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Laura Cantrell: When the roses bloom again
The Beauty Shop: The Beauty Shop
She-Haw: Splinter
Tom Clelland: Little stories
John Miller: Popping pills
Eric Hisaw: Never could walk the line
Joe Fournier: Raw sugar shed
Porter Hall, TN: Welcome to Porter Hall Tennessee
The Starrom Boys: This world just won’t leave you alone
Greg Trooper: Floating
En
la Gran Bretaña, el sello escocés Shoeshine Records (http://www.shoeshine.co.uk)
ofrece material de artistas de ambos lados del Atlántico, siempre
buscando ese plus de originalidad a que obliga el ser una compañía
independiente. Sus pequeños grandes éxitos han venido básicamente
de la edición europea del excelente disco de debut de Laura Cantrell,
“Not the trembling kind”, del álbum “Primal young” de Steve Young,
y de la publicación de “Lonesome blue”, el impresionante álbum
de la mejor banda británica de country, Radio Sweethearts. En la
nueva remesa de material ofrecido por este sello encontramos el nuevo álbum
de Laura Cantrell (http://www.lauracantrell.com),
“When The Roses Bloom Again”, un trabajo continuista respecto al mencionado
disco de debut y que se sitúa en el terreno de ese country-folk
representado por nombres como Nanci Griffith o Stacey Earle. Otro
trabajo a comentar es el álbum de debut de la banda de Urbana, Illinois,
The Beauty Shop (http://www.aversion.com/bands/beautyshop),
titulado “Yr money or yr life”, con el cual se adentran en el mismo terreno
oscuro y neo-gótico que los 16 Horsepower ya exploraron en su álbum
“Folklore”. Interesante también es el álbum
“Splinter” del dúo femenino She-Haw (http://www.she-haw.com),
formado por la tejana Beth Case y la nativa de Tennessee Amy Pickard, quienes
recrean el sonido del old-time, del bluegrass y del country a base de composiciones
propias (a excepción del tema inicial a capella “Oh death”) también
desde un prisma más bien depresivo y con influencias de Freakwater
y Hazeldine. En cuanto a artistas británicos,
las más recientes novedades provienen del veterano Tom Clelland
que debuta con su álbum “Little stories”, y del líder de
los Radio Sweethearts, John Miller, con su trabajo en solitario “Popping
pills”. En “Little stories” Tom Clelland (http://www.tomclelland.com)
se revela como un buen cantautor folk y con una notable técnica
de fingerpicking, tal como lo acredita en el mejor tema del álbum,
el inicial “I wish that I could write like old Guy Clark”. En resumen,
un álbum que contiene una base de buenas canciones pero que con
unos arreglos e instrumentación más vistosos hubiera ganado
muchísimos enteros.
Párrafo
aparte merecen John Miller (http://www.johnmillermusic.com)
y su “Popping pills”, un trabajo que sigue en la misma línea estilística
que el imprescindible álbum ya citado de su banda, Radio Sweethearts,
y que convierten, sin ninguna duda, a John Miller como el mejor compositor
e intérprete de country tradicional de toda Europa. El tema inicial,
“One of those old country songs”, ya deja el listón a un nivel altísimo,
con brillantes frases como “And I sure am in a sorry state / When the
only thing that makes my day / Is hearing James Burton play guitar”,
al que siguen otras excelentes canciones como “Don’t forget to tell him”,
“The dream I had last night” –con un aire californiano parecido a algunos
de los temas contenidos en el álbum “Lonesome feeling” de Herb Pedersen-,
“Taking the long way to freedom”, “Popping pills” o “I’m a loser again”.
Este “Popping pills” es un álbum más bien intimista, compuesto
principalmente por unas baladas y medios tiempos en los que se sumerge
la aterciopelada voz de John Miller, que a veces recuerda poderosamente
a la de Ricky Van Shelton. Conocido en su Escocia natal como “The singing
conductor”, Miller ha puesto su empeño en desarrollar una carrera
profesional que le permita dejar definitivamente su empleo de camionero
para dedicarse por entero a la música, algo que tiene perfectamente
al alcance de su mano si sigue editando material de este nivel.
