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Número 11 - Enero/Febrero 01
Entrevista con James Talley
Creada la Americana Music Association (AMA)
The Ecclectic Corner
El resurgir del talento
Todo el mundo
sabe que, para los que no son estrellas, el mundo del show-business profesional
es durísimo. Muchos son los que lo intentan y sólo unos pocos
los que llegan hasta la cima. Son muchos más los que a pesar de
su esfuerzo y de su talento se ven apeados y pierden el tren, pasando a
engrosar el silencioso anonimato. Ésto es lo que estuvo a punto
de pasarle a James Talley, cuando a finales de los 70 tuvo que renunciar
a lo que hasta ese momento había sido una prometedora carrera en
Capitol Nashville. He aquí algunos ejemplos de lo que los críticos
escribían sobre sus primer disco, "Got No Bread, No Milk, No Money,
But We Sure Got A Lot of Love", hace 26 años, en 1975: "James
Talley es un cantante de música country, western-swing, cowboy y
folk que proviene de Oklahoma y que en su primer intento ha producido un
álbum que muy bien podría llegar a ser un clásico"
(Greil Marcus, Village Voice, 11 de Agosto de 1975). O de su segundo álbum,
"Tryin' like the devil" (1976): "Talley escribe con un talento y una
relevancia sociológica que le sitúa varios escalafones por
encima de la mayoría de creadores de hits de la música country
actual. Su nuevo álbum es el trabajo más interesante y consistente
desde "Phases and Stages" de Willie Nelson en 1974" (Robert Hilburn,
Los Angeles Times, 28 de Marzo de 1976). Decenas de críticas coincidían
en la apreciación de que se estaba ante el nacimiento de un artista
con mayúsculas, de aquellos que dejan huella y marcan época.
Sus álbumes de 1977, "Blackjack choir" (con B.B. King en la guitarra solista en el tema "Bluesman") y "Ain’t It Somethin’", recibieron críticas igualmente entusiastas y no hicieron más que aumentar las expectativas que a su alrededor se generaban. Y ahí estuvo precisamente el problema. Un mánager poco escrupuloso, Michael Brovsky, quien había conseguido buenos contratos para Guy Clark y Jerry Jeff Walker, ofreció a James Talley la posibilidad de conseguir un contrato suculento que mejorara las condiciones poco onerosas que había firmado con Capitol, para lo cual tenía que romper el acuerdo que le ligaba a este sello todavía durante los tres próximos álbumes. Confiado, James Talley se dejó llevar por las promesas de Michael Brovsky y accedió a la petición, lo que generó un rechazo automático tanto entre los directivos como entre el personal de Capitol, quienes hasta el momento le habían apoyado. La noticia corrió como la pólvora por el mundo de las discográficas en Nashville, lo que acarreó a James Talley una inmerecida fama de persona con la que era difícil de trabajar y le cerró las puertas en muchos otros sellos.
Fuera por el motivo que fuera, Michael Brovsky nunca llegó a conseguir ese nuevo contrato y James Talley quedó sin sello discográfico, pero con las deudas generadas por la rescisión anticipada de su contrato con Capitol y con una familia que mantener. De repente, aquella carrera prometedora, que tantas esperanzas había hecho nacer entre fans y críticos especializados, se desvaneció sin más. Los intentos en vano de mantenerla a flote duraron aún hasta 1982, cuando James Talley tiró la toalla y empezó a trabajar en el sector inmobiliario. Con una familia que mantener, y a pesar del orgullo herido, James Talley se dedicó de pleno a su nueva tarea y en 1983 ya se había sacado el primero de los varios títulos que actualmente ostenta sobre gestión inmobiliaria y que le permitieron salir del atolladero económico y familiar en el que se encontraba.
