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Número 16 - Noviembre/Diciembre 01
“Turkeygrass”, el bluegrass según The
Wild Turkey Band
Recuperando el tiempo perdido: Entrevista a Michael
Woody
The Ecclectic Corner
"Turkeygrass", el bluegrass según The Wild Turkey Band
El pasado 26 de octubre el grupo barcelonés de bluegrass The Wild Turkey Band (http://www.terra.es/personal7/turkeygrass) presentaba en el Centre Artesà Tradicionàrius (CAT) de la ciudad condal su primer álbum, “Turkeygrass”. Para ello reunieron a la formación completa –y estelar- de la banda, en la que no faltaron invitados como James Lynch, un cowboy cada vez más abierto a nuevos estilos, quien cantó el himno bluegrass “Blue moon of Kentucky”, o como el excelente mandolinista Oscar Zanón. La banda está liderada por el que fue presentado como “el culpable de todo”, el banjista Lluís Gómez, bien secundado por el otro puntal del grupo, Josep Traver, a la guitarra acústica, además de David Vilà a la voz solista y mandolina, Josemi Moraleda al bajo acústico, Joan Pau Cumellas a la armónica, Colum Pettit al fiddle y el maestro Ricky Araiza al dobro, banjo y guitarra acústica.
Con esta formación, y con referentes tan distintos como Bill Monroe, Flatt & Scruggs, Don Reno, Bela Fleck o Bill Keith, The Wild Turkey Band fueron desgranando su repertorio, basado lógicamente en su mayor parte en los temas del álbum. Sin olvidar su base de bluegrass, y gracias a la formación académica de la mayoría de sus miembros, The Wild Turkey Band se adentraron con pie firme en otros estilos que igualmente requieren virtuosismo, como el jazz, el dixieland o la música celta, sin que su propuesta musical se tambaleara lo más mínimo. Como suele ser habitual, los breakdowns, temas tocados a toda velocidad como “Hickory Holler” o la adaptación “Foggy Mountain Special” arrancaron los mayores aplausos de las cerca de 150 personas que se congregaron en el CAT. Otros momentos estelares fueron las versiones de los clásicos “Man of constant sorrow”, un superventas gracias a la película “O Brother”, “Whiskey before breakfast”, o “Don’t think twice it’s alright”, de Bob Dylan.
The Wild Turkey Band se formó hace tan sólo dos años
y desde entonces han venido realizando una admirable labor en la difusión
del bluegrass en nuestro país, junto con la labor pionera y tozuda
de Maria Ricart y Heri Ródenas y su histórica formación,
Bandana, así como el recientemente desaparecido portal español
de bluegrass, BluegrassClub. “Turkeygrass” es, pues, una prueba más
de la creciente vitalidad de este estilo musical, que poco a poco va ganando
en difusión y adeptos. Esperemos que podamos seguir gozando por
mucho tiempo del buen hacer de The Wild Turkey Band y que este meritorio
“Turkeygrass” sea sólo el primer paso de una larga carrera.
Recuperando el tiempo perdido: Entrevista a Michael Woody
Corría
el año 87 o 88 cuando me empecé a interesar de verdad por
la música country. Por aquel entonces ya era un devoto seguidor
de los legendarios Joan Tortosa con su “Country Express” y Manolo Fernández
con su “Toma 1” en Radio 4 y Radio 3, respectivamente. Ambos eran programas
muy interesantes, en los que había un excelente equilibrio entre
la música que se emitía y la información que se daba,
lo que era perfecto para que uno pudiera irse formando lentamente en un
territorio tan desconocido y lejano como era la música country en
ese momento para mí. Recuerdo con agrado, además, algunos
jingles realmente sugestivos que aparecían en el programa de Manolo
Fernández, como aquellos que rezaban “¡Respira aire fresco!”
o “La industria nos da la razón: el country es la música
del siglo XXI”. Sin embargo, lo verdaderamente mágico de ambos programas
era la impecable selección musical. Claro está que en esa
época era mucho más fácil -o quizás más
difícil, por lo que la abundancia de material de calidad entrañaba
de dificultad en la selección- ya todo lo que salía al mercado
era realmente excepcional. Era la época de “Storms of Life”, “Always
and forever” o “Old 8 x 10” de Randy Travis, de “Lone Star State of Mind”
de Nanci Griffith, de “Here in the real world” de Alan Jackson, de “Pontiac”
de Lyle Lovett, de “Guitar town” y “Exit 0” de Steve Earle, o de “A dozen
roses” de la Desert Rose Band, por destacar algunas de las grabaciones
memorables de la época.
