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Leyendas y Creencias de Nuestro País
El Pingüino
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Hace muchos, muchos años, el pingüino era una de las aves preferidas por los dioses que recorrían las tierras del sur de América. Cuentan que en esa época tenía grandes y fuertes alas que le permitían volar tan alto como el cóndor. Se elevaba y descendía por el espacio a velocidad increíble y se posaba en los árboles cercanos a los ríos o al mar. Pero su vuelo majestuoso lo había vuelto soberbio, y desde el cielo miraba con desprecio a los peces, porque los consideraba seres muy inferiores a él, aunque se alimentaba de ellos. Era tal su desprecio, que a pesar de no tener hambre se zambullía con fuerza en el mar y los mataba con su fuerte pico por puro placer. Pero Dios, que todo lo ve y lo sabe, decidió privarlo de aquello que tanto lo hacía sentirse superior: su capacidad de volar. Sus potentes alas se acortaron y no le sirvieron más para el vuelo, y con mucha humildad tuvo que aprender a nadar como los peces, a los que tanto había despreciado en su vida anterior. Todo esto lo convirtió en el hazmerreír de los grandes amos del cielo. El pingüino, sumamente avergonzado, debió dejar sus nidos en los árboles y ocultarse en pequeños huecos en la tierra, y por si esto fuera poco, Dios lo condenó a pasar la mayor parte de su vida en las frías aguas de las regiones australes, sin dejar de ser ave. El pingüino se puso tan triste, que se retiró con su compañera, a la que elige para toda la vida, y dice la leyenda que cuando uno de ellos muere, el otro se interna en el mar y nunca regresa.
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