Número 15 - Septiembre/Octubre 01

The Ranch Hands, un nombre a tener en cuenta
XIV Country Rendez-Vous Festival
The Ecclectic Corner
 

The Ranch Hands, un nombre a tener en cuenta

El pasado 25 de julio se presentaron en La Boite, en Barcelona, una joven formación proveniente de New York llamada The Ranch Hands. Esta actuación de Barcelona formaba parte de una mini gira de 5 actuaciones por España, a la que seguían actuaciones por Alemania y por Italia. The Ranch Hands son un quinteto liderado por Jamey Garner, voz solista y armónica y  Chris Tedesco, guitarra acústica y fiddle, y que completan su formación con David Chernis, guitarra eléctrica y lap steel, Mike Plotino, bajo, y Chris Carroll, batería. La banda había hecho circular entre medios de comunicación especializados una maqueta con cuatro temas propios que apuntaban buenas maneras y no había que dejar pasar la oportunidad de verlos en directo para ver como se desenvolvían sobre el escenario.

La actuación se inició con uno de los temas propios, “Everyone but you”, una gran canción del dúo Garner-Tedesco, en la que se combinan perfectamente una bonita melodía, unas letras inteligentes y un elevado ritmo, apto para acompañar la conducción en cualquier carretera solitaria. El tono de la actuación no decayó, sino que ante la satisfacción de las cien personas que presenciaban la actuación fue in crescendo en cuanto a calidad e intensidad. La cálida voz de Jamey Garner, los suaves y envolventes toques de steel de David Chernis y el explosivo fiddle de Chris Tedesco fueron los principales argumentos de la banda, que se ganó al público con su buena actuación. Otros grandes temas propios que interpretaron –y que arrancaron aplausos y emociones entre el público- fueron la balada “Another you”, el trepidante “Backwoods boy” y, especialmente, un tema que por su belleza podría muy bien ser un hit, toda una perla titulada “Birmingham”. The Ranch Hands incluyeron además en su repertorio algunas versiones de temas muy bien seleccionados, como “East bound and down” de Jerry Reed, “Guitars, cadillacs” de Dwight Yoakam, “Pink houses” de John Mellencamp y “Angel from Montgomery” de John Prine, entre otras.

The Ranch Hands es una muy buena banda, con un futuro que parece ser prometedor debido a la juventud de sus miembros, a su calidad como músicos y al nivel de sus composiciones. La citada “Birmingham”, una canción sobre la soledad del artista cuando está de gira, lejos de sus personas queridas, es una composición de máximo nivel y puede ser el ariete que permita penetrar a esta joven banda en el mercado una vez saquen su disco de debut, algo que sucederá antes de final de año. Además, parece ser que debido al éxito de estas actuaciones españolas les podamos ver de nuevo en directo allá por el mes de febrero o marzo del año próximo. Si llega el momento, no os perdáis a The Ranch Hands. Es una apuesta segura.
 

XIV Country Rendez-Vous Festival

Una año más, fiel a su cita del último fin de semana del mes de julio, la localidad de Craponne-sur-Arzon (Haute Loire, Francia) acogió a los miles de aficionados al country que llenaron el recinto del Country Rendez-Vous Festival. El objetivo, el de siempre: degustar en directo la música de algunos de sus artistas favoritos, descubrir algunos nuevos, reencontrar viejos amigos y, en definitiva, pasar un entretenido fin de semana en el precioso macizo central francés.

La edición de este año presentaba, a mi entender, un cambio de enfoque respecto a anteriores ediciones. Después de los fiascos de ediciones anteriores con artistas supuestamente estrellas del country como Jason Sellers, Redmon & Vale, e incluso Chad Brock, el giro a la hora de contratar a las cabezas de cartel fue radical. Ya no más country-pop estereotipado, insulso e edulcorado. Georges Carrier y sus colaboradores cogieron el toro por los cuernos y fueron derechitos al grano con nombres como Heather Myles, Danni Leigh o BR549, que sin duda atrajeron, si cabe, a un número mayor de fans. Además, las actividades de fuera del recinto del festival han ido aumentando año tras año, con desfile de motos Harley-Davidson, exposición de coches americanos, actuaciones gratuitas en varios rincones del pueblo, e incluso la participación de las mejores voces del festival en la misa del domingo.