Como buen aficionado, leía con pasión los créditos de los álbumes. Pronto me di cuenta de que dos de las canciones que más me gustaban, “The rain came down” (Steve Earle) y “He’s back and I’m blue” (Desert Rose Band) tenían un denominador común: estaban co-escritas por un enigmático personaje llamado Michael Woody. Mi afición siguió creciendo y seguí adquiriendo más y más CDs de música country. Recuerdo que escrutaba los créditos de las grabaciones en busca de más canciones del tal Michael Woody. Pero todo fue en vano: parecía haberse desvanecido. ¿Cómo era posible que nadie grabara otras canciones suyas, que seguro que eran igual de buenas? ¿O es que no había escrito ninguna más? ¿Estaría retirado?
Pasó el tiempo y en 1996 llegó para mi el descubrimiento de internet. Las primeras búsquedas en los localizadores habituales incluyeron las palabras “Michael Woody”, aunque nada relevante aparecía, aparte de los créditos de las canciones que ya conocía. Acto seguido me dí de alta en la lista de correo Exit 0, dedicada a uno de mis artistas favoritos, Steve Earle, aún hoy en funcionamiento, e hice la misma pregunta, sin obtener respuesta alguna. Cuando ya casi había perdido la esperanza de saber quien era y qué hacía el tal Michael Woody, con el mes de enero de 1998 llegó la noticia de que había salido al mercado el CD de debut de un nuevo dúo que respondía al nombre de The Woodys y que estaba formado por Michael Woody y su esposa Dyann. De repente, ahí estaba, salido de la nada y con nuevas canciones. Creo que no tardé ni cinco minutos en adquirirlo a través de internet.
Cuando llegó el CD a casa estaba realmente impaciente por saber cómo sonaría y por comprobar qué nivel tendrían esas nuevas canciones. Creo que lo abrí y empecé a escuchar sin tan siquiera haberme quitado el abrigo un frío día de primeros de febrero. Aún recuerdo la primera impresión al escuchar el redoble inicial que abre el tema con el que empieza el álbum, al que siguen el punteo de la telecaster de Albert Lee, la irrupción del afilado fiddle de Glen Duncan y, finalmente, la perfecta mezcla de las voces de Michael y Dyann Woody. El tema era “Mama and them” y era más contagioso que una gripe en invierno. No hay mejor manera de empezar un álbum que con temas que atrapan a la primera escucha, algo que por ejemplo Alan Jackson conoce a la perfección gracias a sus “Chatahochee” y “Summertime blues”. Lógicamente, el resto del álbum de los Woodys estaba a la altura de la pirotecnia inicial, y rápidamente se convirtió en uno de mis discos favoritos.
En mayo del 2000 tuvimos, los que allí estábamos, el inmenso placer de verlos actuar en directo en el Jambalaya, una actuación espléndida en la que demostraron que en la mezcla tan perfecta de sus voces no hay ningún truco de estudio. En esta actuación repasaron la mayor parte de temas de su disco de debut y estrenaron otros que estaban destinados a formar parte de su nuevo disco, previsto para el primer semestre del año 2002. Este nuevo trabajo, que llevará por título “Teardrops and diamonds” es el tema central de la entrevista que hemos mantenido con Michael Woody. Valga este largo y personal preámbulo para decir que, precisamente por esta historia que os he contado, ha sido para mí un verdadero placer y privilegio el poder charlar con Michael Woody de manera exclusiva para la revista Jambalaya.
Con su amabilidad habitual, Michael Woody se muestra totalmente abierto a hablar del nuevo trabajo e incluso a revelar algunos de sus secretos: “El álbum va a contar con algunos músicos estelares, como el legendario Al Perkins a la steel-guitar, lap steel y dobro, Tammy Rogers al fiddle y mandolina, Jimmie Fadden (Nitty Gritty Dirt Band) a la armónica, Cactus Moser (Highway 101) y Billy Block a la batería, Dave Pomeroy al bajo, Leslie Satcher a las armonías vocales, Steve Conn a los teclados y Kenny Vaughn, Cam King, Jeff King y Pat Buchanan a las guitarras. Dyann y yo mismo tocamos las guitarras acústicas y yo además he tocado la mandolina e incluso la trompeta!”. El álbum aún no tiene discográfica y en estos momentos Michael y Dyann Woody están negociando con varios sellos.
