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Cultivar plantas, trabajar con nuestras manos, crear un espacio verde poblado de infinitos colores que desprenden aromas únicos e irrepetibles que nos llenan el alma día a día es un acto de amor y gratitud a la madre naturaleza.
Las plantas se parecen a las almas..
Ellas con sus verdes bien verdes, con la presencia de sus flores bien floridas, con su tonos que nos recuerdan la calidez y la infinitud de la vida, hablan de quienes somos
nosotros, de nuestro espíritu, de nuestro corazón.
Cada rincón de nuestro hogar habla a través de su presencia de lo que sentimos dentro. De nuestras alegrías, de nuestra esperanza interna.
Los colores de sus pétalos, su entramado suave o tal vez rugoso de sus hojas, el ocre de los troncos de algunos árboles y sus aromas siempre vivos nos proyectan en la vida diaria.

Una flor regalada es más que una simple flor...
Es donar vida, es transmitir un afecto, es poner en colores y aromas un sentir profundo, es palpar la prolongación de la vida en aromas y belleza pura.
Este es mi pequeño reconocimiento al amor que siento por las plantas y sus hermosas flores, por la calidez que me brindan y el amor que me brota a diario cuando me acerco y las toco para acariciarlas, cuando se me llenan los ojos de Vida y me quedo suspendida en su belleza.

Las flores se parecen a las almas...
Mónny Leffler

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