La representación española –mayoría de catalanes, aunque con también con visitantes provenientes de lugares tan lejanos como las Islas Canarias- fue la más nutrida de las catorce ediciones, lo cual prueba que el festival se está consolidando no sólo a nivel francés, sino que cuenta cada vez con más adeptos de más allá de las fronteras galas. El montaje del escenario también ha ido creciendo en espectacularidad, con equipos de video y dos pantallas gigantes que permiten acercar las imágenes de lo que sucede en el escenario hasta el rincón más apartado del recinto. En resumen, catorce ediciones es ya un número muy respetable y ello se nota en la envergadura que ha cogido este festival que tan modestamente se inició en la localidad vecina de Dore l’Eglise.

Rhonda Vincent - Foto Lluís SalaIniciando el repaso a lo que dio de sí el festival, hay que decir que, igual que sucedió el año pasado, hubo sorpresa. Si el año pasado fueron los Lonesome River Band, uno de los mejores conjuntos de bluegrass del momento, quienes acapararon las ovaciones del público, este año la respuesta más entusiasta se la llevó también un grupo de bluegrass, Rhonda Vincent & The Rage. Calificada como “la nueva reina del bluegrass” por The Wall Street Journal y elegida como la mejor vocalista femenina del 2000 por los miembros de la International Bluegrass Music Association, Rhonda Vincent demostró sobradamente el porqué de tales elogios. Con una banda en la que brillan con luz propia el violinista Mike Cleveland y el banjista Tom Adams, Rhonda Vincent deleitó al público con su voz, firme y dulce al mismo tiempo, y con una cuidada selección de temas que cubrían todo el abanico de velocidades posibles del bluegrass, para mayor lucimiento de los músicos antes mencionados. El concierto fue sobretodo un repaso a sus dos últimos y exitosos álbumes en Rounder Records, “Back Home Again” editado en el 2000, y el reciente “The Storm Still Rages”. Del primero cobraron vida en el escenario temas como “Lonesome Wind Blues”, “When I Close My Eyes”, “Passing of the Train” y el clásico de Dolly Parton, “Jolene”, mientras que del segundo recordamos “Cry Of The Whippoorwill”, el homenaje a Bill Monroe “Is The Grass Any Bluer”, el clásico “Drivin’ Nails In My Coffin”, “Bluegrass Express” y la balada “Just Someone I Used To Know”. Simplemente sensacional. Esperamos y deseamos que los organizadores sigan en esta línea de traer al menos un grupo de bluegrass de primera línea, porque el éxito y la buena acogida por parte del público están garantizados.

También recogieron una buena cosecha de aplausos los restantes cabezas de cartel, es decir, Heather Myles, Trent Summar, Danni Leigh y BR549. De Heather Myles, quien hacía su primera actuación en Francia, hay que decir que ofreció un buen concierto, aunque quizás por ello algo previsible. La artista californiana repasó los mejores temas de sus tres álbumes de estudio, entre los que recordamos “Love Lyin' Down”, “The Other Side of Town”, “Love Me a Little Bit Longer” o “Kiss an Angel Good Morning” y demostró que la voz poderosa de sus grabaciones no es producto de ningún truco de estudio. De su actuación lo único que hay que lamentar es lo corto de la banda de acompañamiento (batería, bajo y guitarra eléctrica, además de la guitarra acústica de la propia Heather Myles), ya que se echaron en falta como mínimo una steel-guitar y un fiddle que certificaran el genuino sonido honky-tonk que uno puede escuchar en sus discos.

Trent Summar - Foto Lluís SalaTrent Summar era el cabeza de cartel de la noche del sábado y fue seguramente el artista más controvertido del festival. A él le tocó la misión imposible de salir al escenario después de la exhibición de Rhonda Vincent & The Rage y meterse al público en el bolsillo. La táctica: fuego a discreción! Con su estilo histriónico, con una actitud desafiante a veces rayando el punk y con una contundencia musical poco habitual en este festival (afiladas guitarras eléctricas arañaban las notas a velocidad de vertigo), Trent Summar dejó profunda huella, tanto a los que gustó como a los que no. Yo, personalmente, me cuento entre los primeros. Para mi, ésta fue una de las actuaciones que más voy a recordar de todas las ediciones del festival a las que he asistido, junto –por otros motivos- a las de gente como Steve Earle, Kathy Mattea, Hal Ketchum, Lonesome River Band o Dale Watson. Sobre una base indiscutiblemente country (ahí están títulos como “New Money”, “I’m country” o “Colene”), Trent Summar y su sólida banda añaden unas capas de excelentes guitarras eléctricas, todo ello aderezado con una impresionante garra en el escenario. El resultado es algo así como unos Jason & The Scorchers puestos al día, un artista y una banda que ofrecen una música country de inicios del siglo XXI. Para mi gusto, una fantástica actuación, llena de energía y contagiadora de buenas sensaciones.

