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Algunas reflexiones sobre el morir

Otra de las grandes enseñanzas que estamos recibiendo con el sida es que para morir no hay edad, ni religión, ni clase social y que, sobre todo, no hay un momento determinado.

Con hiv o sin hiv la realidad es que podemos morirnos en cualquier instante. Y por más que neguemos la muerte con todo tipo de cirugías y gimnasias, cuando llegue el momento de nuestra partida, esta se dará a pesar de cualquier esfuerzo.

Si somos capaces de perder el miedo a la muerte empezaremos a disfrutar del momento presente con gran intensidad. Hemos nacido para la libertad y no para martirizarnos con el miedo al futuro, a la vejez y a la muerte.

El hecho de poder vivenciar la muerte como una experiencia luminosa, como un momento de transición hacia otro plano de existencia, la despoja del sentido de "fracaso" que se le suele otorgar. La cultura occidental con su exaltación del cuerpo físico, no tolera la decadencia del mismo y contempla la muerte como si fuera la derrota final del individuo que no pudo contra ella.

Son infinitas las pérdidas que el sida ha producido hasta el momento. Son muchos los seres que han muerto a causa de esta epidemia. Podríamos decir incluso que es como un agujero en toda la generación.

A nosotros por el lugar que conscientemente hemos elegido ocupar, nos ha tocado acompañar la partida de muchos, y la lección de amor y el desapego fue puesta en práctica en cada una de estas pruebas. Hemos debido enfrentarnos más de una vez con duelos no solamente sucesivos sino también superpuestos. No haber cerrado una herida cuando ya otra nueva se ha abierto. No ha sido una experiencia fácil, pero hemos descubierto en nosotros mismos el potencial infinito que existe en cada ser humano y que aflora en una situación límite. Pero más allá del dolor de estas pérdidas irreparables, de estos vacíos instalados, tanto en los hogares como en las agendas y sobre todo en los corazones, hay otro aspecto que merece ser resaltado: el invalorable servicio que, con su proceso de muerte, un enfermo terminal presta a su entorno.

Cada partida nos ha hecho trabajar indefectiblemente nuestros núcleos más profundos en todos los niveles, en cada oportunidad la conmoción fue mental, emocional y espiritual.

Cada muerte ha significado una profunda introspección, una revisión total de cada plano. Hemos atravesado etapas de dolor, desesperación, rabia hasta el momento de la bendita comprensión.

Aún antes de cada partida de un ser querido o luego durante el proceso de duelo, si estamos atentos podemos llegar a registrar, más allá del dolor, la enseñanza valiosísima que está siendo puesta en nuestras manos. La enseñanza nunca dejará de estar presente. Y así también hay muertes que en su propio proceso nos muestran cuál ha sido la misión que ese ser ha venido a realizar, replanteándonos entonces cada una de nuestras propias elecciones.

"Las variaciones del morir son infinitas. Así como cada individuo es único, también será única e irrepetible su forma de irse. Pero más allá de esta aparente diversidad, se nos está mostrando claramente que en cada una de estas opciones está reflejada "una parte de nuestro propio ser". Nosotros somos también cada uno que muere, ya que todos somos parte de lo mismo. En cada muerte hay una parte nuestra que se desprende, proceso que puede ser desgarrador, pero que a su vez puede ser la forma que tiene lo nuevo de aparecer. Y así renaceremos. Habremos crecido en cada despedida, y ese será, más allá del dolor, el maravilloso legado que nos deja con su partida".

Estas experiencias marcan un nuevo curso en la vida. Carlos, hace algunos años tuvo la siguiente experiencia. A continuación relatamos parte de la historia de "Bernardo".

Bernardo, Una historia de amor y de espíritu

Bernardo, un chico de 8 años, diagnosticado con un cáncer de hueso terminal, me pidió iniciarse en Reiki. Decía que eso lo ayudaría a tener las fuerzas necesarias para enfrentar una durísima operación que consistía en la amputación de su pierna izquierda donde estaba centralizado el tumor. Había conocido el Reiki por nuestro amigo Gerardo Coin, que le había dado sesiones, que entre otras cosas, le dieron la posibilidad de una visible recuperación luego de cada aplicación de quimioterapia. Es así que luego entró en contacto conmigo y me pidió ser iniciado.

A partir de su iniciación, Bernardo empezó a entrar en profundo contacto con los niveles más sutiles de la conciencia.

Fue como si se hubiera despertado en él la memoria de un conocimiento que trascendía de lejos sus escasos ocho años. Digamos que era una alma sabia, antigua. Ber fue como un angelito que entró a la fundación, para los que tuvimos el privilegio de conocerlo, un gran Maestro. Para mi significó en realidad, no solamente el sentido de mi maestría en Reiki, sino también la confirmación de que somos almas reencarnadas que volvemos a reencontrarnos en sucesivas vidas.

Un día después de una sesión de Reiki me dijo: ¿Sabés porqué vos y yo nos queremos tanto? Porque ya estuvimos juntos antes. No sé si fuiste mi padre, si fuimos hermanos o a lo mejor amigos. Pero si sé que nos conocemos de antes, de otras vidas. El amor es una fuerza que está en todos los seres. Lo que pasa que algunos lo saben y otros no."

Bernardo fue la experiencia más grande amor incondicional que me tocó vivir. El día que finalmente tuvieron que amputar su pierna, lo escuchamos agradecerle a su piernita por el tiempo en que habían corrido y jugado juntos; y decirle gracias al tumor que le había permitido llegar al Reiki y a toda la gente que estaba brindando tanto amor.

Al mes de la operación, vino a mi estudio para que hiciéramos Reiki y algunos trabajos de visualización. En un momento estaba dándole Reiki y me pidió que le diera a la otra, a la pierna que le faltaba, ya que él seguía sintiéndola (esto es habitual en estos casos, el efecto se llama "pierna fantasma")

Yo por supuesto le hice caso y comencé a darle Reiki en la pierna que ya no estaba. En un momento entonces, Bernardo abrió los ojos, me miró y me dijo: "¿Sabés que pasa Charlie? El cuerpo se puede cortar en pedacitos. Pero el alma no..."

Difícil tarea la de explicar el privilegio que significó no sólo esa tarde sino todo lo que compartimos hasta el momento de partida. En esa fase Ber estaba resumiendo toda la enseñanza de los verdaderos maestros espirituales: "No somos este cuerpo y todo, absolutamente todo, es transitorio. Todo pasa".

Y así, cada vez que en la Fundación debemos enfrentarnos a alguna dura prueba, ahí está Bernardo, como una especie de ángel guardián que nos ayuda a tener bien presente esta enseñanza.

Ojalá que todos podamos llegar a este entendimiento.

 

 

Webmaster, diseño y realización: Guillermo Leffler

Investigación, redacción y traducción: Mónica Ferreiro de Leffler

Todos los derechos reservados, Copyright La Cueva de Cristal, 1999

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