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El Pujllay o Pucllay | Leyenda Diaguita-Calchaquí |
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E s el espíritu del carnaval diaguita-calchaquí.Su representación habría terminado aboliendo el carácter divino de sus orígenes, quedando finalmente el personaje, algo con fin en sí mismo. Se lo describe como un dios efímero, que viene a llorar como un ebrio sentimental y lírico. Preside el carnaval pero no con la solemnidad y el terror, arma de los dioses, sino con la farsa. Más ésta, por la pasión y las lágrimas que la nutren, resulta dolorosa y profundamente humana. Es menos mordaz, presuntuoso y caricaturesco que el Rey Momo y también más simple y hondo. Del viejo dios de la chaya, de algún modo vivo bajo la ridícula apariencia actual, no queda más que una piltrafa: un pobre muñeco pintarrajeado y andrajoso montado en un burro o en un chivo, de pelo blanco y amigo de la orgía, a quien se carga toda la culpa del carnaval. También puede ser un hombre disfrazado de viejo y alegre, que divierte con sus bromas y bufonadas, a modo de un Arlequín de los indios. Las características que encarna este personaje son las del dios que representa ya sin saberlo: alegre, socarrón, impertinente, dicharachero, un poco truhán pero bonachón, humilde y al servicio de los humildes, sin arranque alguno de soberbia. Del viejo ritual quedan el ídolo, los coros, la vidalita acompañada por la caja chayera y el entierro ceremonial que bien podría simbolizar, en los tiempos prehistóricos, el paso del solsticio de verano. Su reinado es tan regocijante como efímero. Llega al comienzo del carnaval en jocosa cabalgadura, seguido por una multitud que ríe y canta al son de las cajas y los tamboriles indios, echándole almidón a la cara y azotándose el enharinado rostro con ramas de albahaca, mientras beben aloja y hacen estallar cohetes. El Miércoles de Ceniza, después de tres días de francachelas, lo llevan en angarillas, a enterrarlo en las afueras del pueblo, entre mares de lágrimas, no tan fingidas, porque la tristeza es honda a esa hora. En su tumba echarán frutos, para que los duplique el próximo año, gracia que se le pide a un dios y no a un monigote.
Fuente: Seres sobrenaturales de la cultura popular argentina, de Adolfo Colombres, Ed. Del Sol, 203 pág. 1ra. edición, julio de 1999. |