Para Michael Woody las expectativas sobre qué rendimiento puede dar de sí el nuevo álbum son elevadas: “Estamos realmente excitados con el que será nuestro segundo CD y esperamos que tenga una acogida similar al disco de debut. Sabíamos que era un buen disco, pero nos quedamos agradablemente sorprendidos cuando vimos que llegaba hasta el número 1 de la lista Gavin Americana. La reacción de los fans también fue extraordinaria.Fue un momento realmente increíble!” Este espléndido recibimiento de público y crítica fue un merecido reconocimiento a los duros años de anonimato que siguieron a los éxitos iniciales de finales de los 80. Michael Woody estuvo al filo de iniciar una carrera en solitario allá por 1990. Apoyándose en los éxitos ya comentados de Steve Earle con “The rain came down” y de The Desert Rose Band con “He’s back and I’m blue”, Michael Woody probó para varios de los grandes sellos y mantuvo varias reuniones con ejecutivos, pero al final nada cuajó. La escena musical independiente de entonces no era tan fuerte como ahora y Michael decidió no aventurarse en ese terreno. A pesar de ello, siguió escribiendo canciones para otros artistas (Barbara Mandrell, Clay Walker, David Lee Murphy) e incluso realizó algunas giras por el extranjero como artista en solitario.
En 1993, cuando Dyann entró de nuevo en su vida (habían sido amigos durante su juventud en su Colorado natal), Michael ya había perdido cualquier esperanza de obtener un contrato discográfico. La llegada de Dyann, con la que se casó unos meses más tarde, reactivó los ánimos y, oh casualidad!, resultó además que ambas voces armonizaban a la perfección. Ello hizo renacer en Michael la ilusión por grabar un álbum. La cosa fue tomando forma hasta que Michael y Dyann tomaron la decisión de lanzarse al ruedo musical como dúo, como The Woodys. El álbum, titulado sencillamente “The Woodys”, no sólo llegó a la cima de la lista Gavin Americana, sino que además fue elegido como el quinto mejor álbum del año por el portal de internet country.com y Michael y Dyann fueron elegidos como Mejor Dúo Vocal Country en Bélgica.
Después del bienvenido ajetreo que supuso el éxito del disco de debut, The Woodys se han tomado su tiempo en la confección del nuevo álbum, algo que ha sido hecho a conciencia: “Lo hemos producido nosotros mismos, por lo que hemos podido hacerlo a nuestra manera, dedicándole todo el tiempo que hemos estimado conveniente. Además hemos disfrutado mucho durante todo el proceso y tenemos unas enormes ganas de compartirlo con el mundo!”. Como era de esperar, “la base del nuevo disco siguen siendo nuestras armonías vocales, aunque el sonido global del álbum es más duro, algo más alejado del folk que nuestro disco de debut”. Sin embargo, según apunta Michael Woody, las mayores diferencias se encuentran a nivel instrumental y de arreglos: “Hemos incluído una mayor diversidad de instrumentos y sonidos para conseguir una mejor conjunción con nuestro estilo vocal”. Otras diferencias entre el disco de debut y este nuevo álbum se observan en la composición de las canciones, de manera que si en el primer disco la mayoría de temas pertenecían al catálogo de Michel Woody, “en el nuevo trabajo Dyann y yo nos hemos repartido los créditos, de forma que algunos temas han sido escritos conjuntamente, otros por Dyann en solitario y otros por mi en solitario”. De todas formas, a pesar de lo alto que está el listón, The Woodys esperan que el álbum sea recibido igual de bien o incluso mejor que su anterior trabajo. “Las expectativas en relación a este nuevo trabajo están muy altas, aunque pensamos que hemos hecho un disco incluso mejor que el anterior y confiamos en que tenga un mayor impacto a nivel comercial”.