En
Suecia también han aparecido sellos que editan buena música
de formato Americana, como es el caso de Dusty Records (http://www.dustyrecords.se),
el hogar musical en Europa del multiinstrumentista, compositor, cantante
y productor tejano Eric Hisaw, del cual ya habíamos comentado su
anterior trabajo “Thing about trains” en el número 11 de esta revista,
así como de un cantautor altamente ecléctico que responde
al nombre de Joe Fournier. La nueva propuesta musical en solitario de Eric
Hisaw (http://www.river-bottom.com/hisaw.html)
–no hay que olvidar sus aportaciones a la excelente banda Blue Diamond
Shine- lleva por título “Never could walk the line” y supone una
evolución hacia un terreno menos country y más americana
(quizás en otra época lo habríamos etiquetado como
folk-rock) respecto a aquel notable “Thing about trains”. Hisaw sigue escribiendo
canciones de letras tupidas y arreglos simples pero efectivos, comandados
por su omnipresente Telecaster, arropada esta vez por músicos como
Jud Newcomb a la guitarra eléctrica y slide, Larry Tracy (The Heymakers)
a la pedal steel y a la guitarra eléctrica de doce cuerdas, Ron
Flynt al bajo, Dana Myzer a la batería, y Lisa Mednick al acordeón,
entre otros. Con una voz que recuerda tanto a la de Robert Earl Keen como
a la de Bob Dylan, Eric Hisaw ofrece sus mejores momentos en temas como
“Garage sale”, “Something good to say”, “Ain’t how it was”, “First time
again”, “Ramblin’ blues”, “Danced with the prettiest girl” y especialmente
en el tema inicial “Maybe the devil”, dedicado a la memoria de dos de sus
ídolos fallecidos prematuramente, como Jeffrey Lee Pierce (Gun Club)
y Eddy Shaver (Shaver). Interesante segundo álbum para un artista
que apunta hacia elevadas cotas de calidad e interés a poco que
logre dar un mayor colorido a su música.
Que
el canadiense Joe Fournier (http://www.joefournier.com)
es un personaje inquieto lo demuestra un breve repaso a su actividad profesional
y a sus hobbies: mientras que como aficionado ha dedicado su tiempo a escuchar
música country, a las motocicletas, a coleccionar singles de 45
rpm, a la fotografía y a la comida picante, como profesional ha
trabajado de técnico de sonido, productor de discos, DJ, escritor,
imitador de los Beatles, cocinero de pizzas, diseñador gráfico
y fabricante de muebles. Cuando una persona de este tipo edita un disco
entra dentro de la lógica el pensar que éste manifestará
también una amplia variedad de estilos musicales. Y, efectivamente,
así lo refleja su disco de debut “Raw sugar shed” para el sello
sueco Dusty Records, un álbum absolutamente artesanal en el que
el propio Joe Fournier toca todos los instrumentos (guitarra eléctrica,
acústica, bajo, steel guitar), incluidos los programas de ritmos
sintetizados, y pone todas las voces. El trabajo deambula estilísticamente
por el rock de corte clásico, el rock sureño, el folk, el
country, el country-blues e incluso el pop, e incluye temas de una energía
incontenible como “All about Irene”o “Susan, love Jack” o “So satisfied”.
También merecen mención especial el inicial “My country includes....”,
“My baby drives fast”, “Must’ve been on drugs”, “Everyhting”, “Country
music’s gone to hell” y el tema final, el homenaje a Johnny Cash, “Johnny
Cash plan”. Un álbum realmente meritorio que sirve como presentación
para un artista que demuestra tener aparte de versatilidad y talento para
con los diversos instrumentos, madera de gran cantautor.
Un
nuevo sello aparecido recientemente en el panorama de la música
del formato Americana es Slewfoot Records (http://www.slewfootrecords.com).
Con la sede en Crane, Missouri, los responsables de este pequeño
sello independiente han sabido encontrar e incorporar a su plantel a un
puñado de artistas prácticamente desconocidos pero capaces
de producir música country con una calidad y una frescura envidiables,
como por ejemplo Florence Dore (ver el número 16 de la revista Jambalaya
para la crítica de su álbum de debut “Perfect city”), Duane
Jarvis, Porter Hall TN, Domino Kings, Hillbilly Idol o The Starroom Boys.
Porter Hall TN (http://www.porterhall.com)
es un dúo formado por Molly Conley y Gary Roadarmel que, provenientes
del punk-rock, intepretan el country de corte clásico con una respetable
solvencia y que en crónicas sobre el reciente festival austiniano
SXSW han recogido cumplidos como que en las baladas country prácticamente
suenan como Porter Wagoner y Dolly Parton. Porter Hall, TN, debutan con
una colección de once canciones titulada “Welcome to Porter Hall
Tennessee” repletas de pedal steel, fiddle e incluso buenas dosis de banjo.
A lo largo del álbum Molly Conley y Gary Roadarmel se van alternando
en la voz solista de las canciones, de forma que, como buena pareja artística,
se reparten equitativamente el tiempo disponible. Sin embargo y en opinión
de este cronista, el verdadero mérito del álbum se encuentra
en los temas interpretados por Molly Conley, todos ellos dulces baladas
inequívocamente country y de propia cosecha, a los cuales se ajusta
perfectamente su voz cálida y sedosa. Sus canciones tratan con notable
maestría los temas insignia del country: la recuperación
emocional a través de la huida en “Halfway there (I’m gone)” (“I’m
gone like the comfort in your voice / I’m gone from the thought I had no
choice”), la despedida de una persona querida pero ya no amada en “Angel
without wings” (“I know you’re lonely / And I sympathize / But you are
free / So let yourself be / Just be an angel / An angel without wings”)
o la soledad debida al desamor en “Middle Tennesse” (“I can’t go on
/ Feeling alone / I can’t go on / Waiting for the telephone / .../ Cause
I’m stuck in the middle / Of love and hate / Stuck in the middle / Of early
and late”). En cambio, las canciones interpretadas por Gary Roadarmel
–y no todas compuestas por él- son algo más previsibles,
aunque aportan el perfecto contrapunto de twang, de bares y borracheras
que balancean el contenido del álbum ante las delicadezas de Molly
Conley, siendo los mejores temas un “Golden chain of hate” que empieza
de forma totalmente aclaratoria (“Whiskey, whores and overtime have
taken her place now that she’s gone”), “Old Kentucky home” y el tema
inicial “Screwed blue” que muy bien podría haber sido grabado por
Dwight Yoakam o The Derailers. En resumen, un disco de debut más
que recomendable para los fans de la buena música country de corte
clásico pero de sonido contemporáneo.
