|
Raúl González Tuñón
|
De pronto entró la Libertad |
|
|
|
De pronto entró la Libertad. Estábamos todos dormidos, algunos bajo los árboles, otros sobre los ríos, algunos más entre el cemento, otros más bajo la tierra. De pronto entró la Libertad con una antorcha en la mano. Estábamos todos despiertos, algunos con picos y palas, otros con una pantalla verde, algunos más entre libros, otros más arrastrándose, solos. De pronto entró la Libertad con una espada en la mano. Estábamos todos dormidos, estábamos todos despiertos y andaban el amor y el odio más allá de las calaveras. De pronto entró la Libertad, no traía nada en la mano. La Libertad cerró el puño. ¡Ay! Entonces... (de La muerte en Madrid) |