Con
el paso de los años y gracias al negocio inmobiliario, Talley estabilizó
su situación económica y tras el intento fallido de editar
sus nuevas creaciones en sellos independientes (Bear Records en Alemania
nunca llegó a abonarle los royalties de "American originals", 1985;
"Love songs and the blues", 1989; "The road to Torreón", 1991; y
"James Talley: Live", 1994, nada más ni nada menos), el cantautor
decidió finalmente en 1999 lanzar sus trabajos a través de
su propio sello, Cimarron Records. El primero fue "Woody Guthrie and songs
of my Oklahoma home" (1999), aclamado de nuevo unánimamente por
público y crítica y calificado como el mejor álbum
de homenaje a Woody Guthrie grabado hasta la fecha. El pasado año
lanzó "Nashville City Blues", una nueva obra maestra de la música
americana de raíces que ha sido distinguida como segundo mejor álbum
de folk contemporáneo por Amazon.com y como Top 10 entre los mejores
álbumes country del año por Barnes & Noble. Redondeando
su vuelta al mundo discográfico, el propio James Talley ha sido
designado como mejor artista folk del año por Amazon.com. Este es,
ni más ni menos, el personaje que entrevistamos en exclusiva en
este número de Jambalaya. Con él hemos hablado de su música
y de sus proyectos, pero también de su perspectiva sobre un mundo
tan controvertido y especial como es el de la música country y sus
estilos afines.
Jambalaya: En un corto espacio de tiempo has editado dos álbumes ("Woody Guthrie and Songs of my Oklahoma Home" y "Nashville City Blues") que han tenido una muy buena acogida. ¿Desde cuando esperabas este momento?
James Talley: Estuve en negociaciones con Capitol Records en Hollywood durante casi diez años, intentado que reeditaran mis álbumes de mediados de los 70 o que me cedieran los derechos para que pudiera hacerlo yo por mi cuenta. Duante este período grabé "Woody Guthrie and Songs of My Oklahoma Home" (1994) y finalicé "Nashville City Blues" en 1998, por lo que tenía ya dos álbumes totalmente listos para ser editados. Ofrecí a Capitol Records la posibilidad de sacarlos al mercado en alguno de sus sellos, pero rechazaron la oferta, por lo que decidí publicarlos en mi propio sello. Ello ha significado mi reentrada en el mundo discográfico después de 20 años y para mi ha resultado muy gratificante el obtener una respuesta tan fantástica.
J: ¿Crees que ha sido difícil el reubicarte en el mundo discográfico después de las dos décadas de silencio en tu carrera?
JT: De hecho, la manera como hacen negocios las discográficas no ha cambiado para nada después de 20 años. Ya era horrible cuando empecé en los 70 y sigue siendo horrible hoy en día. Pero supongo que el poder y la belleza de la música es lo que nos empuja a aguantar todo lo demás. Creo que canto igual de bien, sino mejor, que hace 20 años y no creo que se me haya olvidado como se componen las canciones. Además, disfruto muchísimo con ello. Tanto es así, que ya he empezado las sesiones de grabación de mi nuevo álbum en San Antonio, Texas.
J: En tu opinión, ¿cuáles son las principales diferencias y similitudes en el negocio discográfico entre entonces y ahora?
JT: Diría que el principal cambio se debe a la aparición de los ordenadores personales y, especialmente, a la creación de Internet, es decir a la posibilidad de intercambio de información directamente entre usuarios. Este es el nuevo terreno de juego. En él, las pequeñas compañías compiten mucho mejor ante las grandes discográficas. Dado que no podemos gastarnos el dinero que ellos gastan en publicidad y promoción, nunca vamos a vender tantos álbumes, pero al menos tenemos una vía alternativa mediante la que ofrecer nuestro producto a los consumidores. Hace 20 años, si no tenías contrato con una multinacional esta tarea era totalmente imposible. En la actualidad las cosas están cambiando tan rápidamente que las grandes discográficas andan bastante desorientadas con respecto a qué estrategia comercial seguir. Sin duda, estamos en una época de grandes cambios.
J: Tus composiciones son todas de una gran calidad y estilísticamente tienen fuertes influencias de géneros como el folk, el country y el blues, lo cual habitualmente reporta buenas críticas pero no necesariamente éxitos comerciales.¿Crees que el nuevo formato Americana puede ayudar a artistas como tu a llegar a un mayor público?
