Número 12 - Marzo/Abril 01

Entrevista con Rodney Crowell
The Ecclectic Corner
 

Entrevista con Rodney Crowell

El regreso del chico de Houston

Tal como comentábamos en el anterior número de la revista Jambalaya, el siglo XXI ha emepezado bien, musicalmente hablando, de la mano del nuevo trabajo de uno de los cantautores más reconocidos por público y crítica en las últimas dos décadas: el excelente y largamente esperado álbum de estudio del tejano Rodney Crowell, titulado “The Houston Kid”. El disco ha sido editado por Sugar Hill Records, el sello independiente que más determinación está mostrando en estos momentos por conquistar el vacío dejado por las grandes discográficas de Nashville en cuanto a la comercialización de los sonidos más tradicionales del country y estilos colaterales. El fichaje de Dolly Parton a mediados de 1999, la apuesta por el vocalista John Cowan o por el máster de la slide guitar Sonny Landreth en el 2000 y la reciente incorporación de Rodney Crowell a las filas del sello de North Carolina demuestran que en Sugar Hill pretenden jugar en la primera división de la música americana de raíces. Desde estas páginas os ofrecemos una entrevista con Rodney Crowell, con quien analizamos este nuevo álbum “The Houston Kid”

Con “The Houston Kid”, Rodney Crowell edita su décimo álbum de estudio -recopilaciones aparte- desde 1978, entre los que figuran grabaciones míticas como “Ain't Living Long Like This”, “Keys to the Highway” y sobretodo “Diamonds & Dirt”, álbum que produjo cinco números uno consecutivos a finales de los 80: “It's Such a Small World", "I Couldn't Leave You If I Tried", "She's Crazy for Leavin'", "After All This Time" y "Above and Beyond". El álbum “Diamonds & Dirt” fue la eclosión definitiva de un artista que por aquel entonces ya había maravillado escribiendo algunos de los grandes clásicos del country neo-tradicionalista de los primeros 80, con canciones como “Ashes by now” (actualmente en las primeras posiciones de la Hot Country Singles & Tracks en la versión de Lee Ann Womack), “’Til I gain control again” o “Leaving Louisiana in the Broad Daylight”.

Las cosas se empezaron a torcer para Crowell en 1991 cuando se divorció de Roseanne Cash, la hija del mítico Johnny Cash. En 1992 editó “Life is messy”, un álbum mucho más cercano al pop y que decepcionó a los aficionados country, los cuales esperaban una nueva ración de obras maestras, al que le siguieron otros dos álbumes de sonido más country aunque comercialmente poco gratificantes en MCA Nashville como “Let the Picture Paint Itself” (1994) y “Jewell of the South” (1995). En 1997 Rodney Crowell funda, también con poco éxito, el grupo The Cicadas, junto a viejos compañeros de estudio y carretera como Steuart Smith, Michael Rhodes y Vince Santoro. En 1998 contrae matrimonio con la cantante Claudia Church, para la cual escribe varias de las canciones que forman parte de su disco de debut para Reprise Records en 1999.

Con “The Houston Kid” y con su gira de presentación Rodney Crowell vuelve después de 6 largos años al primer plano de la actualidad musical, algo que confiesa que le excita muchísimo: “Me gusta actuar para mi público y ser el centro de atención. Hacía demasiado tiempo que no estaba en la carretera y necesitaba disfrutar de nuevo con esta experiencia y hacer disfrutar a mis fans. Estoy realmente orgulloso de este nuevo álbum y tengo mucha fe en este proyecto”. En cuanto a instrumentación se refiere, “The Houston Kid” es un álbum bastante en la línea de sus anteriores trabajos, quizás con unos arreglos algo más orgánicos, más directos. Sin embargo, a nivel temático, el nuevo trabajo de Crowell se mueve en un terreno de álbum casi conceptual, con canciones que exploran las vicisitudes de algunos de los personajes entrañables de la infancia de aquel niño de Houston por allá en los lejanos 50. Según Crowell, “uno de los álbumes que más me ha influenciado en la confección de éste es “Read Head Stranger” de Willie Nelson, aunque también es justo citar a Lou Reed y su “Magical and Loss” y al de Robbie Robertson “Contact from the Underworld of a Red Boy””. Pero las influencias no terminan aquí A nivel más genérico, Rodney Crowell es, entre otros, un profundo admirador del trabajo de Bob Dylan, Hank Williams Sr., Merle Haggard, Buck Owens, Steve Earle, Lucinda Williams, Guy Clark, Townes Van Zandt, Mickey Newbury y especialmente Tom Waits, quien es actualmente su cantautor preferido. “Siempre he tenido la aspiración de crear algo nuevo, pero que aguantara el paso del tiempo, tal como sucede con los grandes álbumes de Tom Waits. Sin embargo, es justo reconocer que son tantos los artistas y discos que me han gustado e influenciado que la lista sería muy larga como para comentarla aquí y ahora”, declara Crowell.