Después
de que su disco de debut de 1999 titulado “Why Do Lonely Men and Women
Want to Break Each Other's Hearts?” fuera proclamado por la revista Ink
19 como “el mejor álbum de debut en formato country desde que unos
tipos llamados Earle y Yoakam revitalizaran el género unos pocos
años atrás”, The Star Room Boys (http://www.slewfootrecords.com/artist.asp?ID=4)
publicaron a finales de 2001 su segundo álbum en Slewfoot Records
con el nombre de “This world just won’t leave you alone”. Con esta nueva
colección de doce canciones la banda de Athens, Georgia confirma
las expectativas levantadas con su primer álbum y de nuevo ha recogido
críticas entusiastas por parte de medios tan reputados como No Depression,
Pulse! o All Music Guide. Liderados por el guitarrista, vocalista y compositor
Dave Marr, los Star Room Boys ofrecen un country clásico suave y
delicado, con una bella combinación de melodías, voces y
texturas que recuerda a la producción de otra gran banda del country
independiente como son The Bastard Sons of Johnny Cash, destacando temas
como “White lies, blue tears”; “I can’t stand to be alone”, “Cocaine parties”,
“The daydreamer”, “I’ll play angel”, “The 4:05” y “Time”.
Es
difícil escribir imparcialmente sobre artistas de los cuales uno
es tan parcial –a favor, se entiende-, como en el caso del neoyorkino Greg
Trooper (http://www.gregtrooper.com),
uno de los mejores cantautores actuales de la música americana y
que en mi ránking particular compartiría posiciones de cabeza
–no importa el orden- con Guy Clark, Tim O’Brien y Michael Fracasso. Su
nuevo álbum, el primero que graba para el sello Sugar Hill Records,
se titula "Floating" y cuenta de nuevo con la producción de Phil
Madeira, quien ya se encargó de las mismas tareas en su anterior
trabajo "Straight down rain". Si de "Straight down rain" habíamos
comentado en la revista Jambalaya que era un excelente trabajo pero que
no estaba a la altura de su memorable "Popular demons" (de 1998 y producido
por Buddy Miller) debido a que la mecionada producción de Phil Madeira
ensuciaba innecesariamente algunos temas, de "Floating" hay que decir que
parece más una producción de Miller que de Madeira, lo cual
es ya una excelente noticia para los que nos enamoramos del sonido de "Popular
demons". Como ya es habitual en Trooper, las canciones transcurren transversalmente
a estilos como el country, el folk, el rock e incluso el bluegrass en uno
de los mejores temas del álbum, el titulado "Lucky that way". El
trabajo empeiza con un tema con una base de blues titulado "The road so
long" en el que destaca la colaboración de Mike McAdam (ex–miembro
de los Dukes de Steve Earle) a la guitarra eléctrica, para seguir
con una bonita balada compuesta junto a Buddy Mondlock titulada "When my
tears break through". Otros momentos estelares provienen de canciones tan
bellas como las baladas "Floating", que da título al disco, "Apology"
o "The lasting kind", o del trasfondo de country contemporáneo de
"Hummingbird", del folk acústico de "From only you" y de "Inisheer",
donde la voz de Maura O’Connel aporta un distintivo aroma celta, o del
nuevo clásico que Trooper añade a su carrera: "Muhammad Ali
(The meaning of Christmas)", sobre el que Steve Earle cuenta en los créditos
del álbum que así que la escuchó por primera vez en
una reunión de cantautores en la que estaban ambos, se fue inmediatamente
a su casa para aprenderla. El motivo de la canción proviene de una
aparición de Muhammad Ali en la televisión americana a raíz
de los atentados del 11 de septiembre y en ella Trooper describe el mensaje
de cordialidad y de paz que el legendario boxeador transmitió al
mundo: "His hands were shaking and his knees were weak / But listen
when this old boy speaks / I am the greatest, he said with a grin / But
he was talking about you, not about him / And was teaching me the meaning
of Christmas". En cuanto a colaboradores, éste no es un álbum
en el que se reúnan decenas de nombres ilustres –los más
conocidos serían los mencionados Mike McAdam, Maura O’Connell y
el propio Phil Madeira-, sino que más bien es un disco realizado
desde una cierta modestia de medios que no empañan para nada el
resultado final gracias a la inmensa profesionalidad y sentido artístico
de Greg Trooper. Para quien suscribe estas líneas, éste es
uno de los discos del año, sin duda alguna.