Danni Leigh - Foto Lluís SalaDanni Leigh era el primer gran plato fuerte de la tarde del domingo –después vendrían los fabulosos BR549- y creo recoger la sensación mayoritaria si digo que gustó a medias. Su actuación, acompañada por la banda The Souvenirs, fue buena. El repertorio, como es lógico, consistió en un repaso a los mejores temas de dos álbumes (“If the Jukebox Took Teardrops”, “Beatin’ My Head Against the Wall”, “Longnecks, Cigarrettes”), además de versiones de temas clásicos como el “It Wasn’t God That Made Honky Tonk Angels” de Kitty Wells. Sobre el escenario nadie duda de que se entregó al máximo, a pesar de las 17 horas de viaje desde Polonia, lugar de la actuación del día anterior. Entonces, ¿qué pasó? A mi entender, dos cosas: una, el show resultó algo anquilosado, dando la sensación de que todo estaba perfetcamente calculado y milimetrado, y que ningún miembro de la banda podía lucirse demasiado con su instrumento; y dos, unos arreglos pobres en cuanto a matices, con una banda en la que abundaban en exceso los instrumentos eléctricos (dos guitarras eléctricas casi limitadas a una función rítmica y una steel-guitar) y se echaban en falta la dulzura de las guitarras acústicas, fiddles, mandolinas y acordeones que adornan sus dos excelentes discos. Por el contrario, Danni Leigh explotó al máximo su imagen de sex-symbol con infinidad de gestos y movimientos sensuales, lo que aportó espectacularidad visual a su actuación (al menos entre el público masculino), pero que abre la puerta a la especulación sobre cuánto hay de verdad en sus álbumes de estudio y cuánto es producto del márketing de Nashville. Quiero pensar, y espero que así se demuestre en siguientes trabajos, que tanta calidad como la que hay de su disco de debut “29 Nights”, com varias composiciones propias, no puede ser producto simplemente del diseño comercial.

BR549 - Foto Lluís SalaLos que no son producto del márketing son los BR549. Ahí estaban tocando por propinas en el Robert’s Western World en el Broadway de Nashville hace tan sólo 5 o 6 años, con su inconfundible estilo retro, y aquí están hoy, abriendo grandes festivales y aún ofreciendonos el mismo tipo de música sin perder por ello un ápice de vigencia. Su propuesta, estilísticamente hablando, no pasa más allá de lo que sería la música americana de los años 50, a excepción de su versión de “I’ve Been to Georgia on a Fast Train” de Billy Joe Shaver, un tema de los primeros 70. Rockabilly, country, swing, jazz y una mezcla de todo ello al mismo tiempo es lo que ofrecieron al entusiasmado y perplejo público del Country Rendez-Vous Festival. Detrás de los vocalistas y guitarristas (y compositores de la mayoría de temas) Chuck Mead y Gary Bennett, estaban los siempre efectivos Don Herron a la steel-guitar, fiddle y mandolina (presentado por sus compañeros como el mayor currante sobre el escenario), Smilin’ Jay  McDowell, aportando cohesión con su bajo acústico, y Shaw Wilson a la batería. Para los BR549 ésta era también su primera actuación en Francia, por lo que repasaron temas de sus anteriores álbumes, como “Cherokee Boogie “, “Out of Habit”, “Storybook Endings”, “18 Wheels and a Crowbar “ o “Six Days on The Road“, además de presentar su flamante nuevo trabajo en Sony/Columbia, “This is BR549” con temas como “Too Lazy To Work, Too Nervous To Steal”, “Fool Of The Century“ o la versión del tema de Anne Murray, “A Little Good News”. Una gran actuación, digna de unos cabezas de cartel de festival.

