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| Julia Prilutzky Farny |
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No, ya lo se |
| No, ya lo se - quizá lo supe siempre-: este dolor no es nuevo y sé cómo este amor que es nuestro amor tampoco fue el primero. Yo conozco el terror de aquel espacio definitivo, pleno, que separa la sangre del rescoldo, la imagen del espejo. Yo se cómo se engarfia. despiadado, el dolor cuando es cierto, cómo se ciñe densamente el aire alrededor del cuello, cómo duelen los ojos y las manos y ya no existen párpados ni dedos, cómo lastiman todas las palabras, las miradas, los gestos y cómo van cubriendo las ciudades banderines de fuego. Ah, las grandes palabras, las palabras, para ocultar el miedo, para llenar los días y las noches de sonidos sin eco pero también para vestir de niebla un vacío de sueños. No hemos mentido. Sé que no has mentido. Ahora que estoy lejos y estás lejos - tal vez a pocos pasos, es lo mismo - puedo mirarte y puedo vernos por vez primera, simplemente como somos. Cómo éramos. No hemos mentido entonces: ahora, no engañemos. Todo fue claro y - de alguna manera - verdadero. Sí, nos hemos querido. Si la noche no oculta, el alba menos y en el amanecer se dice aquello que el mediodía cubre de silencio. Era un amor distinto? Lo dijimos, pero no era el amor. Y lo sabemos. Te pienso sin rencor, y con ternura; con un mínimo esfuerzo puedo evocar nuestra pequeña historia, las manos en las sienes, tu cabeza en mi pecho. Ah, de alguna manera me has querido. Tal vez me admires hoy, un poco menos. |