The Eclectic Corner - Abril 03

Bastard Sons of Johnny Cash: Distance between
Kevin Welch: Millionaire
Cary Hudson: The Phoenix
James McMurtry: Saint Mary of the Woods
Various artists: This is Americana, Vol. 1
Guy Clark: The dark
Django Walker: Down the road
Valerie Smith: No summer storm
Eric Blakely: The Payne Anthology
 

El nombre “Cash”, y si va acompañado de “Johnny” aún más, sigue siendo motivo de referencia y de reverencia en el mundo de la música country, tanto por parte de artistas como de fans. Quizás por ello los hermanos Peter & Andrew Cash, cuyo álbum “How was tomorrow” ya comentamos en el número 20 de esta revista escogieron como nombre artístico Cash Brothers. Y seguramente por esa misma razón, Mark Stuart escogió un nombre tan sonoro y con unas reminiscencias tan inequívocamente country como Bastard Sons of Johnny Cash (http://www.bsojc.com), opción bendecida además por el propio Johnny Cash, quien les ayudó en persona a conseguir una actuación en el House of Blues de Los Angeles. Originarios de San Diego, en el año 2000 debutaron con un sobresaliente álbum de country-rock en la mejor tradición del sonido Bakersfield, lleno de pedal steel y de twang de Telecaster titulado “Walk alone”, del cual al año siguiente salió al mercado una versión ampliada con dos temas adicionales. Su nuevo y reciente trabajo se titula “Distance between” y supone una cierta sorpresa, ya que los BSOJC –o, mejor dicho, su líder indiscutible y compositor de la mayoría de temas- se aleja de esta línea de reviviscencia del sonido outlaw que tan bien les había funcionado en “Walk alone”. En “Distance between”, los BSOJC componen un álbum bastante más sosegado y lánguido, a la vez que elegantísimo, donde se nota la mano del productor Mark Howard, colaborador de Daniel Lanois en álbumes tan especiales como “Oh Mercy” y “Time Out of Mind” de Bob Dylan, “Wrecking Ball” de Emmylou Harris y “All That You Can't Leave Behind” de U2. La voz de Mark Stuart recuerda unas veces a la de Chris Isaak, otras a la de Bruce Springsteen, y en otras a la del mismísimo Elvis, mientras que la banda suena absolutamente impecable a lo largo del álbum, tanto en los temas más parecidos al sonido del primer álbum como “1970 Monte Carlo” o “Marfa lights”, en los más rockeros como “Wind it up” o “Damage is done”, o en los más sosegados como “Hard times”, “Distance between” (con un aire a lo que fue la etapa americana de los U2) o en la balada del siglo XIX “Long black veil”, que justamente Mark Stuart aprendió de Johnny Cash. Tal como acertadamente reza en su página web, “este álbum no es menos country que “Guitar town” de Steve Earle, “Nebraska” de Bruce Springsteen o “Wrecking ball” de Emmylou Harris”, por tanto un álbum de los que no son superventas pero que dejan huella. A descubrir.

La historia del Jambalaya cuenta que Kevin Welch (http://www.kevinwelch.com) fue el primer artista extranjero en pisar su escenario, allá por el ya lejano 23 de enero de 1998. Fue un concierto acústico, en solitario, y lleno de magia que a muchos nos cambió la perspectiva que teníamos de este llanero solitario de la canción de autor americana. Kevin Welch empezó su carrera en solitario en el sello de Warner, Reprise Records, con el que editó dos excelentes álbumes, “Kevin Welch” y “Western Beat”. En 1995 y junto a colegas como Kieran Kane, Mike Henderson, Tammy Rogers y Harry Stinson fundó la cooperativa musical Dead Reckoning con la que acaba de editar su tercer álbum, “Millionaire”. Grabado con The Danes, la banda escandinava que utiliza para sus giras europeas, “Millionare” es la continuación lógica del camino iniciado con “Beneath my wheels”, un camino que diverge cada vez más del estilo de sus dos primeros álbumes en Reprise. El sonido actual de Kevin Welch es mucho más elaborado y moderno, y entraría dentro del concepto Triple A, ya definido en esta colaboración al hablar de los últimos trabajos de Kimmie Rhodes y de Jamie O’Hara. Sin embargo, en “Millionaire” aún quedan restos del viejo Kevin Welch, ése que cuenta sus vivencias más íntimas con un tratamiento acústico y despojado, como en la bellísima “When the sun shines down on me” (“When the rain falls, I walk in it / When the snow falls, I just freeze / It's you that I call the very minute / When the sun shines down on me”) o en “Blanket of snow” (“I used to wrap her love around me / kept me warm when the wind would blow / Now only memories surround me / Like a blanket of snow”). Otros momentos interesantes del álbum son “Glorious bounties”, un tema escrito junto a su hijo Dustin Welch (el destinatario de esa “Letter to Dustin” con que se cerraba su álbum Kevin Welch de 1990) y que suena a puro Bruce Springsteen, la preocupante –si es que es autobiográfica- “Killing myself” (“I've been killing myself / slow and steady / killing myself / and I don't know why / I've been killing myself / and I'm not even ready to die”), que cuenta con un tratamiento cercano al blues, la surrealista “The sun king and the winter moon” y la desfasada “Stray dog”, que sirve para cerrar el álbum. Aún respetando la calidad de estas nuevas propuestas de Kevin Welch y su derecho a explorar nuevos formatos musicales, este cronista sigue prefiriendo los temas más directos y menos adornados (“True love never dies”, “Hello, I’m gone”, “Something ‘bout you”, “I feel fine today”, “Life down here on Earth” serían buenos ejemplos), territorio en el que es todo un maestro.

