Compadre Mon  Parte III

 

 

 

POEMA 34 
Y allá, cuando con ritmos de goleta
iba como enfermiza bajo cañas
la honrada lentitud de una carreta.
Allá, cuando con sueño y aire abuelo
los santos bueyes de pesados pasos
hacen blanda la tierra como el cielo.
Allá, bajo la fuga de la escuela,
cuando en la fiesta de la Candelaria
se te iba la patria en la candela.
Mas hoy perdiendo su actitud de ave
aquí se encorva tu estatura ahora,
raíz del tiempo que en la carne cabe.
Pero, Compadre Mon, oigo neblinas...
Todavía se mancha el viento criollo
más con revólver que con golondrinas.
Todavía yo sé que huracanado
soplas la tierra, cuando en la montaña
plagia el viento tus barbas de nublado.
Allá el árbol también es tu esqueleto...
Es que tal vez allá, no te enterraron...
Te sepultaron, pero no estás quieto.
Algo, quizá, se te quedó en el ala
del colibrí de plomo de tu bala. 


SEGUNDA PARTE 

Qué más quisiera yo que
escribir para el pueblo.
Antonio Machado. 

Habla Compadre Mon 

Lo que ayer dije aquí yo
a gritarlo vuelvo ya:
¿tierra en el mar?
No señor,
aquí la isla soy yo.
Algo yo tengo en el cinto
que estoy como está la isla
rodeada de peligro.
Sí, señor, mi cinturón:
ola de pólvora y plomo.
Aquí la isla soy yo.
Cabe, lo que dije ya,
siempre aquí, como le cabe
el día en el pico al ave.
Qué bien me llevan la voz
las balas que suelto yo!
Y no está lejos del hombre
de tierra adentro y dormido
la verde fiera que siempre
nos pone. un rabioso anillo...
Estoy hablando del mar
porque en él hay algo mío...
¿Pero estoy hablando yo
de una Antilla, tierra en agua?
No señor,
con la cintura entre balas,
al mapa le digo no.
Aquí la isla soy yo. 

AIRE DURANDO 
¿Quién ha matado este hombre
que su voz no está enterrada?
Hay muertos que van subiendo
cuánto más su ataúd baja...
Este sudor... ¿por quién muere?
¿Por qué cosa muere un pobre?
¿Quién ha matado estas manos?
¡ No cabe en la muerte un hombre!
Hay muertos que van subiendo
cuanto más su ataúd baja...
¿Quién acostó su estatura
que su voz está parada?
Hay muertos como raíces
que hundidas... dan fruto al ala.
¿Quién ha matado estas manos,
este sudor, esta cara?
Hay muertos que van subiendo
cuanto más su ataúd baja... 

CANCIONES CON UNIFORME 


Tú que estás bajo la tierra,
¿por qué ahora te oigo más?
Ha terminado la guerra
y hemos perdido la paz. 


Soldado que estás sin rifle,
porque ya estamos en paz:
no me alimentes el cuerpo,
que mi voz quiere engordar. 


Soldado que paz fabricas,
con todo lo que me das:
en esta paz tengo hambre
más de aire que de pan. 


Si vas al frente, soldado,
y vuelves, vas a venir
como te fuiste, pensando
que no peleaste por ti... 


No ves, soldado, que es otro
que gobierna tu fusil...
Que tú defiendes el oro
que te pone pobre a ti. 

SOLDADO 
No vayas, soldado, al frente,
deja el rifle y el obús.
Que todos ganan la guerra,
menos tú.
El soldado lleva el peso
de la batalla en la tierra.
Muere el soldado, y el peso...
se queda haciendo la guerra.
No vayas, soldado, al frente,
quédate aquí.
Que tú defiendes a todos,
menos a ti... 

NO LE TIRE... 
No le tire, policía;
no lo mate, no;
no ve
que tiene la misma cara
que tiene usted.
Corre roto,
sin zapatos.
¿No lo ve?
Corre tal vez
con una honradez tan seria
que corre en busca del juez...
Acérquese, policía,
pero guardando el fusil.
Acérquese.
¿No lo ve?
se parece a usted,
y a mí....Mírelo bien.
Huye de la tierra y siempre
se va con ella al partir...
Acérquese... No le hiera
ni con el ojo
su dril...
Mire sus pies...
Mírelo bien...
Policía, no le tire.
Fíjese
que corre como la sed... 

AIRE 
En una esquina está el aire
de rodillas...
Dos sables analfabetos
lo vigilan.
Pero yo sé que es el pueblo
mi voz desarrodillada.
pone a hablar muertos sin cruces
mi guitarra.
Pecho se llaman los huesos
de aquel que cruz no le hicieron.
Pero ya toda la tierra
se llama Pedro.
Aquí está el aire en su sitio,
y está entero...
Aquí...
Madera de carne alta,
tierra suelta:
mi guitarra. 

