celtas de temas como “The yellow
rose of Texas” o “Whoopie Ti Yi Yo, Git Along Little Doggies”. Las conexiones
entre la música western y la música celta son evidentes a
lo largo de los dieciseis temas del álbum y lo llenan de un color,
vigor e intensidad francamente sorprendentes. Sin duda, un disco altamente
recomendable para los que quieran degustar nuevas sensaciones musicales
y sobretodo para aquellos que gocen escuchando música celta.
Uno de los mejores álbumes de rock y de country-blues del año ha sido editado por Shoeless Records y se titula “Hunkpapa,” firmado por Jeffrey Halford and The Healers (http://www.jeffreyhalford.com). A través de este disco, y además de excelente guitarrista de slide, Jeffrey Halford se revela como un gran escritor de canciones, tal como muestran “Stone’s throw”, “Radio flyer”, “Oh Susanna”, “St. Vincent de Paul”, “Lost and found” o “Black gold”, donde se combinan buenas melodías con imaginativas letras (“Listening to a Los Banos station / Puts out the real deal / That telecaster knows how I feel”). El álbum combina temas acústicos y eléctricos y cuenta con músicos poco renombrados aunque de intachable carrera, como Chuck Prophet (Green on Red), Steve Bowman (Counting Crows), Trey Sabatelli (Jefferson Starship, Todd Rundgren) y Myron Dove (Santana), con los que consigue un impecable nivel instrumental. La voz de Jeffrey Halford guarda una cierta similitud con la del líder de los desaparecidos Son Volt, Jay Farrar, y presenta un matiz de desengaño que la hace especialmente adecuada para este estilo musical. En resumen, un excelente álbum que permite hacer un gran descubrimiento, el de Jeffrey Halford and The Healers.
Un personaje realmente peculiar es Mark Brine, también conocido como the New Blue Yodeler (http://www.markbrine.com). Sus héroes musicales son gente como Hank Snow, Roy Acuff, Ernest Tubb, Hank Williams Sr y Jimmie Rodgers, de manera que no es de extrañar que su propuesta transcurra entre el country-blues acústico y el folk más añejos. Si a ello le añadimos un estilo vocal a la antigua usanza, con abundante uso del yodel y de la recitación, tenemos como resultado un artista de un género ya desaparecido. Su nuevo trabajo lleva por título “Back in the country” y contiene 16 canciones entre las que predominan aquellas de instrumentación escasa o aquellas en las que Mark Brine se las apaña tan sólo con su guitarra y su voz, lo que hace que el resultado final sea un tanto repetitivo. Sin embargo, es justo reconocer que el álbum tiene buenos momentos, como el que da título al disco, “Back in the country”, “Chickenfeed”, “Sick’n tired blues”, “I’ll wait for you” o “Carry me back to the mountains”. Un disco interesante para los que gusten, debidamente puesta al día, de la música predominante en la América rural de los años 30.
Saltando
de década, pero no yendo mucho más lejos, encontramos la
propuesta musical de una banda liderada por un trío de vocalistas
femeninas procedentes de Ventura, California, que se hacen conocer como
The Tatters (http://www.thetatters.com)
y que basan sus grabaciones en los sonidos de los dorados años 40.
Su disco de debut lleva el mismo nombre del grupo y contiene 13 piezas
que destilan una frescura realmente contagiosa, con estilos que van desde
el western swing, al honky-tonk, pasando por el country & western o
el folk, todos ellos interpretados con una maestría innegable y
aderezados con gotas del estilo vocal de las Andrew Sisters. La banda está
formada por Mary Wilson (voces, guitarra y ukelele, además de principal
compositora), Jennie Snyder (voces, armónica, clarinete), Erika
Harding (voces, viola), Jack Joshua (bajo acústico), Danny Wilson
(guitarra acústica y mandolina) y el super-multinstrumentista Bill
Flores (guitarra, dobro, mandolina, banjo, fiddle, pedal steel y acordeón)
y ha recibido elogios por parte de maestros como Chris Hillman, Pat Flynn
(New Grass Revival) o la vocalista Victoria Williams, tanto por el elevado
nivel de sus composiciones como por su impecable recreación de unos
estilos ya lejanos en el tiempo, aunque cada vez más de moda. El
álbum se abre con un luminoso “Tattered and torn” que atrapa ya
a la primera escucha, así como otros temas igualmente notables como
“Night train”, “Bottle buddy”, “Bluer pastures”, “Cry Aye, Aye” o “I don’t
think so”, que lo hacen absolutamente recomendable para los fans de los
estilos retro de la música country. Valga como colofón lo
que escribió sobre este CD Logan Henderson, crítico del webzine
Redneck Underground, “Podéis imaginar mi sorpresa cuando escuché
el álbum de The Tatters y descubrí algunas de las mejores
canciones de western swing que Bob Wills no llegó a escribir”. Amén.