JT: Evidentemente, el reconocimiento por parte de la crítica especializada es bueno, no tengo nada en contra de ello. Hay montones de buena música que le gente debería conocer y que tristemente nunca llegará al gran público. Desgraciadamente, las estaciones de radio del formato Americana son hoy en día las estaciones más pequeñas, aquellas que las grandes corporaciones no compraron en 1996 cuando se liberalizó el sector. Es difícil hacer llegar la música a tu público cuando la rotación de temas es pequeña. Una de las razones por las que las grandes discográficas producen "hits" es porque en las cadenas de radio importantes suena una misma canción cada dos o tres horas. Ello limita el número de canciones que pueden ser emitidas, ya que el día sólo tiene 24 horas, pero crea “hits”. El formato Americana ofrece a los oyentes un espectro mucho más grande de música, pero no puede programar cada canción con la insistencia con que lo hacen las grandes corporaciones radiofónicas. Por ello, creo que la herramienta verdaderamente poderosa es internet. Sitios como Amazon.com tienen millones de visitas al día y además ofrecen fragmentos de canción que la gente puede escuchar antes de comprar el álbum. El formato Americana aún tiene un gran camino por recorrer, pero creo que la estrategia a seguir para su expansión será internet.
J: ¿Todavía estás en el negocio inmobiliario? Si tu carrera musical despega de nuevo, ¿no va a ser difícil compaginar ambas actividades?
JT: Sí, aún estoy en el negocio inmobiliario. Sin él no podría financiar mis proyectos. Me gano la vida vendiendo fincas, pero es la música lo que hace que valga la pena vivirla. Quizás llegue un día en el que pueda ganarme la vida a través de la música, pero mientras tengo que pensar en como llevar el pan a casa!
J: ¿Qué otros proyectos musicales tienes entre manos para el futuro inmediato? En tus primeros álbumes utilizaste músicos de primer nivel como Johnny Gimble o B.B. King. ¿Tienes intención de colaborar con gente similar en tus próximos proyectos?
JT: Tal como he comentado, recientemente he estado en San Antonio para empezar la grabación de un nuevo álbum junto a Tommy Detamore y su banda, que fueron quienes acompañaron a Doug Sahm en su último álbum, "The Return of Wayne Douglas". Se trata de músicos excelentes, auténticos forjadores del sonido tejano, y creo que vamos a tener de nuevo entre manos un gran álbum. En cuanto a músicos de sesión, siempre busco lo inusual. Existen grandes músicos en todo el mundo, no sólo en Nashville. Es verdad que Nashville acoge a muchos de ellos, y muchos son incluso amigos míos, pero lo cierto es que para sobrevivir como músico de sesión en Nashville uno tiene que tocar en tantas sesiones "de plástico" que es difícil de mantener con vida esa chispa tan necesaria. Yo siempre busco la chispa, la magia. Es por ello por lo que grabé mis dos últimos álbumes en Santa Fe, New Mexico. Igual que Sam Phillips con los Sun Studios de Memphis cuando producía a Elvis. El no quería a músicos profesionales, quería a músicos que tocaran con sentimiento. Yo siempre busco ese sentimiento y al igual que la mayoría de personas, creo reconocerlo cuando lo oigo.
J: Finalmente, ¿piensas salir de gira para promocionar tus nuevos álbumes? ¿Hay posibilidades de que te veamos en Europa pronto?
JT: Yo siempre estoy a punto para salir de gira si puedo conseguir
que se autofinancie. He tenido ya varias ofertas de promotores europeos,
pero de momento los números no salen. Me encantaría venir
a Europa, pero no me puedo permitir el venir y luego perder dinero. Quizás
un día, antes de que sea demasiado viejo, podre ver mi sueño
realizado y llegar a un acuerdo que sea beneficioso tanto para el promotor
como para mi. Aprecio muchísimo a mis fans europeos y me gustaría
conocerlos, pero aún no ha llegado el momento. Además, no
puedo permitirme el financiar una gira de mi bolsillo. No me hace falta
irme tan lejos para perder dinero, ya sé como perderlo aquí
mismo!