Crowell se considera afortunado de haber crecido en Houston, debido a la proliferación de personajes curiosos que antaño se daba cita en los barrios portuarios de esta ciudad tejana. “Mi abuelo era uno de ellos. Era un empedernido bebedor y jugador de dados, que dejó su trabajo como granjero y se trasladó a Houston para realizar pequeños trabajos, donde acabó siendo uno de los vigilantes del puerto. Cuando yo era niño, solía llevarme a su bar favorito, en el cruce entre Navigation Boulevard y Wayside Drive, un lugar frecuentado por elegantes oficiales de la marina mercante, viejos marinos tuertos y camareras pelirrojas. Creo que es gracias a estas vivencias que desarrollé este interés por escribir canciones sobre personajes tan peculiares”. Rodney sigue hablando de su pasión por la composición de canciones: “Escribir canciones es lo mejor que sé hacer, creo que es un don que tengo y estoy muy satisfecho de él. Pero también soy muy consciente de que detrás del don debe existir el conocimiento de una técnica que permita sacar de él el máximo rendimiento. Así, cuando uno tiene la suerte de estar inspirado, tiene las herramientas para crear la mejor cancion posible. Honestamente, creo que “The Houston Kid” tiene un buen nivel inspiracional.”

Para este nuevo álbum, Rodney Crowell ha tomado prestada, con el debido permiso, una de las frases de una canción que Guy Clark escribió sobre los momentos finales de la vida de Townes Van Zandt. “Creo que es un título que tiene gancho y que además es el denominador común de mis experiencias vitales y de las de muchos como yo, que se verán reflejados en los propios personajes de las canciones. Esta frase me rondó por la cabeza durante todo el proceso de elaboración del disco, de manera que era lógico que terminara siendo el título”. Como es lógico, Crowell espera que este nuevo álbum “llegue a los corazones de sus fans y se establezca una relación íntima entre ambos” y confiesa que “el álbum no va dirigido a ningún formato en particular, sinó que me he limitado a grabar las canciones con los arreglos que he creído más convenientes para cada una de ellas”.

Para Crowell, la composición de algunas de las canciones del álbum fue una auténtica catarsis. “Rock of my soul” y “Topsy turvy” son un cruel, aunque al mismo tiempo emotivo, reflejo de la atmósfera de violencia doméstica que se vivía en casa de los Crowell cuando él era un niño, canciones que sólo han podido ser escritas después del fallecimiento de sus padres. Sin embargo, la historia que se contaba en ambas no era perfecta y aún faltaba algo por explicar. El propio Crowell cuenta que un día tuvo un sueño: “Se me aparecieron mis padres en sueños y me enseñaron su nueva casa. Nos sentamos y me dijeron “nos gusta este nuevo álbum que estás grabando, pero no estás contando toda la historia; aún tienes cosas que explicar”. Cuando me levanté, a la mañana siguiente reviví el sueño y escribí “Love is all I need” de un tirón. Esto sucedía un viernes y el domingo ya tuve el tema grabado, cosa que no pasa muy frecuentemente. Estoy muy orgulloso de esta canción y creo que es mi favorita del álbum”. “Love is all I need” es el tema que cierra el disco y en él Crowell rinde homenaje a las cosas buenas que sus padres le enseñaron, poniendo el justo contrapunto a la realidad de su situación familiar.

