12. El suicidio sentimental
¿Cèline, qué voy a hacer contigo? Fuíste mi primer amor y te perdí por tonto.
¡La amaba y se la entregué a un drogadicto, a un hippie trasnochado de lo peor! Y por el gesto de arrancar una supuesta navaja de mis manos, me agasajé con el contacto de su piel. Me habría gustado apretar sus pechos y sus nalgas y besar su boca en presencia de Jeremías Campas, mi rival. No tuve la osadía de hacerlo.
Piojitos, me dijo la metiche y le enderecé el moco para que sonríera y dejara la lloradera... Creo que fue la única vez que ví a Jeremías asustado y celoso. Yo tenía 15 años. Te salvamos la vida, cabrón. Ella también me dijo... te salvamos. O sea, se supuso que debo agradecerlo. Y como Jeremías estuvo celoso, ya que ella lloró por mí y me permitió que le hiciera piojitos, me agarró muina. Y me lo puso en estos términos: No traiciones mi amistad. Ella es mi novia, te lo advierto. Me chantajeó con ese cuento de salvar mi vida, pero ahí sentimentalmente yo fallecí.
Fue una coincidencia que él se haya lanzado al vacío, con las narices llenas de mota, un poco después. Yo tengo mis defectos, pero ninguno es que me gusten las nalgas de ángel ni el orégano chino. ¿Algo me gustó? Pues sí: las nalgas de Cèline.
Mi hipótesis es que él quiso matar al ser. O puede ocurrir que el ser lo haya empujado a él, escaleras abajo. El ser nos decepciona, tarde o temprano. Y si a taimados vamos, traidores y venenosos, como al Don Nadie, ¿quién se iguala?
Jeremías murió decepcionado. Quizás por ella y yo. Fuimos cobardes que es una manera de improducción y suicidio.
Cantaría por él una misa. Sus padres quedaron destrozados, porque es hijo de buena familia. Chico millonetas, menos jodido que yo.
Diez años atrás, yo le prometí una Misa Cantata. Traje una guitarra al lugar que él más amó, que es este apartamento. Calle Berkeley. Aquí le conocí, aquí desalojó al ser. Aquí desvirgó a la chava. Digo, I mean, Cèline looked a real treat because she has un conejito y con pipote.
¡Ay, qué chulada!
Yo comencé mi gregarismo zoolátrico, tantito en su mamey. Pero nunca les traicioné. Sucede cuando sucede. Ahorita no dudo que, bajo un delirio cachondo, mi ser invasor se haya aprovechado. El heboide supo que Céline gustó al indio, al desalojado, robado y oprimido, en la tierra de mi heredad.
Recuerdo, diez años atrás, que Jeremías me dijo: No te mates, cabrón. El tecolote canta que te canta y él y su novia porfiándome que me salvaron la vida. Vida que crece, por causa del ser invasor que hoy canta: ¿En qué quedamos, Pelona, me llevas o no me llevas?
No. Suicidarse es una pendejada. Se acaba el ser y se acaba uno, cualquiera sea la mierda que uno es...