Mike Bella - Foto Lluís SalaRepasando lo que dieron de sí el resto de actuaciones, hay que decir que el festival se inició con dos bandas de versiones, los franceses Cap Country y los canadienses Brian Sklar & The Tex Pistols, quienes se encargaron de calentar motores entre el público asistente. La tercera actuación de la noche corrió a cargo del veterano cantautor tejano Richard Dobson, quien en su momento fue definido como “el Hemingway de la música country” por Nanci Griffith, mientras que Guy Clark escogía uno de sus temas (“Forever, for Always, for Certain”) para su último trabajo “Cold Dog Soup”. A pesar de tanta expectativa levantada, y quizás por ello, la actuación de Richard Dobson fue algo decepcionante. Su música es poco florida, más bien espartana, y el acento recae de lleno en las letras de las canciones, con lo que es difícil de degustarlas en conciertos de gran formato (y más si llueve y hace frío!). Sin embargo, no todo el problema estuvo en la desavinencia entre estilo y recinto, sino que por desgracia la voz de Richard Dobson tampoco estuvo demasiado a la altura de las circunstancias.

Steel guitar Mike Bella - Foto Lluís SalaPor lo que respecta al sábado, abrió el fuego el artista holandés Frank Jansen, escogido mejor cantante country del año en los Países Bajos, seguido de una banda francesa de country-rock y de roots-rock llamada The Buckaroos. Liderada por el guitarrista, mandolinista, cantante y compositor Thierry Magnière, The Buckaroos ofrecieron un concierto más cercano al rock y demostraron las buenas maneras que aparecen en su nuevo álbum “Masters were devils”, ya comentado en el anterior número de la revista Jambalaya. La noche del sábado terminó con una actuación de honky-tonk clásico a cargo del estadounidense Mike Bella quien repasó los temas de sus dos álbumes, “Mike Bella” y el reciente “Big in Vegas”, repleto de versiones del mejor Bakersfield sound de los 60. La actuación de Mike Bella fue sobria y efectiva, aunque quizás pecó de una cierta monotonía en la selección estilística de los temas. Sin embargo, es justo destacar que puso un buen broche a la noche del sábado y que salió airoso de la árdua tarea de actuar después de gente como Rhonda Vincent y Trent Summar.

The Marvelous Pignoise - Foto Lluís SalaEl domingo empezó con la banda sorpresa habitual de cada año. Esta vez fue una banda francesa llamada The Marvellous Pignoise, quienes dejaron boquiabiertos a los asistentes con un interesantísimo concierto de country-blues, blues, cajun, swing y jazz, un material estilísticamente similar a lo que ofrecen los americanos Devil in a Woodpile. La presencia de un cantante de color llena de matices étnicos a la música de este quinteto, en el que las percusiones, el washboard y el bajo son artesanales (el bajo es tan sólo un palo de escoba y una cuerda!!). Su repertorio está formado por temas propios y por versiones de temas de Robert Johnson o Sonny Landreth y su show fue un verdadero espectáculo tanto para los oídos como para la vista. Acto seguido llegó el turno de Jeannette Williams, una artista de bluegrass que presentaba junto a su banda su álbum “Cherry Blossoms in the Spring” (qué gran balada!) y que dejó un buen sabor de boca, tanto por su destacable voz, como por la versatilidad y calidad de sus músicos, en especial del mandolinista Ashby Frank. Y como punto final a la tarde del domingo, después de Danni Leigh y los BR549, llegó el turno del veterano Joe Silver, quien logró que el público cantara al unísono el “Sweet Home Alabama” de los Lynyrd Skynyrd, dentro de una propuesta que albergaba tanto música country como rock y blues.
 

The Ecclectic Corner

Si hay una industria que parece no tener época de descanso, ésta es la discográfica. Quizás los grandes sellos se toman algún respiro en verano, esperando al otoño para atacar de nuevo e iniciar la campaña navideña, pero las independientes aprovechan cualquier brecha para dar a conocer sus producciones. Este verano del 2001 ha sido prolijo en cuanto a novedades y aquí intentaremos dar a conocer y valorar algunas de las más interesantes.