Otro de los grandes momentos del álbum se produce con “I walk the line (Revisited)”, tema en el cual aparece la voz grave e inconfundible de Johnny Cash. Crowell recuerda orgulloso que “un día, cuando aún tenía cinco años, fuimos a pescar con mi padre y mi abuelo. Aún no había salido el sol y mi padre conducía un Ford del 49 con una de esas grandes radios en el salpicadero. Conducíamos por una pequeña carretera a través de los bosques de pinos hacia nuestro lugar favorito de pesca y, de repente, una canción empezó a sonar la radio y capturó toda mi atención. Era “I walk the line” y la voz que la interpretaba era la de Johnny Cash. No sé si era que esa guitarra estaba embrujada o si se produjo algun tipo de abducción alienígena en mi, pero nunca había tenido una sensación igual. Era la primera vez que tenía consciencia de haber escuchado algo verdaderamente diferente”. Crowell recuerda que se obsesionaba con cuestiones como ¿de dónde ha salido esta música? o ¿dónde puedo escuchar más?. Y, sobretodo, ¿cómo puedo hacer yo para tocar música como ésta? Rodney Crowell prosigue: “Llevo estos recuerdos encima desde que era un chico, de manera que un día me vino a la cabeza la idea de escribir una canción sobre esta anécdota. Empecé a escribir los versos y la música y me di cuenta que los versos de la cancion original irían de perlas para el estribillo, con lo que llamé a Johnny para que viniera a cantar en ella. Cuando escuchó lo que había compuesto, me comentó: “Rodney, he estado cantando esta canción durante más de 40 años. Se necesita realmente mucho valor para cambiar mi melodía”. Sabía que era un atrevimiento del calibre de pintarle un bigote a la Mona Lisa, pero Johnny cantó la nueva melodía sin ningún otro comentario e hizo un trabajo excelente. Creo que el resultado final ha valido la pena”.

Ciertamente, el resultado ha valido la pena. Y no sólo en cuanto a “I walk the line (Revisited)”, sino respecto a todo el álbum “The Houston Kid” en conjunto. Después de 6 años de silencio discográfico, Rodney Crowell ha vuelto con nuevos temas de gran calidad y, sobretodo, con un control total sobre el resultado final, lo cual nos acerca de verdad al artista y a su obra. Disfrutemos esta primera gran creación de música genuinamente americana que nos brinda el nuevo siglo.
 

The Ecclectic Corner

Dolly Parton: Little sparrow
Pam Gadd: The time of our lives
Gretchen Peters: Gretchen Peters
Don Edwards: Kin to the wind - Memories of Marty Robbins
Kate McDonell: Don’t get me started
Peter Mayer: Million year mind
Kerry Kingsland: What I know now
Henning Kvitnes: Heartland
Louise Hoffsten: Beautiful, but why?
Varios artistas: Song Island Vol. I
Willie Nelson & Larry Butler: Memories of Hank Williams Sr.
Willie Nelson: Milk cow blues
Stacy Mitchhart: What I feel
Bobby Earl Smith: Rear view mirror
Kimmie Rhodes & Joe Gracey: The amazing afterlife of Zimmerman Fees - A Metaphysical Story and Cookbook

Parece que el año 2001 está empezando realmente bien, al menos por lo que se desprende del material editado por el sello de North Carolina, Sugar Hill Records (http://www.sugarhillrecords.com). Si en el anterior número comentábamos el excelente trabajo del tejano Rodney Crowell, “The Houston kid”, esta vez nos toca descubrirnos ante el nuevo álbum de Dolly Parton, “Little sparrow”. Parece ser que a Dolly Parton le ha cogido de nuevo el gustillo por el bluegrass, de manera que este nuevo trabajo es la continuación lógica de su anterior “The grass is blue”, todo un hito en la historia reciente del género por su frescura y calidad interpretativa. En este “Little sparrow” Dolly Parton apuesta otra vez por los mismos músicos que en “The grass is blue” (Stuart Duncan al fiddle; Jim Mills al banjo; Bryan Sutton a la guitarra; Barry Bales al bajo acústico; Chris Thile a la mandolina; y el superdotado Jerry Douglas al dobro, con Alison Krauss, Claire Lynch, Dan Tyminski y Keith Little a las armonías vocales) y junto a ellos realiza una entrega de 14 excelentes temas, entre los que se cuentan composiciones propias como “Little sparrow”, “My blue tears”, “Mountain angel”, “Bluer pastures” o “Down from Dover”, y versiones de temas clásicos como “I don’t believe you’ve met my baby” (Louvin Brothers), “Seven bridges road” (Steve Young) o el jazzístico “I get a kick out of you” (Cole Porter). Absolutamente recomendable.