Hace aproximadamente un año y medio salieron al mercado, casi simultáneamente, dos álbumes de homenaje a Gram Parsons. Uno de ellos, “The Gram Parsons Notebook: The Last Whippoorwill”, contenía un tema interpretado por The Woodys. La canción se titulaba “A song for you” y era uno de los momentos más especiales de un álbum repleto de estrellas como Ricky Skaggs, Carl Jackson o Jim Lauderdale. El tema empieza de forma humilde con el rasgueo de una guitarra, al que se añade primero la clara y cálida voz de Michael Woody y la sensual voz de Dyann después. Los casi seis minutos de “A song for you” son un crescendo al que se le van añadiendo progresivamente el resto de instrumentos (guitarra eléctrica, batería, piano, steel guitar y bajo). La extraordinaria versión que realizaron de este clásico de Gram Parsons atrajo nuevo público para The Woodys, la mayoría fans de Gram Parsons: “Últimamente hemos estado tocando este tema en directo y ha gustado mucho, sobretodo a los fans de Gram!”. Michel Woody aprovecha para contarnos como se vio envuelto en el proyecto: “Llevaba un tiempo escribiendo canciones con Mike Ward, que justamente era uno de los responsables del proyecto. Un día me enseñó la libreta de notas de Gram Parsons, en la que se basa el disco, y aluciné! No sabía que existiera tal documento!”. Siendo Mike Woody un gran fan de la música de Gram Parsons, se ofreció a colaborar en el proyecto: “Le dije que quería participar y la respuesta en ese momento fue que no había más ideas para nuevas canciones que las que ya habían sido grabadas. Todas ellas eran temas de los que Gram sólo había escrito la letra y que no tenían música, que es lo que añadían los artistas. El único tema ya grabado que aparecía en la libreta era “A song for you” y propuse que Dyann y yo pudiéramos grabar ese tema. Mike Ward aceptó y al final, afortunadamente para nosotros, formó parte del álbum”.
Casi inmediatamente después de la grabación de “A song for you”, The Woodys empezaron a trabajar en el nuevo álbum. Su actitud ante la creación de un nuevo álbum parece realmente la de un orfebre cuidando hasta el último detalle de la joya en la que está trabajando: “Tenemos las ideas claras respecto a lo que queremos y se necesita tiempo para ponerlas a la práctica, de aquí que haya habido este intervalo de tiempo tan grande entre álbumes. Por ejemplo, la grabación de este nuevo disco nos ha ocupado desde marzo hasta septiembre de este año. El proceso de elaboración realmente consume mucho tiempo, tanto desde el punto de vista creativo como comercial.”
Michael y Dyann tienen ya el punto de mira puesto en la carretera y en las actuaciones que deberán hacer para promover el nuevo álbum así que salga a la venta. Para el próximo verano se prevé una actividad frenética: “Tenemos pensado realizar una extensa gira por Europa para el verano de 2002 y esperamos tener la oportunidad de volver a España. Aún recordamos lo bien que lo pasamos en el Jambalaya, donde la gente se portó de maravilla con nosotros”.
Esta es la actualidad de The Woodys, uno de los pocos dúos estables
en el mundo del country. Mientras esperamos la salida al mercado de su
nuevo trabajo, ya podemos ponerles deberes a Hanny y Andreu: traerlos de
nuevo al Jambalaya el próximo verano. Esperemos que los vientos
sean favorables!
Dierks Bentley: "Don't leave me in love"
Irene Kelley: “Simple path”
Kimberly Williams: "Kimberly Williams"
Florence Dore: "Perfect city"
Amber Casares: "Can I go home with you?”
The Heymakers: "Making hey"
Juliet at the Rodeo: "40 Alt West"
I See Hawks in LA: "I see Hawks in LA"
River Zydeco Band: "Zydekosis"
Delbert McClinton: "Nothing personal"
Billy Joe Shaver: “The earth rolls on”
Tim Easton: The truth about us”
Tim Easton: "Special 20"
Si algo tiene Nashville es que siempre llegan a la ciudad talentos en busca de dinero, reconocimiento y fama, tal como quedó perfectamente retratado en la película “The thing called love”, la última que protagonizó River Phoenix antes de morir. Dierks Bentley (http://www.dierks.com), un joven artista que se presenta con un fabuloso disco de debut, “Don’t leave me in love”, responde perfectamente al estereotipo acuñado en la película. Dierks Bentley lo tiene todo para triunfar en el mundo del country: es alto, bien parecido, con una voz similar a la de George Strait, aunque con inflexiones propias de George Jones, y tiene un gran talento para escribir excelentes canciones (una muestra: “Like the leaves I get restless / I just can’t seem to settle down / When the autumn wind blows it cuts right to my soul / And pulls my roots of the ground”). El álbum ha sido producido por Mike Ward y no contiene nada más que puro country al estilo neo-tradicionalista de finales de los 80, con unas influencias que oscilan entre el honky-tonk, el country tradicional y el bluegrass, este último gracias a las colaboraciones de unos Ronnie McCoury y Jason Carter que refuerzan el altísimo nivel instrumental de las grabaciones. El disco empieza con un tema de los que atrapa a la primera escucha, “Always be me”, al que le siguen otras joyas como la balada que da nombre al disco, “Don’t leave me in love”, “Midnight radio”, “Bartenders, barstools and barmaids”, “Walkin’ papers” o “Why do you love me”. Un álbum equivalente a lo que en su momento representaron “Here in the real world” de Alan Jackson o “Killin’ time” de Clint Black, imprescindible para los fans del mejor country neo-tradicionalista.