Empezamos con las más recientes novedades del magnífico sello de North Carolina, Sugar Hill Records (http://www.sugarhillrecords.com). Si en el anterior número comentábamos la edición de una obra maestra del alt.country como el debut en solitario de Scott Miller, ahora repetimos igual calificación para el segundo álbum del dúo Dudley Connell & Don Rigsby, titulado “Another Saturday night”. Country acústico del máximo nivel, perfectas armonías vocales y un homenaje a la música del pasado es lo que nos ofrecen estos dos fantásticos músicos de bluegrass, el primero miembro de Seldom Scene y el segundo de los Lonesome River Band, perfectamente apoyados por el talento de Tim O’Brien (fiddle), Missy Raines (bajo acústico) y Randy Kohrs (lap steel, steel guitar y dobro). El álbum está compuesto por excelentes versiones de temas de grandes cantautores, como “I’m beside myself” (Carl Jackson), “Hollis Brown” (Bob Dylan), “So sad” (Don Everly), “I’ll take the chance” (Charlie & Ira Louvin) y “The ballad of Ira Hayes” (Peter LaFarge), además del tema que da título al disco, “Another Saturday night”, del menos conocido Jimmie Skinner. En resumen, y tal como alguien ha escrito sobre este trabajo (ver las notas en el librito del CD), “Éste es un disco difícil de escuchar de principio a fin. Es necesaria mucha disciplina para sacar el dedo del botón de repetición al final de cada canción”. Amén.

La segunda novedad de Sugar Hill es una curiosa aunque no menos interesante recopilación: temas de rock interpretados en su mayor parte de forma acústica por artistas de bluegrass y seleccionados de entre varios de los trabajos editados por este sello entre 1984 y el año 2000. El álbum se titula “Cool blue rocks: Rock & roll in the bluegrass tradition” y empieza con una versión del clásico del tejano Johnny Winter “The TV Doctor” a cargo de Jerry Douglas (dobro), acompañado por John Cowan (voz solista), Sonny Landreth (acoustic slide guitar), Viktor Krauss (bajo acústico) y John Gardner (percusión). Jerry Douglas y Sonny Landreth comandan el quinteto y sacan chispas a las cuerdas metálicas de sus instrumentos para redondear una perfecta interpretación de country-blues. Sirva esta descripción como muestra de lo que se puede encontrar en el álbum: talento y garra a raudales y más versiones estelares, como el “When love comes to town” de los U2 interpretado por Bryan Sutton, “Settin’ me up” (Dire Straits) y “Bad moon rising” (Creedence Clearwater Revival) por Seldom Scene, “Let it roll”  y “Sailin’ shoes” (Little Feat) por Chesapeake y Sam Bush, respectivamente, “Cross road blues” (Robert Johnson) por Sammy Shelor y “Tombstone blues” (Bob Dylan) por Tim O’Brien, entre otros. Un álbum muy interesante con el que disfrutar de nuevas y originales versiones de temas conocidos.

La tercera novedad es todo un documento histórico, editado en cooperación con el Henry Street Folklore’s First Time North Project, una entidad sin ánimo de lucro que restaura, documenta y edita las primeras apariciones de algunos de los grandes artistas de la música rural americana (folk, bluegrass y blues) en auditorios urbanos, poco permeables hasta la mitad del siglo pasado a este tipo de música. La contribución de Sugar Hill Records ha sido la edición de material de las primeras apariciones del legendario Doc Watson en el entonces efervescente Greenwhich Village de New York, verdadero núcleo del revival folk –de carácter totalmente urbano- de los años 60 y en el que se dieron a conocer, además de Doc Watson, otras leyendas como Woody Guthrie, Pete Seeger, Ramblin’ Jack Elliot, Phil Ochs y un entonces jovencísimo Bob Dylan. El álbum se titula  “Doc Watson at Gerdes Folk City” y recoge 14 temas grabados en directo entre diciembre de 1962 y febrero de 1963 en el restaurante italiano Gerdes, en lo que fueron las primeras actuaciones en solitario del gran folklorista en la metrópoli neoyorkina. La mayoría de temas son interpretados en solitario por Doc Watson, quien además de cantar demuestra su capacidad como multiinstrumentista, tocando la guitarra, la armónica, la mandolina y el banjo. El repertorio está formado mayoritariamente por temas tradicionales, como “Little sadie”, “Sing song Kitty”, “The house carpenter” o “The roving gambler”, y versiones de auténticos clásicos como “Blue smoke” y “Cannonball rag” (Merle Travis), “St. Louis Blues” (W.C. Handy), “Milk cow blues” (Kokomo Arnold) o “The dream of the miner’s child” (Andrew Jenkins). El sónido es más que aceptable y permite apreciar perfectamente el talento interpretativo vocal e instrumental de Doc Watson. Además, el CD se acompaña de un librito de 24 páginas repleto de información sobre el paso del artista por el Greenwhich Village a principios de los 60, con excelentes fotografías ilustrativas de sus conciertos y grabaciones. En resumen, un interesante fragmento de la historia de la mejor música folk americana puesto a disposición del gran público.

