EL ESPÍRITU DEL SAUCE


Por Natalia Corte

Hace unos 1000 años se fundó el templo de San-ju-san-gen Do. Eso fue en 1132. San-ju-san-gen Do significa sala de treinta y tres espacios, y se dice que en 1859 había más de 33.333 figuras de la diosa Kwannon, la Diosa de la Misericordia. Antes de que se construyera el templo, en un pueblo cercano había un sauce de gran tamaño. Indicaba el campo de juegos de todos los niños del pueblo, que se balanceaban en sus ramas y trepaban por su tronco. Daba sombra a los mayores en el calor del verano, y por las tardes, cuando se terminaba el trabajo, muchos eran los mozos y muchachas del pueblo que se juraban amor eterno bajo sus ramas. El árbol tenía influencia para el bien de todos. Incluso el viejo cansado podía dormir en paz y tranquilo debajo de sus ramas. ¡Ay!, incluso en aquellos tiempos los hombres eran a menudo despiadados respecto a los árboles. Un día los aldeanos anunciaron su intención de cortarlo y utilizarlo para construir un puente que cruzara el río.

Vivía allí en el pueblo un joven granjero llamado Heitaro, un gran favorito, que había vivido todos los días cerca del viejo árbol, como lo habían hecho sus antepasados, y estaba totalmente en contra de que lo cortaran.

Pensaba él que tal árbol debía ser respetado. ¿No había hecho frente a tormentas de cientos de años? En el calor del verano, ¡que placer proporcionaba a los niños! ¿No dio un sentido romántico al que se refugiaba cansado y a los enamorados? Heitaro inculcaba todos estos pensamientos a los aldeanos. "Antes de que deis aprobación para cortarlo", dijo él, "yo os daré tantos árboles de los míos como necesitéis para construir el puente. Tenéis que dejar en paz para siempre a este viejo sauce querido."

Los aldeanos estuvieron de acuerdo en ello. Ellos también sentían una veneración secreta por el viejo árbol.

Heitaro estaba encantado y enseguida encontró madera para construir el puente. Algunos días más tarde, al volver de su trabajo, halló a una hermosa muchacha en el sauce.

Instintivamente se inclinó ante ella. Ella le devolvió la reverencia. Hablaron del árbol, de su edad y de su belleza. De hecho parecía que estaban unidos el uno al otro por una comprensión común. Heitaro se apenó cuando ella dijo que tenía que irse y le deseó un buen día. Aquella tarde su mente estaba ausente en las cosas ordinarias de la vida. >I>"¿Quién era la dama de debajo del árbol? ¡Cuanto desearía verla de nuevo!", pensaba él. No hubo sueño para Heitaro aquella noche. Le había cogido la fiebre del amor.

Al día siguiente estaba temprano en su trabajo y se quedó todo el día trabajando el doble de duro, para así tratar de olvidar a la dama del sauce; pero en su camino de vuelta a casa por la tarde advirtió que estaba de nuevo la dama. Esta vez ella se acercó a saludarle de la forma más amistosa.

"¡Bien venido, buen amigo!", dijo ella. "Ven a descansar debajo de las ramas del sauce que tú amas tanto, porque tienes que estar cansado."

Heitaro aceptó en seguida esta invitación, y no sólo descansó sino que también le declaró su amor.

Después de esto día tras día la misteriosa muchacha (a la que los otros no habían visto) solía encontrarse con Heitaro, y finalmente ella prometió casarse con él si no le hacía preguntas sobre sus padres y amigos."No tengo ninguno", dijo ella. "Sólo puedo prometerte ser una esposa buena y fiel y decirte que te quiero con todo mi corazón y toda mi alma. Llámame entonces Higo (sauce) y seré tu esposa."

Al día siguiente Heitaro llevó a Higo a su casa y se casaron. Les nació un hijo en poco menos de un año, que se convirtió en su mayor alegría. No había ni un momento de su tiempo libre en el que Heitaro o su esposa no estuvieran jugando con el niño, a quien llamaron Chiyodo. Se duda que se pudiera encontrar un hogar más feliz en todo Japón que de la casa de Heitaro, con su buena esposa Higo y su hermoso hijo.

¡Ay! ¿Dónde se ha producido en este mundo que una felicidad completa dure eternamente? Incluso si los dioses permiten esto, las leyes de los hombres no.

Cuando Chiyodo había alcanzado los cinco años de edad -era el chico más hermoso del vecindario-, el ex-emperador Toba decidió construir en Kyoto un inmenso templo a Kwannon. Aportaría 1001 imágenes de la diosa de la misericordia. (En 1907, se conoce a este templo como San-ju-san-gen Do y contiene 33.333 imágenes.)

Habiéndose hecho conocido el deseo del ex-emperador Toba, las autoridades dieron órdenes de recoger madera para la construcción del vasto templo, y así sucedió que los días del gran sauce estaban contados, porque se le quería, junto con muchos otros, para formar el tejado.