Otro álbum del que sólo se pueden cantar excelencias es el disco de debut de Irene Kelley, “Simple path”, editado en Relentless Nashville Records (http://www.irenekelley.com). A diferencia de Dierks Bentley, Irene Kelley llevaba ya tiempo en Nashville escribiendo canciones para gente como Ricky Skaggs, Loretta Lynn, Trisha Yearwood, Dale Ann Bradley, Brother Phelps, Rhonda Vincent, Claire Lynch o Carl Jackson. Al final Irene Kelley se decidió a grabar su propio material y, vista la calidad del producto final, sorprende que no materializara su proyecto mucho antes. “Simple path” (número 2 en la lista del formato Americana durante varias semanas) es un disco mayoritariamente acústico y de sonido cristalino que discurre por los caminos del country teñido de folk y bluegrass y en el que intervienen músicos tan reputados como Claire Lynch, Aubrey Haynie, Brent Truitt, Viktor Krauss o el multi-instrumentista Scott Neubert. El plantel de co-compositores de los temas también pone sobre aviso de la calidad esperable, con nombres como Kim Richey, Darrel Scott, Mark Irwin y la mencionada Claire Lynch. El álbum de Irene Kelley se inicia con un tema de los que atrapa completamente ya a la primera escucha, como es “A little bluer than that”, al que siguen un éxito en la voz de Trisha Yearwood como “O Mexico” y “Not so different after all”, versionado en su momento por Brother Phelps. Otros grandes momentos del álbum son “Scorns of time”, “It wasn’t me”, “Constant state of grace”, “Jealousy”, “One fine day” o “Never lookin’ back”. Uno de los discos memorables de este 2001 que llega a su fin.
Siguiendo con el country de corte más tradicional nos encontramos con otro álbum de debut una artista femenina, el de la tejana afincada en Nashville Kimberly Williams (E-mail: klwtexas@aol.com), donde actúa regularmente en el conocido local Tootsie’s. En su momento estuvo en la órbita de los grandes sellos discográficos, aunque la operación no cuajó por ser su estilo demasiado tradicional para los tiempos que corren actualmente en Music Row. Ello no ha sido impedimento para que Kimberly Williams siguiera adelante con su proyecto musical, un álbum titulado simplemente “Kimberly Williams” y repleto de buen country en el mejor estilo de los años 40 y 50. Su voz es sedosa y susurrante, parecida a la de Lorrie Morgan, y se ajusta perfectamente a los arreglos retro de sus temas, en los que destacan las delicadas texturas aportadas por las guitarras eléctrica y acústica de Kenny Vaughan (Rodney Crowell, Trisha Yearwood, Jim Lauderdale, Billy Joe Shaver) y por la steel-guitar de Pat Severs (Pirates of the Mississippi). De los diez temas del álbum, cinco están compuestos por la propia Kimberly Williams, mientras que el resto son versiones de temas tan conocidos como “Ring of fire” (Merle Kilgore/June Carter Cash), “Big bouquet of roses” (Marty Robbins), “Together again” (Buck Owens) o “I sang Dixie” (Dwight Yoakam), además del tema de su colaborador Tracy Adams, “Big Cadillac”. Los cinco temas propios -las baladas “Rained on” y “Don’t wait for me”, el tema al estilo Johnny Cash “Mule in a ditch”, el honky-tonk de “Personal add”, y el aire trucker de “Oh yes (You’re my darlin’)”- siguen la misma tónica y mantienen perfectamente el elevado nivel de calidad del álbum, lo que lo convierte en una verdadera joya para los fans del country clásico.
