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Cuando vengan a buscarme |
| Cuando vengan a buscarme para ir al baile de los cojos, diré que no uso muletas, que mis piernas están intactas. Bailaré cha-cha-cha y son hasta caerme en pedazos, pero ellos insistirán en llevarme a ese baile extraño. Con dos hachazos estaré listo, con dos muletas iré remando, y cuando entre por esa puerta me pondrán una coja en los brazos. Ella me dirá: ¡Amor mío!, yo le diré: ¡Mi adorada!, ¿cómo fue lo de tus piernas? ¡cuéntame, que estoy sangrando! Ella, con gran seriedad, me contará que fue a palos, pero haciendo de sus tripas corazón como un brillante, lanzará una carcajada que retumbará en la sala. Después, daremos las vueltas de estos casos obligados, saludaremos a diestra, a siniestra y a muletazos. Y cuando nadie lo espere, a las dos de la mañana, vendrá el verdugo de los cojos para que no queden rastros. |