Creada la Americana Music Association (AMA)
Era cuestión de tiempo. La apuesta decidida y a veces hasta descarada del country “oficial”, representado por las grandes compañías, por una música cada vez más alejada de las esencias del género ha hecho que muchos de los artistas y medios de comunicación que en su momento capitanearon e impulsaron el nuevo tradicionalismo, la mayoría de los cuales están ya lejos de la órbita de los grandes sellos, crearan una nueva asociación que les diera respaldo. Así nació la Americana Music Association (AMA; http://www.americanamusic.org), una asociación que engloba a todos aquellos profesionales que trabajan en el campo de la música americana de raíces, este estilo que, a falta de mejor nombre, se ha bautizado como Americana y que incluye al “country demasiado country” (“naw son, thanks, this is too country for us right now....” es la frase que más se escucha estos días por Music Row), bluegrass, folk contemporáneo, western swing y country blues.
La AMA fue creada oficialmente en octubre de 1999, pero el 11 de noviembre pasado se celebró en Nashville la primera convención anual de la nueva asociación, en la que participaron gente como Grant Alden (co-editor de la revista No Depression), Al Moss (Al Moss Promotions), Mike Kreski (Sony/Lucky Dog Records), Dennis Lord (SESAC), Paul Schatzkin (Songs.com), Van Simmons (Bank of America) y Jessie Scott (Gavin), entre otros muchos representantes de agencias de management, artistas, sellos discográficos y medios de comunicación especializados.
Los objetivos de esta convención no eran otros que los de definir las estrategias necesarias para reforzar y consolidar la creciente tendencia en cuanto a ventas observada en este segmento del mercado, en el que las cifras aún están lejos de las grandes estrellas pero que, en conjunto, dada su diversidad, da empleo a un número muy respetable de gente. El formato Americana engloba, al menos desde el punto de vista comercial, y así lo entienden las emisoras dedicadas a este estilo, a personajes tan diversos como los hermanos Charlie y Bruce Robison, BR5-49, Johnny Cash, Emmylou Harris, Keb Mo’, Steve Earle, The Del McCroury Band, Ricky Skaggs o Allison Moorer. Muchos fans del country clásico y estilos colaterales están decantándose cada vez más por un formato en el que, al menos de momento, el argumento principal de los sellos discográficos siguie siendo la calidad del producto final. El que el artista sea viejo o feo poco importa si hace buena música, justo lo contrario de lo que el Nashville oficial ofrece.
El nacimiento del formato se produjo de la mano de la revista Gavin, que lo creó de la nada y ubicó en él aquellos productos de calidad rechazados por el establishment. Poco a poco el número de emisoras que reportaban su programación fue creciendo y ahí nació la lista Gavin Americana, auténtico bastión del género. La decisión de Gavin de de descontinuar la publicación de esta lista a principios de otoño del año pasado supuso un pequeño contratiempo, pero en la mencionada convención ya se dio a conocer que será la publicación The Album Network la que recogerá el testigo dejado por Gavin a partir de finales del mes de enero del presente año. Entre los álbumes que han sido número 1 en la desaparecida lista Gavin Americana cabe citar a los últimos trabajos de Steve Earle, “The mountain” y “Transcendental blues”, el segundo álbum de Slaid Cleaves, “Broke down” o el variado “The I-10 Chronicles”.
Esperemos, por tanto, que el formato cuaje y que sea comercialmente
viable, ya que hasta el momento está siendo el refugio de muchos
grandes artistas denostados por los grandes sellos, Johnny Cash o Merle
Haggard, sin ir más lejos. Sin ellos, el panorama de la música
country y sus estilos afines estaría bastante desolado en estos
momentos, como si se tratara de una especie amenazada de extinción
ante la presión de otra demográficamente más poderosa.
Por suerte, aún queda gente dispuestar a enarbolar la torcha y seguir
adelante con la tradición musical de los USA. No les dejemos solos,
pues la pérdida podría ser irreparable.