Dentro de lo que sería una música más cercana al roots-rock y a la música de cantautor –o alt.country, para los que prefieran este término- encontramos el álbum de debut de Florence Dore (http://www.missrubyrecords.com), una profesora de literatura americana en la Kent State University y que ha sido comparada a Lucinda Williams y a Cheri Knight. Su trabajo de presentación lleva por título “Perfect city” y en él Florence Dore ha reunido a una formación estelar de músicos, con el guitarrista y productor Eric Roscoe Ambel a la cabeza, conocido por ser el líder de The Del-Lords y por sus colaboraciones con Joan Jett, Steve Earle o Greg Trooper. Florence Dore ha escrito en solitario los diez temas del álbum, mientras que Roscoe Ambel ha orquestado unos arreglos tupidos alrededor de unas letras directas e imaginativas. En este disco encontramos desde temas cercanos al folk-rock como “Early world” o “Postcard”, a temas rockeros en el mejor estilo del Steve Earle de “Transcendental blues”, como el que da título al disco, “Perfect city”, pasando por deliciosas baladas country como “No Nashville” o “Christmas”. A destacar el otro tema country del álbum, “Everything I dreamed”, cantado a dúo con el excelente guitarrista Chris Erikson. En resumen, un buen trabajo de una nueva cantautora en la línea de las ya mencionadas y de la que se debería esperar más material de buena calidad en próximas grabaciones.
Otra chica que tiene álbum de debut, aunque en este caso se trate de un CD de tan sólo cinco temas, es la californiana Amber Casares (http://www.ambercasares.com). El mini-CD se titula “Can I go home with you?” y nos presenta a una vocalista muy en la línea de la primera época de Trisha Yearwood o de Patty Loveless, con una gran voz, buenas canciones -todas propias- y un estilo en el que se combina el lirismo de la música de los Apalaches (“Another winter night”, “The next girl in line”, “Can I go home with you?”) con la fuerza del country neo-tradicionalista (“You lied”, “I’ll say who). Hay que destacar además el excelente nivel instrumental de todos los temas del álbum, del que sobresalen las guitarras de Stan Martin, co-autor de dos de los temas. En resumen, un mini-CD que dibuja un brillante futuro para la debutante Amber Casares.
The Heymakers (http://www.heymakers.com) es un excelente sexteto formado por veteranos de la escena musical de Austin y que acaba de grabar su primer disco, “Making hey”, una colección de 18 temas originales que recorren toda la variedad de estilos posibles en el country del Lone Star State. A lo largo de los más de 51 minutos que dura este “Making hey”, The Heymakers nos ofrecen honky-tonk, western swing, tex-mex, conjunto y texas blues, con dos temas cantados en español, como “Olvido” y “Reyna es el rey”. Otros temas destacados son “Uncle Darden”, “Sea sick”, “Turn back the hands of time”, “Some of my blues”, “Texas song”, “Let you go”, “Somebody new” o “Righteous road”. Un gran álbum que hará las delicias de los fans al mejor country tejano y en el que además destacan las colaboraciones de Eric Hisaw a la guitarra solista y de Bradley Jay Williams al acordeón.
Otra banda de corte similar a los Heymakers son los originales Juliet at the Rodeo (http://www.julietattherodeo.com), provenientes de Washington DC y formados por los vocalistas y guitarristas Andrea Brown, Gregg Corr, el guitarrista Brian Kenney, el bajista Bob Walker y el batería Seth Brown. Su más reciente álbum se titula “Alt 40 West” y contiene una bien elaborada mezcla de country y rockabilly en la que destacan temas como “You’re gone for good”, “End of the line”, “Juliet you’ll see” o “Don’t tell me that you’re happy (when you’re blue)”. Un álbum interesante para aquellos que gusten de descubrir nuevas bandas.