Siguiendo con más novedades de voces femeninas del bluegrass resulta imprescindible resaltar el nuevo álbum de Pam Gadd, “The time of our lives” (http://members.aol.com/PamGadd). Después de cuatro años de silencio desde aquel espléndido “The long road” y de casi tres años desde su memorable actuación en el Jambalaya junto al violinista  Kurt Storey, Pam Gadd vuelve a deleitarnos con una nueva obra maestra, estilísticamente ubicada en el cruce de caminos entre el country y el bluegrass. La que una vez fuera miembro del quinteto femenino Wild Rose está arropada en esta nueva producción por nombres tan impactantes como Marty Stuart a la mandolina, Randy Scruggs a la guitarra, Glen Duncan al fiddle, Rob Ickes al dobro y Kenny Malone a la percusión, lo que sitúa el nivel instrumental del álbum en la mismísima perfección. La mayoría de temas son composiciones recientes, como “If I was a river”, “Blue railroad tracks”, “Ramble and roll” o “The time of our lives”, entre otras, aunque Pam Gadd también rescata algunas viejas composiciones como el título que inicia el álbum “Virginia man” o el tema compuesto a medias con Carl Jackson, “Hold your horses”. Sencillamente sensacional.

Otro buen álbum de estos inicios de año lo constituye el segundo trabajo de la reputada cantautora Gretchen Peters (http://www.gretchenpeters.com). Autora de temas de éxito para Faith Hill, George Strait, Trisha Yearwood, Randy Travis, Martina McBride, Patty Loveless e incluso para el rockero Bryan Adams, Peters rompe con cinco años de silencio después que en 1996 publicara su espléndido “The secret of life”. El nuevo álbum ha sido publicado por Valley Entertainment en los USA y Canadá y por Grapevine en Europa y se llama simplemente “Gretchen Peters”. En él, la cantautora neoyorkina muestra de nuevo su talento con once nuevas e intimistas canciones, once nuevas historias en busca de almas que se presten a ser conmovidas por la belleza que emana de estos temas. Sin embargo, hay que advertir que, igual que pasara con “The secret of life”, las canciones de este “Gretchen Peters” no están interpretadas en formato country, sino en un claro y rotundo formato pop. Del álbum destacan “In a perfect world”, “Love and Texaco” o “Like water into wine” o “Picasso and me”. Un disco para degustar sin prisas.

Ya habíamos hablado de las bondades del material editado por el sello Western Jubilee-Shanachie (http://www.westernjubilee.com) en lo que respecta al country & western más auténtico. Su última novedad hasta el momento es el disco de homenaje por parte del veterano Don Edwards a uno de los artistas que más y mejores baladas western escribió a lo largo de su carrera: el gran Marty Robbins (1925-1982). El álbum se titula “Kin to the wind: Memories of Marty Robbins” y en él Don Edwards se rodea de excelentes músicos tejanos como Tom Morrell, Dave Alexander, Rich O’Brien o Mark Abbott para hacer una emocionada rendición de algunos de los temas menos evidentes de la carrera del artista de Arizona. Don Edwards repasa doce temas que, o bien fueron escritos por el propio Robbins (“Saddle tramp”, “Begging to you”, “San Angelo”, “Old red” o “I’ll go on alone”, entre otros), o bien lo fueron por artistas que él admiraba (“I’m kin to the wind”, “Singing the blues”, “I’ll step aside” o “Ghost train”). En ningún momento se echan a faltar los grandes éxitos de Marty Robbins como “El Paso” o “Big iron”, lo que dice mucho a favor de este gran álbum.

Siguiendo en el tramo preferentemente acústico, ahora nos vamos hasta el folk contemporáneo donde destacan dos novedades de dos interesantes cantautores: el tercer álbum de Kate McDonell, “Don’t get me started” (http://www.dc.net/vheyman/kate), y el cuarto de Peter Mayer, “Million year mind” (http://www.blueboat.com). Después de dos álbumes en Waterbug Records que la han situado como una de las más prometedoras voces femeninas de la música folk americana, Kate McDonell busca consolidarse con este nuevo álbum, “Don’t get me started”, en el que demuestra el por qué del creciente respeto con que la trata la crítica. Su voz es cálida y limpia, aunque a la vez susurrante, y sus canciones destilan un sereno lirismo que resulta ideal para escuchar en momentos de tranquilidad. Afincada en Albany, NY, y rodeada de músicos de gran nivel aunque relativamente desconocidos, Kate McDonell sorprende agradablemente con temas propios como los  suaves “Don’t get me started” y “Gone”, el blues de “Sticky buns”, el aire bluegrass de “Give it back”, o versiones del popular “Banks of the Ohio” o del tema de John Pennell, “Will you be leaving”, una canción que ya había sido versionada por Alison Krauss.