Cary Hudson (http://www.blackdogrecords.com/caryhudson/index.htm) había sido el alma, el guitarrista y el vocalista de la banda de roots-rock Blue Mountain desde su fundación en 1993 hasta que se separaron en 2001. Si por algo destacaron los Blue Mountain fue por su calidad en la composición e interpretación de los temas, así como por su energía en la interpretación, lo que les hacía bascular entre el rock sureño y la auténtica música de raíces, fuera country, folk o blues. Esa misma esencia es la que impregna desde la primera hasta la última nota de su álbum de debut en solitario, “The Phoenix”, un impresionante trabajo de doce temas en su edición europea del sello alemán Glitterhouse Records (la americana de Black Dog Records sólo contiene nueve) que lleva a Cary Hudson a compartir podio con otros cantautores del alt.country, como Jack Ingram, Scott Miller o Jay Farrar. El álbum es mayoritariamente eléctrico, con temazos como “By your side”, “The Phoenix”, “Bend with the wind” (con clarísimas influencias de Billy Joe Shaver), “Mad, band and dangerous”, “Free State of Jones” y el imponente blues que cierra el álbum, “Haunted house blues”, aunque también reserva espacio para temas acústicos como el perfecto country blues de “August afternoon” o de “8 ball blues”. En resumen, uno de los mejores trabajos editados el pasado 2002 y que a veces recuerda ese otro memorable y terroso álbum que fue el primer trabajo de los Tarbox Ramblers. Imprescindible.

Aunque nacido en Fort Worth, James McMurtry (http://www.jamesmcmurtry.com) no es el típico cantautor tejano. Desde su álbum inicial “Too long in the wasteland”, editado por Columbia Records y producido por John Mellencamp, su propuesta musical ha transcurrido más por los terrenos de un folk-rock ácido y correoso que no de esa música country que quizás le correspondería interpretar en virtud de su lugar de nacimiento. Hijo del escritor Larry McMurtry, cuyas novelas “Moving on”, “Texasville” y “Lonesome dove” han aparecido en manos de Nanci Griffith en las portadas de sus álbumes “Once in a very blue moon”, “Little love affairs” y “Last of the true believers”, respectivamente, James McMurtry ha sido comparado a artistas como Warren Zevon, John Hiatt y Robbie Robertson, y desde 1997 figura en el plantel de Sugar Hill Records después de grabar tres álbumes en Columbia Records y de dejar temas memorables como “Levelland”. El tercer trabajo en esta nueva etapa en Sugar Hill Records es “Saint Mary of the Woods”, un álbum de corte parecido a sus predecesores, con esa voz áspera que recita más que canta, con esos temas de melodía poco evidente y con esos acompañamientos tupidos que aportan los músicos de sesión, entre los que destacan en este caso por David Grissom (guitarra eléctrica), Stephen Bruton (guitarra eléctrica, slide guitar, mandolina), Earl Poole Ball (piano), Paul Pearcy (percusión) y Lisa Mednick (acordeón). El álbum empieza con una cruda versión de un no menos crudo “Dry river” de Dave Alvin, por desgracia aplicable también a nuestros maltratados ríos mediterráneos, mientras que el resto son temas propios entre los que destacan “Valley road”, otras dos denuncias a esa sociedad radicalmente transformadora en la que vivimos en “Out here in the middle” y “Lobo town” (“Out here in the middle where the buffalo roam / We’re putting up towers for your cell phones”), “Broken bed” (de nuevo vivas imágenes, como “Where’d you go last night / When the show was over / When the band quit playing / When the bar was closing”), “Gone to the Y” y el contagioso y enérgico rock sureño final de ocho minutos y medio titulado “Choctaw bingo”, en el que cuenta historias de los personajes que pasan por el bingo de una reserva india de Oklahoma. Con “Saint Mary of the Woods” ese ecléctico artista que es James McMurtry ha editado de nuevo un álbum elaborado y de calidad, pero que puede requerir diversas escuchas antes de captarlo en toda su dimensión.