I See Hawks in LA (http://www.iseehawks.com) es una nueva banda formada en el sur de California y que agrupa a músicos que han tocado con gente como Dwight Yoakam, Dave Alvin, John Denver o Emmylou Harris y que acaban de lanzar en Ethic Records su homónimo disco de debut. Su líder y original vocalista es Robert Rex Waller Jr., un personaje que, sobre una base de música de inequívocas raíces country, es capaz de trasladar a sus canciones visiones apolcalípticas de un Los Angeles sacudido por terremotos, la mística del desierto californiano, elementos de la música de los Apalaches y buenas dosis de la mejor psicodelia de los 60, como lo atestiguan títulos como “Nicotine & Vitamin C”, “The beautiful narcotic place I reside” o “The mistery of life”. El nivel instrumental es altísimo gracias sobretodo al fiddle y mandolina de Brantley Kearns, así como a la guitarra eléctrica y la pedal steel de Paul Lacques, mientras que la voz de Robert Waller Jr., comparada a la de Gordon Lightfoot o Gram Parsons, suena clara y agradable. Otros temas a destacar son “Turn that airplane around”, “I see hawks in LA”, “Hecker Pass” o “Don’t bury me”. Otro álbum muy recomendable para los que gusten experimentar nuevas sensaciones musicales.
River Zydeco Band (http://www.riverzydeco.nl/rizyba.html) es una respetada formación holandesa especializada en la música típica de las marismas de Louisiana, cajun y zydeco, y que en 1999 grabaron un interesante trabajo titulado “Zydekosis”. El álbum contiene 17 temas, en su mayoría versiones de los grandes artistas del género, como Boozoo Chavis con “Motor dude special”, Clifton Chenier con “Cher Catin” o “Hot tamala baby”, o Geno Delafose con “None Joe”, aunque también se incluyen temas de David Hidalgo, miembro de Los Lobos, como “Let’s say goodnight”, del legendario guitarrista Albert King, como “Don’t you lie to me” o del acordeonista de zydeco Keith Frank, como “One shot” o “Silly pudding”. Con este trabajo, “Zydecosis”, los River Zydeco Band demuestran que no hace falta tener el delta del Mississippi al lado para cultivar con éxito estilos tan complicados como el cajun y el zydeco. Un álbum realmente meritorio de una formación holandesa que sería interesante ver algún día actuando en directo en nuestro país.
Un sello que distribuye un material interesantísimo es New West Records (http://www.newwestrecords.com), con sedes en Austin y Los Angeles. Ahí es donde hay que buscar las más recientes novedades de leyendas como Billy Joe Shaver, Stephen Bruton, Randall Bramblett o Delbert McClinton, o de talentosos nuevos artistas como Tim Easton. De entre los veteranos, el que demuestra estar en mejor forma es Delbert McClinton (http://www.delbert.com), el hombre que enseñó a John Lennon a tocar la armónica, quien acaba de publicar su nuevo trabajo, “Nothing personal”, un álbum que se ha pasado de forma absolutamente merecida varias semanas en lo más alto de la lista del formato Americana, batiendo además el record de permanencia en el número 1 con 12 semanas. El disco, que lleva ya vendidas más de 150.000 copias en los USA, es un compendio del mejor country-blues del momento, con permiso del mismísimo Lee Roy Parnell, con temas tan contundentes como el inicial “Livin’ it down” o “Squeeze me in”, una excelente balada country como “Birmingham tonight” o un no menos impresionante tema fronterizo como “When Rita leaves”. Otros temas que destacan son los blues clásicos “Nothin’ lasts forever” y “All there is of me”, en los que Delbert McClinton ofrece los mejores registros de su negra voz. Además, el álbum merece el apelativo de excepcional por otros dos motivos: primero, el increíble nivel instrumental que presenta, gracias a la participación de músicos como el pianista Kevin McKendree (del que ya hablamos con motivo de la edición de su CD “Miss Laura’s kitchen”) y los guitarristas Todd Sharp, Rick Vito y Johnny Lee Schell; y segundo, porque se nota la mano de excelentes compositores como Gary Nicholson, Benmont Tench, Max D. Barnes o Doodle Owens, con quienes McClinton ha co-escrito la mayoría de temas del álbum. Pocos artistas de más de 60 años son capaces de grabar un disco con la intensidad e ilusión con la que los debutantes graban el primero, por lo que hay que respetar, y mucho, a Delbert McClinton por ser capaz de ofrecer un disco como éste. Imprescindible.