Rodney Crowell: The Houston Kid
Kieran Kane: The blue chair
The O'Kanes: The only years
Sons of San Joaquin: Sing one for the cowboy
Earl Flores: Passion of my heart
Shadric Smith & The Billy Buffalo Band
Retta & The Smart Fellas: Rural jazz
Jean A. Boyd: The Jazz of the Southwest: An Oral History
of Western Swing (libro)
Kevin McKendree & Brothers from Other Mothers:
Miss Laura's kitchen
Flaco Jimenez: Sleepytown
Bill & Bonnie Hearne: Watching life through a
windshield
Eric Hisaw: Thing about trains
Waco Brothers: Electric Waco chair
Devil in a Woodpile: Division Street
Varios artistas: O Brother (soundtrack)
Si hasta ahora titulábamos esta sección sencillamente como “Novedades”, a partir de este número de la revista Jambalaya hemos decidido cambiar de nombre y agrupar nuestras crónicas como “Ecclectic Corner”, o el rincón ecléctico, donde se comentan álbumes que pueden ser de estilos muy variados, aunque siempre relacionados con la música americana de raíces, preferentemente música country.
Nuestro rincón ecléctico empieza con una novedad de gran transcendencia en el panorama musical country: el retorno a la actividad discográfica de un clásico del country neo-tradicionalista como Rodney Crowell. El 13 de febrero saldrá a la venta en todo el mundo su nuevo álbum, “The Houston kid”, editado por el espléndido sello de Carolina del Norte, Sugar Hill Records (http://www.sugarhillrecords.com). “The Houston kid” es un álbum esencialmente autobiográfico en el que Rodney Crowell despoja su alma y nos cuenta algunas vivencias personales realmente íntimas, algo que no se atrevió a hacer en vida de su madre, según cuenta en una entrevista aparecida en el último número de la revista “No Depression”. A través de las canciones del disco, Crowell cuenta, entre otras cosas, la difícil relación con su padre (“The rock of my soul”) o la fascinación que Johnny Cash le producía cuando era chico, especialmente gracias a su tema preferido, “I walk the line”, el cual aparece en el disco puesto al día como “I walk the line (revisited)” y donde participa también el propio Cash con su inconfundible voz. El álbum también sirve para presentar nuevos temas como “Telephone road”, “I wish it would rain” o “Wandering boy”, así como resucitar viejas canciones escritas décadas atrás, como “Highway 17” o “Banks of the old Bandera”. Grabado íntegramente antes de negociar con ningún sello discográfico, Crowell ha conseguido realizar un álbum sin la presión que tenía en MCA por conseguir “hits”, lo que se nota en el aire fresco y distendido que emana, sin otra pretensión que la de gustar. Sin duda, un clásico americano para empezar bien el siglo XXI.
Otro contemporáneo de Rodney Crowell y también clásico entre los cantautores actuales es Kieran Kane, quien acaba de publicar nuevo trabajo en la cooperativa musical Dead Reckoning. El álbum se titula “The blue chair” y sigue la tendencia iniciada con el anterior disco de estudio, “Six months, no sun”, donde Kane empezó a alejarse de los tonos optimistas de anteriores trabajos y a pintar sus canciones con sombras y demonios interiores. A pesar de ello, Kieran Kane continua ofreciendo grandísimas canciones, como la que abre el disco, “Honeymoon wine”, donde demuestra que las fronteras entre la balada country y la balada jazz no están tan definidas como uno podría pensar a priori. Otros grandes temas son “Same old blues”, el ya presentado en el anterior disco en directo con Kevin Welch, “Four questions”, “I’m sorry”, “Rosie’s gone”, escrita a medias con su antiguo socio en los O’Kanes, Jamie O’Hara, y el que fuera número uno en la voz de Alan Jackson, “I’ll go on loving you”. Como curiosidad, destacar los dos temas cantados en francés, algo que Kieran Kane acostumbra a hacer desde que en 1994 viajara al Country Rendez-Vous Festival, en Craponne-sur-Arzon: “In a town called La Chaise-Dieu / I met my Christine / The most beautiful woman / That I’ve ever seen”, empieza una de sus canciones de la época... Quizás allí esté la clave de todo!
Y ya que hablamos de Kieran Kane y Jamie O’Hara hay que decir que el sello Sony Music ha editado un trabajo de compilación de los míticos The O’Kanes. Titulado “The only years”, y a pesar de que la selección de 10 temas se queda más que corta y que olvida de algunos títulos fundamentales de la carrera del dúo, el álbum muestra perfectamente la calidad que The O’Kanes atesoraban. Temas como “Tired of the running”, “Highway 55”, “Oh darling”, “Bluegrass blues” o “When we’re gone, long gone” no han perdido un ápice de actualidad después de 15 años y siguen siendo esas joyas del country teñido de bluegrass que ya eran en su momento.