Aparte de editar material inédito, Sugar Hill Records (http://www.sugarhillrecords.com) ha destacado también recientemente por sacar al mercado recopilaciones de sus artistas, lo que tiene como finalidad el dar a conocer la música de este sello a ese público aún poco conocedor y que quizás no se atreve a comprar álbumes enteros. Estas recopilaciones se han editado bajo varios denominadores comunes: baladas bluegrass, cantautores tejanos, versiones bluegrass de temas rock y, aprovechando el Día de la Madre, canciones que versan sobre las madres. La última recopilación de este sello ha sido promovida en colaboración con la Americana Music Association, se titula “This is Americana. Vol. One: A view from Sugar Hill Records”, y tiene como misión el dar a conocer este nuevo género al gran público. En ella se pueden encontrar temas de los más recientes álbumes de un gran número de artistas del sello, entre los cuales cabe destacar a The Gourds, Scott Miller, Robin & Linda Williams, Doc Watson, Rodney Crowell, Hot Rize y Maura O’Connell, entre otros. Un álbum ideal para los que quieran conocer toda la variedad estilística que se puede encontrar en este nuevo formato Americana.

Otra esperada novedad en Sugar Hill Records la ofrece el legendario cantautor tejano Guy Clark (http://www.guyclark.com), quien acaba de editar un álbum de estudio titulado “The dark”. Si hubiera que escoger a alguien para ilustar el concepto de cantautor, Guy Clark estaría seguramente entre los candidatos finalistas: bellas historias, llenas de sugerentes imágenes, arreglos originales y cuidadísimos (en la mayoría de temas de este álbum no hay bajo!), libertad creativa y un innegable carisma en la interpretación. Esta nueva entrega se compone de once canciones escritas junto a nombres como Buddy Mondlock, Rich Alves (ex–Pirates of the Mississippi), Shawn Camp, Terry Allen o Gary Nicholson, además de una versión de “Rex’s blues” de su gran amigo y compañero Townes Van Zandt, que siguen en la línea de sus anteriores álbumes de estudio, “Cold dog soup” (1999) y “Dublin blues” (1995). El fuerte de Guy Clark siguen siendo las descripciones de los personajes y de su ambiente, como lo demuestran canciones como “Homeless”, un original retrato de la realidad de los vagabundos contemplado tanto desde la perspectiva del propio afectado (“Cardboard sign old and bent / Says “Friend for life, 25 cents”/ When did this start makin’ sense”) como de los que pasamos por su lado ignorándolos la mayoría de las veces (“Homeless... get away from here / Don’t give’em no money / They’ll just spend it on beer”). Otros dos excelentes ejemplos serían “Soldier’s joy, 1864” tema en el que protagonista es un soldado herido en la guerra civil americana que es atendido con los rudimentarios medios de la época, o “Bag of bones”, que trata del proceso de envejecimiento a través la descripción de un viejo obrero de los pozos petrolíferos tejanos que mira sin temor hacia los últimos momentos de su vida. En este sentido y por el hecho de tratar siempre amablemente esos personajes marginales de la sociedad, Guy Clark recoge el testigo de Johnny Cash, “The man in black”, que vestía así en solidaridad con las personas pobres y oprimidas, y nos recuerda, quizás sin quererlo, lo mucho que nos preocupamos a veces por auténticas nimiedades. Además de los habituales Verlon Thompson y Darrell Scott, en “The dark” también colaboran Tim O’Brien, Shawn Camp, Gillian Welch y David Rawlings, para dar forma musical a una nueva obra maestra de uno de los mejores cantautores americanos actuales. Sin duda alguna, la música de Guy Clark es como el whisky de malta, que más solera coge y mejor sabe con el paso de los años, y su colección de canciones memorables se va engrosando con cada álbum que graba.