Heitaro intentó salvar de nuevo al árbol ofreciendo a cambio de nada cualquier otro de su tierra; pero fue en vano. Incluso los aldeanos estaban deseando ver a su sauce convertido en templo. Les traería buena suerte, pensaban, u en cualquier caso sería un generoso regalo suyo para el gran templo.

Llegó la hora fatal. Una noche, cuando Heitaro, su esposa y su hijo se habían retirado a descansar y estaban durmiendo, a Heitaro le despertaron sonidos de hachas que cortaban. Para su asombro encontró a su amada esposa sentada en la cama, observándole seriamente, mientras caían lágrimas por sus mejillas y sollozaba amargamente. "Mi querido marido", dijo con voz ahogada, "te ruego que escuches lo que tengo que contarte ahora, y no dudes de mí. Por desgracia no es un sueño, Cuando nos casamos te rogué que no me preguntaras mi historia y nunca lo has hecho; pero dije que te lo contaría algún día si había un ocasión real para hacerlo. Por desgracia esa ocasión ha llegado ahora, mi querido marido. No soy más que el espíritu del sauce que tú amabas, y que tan generosamente salvaste hace seis años. Fue para corresponder a tú gran amabilidad por lo que yo me aparecí a ti debajo del árbol con forma humana, esperando que yo pudiera vivir contigo y hacerte feliz durante toda tu vida. ¡Ay, no puede ser! Están cortando el sauce. ¡Como siento cada golpe de sus hachas. Tengo que volver a morir, porque soy parte de él. Mi corazón se rompe cuando pienso que tengo que dejar también a mí querido hijo Chiyodo y de su gran tristeza cuando sepa que su madre no estáya en este mundo. ¡Consuelalé, querido marido! Èl es lo suficientemente mayor y fuerte para estar contigo ahora sin una madre y no sufrir aún. Os deseo a los dos largas vidas de prosperidad. ¡Adiós querido! Tengo que irme lejos del sauce porque oigo golpear con sus hachas más y más fuerte y me debilita cada golpe que dan."

Heitaro despertó a su hijo justo cuando desaparecía Higo, preguntándose a sí mismo si no sería un sueño. No, no era un sueño. Chiyodo, despertándose, extendió los brazos en la dirección por la que se había ido su madre, llorando amargamente e implorando que regresara.

"Mi querido hijo", dijo Heitaro, "se ha ido. No puede regresar. Ven, vistámonos y vayamos a ver su funeral. Tu madre es el espíritu del Gran Sauce."

Un poco más tarde, al romper el día, Heitaro cogió a Chiyodo de la mano y le llevó al árbol. Al llegar a él lo encontraron caído y con sus ramas ya podadas. Los sentimientos de Heitaro se pueden imaginar bien.

¡Extraño! A pesar de los esfuerzos conjuntos, los hombres no fueron capaces de mover el tronco una sola pulgada hacia el río por el río por el que debía flotar hacia Kyoto.

Viendo esto Heitaro se dirigió a los hombres:

"Amigos míos", dijo él, "el tronco muerto del árbol que están intentando mover contiene el espítitu de mí esposa. Quizá más fácil para ustedes, y a él le gustaría ayudar para demostrar su último respeto a su madre."

Los leñadores estuvieron de acuerdo, y, para su gran asombro, Chiyodo se acercó al extremo del tronco, y, lo empujó con su pequeña mano; la madera se deslizó fácilmente hacia el río y mientras tanto su padre cantaba un "Ata" (canción poética). Hay una canción o balada bien conocida en estilo "ata" que se dice que surgió de este acontecimiento; la cantan hoy en día los hombres que tiran de grandes pesos o que hacen trabajos duros:

Muzan naru kana

Motowa kumanono yanagino tsuyo de

Sodate-agetaru kono midorigo wa

Yoi, Yoi, Yito na!


¿No es triste ver al pequeño amigo

que salta del rocío del sauce Kumano

y que es así como brota bien?

Tirad, tirad, arrastrad con fuerza, mis muchachos.

En Wakanoura los trabajadores cantan una 'canción de trabajo' o 'arrastre', que también se dice que ha surgido de esta historia del Yanagi no Se:

Wakano urani wa meishoga gozaru

Ichini Gongen

Nini Tamatsushima

Sanni Sagari Matsu

Shini Shiogama yo

Yoi, Yoi, yoi to na


Hay lugares famosos en Wakonaura:

El primero Gongen,

El segundo Tamatsushima,

El tercero un pino con sus ramas que cuelgan,

El cuarto viene Shiogama.

¿No es bueno, bueno, bueno?

Un tercer "ata" surge de esta historia y se aplica con frecuencia a la ayuda de niños pequeños. No podían tirar del carro cuando llegaron frente a la casa de Heitaro, por lo que obligaron a ayudar al chico pequeño de cinco años Chiyodo y cantaban:

Muzan naru kana

Motowa Kumanono yanagino tsuyu de

Sodate-agetaru kono midorigo wa

Yoi, Yoi, Yoito na!


¿No es triste ver al pequeño amigo

que salga del rocío del sauce Kumano

y así como brota bien?

Tirad, tirad, arrastrad con fuerza, mis muchachos.


SAKURA