CAMINA 
Camina el jefe del pueblo
después de beber café.
Y una voz que no se ve,
grita al oído:
-Mire, jefe, que hay un hombre
que allí está herido.
-Lo sé.
Camina el jefe del pueblo
después de beber café.
Y vuelve la voz y dice:
-jefe, que un hombre no ve;
tiene llanto entre los ojos,
y tiene plomo en los pies.
-Lo sé.
Sigue caminando el jefe
después de beber café.
Y la misma voz le grita:
-Murió un hombre allí de sed.
¿Qué haremos, ahora, jefe?
-Que haga pronto el hoyo usted.
Y el jefe sigue su rumbo,
pero también
el jefe sigue pensando...
Piensa sólo a qué hora es
la otra taza
de café... 

PANCHO 
Que aquí no metan comprado
el ojo chismoso, no.
Que no se traigan el ojo
como una voz...
Qué más que para los gringos
Pancho cortó
tres casi Antillas de cañas,
tres Antillas... Sí, señor.
¡No cabrá en el ataúd,
ha crecido Pancho hoy!
Soldado, no cuide al muerto;
no meta el ojo, doctor.
Ganaba un cobre por día;
¡sabemos de qué murió!
Quítenle el jipi y la ropa,
pero aquello.., aquello no.
¡Qué serio es un hombre pobre
que no quiere ser ladrón!
La muerte aquí tiene cara
de cosa que no murió...
Cuando muere, ¡ cómo vive
lo que tiene pantalón!
Soldado, no cuide al muerto:
que de pie lo veo yo.
Pancho está aquí como Pancho...
Se llama... no se llamó.
No vengan ya a preguntar
de qué murió.
Vengan a mirar a Pancho
como hago yo.
Quítenle todo del cuerpo,
todo,
pero aquello no.
Con un pedazo de caña
entre la boca murió.
Le quiso poner azúcar
a su voz...
Déjenlo que endulce ahora
su silencio sin reloj...
Que nadie revise a Pancho.
¡Sabemos de qué murió! 

TRAGO 
Me cabe el cañaveral
en cuatro dedos de ron.
Poco paga el gringo ya
por este millón de cañas
que el negro sembró y cortó.
Mas no me trago este trago
porque es trago de sudor.
Aquí el borracho es marino,
pero si se pone a andar
se ve que es de tierra el mar.
La ola suelta de un trago
aquí siempre es de huracán...
Mas si aquello va al hocico
con el instinto del cacho,
es que el ron siempre al borracho
le quema primero el pico.
Y por el pico esta vez
no es mi tufo el que echaré:
le voy a tirar al rico
desde aquí toda mi sed.
Cantando tal vez no pueda
meter algodón por seda...
Mas como quiero cantar
bien claro, me voy a echar
todo el Caribe en un trago.
Y este viaje yo no pago
si ya el viajero es el mar.
Y mataré con mi boca
lo que con balas no mato.
Si un hombre cuerdo es barato
que se me baje a los pies
el trago que no me achata,
que calientes de bachata
con mis pies quiero esta vez
un idioma hablar que diga
que el ron no está en mi barriga,
que bajo este sol mulato
el ron está en mis zapatos,
pero que también sin fiesta,
si está el gringo, se me junta
el ron en aquella punta
con la que mi potro vuela,
porque ante el gringo borracho
se me emborracha la espuela...
Es que poco o mucho ya
me saco lo mío hoy;
me lo saco, porque el mar,
aunque se pone a golpear
puertos que de aquí no son,
siempre con mañas de ron
¡qué criollo camina el mar!
Me saco este grito hoy,
me saco este hueso ya:
que como en olas van rumbas
nunca será gringo el mar.
Pero como el negro suelta
agua-triste como yo.
Mientras el gringo en el bar
duerme su siesta de ron.
Este trago no me trago
porque es trago de sudor. 

¿A QUIEN VIENE A VER USTED? 
Hoy está el pueblo en mi cuerpo.
¿A quién viene a ver usted?
Usted no ve que esta herida
es como un ojo de juez...
Usted que se trae los grillos,
¿a quién viene a ver usted,
que anda más con el instinto
que con los pies?
Usted que trae el olfato,
pero con luz viene a oler.
Meta la conciencia aquí...
y no la deje en la piel.
Usted que se trae la bala,
viene a saber por qué fue...
Si hay un rico en este lío,
¿a qué viene? ¿Para qué?
Aquí sólo hay una boca,
hay una voz, una sed.
Un trozo de grito sangra.
¡Lo cortaron como res!
Usted que se trae las llaves,
¿a quién viene a ver usted?
Yea estas manos callosas,
ropa rota y sin zapatos
unos pies.
Usted que se trae las manos
pesadas como pared.
¿No ve el hambre?
¿no la ve?
Tápenle el grito a este hombre;
y aunque es más la voz que el pie,
pónganle grillos, que sólo
el pobre cabe en la ley...
No ve que la sangre huye
y no se sabe por qué...
Pero yo sé que hay aquí
quien se la quiere beber...
¿A quién viene a ver usted? 