Cambiando de estilo, nos vamos hasta el más puro estilo western con los hermanos Hannah, es decir, con The Sons of The San Joaquin. Durante el segundo semestre del pasado año salía a la luz su más reciente álbum “Sing one for the cowboy” editado por Western Jubilee-Shanachie (http://www.westernjubilee.com). Repleto de canciones nostálgicas que evocan el esplendor y la belleza del lejano oeste, como “Trail to San Antone”, “Still water pool”, “Sierra Nevada”, “California”, “God gave the cowboy Montana”, “Texas plains” o “The West”, The Sons of The San Joaquin se rodean de legendarios músicos tejanos como Tom Morrell, Tim Alexander o Rich O’Brien para situar este nuevo trabajo a un nivel elevadísimo dentro de su género. Fuertes influencias western también aparecen en el álbum de Earl Flores, “Passion of my heart” (http://www.rimrecords.com), un artista que incorpora además elementos de honky-tonk, trucker music, bluegrass y swing a su música. El disco tiene momentos realmente interesantes, con piezas como “Daddy’s bride”, “I’m in love with you”, “Walkin’ down the dusty road”, “Most folks call me Earl” o “Cowboy ain’t a cowboy”.
Más centrados ya en el western swing nos encontramos a Shadric Smith & The Billy Buffalo Band (http://www.shadric.com) y a Retta & The Smart Fellas (http://www.rettaandthesmartfellas.com). Shadric Smith & The Billy Buffalo Band es el nombre de un grupo de Fort Dodge, Iowa, que en 1999 debutaba con este álbum de presentación. Catorce temas en la más pura estética musical de Bob Wills o Asleep at The Wheel conforman este álbum que no va a defraudar a los fans del género. Temas como “Yankee cowboy”, “The moon is my companion”, “Ride the Texas wind” o “I can’t stop my feet from dancin’”, aparte de sonar realmente bien, suponen toda una declaración de intenciones por parte de Shadric Smith y su banda. Cabe destacar también la colaboración del maestro Vassar Clements al fiddle, que pone su granito de arena para que el disco suene realmente fresco e interesante.
Retta & The Smart Fellas provienen de Portland, Oregon y, a pesar de ser poco conocidos, son sin duda una de las bandas más “calientes” del western swing actual. Su álbum “Rural jazz” no deja lugar lugar a dudas y el título ya muestra por donde van los tiros: sobre una base indiscutiblemente country, los Smart Fellas ponen el acento en el desafío a las escalas y en la improvisación. Sin lugar para la batería, Retta & The Smart Fellas cuentan con un piano (Jim Goodwin) que saca jugo a la mejor tradición del swing y del stride del Harlem de los años 20, un fiddle (Kevin Healy) que lidera la melodía del grupo y que muestra claramente las influencias de los maestros Joe Venuti y Cliff Bruner, un guitarrista (Jesse Johnson) que conoce perfectamente la tradición de su instrumento en el swing gracias a Django Reindhart y Joe Pass, y un bajista (Bill Uhlig) sólido como un metrónomo, todos ellos arropando a la voz de Retta Christie, quien además toca la guitarra acústica. Las influencias del estilo vocal de Retta Chistie van desde Patsy Cline y Patsy Montana hasta la vocalista de jazz Dinah Washington. El álbum, como podéis imaginar, no tiene desperdicio, con piezas tan memorables como “There’s an old water mill by a waterfall”, “I saw your face in the moon”, “Don’t let the stars get in your eyes”, “Back in your own backyard” y la irresistible versión boogie-boogie de “Deep in the heart of Texas”, donde Jim Goodwin se luce al piano, especialmente con su mano izquierda, con la que lidera la sección rítmica. Todo un descubrimiento.