Si
hay un artista con un nombre poco comercial, éste es el cantautor
Michael Fracasso (http://www.michaelfracasso.com).
Sin embargo, hay que apresurarse a decir que su producción artística
es todo lo contrario a un fracaso, especialmente en cuanto a calidad. Originario
de Mingo Junction, Ohio, aunque afincado en Austin desde 1990, el estilo
musical de Michael Fracasso ha sido definido, con total acierto, como “"un
sonido rústico con una sensibilidad de gran ciudad". Su cuarto trabajo
es un directo grabado el 9 de diciembre del 2000 en el Blue Door de Oklahoma
City, titulado “Back to Oklahoma”, y en el cual sólo aparecen el
propio Fracasso y el guitarrista y productor Charlie Sexton, actualmente
en la banda de directo de Bob Dylan. Entre ambos combinan con especial
intensidad guitarras acústicas, eléctricas, armónicas
y voces, y el resultado es poco menos que espectacular, por su nitidez
y por su calidad. Michael Fracasso es un cantautor de primerísimo
nivel, con unas letras brillantes y poéticas, con un una voz tenor
que evoca a la de Roy Orbison o Vince Gill, y con un estilo vocal igualmente
convincente tanto si se trata de cantar country, folk o blues. En “Back
to Oklahoma”, Fracasso y Sexton ofrecen quince exclentes temas, algunos
procedentes de sus anteriores trabajos, como “Back to Oklahoma”, “Nervous
mind”, “Brazos River Blues”, “Big sister” o “When I lived in the wild”,
y algunos nuevos, como “Gypsy moth” o “1962”, además de tres versiones,
como los clásicos “Winin’ boy blues” de Jelly Roll Morton, “John
Hardy” popularizado por Leadbelly y “Dirty old town”. Sin duda, uno de
los álbumes del año 2001, muy adecuado para introducirse
en la producción discográfica de uno de los talentos del
country-folk más olvidados por el gran público como es Michael
Fracasso. Después de escuchar este “Back to Oklahoma” uno no puede
evitar pensar en qué carajo estarán pensando los cazatalentos
de las grandes discográficas!
Terminamos
con un poco de “hardcore Texas country music”, la que nos llega de la mano
de un joven talento llamado Jesse Dayton (http://www.jessedayton.com).
Su tercer trabajo se titula “Hey Nashvegas!” y comprende trece temas que
cubren todo el abanico de estilos posibles en la música country
tejana (honky tonk, baladas, western swing, tex-mex, country-rock). De
ellos, doce corresponden a destacadas composiciones del propio Jesse Dayton,
quien demuestra que además de cantar como el mejor y de escribir
buenas melodías y excelentes arreglos, sabe llenarlas de sentimiento
con unas letras más elaboradas y poéticas que en la mayoría
de temas de la música country arquetípica, mientras que el
tema restante es una versión de “I dream too” de Bruce Robison y
Jim Lauderdale. Ejemplos de la maestría de Jesse Dayton con las
letras los podemos encontrar en canciones como “Never Started Living,"
"Date with the Angels," "Heartbreak California" o "Letter to Home", mientras
que otros temas destacan por su potencia musical, como el inicial “Hey
Nashvegas” o el contagioso western swing de “Pandhandle Jane”, donde colaboran
las Dixie Chicks con sus voces. Otros colaboradores ilustres del álbum
son Johnny Gimble y Brantley Kearns (de la banda de Dwight Yoakam) al fiddle,
Floyd Domino (George Strait) al piano, Mickey Raphael (Willie Nelson) a
la armónica, John Jorgenson (Desert Rose Band) al bajo y las voces,
Flaco Jiménez al acordeón y Mandy Barnett a las armonías
vocales, que se suman a una excelente banda propia en la que brilla Brian
Thomas a la steel guitar y al dobro. Si los dos primeros álbumes
de Jesse Dayton (“Raisin’ Cain” y “Tall Texas Tales”) son ya preciadas
joyas para los amantes de la mejor y más auténtica música
tejana, este “Hey Nashvegas!” no se queda atrás en tal carrera.
Un álbum absolutamente imprescindible de un joven artista sobre
el que un cronista del periódico The Seattle Rocket escribió
una vez: “Quién dice que Elvis está muerto? Yo le he visto
y actualmente se hace llamar Jesse Dayton”.
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