Y si Kate McDonell es respetada por la crítica especializada del mundo del folk, Peter Mayer aún más. Sólo hay que leer lo que de él se ha escrito en revistas tan prestigiosas como Acoustic Guitar Magazine (“La manera fluida, limpia y tremendamente intrigante que tiene Mayer de tocar la guitarra se ve culminada con una voz rica y cálida. Ésta es música para el alma”) o Dirty Linen (“Mayer ofrece todo aquello que podría desearse de un cantautor”). Originario de Minnesota y con un total de más de 20.000 copias de sus álbumes vendidas de forma independiente, Mayer ofrece un tipo de música similar a la de otro folklorista de gran reputación como es John Gorka, con buenas letras y un gran nivel instrumental. En este “Million year mind” destaca el uso rico y abundante de la percusión, gracias a la colaboración del percusionista Marc Anderson en las tareas de producción, lo que en algunos momentos acerca su sonido a lo que serían las actualmente llamadas “músicas del mundo”. Como temas más interesantes destacaríamos “Fall”, “John’s garden”, “Like a mountain”, “Africa” o “Magic beans”. Para fans curiosos ávidos de experimentar y ampliar sus horizontes musicales.

En lo que respecta al “hot country” proveniente de las compañías independientes ha llegado hasta nuestras manos el disco de debut del canadiense Kerry Kingsland, “What I know now”. El álbum empieza realmente bien con “Same old stuff” y se mantiene en un nivel aceptable gracias a los temas más rápidos como “It must be love” o “No win situation”. Si algún pero hay que señalar, éste sería la excesiva tendencia a las baladas, cuando precisamente donde más destaca la voz de Kerry Kinsgland es en los temas potentes. Tendremos que aguardar a nuevas muestras de la actividad musical de este canadiense para poder valorar su producción con un mayor conocimiento de causa.

Una curiosa propuesta musical es la que nos llega desde el sello Samso Records America (http://www.samsorecords.com), ubicado en Austin, Texas. Desde allí se dedican a difundir y comercializar el material editado por artistas escandinavos, como el noruego Henning Kvitnes o la sueca Louise Hoffsten. Un material sin duda sorprendente por su inesperada alta calidad y por un buen hacer que nos llevaría a pensar que estamos verdaderamente ante artistas americanos. Henning Kvitnes es un cantautor a caballo del country y del folk, con una voz desgarrada que recuerda a la de Kenny Rogers, y con algunas canciones de gran nivel como “Wooden bridge”, “Heartland” (que da título al álbum), “Hit the wall” o “Standing in the twilight”, que sobresalen de un álbum cuya única posible pega sería la excesiva duración de algunos temas lentos. A destacar la colaboración de Kevin Welch, toda una estrella en Escandinavia, en varias de las canciones. En cambio, la sueca Louise Hoffsten se decanta preferentemente por un estilo más cercano al blues con su álbum “Beautiful, but why?”, otro trabajo de sonido moderno e impecable, en el que destacan “Too happy for the blues”, “Try a little harder” y “Sweet poison”. Finalmente, otro álbum editado por este sello Samso Records America es la recopilación “Song Island Vol. I”, donde a parte de los mencionados Henning Kvitnes y Louise Hoffsten se dan cita otros artistas escandinavos de gran calidad y desconocidos para el gran público como Annette Bjergfeldt, Surface DK, Boo Hewerdine o Theresa Andersson, entre otros. A destacar que esta compilación recoge también dos temas de dos artistas del sello Dead Reckoning, como el ya mencionado Kevin Welch, con el enérgico “Full moon over Christiania” de su álbum “Beneath my wheels”, y David Olney con “My wild youth”, un tema aparecido originalmente en su reciente trabajo “Omar blues”.

Para Willie Nelson el año 2000 estuvo lleno de actividad, gracias a la reedición de algunos viejos trabajos como “Me and Paul” de 1985 (con versiones de clásicos de Billy Joe Shaver como “I been to Georgia on a fast train” y “Old five & dimers like me”, y del propio Willie como “Forgiving you was easy” o “I let my mind wander”, entre otros) y sobretodo a la aparición de dos nuevos álbumes: el tributo de corte clásico “Memories of Hank Williams Sr.” junto a Larry Butler, y “Milk cow blues”, un sorprendente y excelente disco de blues clásico. En el primero de ellos, y bajo la batuta de otra leyenda tejana, el ingeniero de sonido y productor Joe Gracey, los dos veteranos vocalistas rinden un sentido homenaje a diez de las canciones más populares del gran Hank. Y además, lo hacen con una economía de medios instrumentales similar a la de los años 40 y 50, utilizando tan sólo guitarras (solista y rítmica), steel guitar, bajo, fiddle y mandolina, sin batería ni percusión, con lo que el resultado final es altamente fidel al sonido original con el que canciones como “I’m so lonesome I could cry”, “Half as much”, “Move it on over”, o “Your cheatin’ heart” fueron grabadas. Un disco especialmente recomendable para los nostálgicos del gran Hank que deseen disponer de versiones fidedignas e impecables en cuanto a sonido de los grandes clásicos del llamado Padre del Country.

