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Testimonio del Suboficial Mayor D José María González
Fernández
Ex - Integrante del Grupo de Artillería 3
Traer a la memoria los momentos vividos en la gloriosa gesta
iniciada el 2 de abril del año 1982 para volcarlos en algunas líneas es
recordar las distintas actividades que me tocaron realizar en Malvinas.
Una de las tareas fue colaborar con el acondicionamiento y posterior distribución de la munición de artillería, de acuerdo con las órdenes recibidas, a cada una de las subunidades. Cabe destacar que para esta actividad no existían diferencias jerárquicas, que todos trabajábamos por igual, conociendo los beneficios que genera durante el combate tener suficiente munición a mano.
Sin duda que restar trascendencia a las tareas que se realizan en combate, por mínimas que éstas sean, no es de soldados, pero hay algunas más importantes que otras y esto depende seguramente del rol de combate específico que a cada uno le corresponde desempeñar.
Es así como me tengo que detener a detallar las actividades que como Computador Principal de la Batería de Tiro "C" del GA 3, tuve que realizar: determinar datos y correcciones en voces de mando para las piezas es normal, lo que ocurre es que cuando uno está haciendo esa actividad y, de repente, recibe fuego de la artillería enemiga no es lo mismo, sabe que a partir de ese momento pasa a ser blanco rentable para el enemigo y comienza la gran pulseada de los fuegos de contrabatería.
Pero antes de avanzar en mi relato creo que debo comentar la sorpresa que causa, quizás por falta de experiencia, la explosión de esos proyectiles en la zona de la posición, la curiosidad aumenta y el deseo de saber cómo se encuentran los demás integrantes de la Batería se agudiza, comienza así una comunicación desordenada y a viva voz, confundiéndose órdenes con solicitudes. ¡A los pozos! ¿Alguna novedad? ¡Cúbranse!
En situaciones así es cuando el temple de todo jefe se hace valer.
Tal vez, el lograr sobreponerse a ese momento lo lleva a uno a continuar cumpliendo eficazmente con su función. Es por ello, que al cesar el fuego de los ingleses, salíamos de los abrigos y continuábamos haciéndonos escuchar, pues era nuestro turno. Pasaban los días y las misiones de fuego aumentaban; a veces, debíamos adelantar las piezas para obtener mayores distancias y cumplir con mayor eficacia las solicitudes de apoyo de fuego.
En los primeros días del mes de junio, los relevos se hacían cada vez más frecuentes, con personal que cumplía idénticas funciones en posiciones más retrasadas. Tuve la suerte de no ser relevado y de poder cumplir con mi misión hasta que se produjo el repliegue de toda la Subunidad, oportunidad en que pasé a desempeñarme en el CDT (Centro de Dirección de Tiro) del Grupo de Artillería.
Recuerdo que allí las piezas no callaban nunca, que los fuegos de contrabatería se hacían también más frecuentes, pero que en ningún momento se bajaron los brazos. Y si bien todos cumplíamos con nuestro rol lo mejor posible, creo que es de destacar el espíritu y sacrificio demostrado por el personal del servicio de pieza que era el más expuesto y que continuó ejecutando el fuego incansablemente hasta estar extenuados.
Como todos sabemos, el 14 de junio llegó el final de la guerra. Hoy, a 17 años de la recuperación temporaria de las islas, sigo y seguimos manteniendo latente el recuerdo de aquellos que murieron abrazando la tierra malvinera, sin renunciar jamás a los derechos soberanos por los cuales nos batimos con un enemigo superior y de cuya legitimidad estoy convencido.
Sabe Dios en qué forma y circunstancia serán definitivamente argentinas.
"Así peleamos Malvinas - Relatos
de Veteranos del Ejército",
Biblioteca Soldados,
Noviembre 1999
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Actualizado: Lunes 14 de Agosto de 2000 |
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