Un nuevo nombre a añadir a la nueva generación de músicos tejanos de country es el de Django Walker (http://www.djangowalker.com), el hijo del ilustre Jerry Jeff Walker, quien le puso Django como nombre de pila en homenaje al fenomenal guitarrista de hot jazz Django Reindhart. Producido por Lloyd Maines y apadrinado por Pat Green y Cory Morrow, quines versionaron el tema “Texas on my mind” para su álbum “Songs we wish we'd written”, Django Walker debutó el pasado año 2002 con un muy recomendable álbum titulado “Down the road”. En él, Django Walker ofrece un country a la vez tradicional y moderno, parecido al de Bleu Edmonson, con melodías de esas que atrapan a la primera escucha, como la propia “Down the road”, “Modern day Bojangles”, “Wild cowboys”, “Jose and Jack” (el único tema no propio, firmado por Scott Pollard y Greg Combs, ambos miembros de su banda), “Texas on my mind” y la auténtica perla del álbum, “Texas blacktop highway”. Otros temas destacables son “Another day”, muy en la línea de las Dixie Chicks, y el enérgico “College life”, con su sonido próximo a la música trucker. Con una materia prima de tanta calidad y con la capacidad instrumental y de producción de Lloyd Maines, el resultado estaba más que asegurado, de manera que éste es un álbum que no defraudará a los amantes del country tejano contemporáneo. Django Walker ya ha empezado la grabación de un segundo álbum, por lo que habrá que estar atentos al nuevo material de este joven cantautor que parece destinado a seguir la estela de su padre, el legendario Jerry Jeff Walker.

Una de las voces femeninas más particulares dentro del bluegrass, a medio camino entre la de Tanya Tucker y la de Janis Joplin, es la de Valerie Smith (http://www.valeriesmithonline.com). Nacida en Holt, Missouri, en 1966, Valerie Smith acaba de publicar su tercer álbum, un detacable trabajo titulado “No summer storm”, en la aventura empresarial a la que se lanzó en 1998 con su propio sello Bell Buckle Records junto a un sello de mayor tradición y presencia en el bluegrass como Rebel Records, en el que actualmente graban artistas como Lou Reid o Ralph Stanley. Si en los dos anteriores trabajos, “Patchwork heart” y “Tutle wings”, ambos espléndidos, uno podía observar la presencia de grandes músicos como Jerry Douglas, Ronnie McCoury, Rob Ickes o Alan O’Bryant (encargado además de la producción), en “No summer storm” Valerie Smith utiliza con excelente resultado tan sólo a su banda Liberty Pike, con el objetivo de conseguir un sonido más cercano a lo que son sus dinámicas actuaciones en directo. Valerie Smith no es una compositora prolífica, por lo que sigue basando la mayor parte de sus álbumes en canciones de otros artistas, aunque como siempre la selección es impecable. Destacan, en este caso, el tema que da título al álbum, “No summer storm” (Lisa Aschmann & Mark Simos), “Sawmill man” (David Norris), “Sarah” (Herb McCullogh & David Schnaufer, ya versionada por Toni Price en “Sol power”), “Sit down and cry” (Dixie Hall & Tom T. Hall), y los dos temas en que interviene la propia Valerie Smith, "Let’s let it go”, una composición junto al citado Herb McCullogh, y “Where the blue bells grow”, escrita en colaboración con su marido Kraig Smith. En resumen, un nuevo paso adelante en la carrera de esta artista que, despacio y sin hacer demasiado ruido, sigue afianzándose entre la nueva generación de artistas femeninas de bluegrass y situándose cada vez más cerca de competir con nombres consagrados como Rhonda Vincent, Lynn Morris o Laurie Lewis.

Eric Blakely (http://www.ericblakely.com) es un californiano afincado en Austin desde 1989, donde ha desarrollado una carrera centrada enteramente en la música de raíces (folk, country y blues), muy alejada del power-pop de sus inicios artísticos en el área de San Francisco. Excelente guitarrista y cantante, y más que notable compositor, Eric Blakely publicó a mediados de 2002 su cuarto álbum, un trabajo conceptual titulado “The Payne Anthology” en el que repasa a través de dieciséis temas lo que ha dado de sí su vida hasta este momento. Así pues, “The Payne Anthology” abarca desde los dulces momentos de la infancia (“Grandma likes a tin roof”) con los que se inicia el álbum, hasta momentos menos agradables como los que se narran en “The bottle knocked you over” o en el tema final “Late last night”, pasando por los descubrimientos que el Eric Blakely adolescente hace en la granja de su tío John (“Uncle John’s Farm”, un tema que ha sido emitido en formato de vídeo en la CMT), lo que confiere al álbum un total cariz autobiográfico. El trabajo cuenta con colaboradores de lujo de la escena musical austiniana como Jesse Taylor, Guy Forsyth, Marcia Ball o Lisa Mednick y contiene buenos temas como los antes citados, además de “Lemon tree”, “Growing into my father’s clothes”, “A lot better of”, “Waiting on Marie” o “Her reflection in the water”, aunque en otros momentos no llega a mantener el mismo nivel de interés, quizás porque siempre son o suenan más interesantes las vidas de los personjes famosos o legendarios, status al que este artista aún no ha llegado. En resumen un notable esfuerzo de Eric Blakely por poner marco poético-musical a su vida, algo que es poco habitual en artistas relativamente jóvenes y poco conocidos.

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