Si en “Memories of Hank Williams Sr.” Willie nos mostraba su lado “blanco”, en “Milk cow blues” el gran artista tejano nos muestra su lado “negro”. Para ello se rodea de grandes nombres del blues contemporáneo como B.B. King, Dr. John, Keb Mo’, Francine Reed o Susan Tedeschi entre otros, junto a los que ofrece quince memorables temas perfectamente encajables dentro de este estilo. Algunos son clásicos del género (“Milk cow blues”, “Outskirts of town”, “The thrill is gone”, “Kansas City”, “Texas flood”, entre otros), mientras que el resto supone un redescubrimiento, bajo un formato musical inédito, de algunos de los temas más populares del propio Willie Nelson, como “Funny how time slips away”, “Crazy” o “Night life”. Por la calidad interpretativa de los músicos que participan en este proyecto, por la frescura que destila y por la novedad que respresentan estas nuevas versiones de los clássicos del viejo Willie, estamos ante un disco que representa un nuevo hito en su dilatada carrera. Sin duda, la prueba más feaciente de la amplitud de miras musicales de las leyendas vivas de country.

Y ya que estamos en terreno del blues, tan sólo apuntar una novedad llegada desde Nashville. En la capital de Tennessee no sólo se cuece buen country, sinó que la Music City también acoge a artistas de blues como el guitarrista Stacy Mitchhart (http://www.stacymitchhart.com), quien acaba de lanzar un trabajo titulado “What I feel” y que sin duda gustará a los amantes del blues musculoso. A destacar la excelente voz y los trabajados y creíbles arreglos en todos los temas, desde los más cercanos al soul hasta los típicos del blues del delta.

Volviendo a las producciones de Joe Gracey resulta necesario comentar su papel decisivo en la vuelta a la actividad musical de una de las leyendas de la escena country tejana de los años 70: Bobby Earl Smith. Hippy apasionado por el country, Bobby Earl Smith allanó el terreno para gente como el propio Willie Nelson o Doug Sahm, para quien tocó durante un tiempo después de haber participado en una banda llamada Freda and the Firedogs junto a Marcia Ball y John Reed, y antes de ser el guitarrista y manager del reputado Alvin Crow. Después de unos largos años de silencio, en los que Bobby Earl Smith se ha dedicado a ejercer su carrera de abogado, el artista tejano ha vuelto a la carga con “Rear view mirror”, un álbum de country tejano clásico que hará las delicias de cualquier aficionado a los sonidos más tradicionales (http://www.bobbyearlsmith.com). En él participan nombres como Jimmie Dale Gilmore, Kimmie Rhodes, Johnny Gimble, Flaco Jimenez, Caspar Rawls y Floyd Domino, entre otros, además de sus antiguos compañeros de viaje musical, como Marcia Ball y John Reed. El álbum se compone de 11 temas, la mayoría excelentes composiciones del propio Bobby Earl Smith, como “Muleshoe”, “Contrabandistas”, “Cold wind”, “Rear view mirror”, “Colorado river blues” o “May the Lord watch over you”, además de las versiones de “I’m walking the dog” o “¿Dónde está la cerveza?”. Éste es un disco que rezuma una especial sensibilidad en cada nota y que recrea a la perfección la esencia del country made in Texas. Toda una gozada.

Y terminamos este rincón ecléctico con una recomendación a la vez gastronómica, musical y literaria, a cargo de Kimmie Rhodes y de su marido, el ya mencionado y legendario Joe Gracey: “The amazing afterlife of Zimmerman Fees: A Metaphysical Story and Cookbook” (http://www.kimmierhodes.com), es un libro en el cual la familia Gracey-Rhodes da rienda suelta a su fértil imaginación y muestra además toda su sapiencia culinaria. El libro no tiene desperdicio, ya que está lleno de las más sabrosas recetas de la cocina Tex-mex y de la cocina y los vinos de la región de francesa Provenza, la pasión secreta –o ya no tan secreta, gracias a este libro- de Joe Gracey. Buen provecho y hasta la próxima!
 

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