Y siguiendo con los grandes folkloristas, otro que tiene nuevo trabajo es el respetado Norman Blake (http://www.westernjubilee.com/NormanBlake.html). Su nuevo álbum en Shanachie Records se titula “Flower from the fields of Alabama” y contiene 16 temas interpretados en formato acústico por Norman Blake en solitario o bien acompañado por su colaborador Bob Chuckrow, un profesor de música en el área de Chattanooga, Tennessee. Los instrumentos utilizados en la grabación son auténticas piezas de museo (algo parecido a los proyectos de David Grisman con sus “Tone Poems”) y van desde una mandola Gibson H-2 de 1918 hasta una guitarra Hawaiana de 1960, pasando por todo tipo de guitarras acústicas y mandolinas de los años 20 y 30. Una vez más Norman Blake hace gala de una elegancia y finura interpretativas nada habituales en las grabaciones actuales, salvando quizás a las del mencionado David Grisman, aunque éstas suelen irse por una vertiente más progresiva, conceptualmente más cercana al jazz. Si a los gallegos Luar Na Lubre se les ha bautizado como una banda de música celta “de cámara”, quizás Norman Blake sería su homónimo en cuanto a la música folk americana, lo cual queda acreditado escuchando la delicadeza de temas como “Salty dog”, “Bonaparte’s grand march”, “The slopes of Beech Mountain”, “Sitting on top of the world” (que aquí recibe un tratamiento de blues), “Radio Joe”, “Flower from the fields of Alabama”, “Eastbound freight train” y “If we never meet again (This side of heaven)”. Como escribió el controvertido Steve Earle en los créditos de su espléndido “Train a comin’” para presentar un tema en solitario interpretado por Norman Blake (quien participó en aquella grabación), “Shut up and listen!”.

Otra novedad de Shanachie, esta vez en colaboración con Western Jubilee Recording Company (http://www.westernjubilee.com) es la edición del álbum “On the trail: Songs of the American West”, un recopilatorio que sirve para dar a conocer los principales artistas que graban en este sello que dedica la mayor parte de su atención a la música vaquera por excelencia, el western. El álbum tiene un nivel de calidad altísimo, con una grabación impecable que hace que el sonido de cada instrumento brille con luz propia, e incluye piezas de artistas tan solventes como Don Edwards, Sons of the San Joaquin, Rich O’Brien & Norman Blake, el ex-Texas Playboy Tom Morrell y sus Time Warp Top Hands y el cowboy-poeta Waddie Mitchell. Un álbum muy recomendable para aquellos que deseen adentrarse en la actualidad del sonido western de la mano del mejor sello existente en este estilo.

Otro artista que ha hecho una reciente incursión en el terreno western es Don McLean (http://www.americanpie.com), el autor de uno de los temas pop más famosos de la historia, “American Pie”. McLean profesa una gran admiración por Marty Robbins, lo que ha llevado a afirmar que Robbins es como un Irving Berlin de la música western, y a editar un álbum titulado “Don McLean sings Marty Robbins” en el cual versiona doce canciones que formaban parte del repertorio habitual del legendario cantante. Algunas son composiciones del propio Marty Robbins, como “El Paso”, “Don’t worry about me”, “I can’t quit” o “Devil woman”, y el resto son temas de otros autores que Robbins versionaba, como el conocidísimo “Singin’ the blues” (Melvin Endsley), “Kaw Liga” (Hank Williams) o “Ribbon of darkness” (Gordon Lightfoot). El resultado es desigual, por varios motivos: sin cuestionar la gran voz que McLean todavía atesora, ésta suena demasiado dulce para unos temas que piden ser interpretados con mayor desgarro, tal como manda la tradición vocal del country. Además, los arreglos en algunos de los temas suenan también demasiado blandos, con los típicos violines de fondo del pop de los 60, lo que aleja el resultado de su esencia original. Los mejores momentos son aquéllos en los que se da una mayor preponderancia a la steel-guitar de Sonny Garrish, como en “Singin’ the blues”, o “I can’t quit”, aquéllos donde aparece el banjo de Mike Kropp, como en “Kaw Liga” o “The story of my life”, o en “Love me”, donde luce el piano honky-tonk de Tony Migliore. “El Paso” es también otro de los momentos álgidos el álbum, más por la gran calidad del tema que por el tratamiento que se le da, demasiado algodonado para mi gusto. Un álbum que gustará, seguro, a los fans de Don McLean y que puede hacer descubrir a Marty Robbins a algunos neófitos, pero que puede saber a poco a los fans más acostumbrados a escuchar auténtica música country.