HOMBRE Y PERRO 
Hombre que vas con tu perro:
con tu guardián.
Cuida mi voz, como el perro
cuida tu pan.
Perro que vas con un hombre
que amigo tuyo no es...
Acércate un poco al pobre,
huélelo bien.
Fíjate que tengo boca,
fíjate en mí.
Mira que soy hombre, pero...
con estas manos vacías
cómo me parezco a ti.
Perro que vas con tu amo,
fíjate bien:
que al hablar contigo, hablo
conmigo mismo... No ves
que tan cerca del patrón,
no somos tres,
sino dos...
Hombre que vas con tu perro:
tu servidor.
¡ Qué grueso que está tu perro,
y qué flaco que estoy yo!
¡ Estoy flaco porque tengo
gorda la voz!. 

PALABRA 
Palabra, ¿qué tú más quieres?
¿Qué más?
Vengo a buscar tu silencio,
el que a fuerza de esperar
se endurece.., se hace estatua,
para hablar.
Ya ves, palabra, ya ves,
herida tú, sin edad...
¿Qué hará contigo el soldado?
¿Qué harán los grillos? ¿Qué hará
en la punta de la espada
la eternidad? 

TIERRAS CASI SIN MON 

CARTA INICIAL 
Óyeme, Mon, un día, me enseñó a ser poeta
el retazo de cielo de un viejo callejón,
que siendo tan pequeño, me ensanchó el corazón.
Limpio como el silencio que el sol le da al anciano,
he salido desnudo en carne de conciencia,
y parece que tengo la mañana en la mano.
Hoy puede yerme el hombre por mi abierta ventana.
Me hallará transparente como el agua con cielo.
Me enseñó a hacer mi casa la mañana. 

CARTA PARA UN PININO 
Allá cuando a mi infancia le cosían su fiesta
igual que a mi camisa, con aguja y dedal.
La carne estaba tibia del vientre todavía.
Cuando por mis entrañas sólo andaba mamá.
Y yo que usaba el alba como anillo de cobre.
¡Cuánto me duele ahora crecer lo que crecí!
Mi infancia fue aquel poco de lluvia de camino,
allá, no más, en donde... con un poco de mi,
y otro de qué sé yo...
de gallinas pintando
sobre el barro mojado
arañitas difuntas
que calentaba el sol..Lo demás...
Arañazos.
Yodo.
Gritos.
Pan.
Y andando por mi cuerpo como una hormiga boba:
mi mamá. 

SEGUNDA CARTA A UN PININO 
Era el tiempo en que tenía
piececitos-aviones
ante el fantasma cíe la policía.
Y madrugaba nuestra fantasía
para robar centavos,
antes que la mañana
tras la fragancia tibia de la panadería
fuese de puerta en puerta
por la calle aldeana.
Blanca de mundo y de cuidados vanos
te me fugabas cuanto más crecía,
igual que el globo que se me rompía
si mucho le aventaba entre mis manos.
Y tú, como aquel globo, te pusiste a crecer.
Hoy ya no puedo, infancia, correr como corría.
Me pesa tanto el hombre que no puedo correr... 

CARTA PARA UNA CALLE 
La vieja calle estrecha que hace estrecho el retazo
de un cielo familiar como su sencillez,
siempre la misma calle, tan estrecha, que el tiempo
como que no ha podido pasar por su estrechez.
Con claridad de niño me dan los "buenos días"
siempre la misma gente, pero no como ayer...
Hoy comprendo que el hombre sin hablarme me dice
que es muy triste crecer.
Mientras la calle estrecha con su delgado cielo
sigue boba y echada como un perro a mis pies,
calla tan útilmente, que está simple, lo mismo
que un vaso de agua clara que se puede beber.

CARTA CLAVE 
Cuando la yerba por querer ser madre
venia como un ángel de la ubre.
Cuando vestido de azucena el tiempo
me ensuciaba.
Cuando la piel quemada a besos, dábase
lavada con preguntas de los niños,
antes de que supiera que son sangre
los violines.
Cuando andaba la sangre de seis años
en caballito de madera muerto.
Y la gris Picardía era haragana
como aquel caballito...
Cuando la O del aro ya rodando
inauguraba su lección de patio
con la mano infantil que le golpeaba
su esqueleto de ojo.
Casi cuando...

 

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