El nuevo trabajo de Shaver (http://www.billyjoeshaver.com), la banda del veterano cantautor tejano Billy Joe Shaver (“Honky tonk heroes”, “I’ve been to Georgia on a fast train”), es un álbum que ha quedado trágicamente marcado para la posteridad por ser la última grabación de Eddy Shaver, hijo de Billy Joe y guitarrista de la banda, antes de su muerte por sobredosis de heroína el 31 de diciembre pasado. El trabajo se titula “The earth rolls on” y es un disco lleno de energía, directo y combativo, en el que sobresalen la guitarra, habitualmente eléctrica, de Eddy Shaver, y las letras siempre directas de Billy Joe. Varias de las canciones, y en especial “Blood is thicker than water” tratan de la dificultad de relaciones entre padres e hijos, lo cual da al álbum un cariz emotivo, casi de despedida anticipada. Producido por el socio de Steve Earle, Ray Kennedy, el álbum cuenta además con la participación de músicos tan reputados como Gary Tallent (E Street Band), Jay Bennett y Ken Coomer (Wilco) o Kenny Vaughan (Lucinda Williams) y ofrece 14 densas canciones que ganan aceptación con cada escucha. El colofón del álbum lo pone el tema que da título al disco, “The earth rolls on”, una canción de más de seis minutos que parece ya intuir el drama que se avecina (“The earth rolls on / Even though you're gone / The earth rolls on, and on, and on”) y que termina, a modo de testamento, con un largo e impecable solo de guitarra del malogrado Eddy. Un álbum que ya es historia viva de la música americana de raíces, y no sólo por los trágicos acontecimientos que le han rodeado.
El más grande talento en ciernes en New West Records, si no ya toda una realidad, es Tim Easton (http://www.timeaston.com). Nacido en el estado de New York aunque criado en Ohio, Tim Easton ha sido capaz de armonizar perfectamente el folk de corte más tradicional, inspirado por sus ídolos Doc Watson y John Prine, con los arreglos y texturas propios del pop-rock más moderno. En sus álbumes se combinan deliciosos temas acústicos, puro folk basado en la guitarra acústica y la armónica, con intrincadas combinaciones de ritmos e instrumentos modernos como el mellotron o los samplers de batería. Con Tim Easton podríamos decir que el folk inicia su etapa cubista. Su más reciente trabajo, que ilustra pefectamente este concepto, se titula “The truth about us” y ha sido unánimemente aclamado por crítica y público. Bajo la batuta del productor Joe Chiccarelli (Beck, U2, Bangles), Tim Easton se ha rodeado de músicos como Ken Coomer, John Stirratt y Jay Bennett (los tres, de Wilco) o como Mark Olson y Victoria Williams (The Harmony Ridge Creekdippers), para sacar brillo a su talento como compositor e intérprete. El álbum se inicia con dos preciosos temas cercanos al folk como “Half a day” y “Carry me”, a los que siguen “Dowtown lights”, con sus modernos arreglos, el folk hiperclásico y acústico de “Get some lonesome” y la beatleriana “Happy now”. De ahí hasta el final, más buenas canciones y más variedad en los arreglos, corroborando las buenas críticas que ha recibido en publicaciones tan prestigiosas como Billboard, Pulse, Chicago Tribune o Country Standard Time.
Pero New West Records no sólo ha sacado
“The truth about us”, sino que este año 2001 además ha publicado
su disco de debut, “Special 20”, grabado en 1998 y editado entonces en
un pequeño sello llamado Heathen Records. Como es lógico,
“Special 20” es un disco que revela los orígenes de Tim Easton y
es mucho más orgánico que el posterior “The truth about us”.
En “Special 20” se hace evidente que estamos ante un artista proveniente
del folk pero con una gran amplitud de miras y una desbordante ambición
artística, algo así como un Ryan Adams con mayor espíritu
autocrítico y mejor selección de canciones. El álbum
empieza con un “Just like home” que parece un “Subterranean homesick blues”
de Bob Dylan puesto al día, al que le sigue el ritmo country-folk
del tema que da título al álbum. Otros grandes momentos del
álbum son “Troublesome kind”, un precioso tema impulsado por la
mandolina y el banjo y con un fondo de acordeón, las baladas “All
the pretty girls leave town” y “Sweet violet” y la impresionante story-song
que pone fin al álbum, “Rewind”. “Special 20” y “The truth about
us” son dos espléndidos álbumes que tienen el mérito
de descubrirnos a un artista que está llamado a ser uno de los grandes
cantautores de los inicios del siglo XXI.
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