El año 2000 fue un año intenso para Don McLean, ya que además del mencionado álbum de homenaje a Marty Robbins, se editó un doble álbum en directo titulado “Starry, starry night”, grabado el 2 de Noviembre de 1999 en el Paramount Theatre de Austin Texas y que fue emitido en directo por la cadena televisiva PBS. El álbum recoge fielmente lo que fue esa actuación de más de 2 horas y media, excepto el fragmento en el que participó Garth Brooks (uno de los grandes fans de Don McLean, tal como atestiguan sus interpretaciones de “American Pie” en sus shows en directo), que no ha podido ser incluído por cuestiones contractuales. Quien sí aparece en dos de los temas es la heroína local Nanci Griffith, que canta a dúo dos temas, “And I love you so” y “Raining in my heart”. En tanto que contiene en su mayor parte material original del cantante neoyorkino, este álbum refleja mucho mejor lo que es la esencia de la música de Don McLean: un folk-rock con preciosas melodías, poéticas e incluso comprometidas letras e interpretado de forma magistral por el propio McLean y su banda. Versiones como las de “Homeless brother”, “Winterwood”, “Crossroads”, “Castles in the air”, “American pie” o “Vincent (Starry, starry night)” ponen la piel de gallina por su liricismo y belleza. A destacar el guiño a los fans locales con un bien trenzado medley de “Tulsa time” y “Deep in the heart of Texas”, la inclusión de dos temas del homenaje a Marty Robbins como “Singin’ the blues” y “You gave me a mountain”, y las versiones de “Every day” de Buddy Holly y de “Crying” de Roy Orbison. Un excelente álbum que sirve para resituar la carrera musica de Don McLean, un tanto ensombrecida desde hace años por el éxito abrumador y transgeneracional de su tema “American pie”.

Otro artista que tiene disco en directo es T.Graham Brown (http://www.tgrahambrown.com), quien acaba de publicar en Relentless Nashville un álbum titulado “Lives” junto a su banda, The Mighty Rack of Spam. Más cercano a la música negra, como lo atestiguan su voz y los arreglos de la mayoría de sus canciones, Brown basa su repertorio casi exclusivamente en temas escritos por algunos de los grandes compositores del Music Row de Nashville en los ’90, como Gary Nicholson, Kevin Welch, Paul Craft, Al Anderson, John Jarrard o Walt Aldridge. El álbum alterna momentos realmente enérgicos como “Happy ever after”, “Memphis women and chicken” o “Hide and seek”, con deliciosas baladas como “I wish that I could hurt that way again”, “Wine into water”, “Come as you were”, “Good days, bad days” o la emblemática “Hell and high water”. También destacan la versión del clásico del soul “Dock of the bay” que cierra el disco y los arreglos basados en este estilo musical de “I tell it like it used to be”. Un disco de un artista que sigue navegando admirablemente entre dos aguas, que dispone de una ámplia base de fans y que demuestra que con un directo atractivo y una adecuada selección de material un artista puede mantener una carrera de forma satisfactoria más allá de estilos y etiquetas.

Quien se basa en su propia producción musical, ciertamente prolífica, es el cantautor alemán Markus Rill (http://www.markusrill.net). Bebiendo de fuentes creativas como las de sus ídolos Steve Earle, Townes Van Zandt, Dave Alvin, Tom Waits, James McMurtry o Todd Thibaud, Markus Rill presenta un currículum musical sólido y coherente que se inició en 1997 con la edición de su álbum de debut, de corte eminentemente acústico, “Gunslinger’s tales”, y que siguió en 1999 con un trabajo ya más eléctrico como “The devil and the open road”, editado en España por la independiente Moby Disk Records. Ahora llega su tercera entrega, titulada “Nowhere begins”, en la que Rill reduce al mínimo la colaboración de músicos externos y se centra en recrear el sonido de directo que obtiene con su banda, The Gunslingers. Con un sonido cada vez más profesional y con unas letras más personales y de mayor transcendencia, Markus Rill ha perdido algo de la efervescencia de antiguos temas como “A girl called Jo” o “Hope I’ll get to heaven” pero ha ganado en el aplomo y la consistencia que se adivinaban ya en algunos temas de su segundo trabajo como “Rainville” o el propio “The devil and the open road”. En “Nowhere begins” los temas más interesantes son el que da título al álbum, “Don’t look back”, “Can’t help myself”, “Ramblin’ man’s lament”, “Lorna Sue”, el aire dylanesco de “The night’s too strong” o el country-folk de “Women and whiskey (& hard times & bad luck)”. Un interesante trabajo de un artista que sigue creciendo y que confirma que no todos los buenos singer-songwriters viven en los Estados Unidos.