Y ya que hablamos de western swing, aquellos que tengan curiosidad por el género y quieran profundizar más en su génesis, su historia y conocer a los músicos más notables en cada uno de los instrumentos, no pueden pasar por alto la lectura del interesantísimo libro “The Jazz of the Southwest: An Oral History of Western Swing” de Jean A. Boyd, una profesora de Musicología de la Baylor University School en Waco, Texas. Este libro, editado en 1998 y disponible en Amazon.com, reflexiona sobre los elementos esenciales del western swing y los analiza en el contexto socio-económico de la época, además de destacar las habilidades y la contribución musical de genios como Bob Wills, Milton Brown, Cliff Bruner, Herb Remington, Johnny Gimble y un largo etcétera de leyendas del género.
Y después de ocuparnos del western swing hacemos un pequeño paréntesis y nos adentramos por un momento en el blues de la mano del antiguo teclista de la banda de directo de Lee Roy Parnell, un personaje que responde al nombre de Kevin McKendree (http://www.eastfolk.com). Kevin McKendree es actualmente uno de los músicos de sesión más reputados de Nashville y, a parte de Lee Roy Parnell, ha trabajado también con Vince Gill, Rodney Crowell y Delbert McClinton. Kevin McKendree y su grupo, Brothers from Other Mothers, acaba de lanzar al mercado “Miss Laura’s kitchen”, un interesante CD de blues clásico que sin duda gustará a los que disfruten con este estilo.
Una de las buenas sorpresas del año ha venido de la mano del nuevo sello Back Porch Records (http://www.backporchrecords.com), ubicado en Milwaukee, Wisconsin, y dedicado enteramente a la música americana de raíces. En tan solo un año ha publicado tres excelentes álbumes: “The I-10 Chronicles”, ya comentado en un anterior número de esta revista, el nuevo trabajo de Flaco Jiménez, “Sleepytown”, y el álbum de los legendarios Bill & Bonnie Hearne, “Watching life through a windshield”. Mientras el gran Flaco Jiménez continúa ofreciéndonos aquello que mejor sabe hacer, es decir, un tex-mex de primera calidad, con colaboraciones estelares como las de Dwight Yoakam, Buck Owens y Lee Roy Parnell, los veteranos Bill & Bonnie Hearne, maestros de gente como Lyle Lovett y Nanci Griffith, se sacan la espina de tantos y tantos años en el pseudoanonimato del circuito de clubes del sudoeste. Su nuevo álbum, el segundo editado a nivel nacional después del “Diamonds in the rough” de Warner Western, está anunciado como “la mejor colección de canciones de carretera que nunca vas a escuchar”. No sabemos si es la mejor de todas, pero lo que sí sabemos es que estamos ante un disco de cinco estrellas, de esos que no pueden faltar en las colecciones de los buenos aficionados. Bill y Bonnie demuestran su talento vocal e instrumental (él a la guitarra acústica y ella al piano) y además cuentan con la ayuda de Chris Hillman, Herb Pedersen, Emmylou Harris o Jay Dee Maness, entre otros. El disco contiene 13 canciones y empieza con una vibrante versión del “You ain’t goin’ nowhere” de Bob Dylan y sigue con “Paint the town beige” de Robert Earl Keen, “L.A. freeway” the Guy Clark y “Drifter’s wind”, de Chuck Pyle pero popularizado por Tish Hinojosa. Otros grandes momentos llegan con “A-11” de Hank Cochran, “She never spoke Spanish to me” de Butch Hancock, “Bartender’s blues” de James Taylor y con el hard-swing de “Lookin’ at the world through a windshield”. Muy, pero que muy recomendable.
Otro artista que hemos descubierto en este tramo final del 2000 es Eric Hisaw (http://www.river-bottom.com/hisaw.html), un cantautor y multiinstrumentista (guitarras acústica y eléctrica y mandolina) de Austin, que ofrece canciones llenas de sustancia tejana a lo Robert Earl Keen, y que cuenta con la colaboración de algunos de los mejores músicos de sesión de la zona, como Champ Hood (fiddle) y Ponte Bone (acordeón). Su álbum de presentación lleva por título “Thing about trains” y se incia con un arrollador “Such a good night”, seguido de “Big brother”, un tema con aromas cajun. Canciones de carretera, de trenes, de desamores y de nostalgia llenan un disco de un artista que apunta a cotas más altas y que se luce en temas como “Down the road”, “Thing about trains”, “Legend or loser” y “Thanks to you”.
