El Conejo blanco
We wade in cool rivers,
we tread in dogshit: Manifest
Soy la parusía, niña de los tiempos,
viuda de la espera, beata de los presentes inicuos.
El que esperaste fue un conejo blanco,
oso de peluche, muñeco de trapo,
¿pero quién es él en los tiempos
cuando sube el Aniquilador al trenecito
(juguete de los tontos) si no algo pasado?
¿Quién es él cuando la religiosidad laica
nos impuso nuevas normas y mitos?
El post hoc, el olvido.
Ya soy otro.
Una reacción a lo primitivo.
Lo nuevo.
Niña de los tiempos, te hablo duramente
desde la dimensión de un elefante y me reprochas.
Sé que te hiero. Soy un conejo blanco agigantado,
el monstruo de tus propias miserias.
Caíste a la poza del crudo desencanto.
En Segunda Venida vengo terco.
Y tus expectativas las digiero
como al amargo trago; por años
me has venido envenenando.
Con tu pie pateaste mis regresos.
Con migajas ya formaste el firmamento.
Yo soy la parusía, beata de los coitos apagados;
soy el cáncer de tus expectativas,
ya no produzco hormonas de placer
en los manglares ni devuelvo juventud,
sólo es el estrés, la mentira, lo acumulado
en el post-hoc, el aquí y ahora de tu cosmos.
6-9-2004
*
Un crimen sigue ahí
a Luis Donaldo Colosio
Un crimen sigue ahí con otras señas.
Su deuda da mensaje en humo,
nimbos caprichosos de cuarto oscuro
y fuegos fatuos, en códigos arteros.
Sus asaltos no avisan en mi atrio.
Su diplomacia no tiene cortesías.
En rostros de sequedal
las moscas zumban
y parlotean los comediantes de la plaza.
Yo no le creo, niño del hambre,
aspirante de la dádiva de un libro,
tú, recién llegado, no les creas...
Dirán nada te debo, aunque te llamen
a sus pleitos y sus asambleas
para darte el beso de Judas
y las misas de gallo.
Soy el emplazador, el que abrirá
las puertas y labios
y corazones incomunicados
y el que cobrará la deuda, una por una,
para que tengan su paz y su catharsis
en mi convocatoria de perdón...
El que esté libre de culpa
que arroje la primera piedra.
Yo soy la tierra de leche y miel
y mi nombre es los Estados Unidos de América.
16-9-1980 /Del libro inédito Tijuana
Tijuana: Dolor de Parto
*
Ahorcada en Tijuana
Toda la méndiga noche te esperaba.
Un parque que la chota lleva al asco
fue testigo: ví borrachos de pocas,
prostitutas, transas
de todos los calibres y colores
y la jaina, reina de mi barrio,
fue a Los Angeles.
Un sueño de Hollywood la enamoraba.
Su corazón se perdió por esa filfa
y así me la torcieron, churuvuscos de ventaja.
La pocha volvió al nido.
Tijuas no la condena.
Mugrosa y derrotada, ¡qué bien!
la aceptaría cuando llegara.
Y la esperé ni modo
porque amamos
y hora tras hora me costó
saber qué supe: en la prisión La Mesa
se hizo un vilo, se colgó de una soga
y quedó muerta.
Y nadie la reclamó.
Ni yo.
Nadie.
1986. Tijuana. Del libro inédito Tijuana
Benavito / Las manos de mi abuela
*
Negada fue la Tula verdadera
Levantaron su huipil porque lloraba.
Ella buscaba la Tula verdadera.
Un lugar sin hambre y sin congoja.
Un paraíso con los suyos, sin traidores.
Pero el pochteca estuvo allí.
La vendió gacho
después de coyotearla por los montes,
trazándola con la ruta del escarnio.
En la casa de Calmécac,
el tarado del átlatl dio su golpe.
Un cafre fayuquero, por dinero, la entregaba.
La robó. La dejó sola. La cedió
a un monte oscuro de salvajes, sin patrullas.
Un migra mexicano, deseándola,
comenzó a chupar su piel como una fruta.
Y aquel huipil cayó con la deshonra
y del polvo nació un escarabajo.
En la casa de Calmécac,
su sangre inspira el luto.
Bajo la tierra de un patio la enterraron.
Ahorita ya hasta un macegual canta.
Un azadón de sangre en su hombro gime.
Y en la tierra donde la calaca virginal
se irá secando, ya nadie tiene hambre
ni congoja ni ilusiona un paraíso
con los suyos: ¡la olvidarán!
1986. Tijuana
Benavito / Las manos de mi abuela
*
Consolaciones de Agar