“Sky like a broken clock” es el título del nuevo álbum del mago de las seis cuerdas, Kelly Joe Phelps (http://www.kellyjoephelps.com). Si en su anterior “Shine-eyed mistery Zen” ya lucía su capacidad instrumental y compositora, interpretando los temas con escaso acompañamiento pero con brillante resultado, en este “Sky like a broken clock” Kelly Joe Phelps rodea sus guitarras de una base rítmica de bajo acústico y percusión, arropadas además por órgano, acordeón, cello y armónica. Tal como reza en los créditos del álbum, los diez temas del álbum fueron grabados a la vieja usanza, es decir “en directo” en el estudio, sin ningún tipo de manipulación posterior a la grabación. La voz de Kelly Joe Phelps es muy personal y suena como un cruce entre Bob Dylan y Tom Waits, aunque con un mayor registro vocal, lo que le permite moverse fácilmente de los tonos más graves a los más agudos, añadiendo riqueza a unas interpretaciones ya adornadas por las contínuas figuras musicales de su guitarra. Phelps bebe de las fuentes del folk y del blues tradicional y sobre ellas incorpora unas letras enigmáticas y llenas de metáforas, a lo Jay Farrar (Son Volt), lo que produce un resultado altamente personal y con unas texturas realmente sugerentes. Este álbum está lleno de grandes temas que van calando con cada escucha, como el que inicia el disco, “Taylor John” (por él sólo ya vale la pena adquirir el álbum), “Clementine”, “Beggar’s oil”, “Tommy”, “Fleashine” o “Worn out”, donde la influencia de Tom Waits es especialmente patente. Absolutamente recomendable para los que gusten descubrir nuevos talentos.

Y terminamos la sección con uno de los mejores álbumes de bluegrass del año, el nuevo trabajo de la admirada Rhonda Vicent, “The storm still rages” (http://www.rhondavincent.com). Después del aclamadísimo “Back home again”, Rhonda Vincent parece haber encontrado su sitio volviendo al bluegrass después de un frustado paso por el country de la mano del recientemente desaparecido sello Giant Records. Este nuevo álbum contiene 12 temas y se inicia con un poderoso “Cry of the whipporwill”, equivalente al “Lonesome wind blues” con el que empezaba “Back home again”, seguido por una canción de homenaje a Bill Monroe como “Is the grass any bluer”, donde destacan los twin-fiddles de Stuart Duncan y Mike Cleveland. Las buenas canciones continúan con un tema como “Don’t lie”, anteriormente grabado por el hat-act Trace Adkins, y con excelentes versiones de clásicos como “Drivin’ nails in my coffin” (Gerald Irby), “I’m not over you” (Carl Jackson), “Bluegrass express” (Bobby Osborne), “Just someone I used to know” (Jack Clement) o “My sweet love ain’t around” (Hank Williams). En una entrevista en la revista No Depression, Rhonda Vincent –quien se encarga también de la producción del álbum- comenta que para las grabaciones de sus discos sólo escoge a los mejores músicos, y así lo atestigua una rápida comprobación al plantel que participa en este álbum, con los miembros de su propia banda The Rage a la cabeza, acompañados por nombres tan significativos como Alison Krauss, el mencionado Stuart Duncan, Bryan Sutton, Aubrey Haynie, Rob Ickes o Jim Mills. Con estos ingredientes y con la espléndida voz y capacidad interpretativa de Rhonda Vincent es imposible no elaborar un producto de calidad, lo que probablemente va a valerle de nuevo el favor del público y un buen puñado de premios en la ceremonia anual de la IBMA. Para los que gusten degustar buen bluegrass, ésta es una apuesta segura.
 

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