De Texas nos trasladamos hasta la fría Chicago, donde se encuentra el cuartel general de Bloodshot Records (http://www.bloodshotrecords.com), uno de los sellos por excelencia del alt.country más radical. Esta vez las novedades que presentan son dos: el nuevo álbum de los correosos Waco Brothers, “Electric Waco chair” que es ya el quinto de su carrera, y el segundo de los originales Devil in a Woodpile, titulado “Division Street”. Los Waco Brothers, liderados por el británico Jon Langford, presentan un álbum de corte realmente eléctrico, similar a lo que a mediados de los 80 se llamó Nuevo Rock Americano y que tuvo en The Long Ryders y en Green on Red entre las bandas más destacadas. Sin embargo, no todo son guitarrazos, sino que en algunos temas, como por ejemplo “Mighty fall”, los Waco Brothers no se olvidan de utilizar la steel guitar y darle un toque algo más country a su propuesta. Trece canciones son las que componen este álbum de alto voltaje que tiene sus mejores momentos en el tema antes mencionado y en “It’s not enough”, “Walking on hell’s roof looking at the flowers” y la versión de “When I get my rewards”.
Por lo que respecta a Devil in a Woodpile, lo suyo es hacer una música que no entienda de formatos ni de géneros, no en vano incluyen en su repertorio blues, country, ragtime y swing. Son un grupo actual pero su propuesta musical conecta directamente con lo que era novedoso hace 70 años, es decir, las formas más primitivas de los estilos arriba mencionados, el mismo terreno musical que pisan los también singulares Asylum Street Spankers o The Hot Club of Cowtown. El grupo está formado por Rick Sherry (voz solista, armónica, washboard, clarinete), Paul Kaye (guitarra, mandolina, voces), Tom Ray (bajo acústico, ukelele) y Gary Elvis Schepers (tuba), y cuenta con la colaboración del virtuoso del violín de swing, Andrew Bird. El álbum incluye catorce temas, cinco de ellos de composición propia, mientras que del resto sobresalen clásicos como “I shall not be moved”, “I’m a steady rollin’ man” de Robert Johnson o “My baby leavin’” de Sonny Terry.
Y finalmente, y en concordancia con la música
de los Devil in the Woodplie, una banda sonora. Se trata de la música
de la película de los hermanos Coen, “O Brother, Where Art Thou?”
(http://www.obrothersoundtrack.com),
una joya que muestra el hervidero musical que era el sur de los USA en
los años 30, momento en el que varios de los estilos hoy en día
ya absolutamente reconocidos y diferenciados (country, blues, jazz, folk)
empezaban a dar sus primeros pasos. La banda sonora tiene un tema estelar,
que es el clasico “Man of constant sorrow” puesto al día por Dan
Tyminski y el grupo elegido para interpretarla, unos Soggy Bottom Boys
formados ni más ni menos que por Barry Bales al bajo acústico,
Jerry Douglas al dobro, Chris Sharp a la guitarra acústica, Ron
Block al banjo, Stuart Duncan al fiddle, Mike Compton a la mandolina y
el propio Dan Tyminski a la guitarra acústica y a la voz solista.
El tema aparece en varias versiones, desde la anteriormente citada hasta
dos versiones instrumentales, una a cargo de Norman Blake y la otra
a cargo de John Hartford. Esta banda sonora también cuenta con la
participación de Alison Krauss, Gillian Welch, Emmylou Harris, Ralph
Stanley, The Fairfield Four y The Cox Family, entre otros artistas. El
repertorio consiste básicamente en versiones actualizadas de los
clásicos de la época, como el ya citado “Man of constant
sorrow”, el conocidísimo “In the jailhouse now” de Jimmie Rodgers,
“You are my sunshine”, “Down to the river to pray”, “Keep on the sunny
side” o “Lonesome valley”. En este caso vale la pena hacer una inversión
doble: ver la película y hacerse con el CD, sin duda alguna!
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