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Apostillas de Guerra (en preparación)

Durante el desarrollo del
conflicto ocurrieron algunos hechos secundarios, que si bién no alteraron el
desarrollo de las acciones ni fueron suficientemente documentados, no por ello
se debe obviar su relato para lograr una cabal comprensión de la guerra de las
Malvinas.
Al respecto, cabe señalar que Plutarco afirmaba que no es en los hechos mas ruidosos donde se manifiesta la virtud o el vicio; muchas veces una acción momentánea, un dicho agudo, una niñería sirven más para probar las costumbres que batallas en las que mueren miles de hombres.
A continuación se presenta el comentario de algunos de estos hechos:
El Aeródromo de Puerto Argentino estuvo operable durante todo el conflicto, pues sólo recibió el impacto de una bomba en una parte lateral de la pista. Sin embargo, los británicos ignoraron este hecho durante toda la guerra.
Esto se debió a que se había dispersado tierra sobre algunos sectores de la pista simulando cráteres de bombas; así en las fotografías aéreas y satelitales parecía que la pista se encontraba mucho mas deteriorada de lo que en realidad estaba. Cabe aclarar que la presencia de estos falsos cráteres no impedía la operación de las aeronaves.
Algunos sectores de la pista estaban construidos con planchas de aluminio. Luego de la rendición, algunas de estas planchas se desmontaron para fabricar refugios para el personal instalado en la zona.
Durante el bloqueo aeronaval, las islas eran abastecidas por un importante puente aéreo que se desarrollaba principalmente de noche. Como la pista de Puerto Argentino carecía de un sistema de iluminación propio, en el momento del aterrizaje se instalaban algunos reflectores que sólo se encendían cuando el avión estaba muy cerca de la cabecera de la pista.
El espectáculo era realmente impresionante pues de repente, en la oscuridad de la noche apenas se veía surgir un pesado Hércules volando a pocas decenas de metros sobre los cerros circundantes. Cuando enfilaba hacia la pista de aterrizaje encendía un reflector tipo buscahuellas y lo movía hasta que su haz encontraba la pista.
Simultaneamente un helicóptero sobrevolaba la ciudad con el objeto de producir el ruido suficiente como para tapar el sonido generado por los aviones, pues se tenía la sospecha de que los kelpers pasaban información a los británicos empleando sus equipos de radio.
Una vez que la aeronave aterrizaba, se procedía a su rápida descarga con la participación de varias decenas de hombres para minimizar el tiempo de estadía en la zona de exclusión. Se observaba que los pilotos llevaban puestos trajes de neoprene, para tratar de sobrevivir en el mar en caso de ser derribados.
Entre los suministros transportados se encontraban algunas cosas curiosas, como por ejemplo servilletas de papel, milanesas, vinagre, pan aún caliente, ejemplares viejos de la revista El Gráfico, etc. Cabe acotar que estas tareas eran dificultadas por el viento generado por las aeronaves, pues en ningún momento se detenían los motores de los aviones, que una vez descargados decolaban raudamente hacia el continente.
Un verdadero capítulo aparte merecen las denominadas "cartas a un soldado", que se enviaban sin ningún destinatario específico y eran recibidas por cualquier soldado argentino.
Detrás de ellas se encontraban miles de historias: había dibujos realizados por niños de escuelas, estampitas religiosas, tarjetas postales, fotos , cartas de jóvenes, adultos, ancianos, etc. Si bién llegaban cartas de todo el país e inclusive del exterior, muchas de ellas provenían de la Patagonia.
El impacto de estas misivas era impresionante, sobre todo entre los soldados provenientes de regiones aisladas del país, que no recibían correspondencia de sus familiares.
Obviamente, las cartas mas requeridas eran las escritas por chicas adolescentes, preferentemente con domicilio cercano al del soldado. Después de la guerra muchas parejas se conocieron, se casaron y tuvieron hijos...
Los kelpers habían instalado un juego completo de herramientas para la lucha contra el fuego en varias esquinas de la capital de las islas, dado que la mayoría de las casas estaban construidas con madera.
Lo notable del hecho era que estas valiosas herramientas de bronce y de acero se encontraban al alcance de la mano, sin candados, y por lo visto no se tenía el menor temor de que fueran robadas.
Una de las medidas que implementó la Gobernación Militar Argentina fue la de pintar flechas blancas en el piso de las calles, para indicar la circulación de vehículos por el lado derecho, al revés del usado por los kelpers.
Después de la rendición pudo observarse como se encontraba una columna de vehículos argentinos circulando por su derecha con otra columna británica circulando por su izquierda, prevaleciendo finalmente estos últimos por las circunstancias imperantes.
Una de las cosas que mas llamaba la atención de los soldados argentinos era la gran variedad de productos que había en las islas, ya que se veian golosinas, cigarrillos y cervezas de distintos paises de origen. Sólo después de varios años pudo verse esa variedad en la parte continental argentina.
Muchas de esas latas de cerveza se emplearon para construir alarmas y trampas cazabobos.