Pedro Bonifacio Palacios "ALMAFUERTE"    

 

El que se sienta Juan Pérez, que pase

 

  • En la memoria de los tontos, siempre se está mal; pero cuando los tontos nos rinden culto, se está peor.

  • Nada más molesto, nada más cómico y desconcertador que los parabienes y laudatorias del modisto de la señora, pongo por caso; tienen todas las inflexiones de una invitación a la puntualidad.

  • El vulgo quiere gestos, "paradas", ademanes trágicos; porque el vulgo tiene alma de esteta, aunque rudimentaria, y las actitudes de cuadro histórico y de estatua simbólica lo cautivan; las actitudes esas, buscan eso.

  • Para la turbamulta -desde los porteros hasta los presidenciables-, un eximio cualquiera sin su gesto diario, es como una revista sin monos: no vale la pena.

  • Como las posturas demasiado elocuentes y siempre al pelo nunca son espontáneas -puesto que requieren ensayo previo-, el vulgo sabe tanto de los hombres que aclama o vitupera, como la concurrencia del teatro infantil respecto de los cómicos que la hacen reír.

  • No solamente bajo los golpes de la adversidad se quiebran los caracteres; se quiebran más ruidosamente bajo los dedazos imbecilizadores de una voluntad pública demasiado adhesiva.

  • Muy contados son los famosos que se mantienen extraños a la presión centrípeta de la curiosidad que despertaron.

  • Todo admirador es un amo, o pretende serlo; jamás te pongas al alcance de su adhesión.

  • De cien admiradores que se acerquen, los ochenta -perdóneme Juan Pueblo-, son claques voluntarias que vienen a cobrar sus palmadas. Si pagas, se mofarán de ti; si no pagas, te pondrán como no te pondrían tus dueñas: tu elegirás.

  • Hay gente que no se admira de nada y ejerce el oficio de cortejar a los admirables. También hay holgazanes que gustan de visitar al carpintero en su banco y al albañil en su andamio.

  • Como en la casa de las solteronas millonarias, entre los habituales de los famosos no se encuentra un tonto ni para remedio.

  • Los hombres superiores no ensayan posturas: obligan a las medianías que les siguen de cerca o de lejos, a bailar al son que ellos tocan.

  • El alma de los pueblos es un misterio cuya dirección corresponde a la providencia: aquel que se vale de artificios protocolares y de perspectiva, para mantener la ilusión de una excelsitud de que realmente carece, no pasa de un prestidigitador. 

CERRAR VENTANA

Ir a Inicio de Detalles